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Antecedentes
  • Senado
  • Sesión Ordinaria N° 54
  • Celebrada el
  • Legislatura Ordinaria año 1973
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Intervención
HOMENAJE A LA MEMORIA DEL CAPITÁN DE NAVIO ARTURO ARAYA PEETERS. OFICIO.

Autores
El señor PABLO (Presidente accidental).-

Tiene la palabra el Honorable señor Benjamín Prado.

El señor PRADO.-

Señor Presidente, Honorables Senadores:

El la madrugada del viernes 27 de julio, hace apenas doce días, murió asesinado el Capitán de Navio señor Arturo Araya Peeters, Edecán de Su Excelencia el Presidente de la República.

La congoja de un pueblo.

Hubo duelo oficial en Chile por la muerte de este distinguido hombre de armas. Su esposa y sus hijos, los primeros en el dolor que significó su muerte, han sentido, si no el consuelo, al menos aquello que sabe dar el ser humano cuando está en presencia de lo que más conmueve la vida: la muerte. El pueblo de Chile, expresándolo de múltiples modos, ha exteriorizado una congoja profunda y una solidaridad sincera frente al dolor tan brutal e inesperado que destrozó en esa noche toda paz y toda quietud en su hogar.

Asistimos a los oficios religiosos celebrados a cielo abierto en una mañana luminosa frente al mar. Escuchamos, conmovidos como todos, la palabra de homenaje de parte de quienes podían hablar con mayor sentido y con mejor título de su condición de marino, de sus capacidades, de sus rasgos humanos.

Excúsenme, Honorables Senadores, que al rendir nuestro homenaje a su memoria en esta Corporación, no crea necesario, por consiguiente, insistir en aspectos de la vida profesional y personal del Comandante Arturo Araya, importantes por sí mismos, pero incapaces por su naturaleza de expresar un sentido diverso que también queremos y debemos involucrar en nuestro homenaje.

¿Quiénes son los responsables?

Así como las especulaciones arbitrarias e irresponsables en torno de la muerte del Comandante Arturo Araya son un agravio para su memoria, para lo que fue su existencia y para la institución a la que sirvió pensamos que también lo sería el no atrevernos en esta hora a situar este hecho brutal en el marco de la historia que está viviendo nuestro país.

¿Quiénes asesinaron al Comandante Arturo Araya Peeters? Algún día se conocerán con certeza los nombres y los hechos. Pero hoy podemos decir que las manos y los espíritus armados que están detrás de este crimen pertenecen a quienes ya han tomado bando, y del modo más irracional, en la situación de enfrentamiento que divide a los chilenos como consecuencia de la profunda crisis que vive nuestra nación; enfrentamiento que pudo y puede darse todavía en un plano de afirmaciones ideológicas y de testimonios democráticos.

Pronunciamos estas palabras en nombre y en representación de los Senadores democratacristianos y, por lo mismo, tenemos que expresarlas desde nuestra propia condición, ligándolas a todo lo que ayer y hoy representa nuestra presencia en la realidad política de Chile.

Señores Senadores, nada justifica este crimen y nada explicara mañana en nuestras conciencias el que se tenga que matar para probar ante otros que se tiene razón.

Chile necesita revisar su realidad social, y su pueblo entero siente los imperativos de cambio, que sólo espíritus obcecados podrían desconocer. La pobreza existe; la injusticia es una realidad; los mundos de vidas diferentes para distintos niveles de chilenos constituyen hechos imposibles e inútiles de negar. Por eso la necesidad de un cambio social profundo para construir la verdadera libertad, la verdadera igualdad, la verdadera democracia.

Creemos en los caminos de la convivencia.

Cuando rendimos nuestro homenaje al Comandante Arturo Araya queremos decir a todos los chilenos que nosotros no somos responsables de estos crímenes, porque somos partidarios de la razón, del respeto a la verdad, no sólo de la nuestra, sino también de la de nuestros adversarios; porque creemos en los caminos de la convivencia, cuyo punto de partida es una profesión de fe espiritual; porque abominamos de todo lo que sea totalitario; porque hemos estado y estamos hoy abiertos a las convergencias; porque reconocemos la necesidad de una revolución profunda, pero afirmamos que ella no podrá ser jamás la resultante del atropello, de la violación, del abuso.

Honorables Senadores, nosotros afirmamos, limpios de antecedentes y con pureza de propósitos, que este crimen, como otros cometidos antes y como quizás muchos en lo por venir, constituyen los precios en vidas humanas que empieza a pagar la pretensión inaceptable de querer imponer una supuesta verdad a todo un pueblo, empujándolo de este modo a armarse en su mano y en su espíritu.

El cambio no requiere de la violencia.

No es una frase cuando decimos que la condición chilena no requiere de la violencia para el cambio. Nuestra historia reciente así lo ha demostrado, haciendo posible un perfeccionamiento gradual de nuestra realidad social, sin sacrificio innecesario de valores tan intransables como la dignidad, la libertad y la vida misma.

Aun en estas horas, que se sienten tan próximas al desastre, nuestro partido se ha atrevido a dar los pasos necesarios para buscar la solución menos dura para nuestro destino como pueblo. No nos han importado los problemas de imagen ni nos han detenido las consideraciones propias de intereses políticos que son legítimos, pero que juegan en un plano secundario de valores. .

Quisiéramos que nuestro mayor homenaje a la memoria del Comandante Arturo Araya fuera el resistirnos a pensar que nada queda ya por hacer para evitar a nuestro pueblo las horas de dolor que todos tenemos. Queda algo por hacer, quizás sea lo más difícil, pero sin duda representa lo más trascendente que debe resolverse por quienes tienen autoridad y Poder para ello.

La única solución aceptable.

Hemos querido, en estas breves y apretadas reflexiones, expresar como movimiento político e ideológico nuestros sentimientos solidarios a la familia del Comandante Arturo Araya y a la Armada Nacional, a la que sirvió con honor y dignidad durante su vida.

Anhelamos, desde lo más profundo de nuestro ser, que al extinguirse las últimas palabras de este homenaje surja en nosotros, particularmente en quienes están más próximos a las responsabilidades conductoras, la decisión de agotar hasta el último esfuerzo, por difícil que sea, que abra camino a la única solución moral-mente aceptable: la que no disponga de la vida ni de la condición humana de los demás chilenos.

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