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Intervención Petición de oficio
DENUNCIA CONTRA MEDICO DEL HOSPITAL SAN BORJA DE SANTIAGO. OFICIOS.

Autores

El señor CARRASCO.-

Pido la palabra.

El señor VIDELA (Vicepresidente).-

Tiene la palabra Su Señoría.

El señor CARRASCO.-

Señor Presidente, días atrás el Senador por Tarapacá y Antofagasta, señor Osvaldo Olguín, se refirió al problema de la salud y al hospitalario.

La Tercera Convención Nacional de la Asociación de Jefes de Servicios Médicos Hospitalarios plantea también la gravedad del problema y reconoce que la atención hospitalaria es inferior a la deseable.

Hoy, algunos acontecimientos que presencié, muy molestos, me obligan a levantar mi voz en representación de mi provincia para referirme también al problema de la salud y de los hospitales.

El derecho a la salud y, por ende, a la vida, es inalienable al ser humano. El Estado tiene el deber de proporcionársela y asegurársela, sea cual fuere su situación económica, porque con ello se está cuidando el más preciado capital que tiene una nación: el ser humano; y quienes tienen la alta misión de velar por la salud pública, deben hacerlo poseídos de una vocación sin límites, con un espíritu de entrega y servicio, con una abnegación tan entera que su acción no merezca dudas a quienes tenemos, hoy o mañana, la necesidad ineludible de recurrir a sus servicios.

Los hospitales de mi provincia, a pesar del gran espíritu de trabajo que anima a su personal, no están en condiciones de entregar un servicio eficiente y completo. La carencia de laboratorios, de material quirúrgico y de otros equipos indispensables en estos momentos de tremendo avance científico, disminuyen en un alto porcentaje la capacidad de trabajo de los médicos, paramédicos y auxiliares de los hospitales de la provincia Aisén.

Los enfermos con complicaciones o en estado de gravedad son enviados por el Servicio Nacional de Salud al Hospital San Borja de Santiago.

La mayoría, asegurados o indigentes, hombres, mujeres y jóvenes de escasos recursos económicos, llegan solos a una ciudad de tres millones de habitantes, donde no conocen a nadie y donde muy pocas veces se encuentran con un gesto de bondad o simpatía al que están acostumbrados en su provincia, donde todos nos conocemos.

Pero la tragedia para el enfermo de mi provincia no comienza aquí; comienza cuando debe solicitarse desde allá una cama en el Hospital; y mientras no tenga una respuesta afirmativa, no puede viajar. Largos días de espera, de agonía para él y sus familiares. Pero, en definitiva, se obtiene la cama. ¡Ojalá tenga suerte para encontrar pasajes aéreos que le permitan volar con rapidez!

Son cientos de pacientes en el año, señor Presidente, que llegan en busca de salud al Hospital San Borja.

A la atención de este Hospital quiero referirme por algunos momentos.

El viernes 2 del presente concurrí al Hospital San Borja, a requerimiento de una hija de la paciente señora Dina Miranda Barrientos, que se debatía entre la vida y la muerte, como consecuencia de una operación a la vesícula y de un estado postoperatorio grave.

La hija de la paciente, hoy fallecida, me pidió que hablara con los médicos sobre las posibilidades de mejoría de su madre y de las medidas adoptadas para ello. Buscamos a los médicos que la atendían y que habían recomendado la operación, doctores Valenzuela y Luksic, quienes me informaron de algunos detalles con toda amabilidad y me recomendaron que hablara con el doctor Enrique Rodríguez Sanfuentes, cirujano que intervino a la paciente y que en ese momento tenía la responsabilidad de su estado postoperatorio. Esperamos al doctor Rodríguez Sanfuentes, a quien no conocía y a quien no queríamos molestar; lo esperamos en los pasillos del Hospital hasta que llegó. Me presenté a él dándole a conocer mi calidad de Diputado y de amigo de la familia de la paciente, solicitándole, con el respeto que siempre los médicos me han inspirado, algunos antecedentes para comunicarlos a la familia que me los requería por teléfono desde Coihaique.

¿Con quién me encontré, señor Presidente? Con un profesional prepotente, insolente e inhumano. Me expresó "que no tenía nada que ver con Diputados, que lo dejaran de molestar, que no tenía por qué dar informaciones y que le molestaban esas cosas".

La hija de la moribunda y el Diputado que habla se quedaron sin respuesta, pues el médico, en actitud indiferente, se marchó del pasillo irrespetuosamente, ante el sentimiento de esa hija que lloraba a su madre. Nada le respondí en aquel momento, por dos motivos: primero, porque así me lo pidió la hija de la paciente para evitar represalias en contra de su madre; y, segundo, porque el médico señor Rodríguez Sanfuentes no tuviera. motivos después para no continuar atendiendo a la enferma.

Señor Presidente, nada es más doloroso que constatar y ser testigo de hechos como éste, sobre todo cuando provienen de hombres con una cultura y preparación superior, en que la insolencia no tiene perdón, en hombres en que la generosidad y los gestos humanitarios debieran ser la norma de su vida. ¡ Cuánto no alivia a un enfermo o a un pariente suyo la palabra afable y cariñosa de su médico !¿Qué se pierde, señor Presidente, con ser fraternales y humanos con los que sufren postrados en un hospital? ¿Por qué envenenar el alma de seres que no olvidarán jamás la falta de buen criterio de parte de quienes los ofenden en momentos tan duros?

La paciente del doctor Rodríguez falleció el sábado por la noche. A los deudos los llamé para comunicarles la triste noticia, porque él me negó la posibilidad de informarles del avance de la enfermedad. Falta de humanidad, señor Presidente, insensibilidad social. El doctor Rodríguez no es un hombre joven, sin experiencia, que pueda tener por lo menos esa disculpa.

Dije que la enferma fue operada de la vesícula. Me declaro analfabeto en esta materia, pero sé que no es una intervención difícil y peligrosa y que se practica en casi todos los hospitales de provincia. Fue autorizada después de un tratamiento de más de un mes y de todos los análisis de laboratorio, que tienen que haber sido favorables para que la operación no revelara futuras complicaciones. El cuadro clínico, según el médico que la atendía, aconsejaba operar, y así se le expresó a la hija de la difunta para que regresara a Aisén. Sin estas complicaciones fue operada de la vesícula, lo repito. ¿Porqué falleció, entonces, la paciente?

Esta es la respuesta que solicitamos, señor Presidente. No culpamos a nadie, pero pedimos que se haga claridad sobre un hecho que nos preocupa, no por venganza, sino porque a este hopital van los enfermos de mi provincia, gente modesta y sencilla por cuya salud y respeto tengo el deber de alzar mi voz en este hemiciclo, para que se le asegure un trato humano y digno y se le den garantías de restablecimiento. No me mueve otra cosa que impedir que se sigan repitiendo con los pobres de Aisén abusos de autoridad como los del doctor Rodríguez Sanfuentes.

Algo falló en la atención de la paciente en referencia. ¿Los exámenes de laboratorio? ¿Dan éstos plena garantía y seguridad en la certeza de sus resultados? ¿La atención postoperatoria fue deficiente?

Insisto, señor Presidente, para tranquilidad de esa familia, de mi provincia, del cuerpo médico y de ese hospital, sin acusar a nadie, en que se dé respuesta a estas interrogantes. Pido se oficie al señor Ministro de Salud y al señor Director del Servicio Nacional de Salud solicitándoles:

1º) Se investiguen las causas que motivaron el deceso de la señora Dina Miranda Barrientos, paciente no operada de urgencia y cuyos análisis de laboratorio no señalaron peligros para someterla a operación de vesícula;...

El señor VIDELA (Vicepresidente).-

Se enviarán los oficios al señor Ministro en nombre de Su Señoría.

El señor CARRASCO.-

2º) Se denuncie la actitud prepotente, irrespetuosa, del doctor Enrique Rodríguez Sanfuentes para con un parlamentario de esta Cámara...

El señor VIDELA (Vicepresidente).-

Ha llegado el término del tiempo del Comité Demócrata Cristiano.

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