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Antecedentes
  • Senado
  • Sesión Ordinaria N° 57
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  • Legislatura Extraordinaria periodo 1968 -1969
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Intervención
CONCEPTOS DEL SENADOR PEDRO IBAÑEZ SOBRE EL PROFESOR LUDWIG ERHARD.

Autores

El señor CURTI.-

Señor Presidente, la visita a Chile del ex Canciller de Alemania, el distinguido estadista y profesor doctor Ludwig Erhard, constituye un hecho de especial relieve, atendidas las proyecciones que ha tenido su pensamiento económico no sólo en la restauración de Alemania sino en el notable progreso del mundo occidental de la postguerra.

Con ocasión de esta visita, nuestro colega el Senador Ibáñez pronunció en Valparaíso un discurso en que analizó los aspectos más relevantes de la personalidad y del pensamiento económico del doctor Erhard. Los Senadores de estas bancas atribuimos especial importancia a la difusión de ese análisis, y por ello me permitiré citar algunos de los pasajes del discurso con que nuestro Honorable colega recibió al ilustre visitante.

Dijo el Senador Ibáñez:

La visita del profesor Erhard pone de relieve a una personalidad excepcional, que logró realizar en el más alto grado la difícil síntesis de pensamiento y acción que hace fecunda la vida de los hombres y los pueblos.

La explicación del éxito impresionante de sus postulados económicos reside fundamentalmente en la circunstancia que acabo de señalar. Partiendo de un análisis realista de los hechos económicos, y rechazando con vehemencia las formulaciones superficiales y los prejuicios imperantes, construyó un pensamiento económico coherente y sólido. Ese pensamiento, que estuvo siempre referido a la acción y vivificado por ella, según la sabia fórmula orteguiana, permitió al pueblo alemán renacer de su postración y entregar al mundo un ejemplo de ideas eficaces que tuvieron la virtud de restablecer la fe en sus destinos y desatar inmensas energías creadoras en una nación abatida por los mayores infortunios.

No es necesario analizar detalladamente los diagnósticos, el pensamiento económico ni los resultados de la política propuesta por el profesor Erhard, puesto que todos ellos pueden ser estudiados fácilmente, a la luz de sus brillantes éxitos y notables realizaciones. Distinto es el caso de teorizantes en boga, cuyas ideas económicas obligan a sumergirse en un mar de conjeturas e hipótesis respecto de los resultados eventuales de políticas que jamás pudieron llevarse a la práctica, si bien también existen casos, nada infrecuentes, en que el debate debe centrarse en los factores que impidieron la aplicación de la receta salvadora, o de las causas imprevisibles que la llevaron al fracaso.

Con el pensamiento económico del profesor Erhard sucede precisamente lo contrario. Ninguna explicación, por inteligente que sea, puede alcanzar la elocuencia de las cifras estadísticas impresionantes que muestran los resultados dé la aplicación de su política económica a la situación desesperada en que se encontraba su patria.

Hay hechos que así lo prueban y están a la vista de todos, doctos y profanos. En su patria hay ahora un orden sólido, surgido de un caos absoluto. Ahí están la riqueza y estabilidad, nacidas de la pobreza y de la más angustiosa incertidumbre; ahí está el bienestar para todos, mientras continúa en muchos países del mundo, principalmente los subdesarrollados, la algarabía por una justicia social que cada grupo reclama sólo para sí, o por la redistribución de un ingreso que nadie se toma la molestia de crear; ahí están la estabilidad social, el progreso sostenido y la creciente gravitación internacional de Alemania. Son todas realidades tangibles, que provienen de una concepción política cuyo instrumento económico, la economía social de mercado, hizo posible el bienestar para todos. Destaquemos de paso que esta expresión jamás constituyó una hueca consigna política, sino que formuló una meta seria y realizable, como quedó demostrado por la ejemplar elevación material y moral del pueblo de Alemania.

Recalcó el Senador Ibáñez que la eficacia de la política económica del profesor Erhard no necesita, pues, ser explicada ni enaltecida. Su éxito es la mejor comprobación de sus virtudes. Y, sin embargo, ese pensamiento y ese éxito suyos necesitan ser difundidos todavía mucho más, porque responden a una teoría que ha demostrado su verdad en el plano de las realidades concretas.

Pero una conspiración del silencio oculta esa verdad y aleja a muchos de la creación de un orden económico justo y eficaz. Sólo así nos explicamos que haya en nuestra patria quienes se debaten en románticas ficciones económicas o falacias milagrosas, que son, las más de las veces, meros intentos de escapismo y, lo que es más grave, impiden la existencia real de la justicia económica.

¿De qué escapan? De una realidad que es ineludible: del precepto evangélico que dispone que el pan hay que ganarlo con el sudor de la frente. Este principio inmutable sirve de quicio al pensamiento certero y realista del profesor Erhard. Su política económica jamás se aleja de la idea de que lo que después habría de llamarse el "milagro alemán", tenía que ser, obligadamente, un programa de trabajó eficiente y sacrificado que ningún alemán pudiera soslayar. Así, pues, en medio de la anarquía económica que ha destruido su patria, el profesor Erhard busca los principios económicos que permitan "alcanzar la combinación más racional de todos los factores productivos a través del máximo esfuerzo de competencia", como única forma de sobrevivir en la desesperada lucha por la existencia y recuperación dé Alemania.

En esta política económica basada en el trabajo, el profesor Erhard nos muestra también su fidelidad a la mejor tradición germana: aquella que impulsó no sólo el desarrollo industrial, sino el progreso de las ciencias y la perfección de las artes.

A este respecto, deseo recordar que durante los años de la Segunda Guerra Mundial tuvimos el privilegio de recibir en Chile al director de orquesta. Kleiber, uno de los más altos exponentes del mundo musical alemán. Y al expresarle nuestra admiración, al término de uno de sus inolvidables conciertos, replicó, en un tono mitad de consejo y mitad de explicación: "es ist werk, werk, nur werk" (es trabajó, trabajo, sólo trabajo).

Agregó el Senador Ibáñez que revisten especial importancia las ideas del profesor Erhard sobre formación de la juventud, y juzgó oportuno citar dos pensamientos suyos aparecidos en un artículo que publicó años atrás en "Der Volkswirt".

Dijo el profesor Erhard: "Los resultados que se alcanzan en escuelas y otros establecimientos educacionales abren posibilidades de una mayor expansión comercial e industrial, porque ellos hacen emerger fuerzas y personalidades con las calidades mentales y morales mejor adaptadas a las exigencias económicas, técnicas, sociales y culturales de una tecnología, economía y cultura que cambian y avanzan sin cesar". Y llama en seguida la atención sobre el error de los educadores que no aprecian la importancia de la industria y del comercio como una subdivisión de la cultura; y sobre el efecto nocivo de los prejuicios que desconsideran al comercio y a la industria, debido a la falsa y distorsionada representación que hacen de ellos teorías sobre capitalismo y materialismo histórico que están fuera de actualidad.

Destaca, en seguida, la importancia "de cultivar el carácter y la voluntad, que son los que permiten asumir responsabilidades porque ello satisface el sentido del deber".

Pero al mismo tiempo, y con igual énfasis, pone en guardia frente "al error de deducir que la educación en el más amplio sentido de la formación del carácter está basada en la necesidad económica y en las necesidades de la industria". Y agrega. "Esto implicaría un proceso de nivelación y empobrecimiento espiritual; ello llevaría al pragmatismo y, en el hecho, al materialismo".

Por su parte, nuestro colega el señor Ibáñez declaró que sería imposible de parte nuestra una concordancia más plena con los conceptos que acabo de citar. Nosotros estamos conscientes de nuestra obligación de procurar una sólida preparación profesional, que Chile necesita con urgencia para impulsar el desarrollo de su economía. Pero estamos igualmente conscientes de los graves peligros que entraña una formación profesional unilateral u orientada sólo hacia utilitarias metas económicas.

Las palabras del profesor Erhard que citó reafirman ideas y tendencias que es necesario acentuar. Me refiero, precisamente, a la necesidad de dar a la juventud una amplia visión de sus responsabilidades, un sólido temple a su carácter y una cultura que les permita orientar sus vidas; atributos todos sin los cuales carecen de eficacia sus conocimientos científicos y técnicos y se empequeñece o esteriliza su labor profesional.

No menos importante que las advertencias anteriores es la respuesta que da el profesor Erhard a un grupo de estudiantes que le pregunta sobre "los medios que posee este pequeño país que es Alemania" -así hablan ellos- "para mantener su situación en la inestable y amenazante situación del inundo contemporáneo". "Hay una sola respuesta", replica el profesor Erhard: "Poseer energía creadora y voluntad de trabajo".

Pero sin duda alguna sus mejores lecciones las encontraremos, más que en sus escritos, en sus propias actitudes.

Nuestro colega se refirió a dos de ellas, por la inspiración y el ejemplo que nos dan para enfrentar y resolver nuestros propios problemas.

La actitud del Ministro Erhard ante la desmoralización de su pueblo por la destrucción, el caos económico y la ocupación por potencias extranjeras, consistió, sorprendentemente, en asumir la plena responsabilidad del resurgimiento de Alemania-

En la Sesión del Consejo Económico de abril de 1948 y ante los representantes de las potencias aliadas propone "una política alemana". Y a renglón seguido, subraya que él desea que esa política sea alemana, porque quiere "corregir la difundida y complaciente impresión de que las limitaciones de nuestra libertad de acción en ciertas esferas nos releva de toda responsabilidad respecto de nuestro propio futuro". "El caso es, precisamente, lo opuesto" dice el profesor Erhard. "Mientras más obstáculos encontremos en nuestra lucha para construir bases sólidas para nuestra vida nacional, mayores deben ser nuestros esfuerzos, mayor nuestro coraje y nuestro poder de convicción, mayores los conocimientos y la experiencia que debemos ganar, a fin de crear una atmósfera de confianza inconmovible en la claridad de nuestros propósitos y en nuestra genuina voluntad para alcanzar lo que merezca ser llamado una política económica alemana".

En medio del desastre, cuando había cien razones para descargar sobre otros la responsabilidad de levantar a Alemania, el Ministro Erhard propone a su pueblo que asuma esa responsabilidad en forma total y sin reservas. Y de hecho, y sin vacilaciones de ninguna especie, la asume personalmente él mismo.

Al igual que las personas, los pueblos que se demuestran incapaces de comprender y aceptar las responsabilidades que sólo a ellos les incumben, están destinados inexorablemente a desaparecer. La capacidad de supervivencia de una nación se puede medir y aun predecir por la voluntad de hacerse cargo de sus propios problemas, rechazando compartir responsabilidades y sin culpar jamás a otros pueblos, a fatalismos coyunturales o a estructuras adversas de males cuya causa no es otra que una indebida dirección económica o una incapacidad para gobernarse a sí mismos.

Y la otra actitud ejemplar que se observa en todas las actuaciones del profesor Erhard es su coraje para sostener sus ideas y para proclamar la verdad; su valor para no transar ni doblegar sus principios bajo ninguna circunstancia, amenaza o presión.

La reforma monetaria alemana, punto de partida de la restauración de ese pueblo, sometió sus principios económicos a la prueba de las más tremendas tensiones. Recibió la oposición implacable de las destructivas tendencias económicas que imperaban por aquellos años en el mundo. El Ministro debió precisar, explicar y defender su pensamiento una y mil veces. "La verdadera contradicción" -sostuvo- "no es entre un sistema económico planificado y otro libre, sino entre una economía de mercado, que se autorregula a través de la libertad de los precios, o una economía autoritaria con control del Estado en la esfera de la distribución". Y con absoluta entereza dio a conoder el gran trasfondo político sobre el cual se proyectaba su sistema económico. "No es una lucha entre socialismo o capitalismo. La "verdadera elección es entre libertad o tiranía política".

Sin embargo, todavía era muy grande la inercia de ciertas ideas económicas cuyos incontables fracasos deberían haberlas llevado a un desprestigio total. Cada grupo seguía imaginando su propia forma de estatismo salvador, conforme a la conveniencia de su ideología política o a los intereses económicos de sus particulares negocios. Todo el mundo parecía estar en contra del profesor Erhard: los obreros cesantes o carentes de ingresos suficientes, los empresarios escépticos o agrupados en carteles, los economistas expertos en administrar la escasez, todos los que en una u otra forma quedarían en descubierto, sin prestigio, sin autoridad política o sin negocios indebidos. También los economistas de las potencias de ocupación fueron contrarios a la política audaz pero realista del Ministro de Economía. Y hasta los propios asesores del Ministro vacilaron ante ese rechazo universal.

Solamente el Ministro Erhard mantuvo intactas su fe y su voluntad de lucha. Sus convicciones no cedieron. Su teoría económica estaba respaldada por una lógica aplastante y también por el aplastante fracaso de las doctrinas opuestas.

"No hay curas milagrosas", dijo el Ministro, y sólo ofreció trabajo sacrificado y exigente, pero compartido por todos en forma equitativa.

Algunos años después se llegaría a hablar del "milagro alemán". Y hubo en verdad un milagro. Me refiero al respaldo que recibió el Ministro Erhard de un pequeño grupo de hombres visionarios, que impresionados por la claridad de sus conceptos, la firmeza de sus convicciones y la decisión de su voluntad, le permitieron poner en práctica su plan. Y en breve plazo eso plan produjo el vigoroso renacer de su pueblo, destruyó de paso las fetichismos económicos y políticos que lo tenían encadenado y consolidó, para Alemania y para el mundo de Occidente, la democracia política y la libertad individual.

No cabe duda de que, cuándo la perspectiva de los años permita establecer la exacta proyección de los acontecimientos históricos de nuestra época, la reforma monetaria de Alemania será considerada un punto crucial en el destino de los pueblos occidentales. Asimismo, será mostrada como uno de los ejemplos más impresionantes de lo que pueden la visión, el coraje y la voluntad de un hombre, cuando, puestos al servicio de su patria, están estimulados, además, por la comprensión de sus irrenunciables deberes.

Concluyó el Senador Ibáñez que la visita del profesor Erhard constituye para todos nosotros una nueva y muy alta expresión de los aportes espirituales y los estímulos económicos que a Chile han llegado siempre de Alemania.

"Desde hace más de un siglo recibimos" dijo, "en Valparaíso hombres procedentes de la nación alemana que contribuyeron a la creación de nuestra incipiente economía, nos aportaron su energía laboriosa, nos trajeron su cultura y nos dieron una visión cosmopolita y moderna de los grandes problemas de la época.

"Destacamos ahora nuestro reconocimiento por la labor del profesor Erhard en favor del bienestar de todos los pueblos y por su presencia entre nosotros, reconocimiento' que sólo podemos expresarlo mediante el afecto y la admiración con que seguimos paso a paso su fecunda labor de economista y su notable gestión de hombre de Estado. Y expresamos también en esta oportunidad que la inspiración de su pensamiento y el ejemplo de sus actitudes han contribuido a esclarecer la mente, fortalecer la voluntad y retemplar la fe de incontables ciudadanos de esta tierra.

"El profesor Erhard es, para todos nosotros, no sólo el economista, ejemplar de nuestra época y un visionario político, sino por sobre todo, un modelo de reciedumbre moral para nuestras jóvenes generaciones. Y es por todo ello que le debemos nuestras mejores gratitudes".

La señora CAMPUSANO.-

Pero no lo piensa así la juventud de Alemania Occidental, que también ha estado convulsionada.

El señor CURTÍ.-

Las juventudes están convulsionadas en todas partes. Son cosas de jóvenes.

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