Labor Parlamentaria
Participaciones
Disponemos de documentos desde el año 1965 a la fecha
Antecedentes
- Senado
- Sesión Ordinaria N° 5
- Celebrada el 11 de octubre de 1967
- Legislatura Extraordinaria periodo 1967 -1968
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Homenaje
HOMENAJE A LA MEMORIA DEL EX SENADOR ANGEL CUSTODIO VASQUEZ GALDAMES, FALLECIDO RECIENTEMENTE.
Autores
El señor
Señor Presidente:
Esta tarde rindo homenaje a un esforzado y destacado hijo del norte que ha muerto a avanzada edad y que nos ha dejado una lección de tenacidad y esfuerzo. Porque eso fue a lo largo de toda su existencia don Angel Custodio Vásquez Galdames: un hombre de esfuerzo y tenacidad admirables. Unía a su larga experiencia una palabra fogosa, y a través de más de 50 años de acción, predicó y practicó su amor a la más pura doctrina del radicalismo. Como él decía de sí mismo, se formó en la Universidad de la Vida, para señalar con ello que su condición era fruto del trabajo. Su amplitud de criterio - según propia confesión, era librepensador-, su tenacidad, su actividad societaria y política, su amor hacia el prójimo, su conocimiento amplio de la vida misma, lo hicieron acreedor del afecto de sus con-ciudadanos, y ellos mismos le dieron las necesarias herramientas para desempeñarse en una amplia gama de actividades y permitieron que sus amigos de Antofagasta, especialmente, lo distinguieran de varias maneras para expresarle su afecto.
Nació en el puerto de Caldera el 4 de enero de 1876; tenía, al morir, más de 91 años. Desde niño conoció, en esas tierras cuna del radicalismo chileno, lo que era la doctrina de este partido. Pudo, en consecuencia, ampliar desde temprano sus horizontes culturales y ciudadanos, lo que demostró al organizar y presidir la Asociación de Empleados del Ferrocarril; del Hogar Hijos de Atacama; de la Asociación de Empleados Particulares, y de su querido Partido Radical, en el que militó desde los 19 años.
Hizo sus estudios en la Escuela de Minas de Copiapó, y como tantos otros que, por vivir del fruto de su trabajo, deben buscar más amplios horizontes, emigró hasta Antofagasta, de la que hizo su segunda tierra natal. Trabajó en la Empresa del Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia durante 26 años, entidad de la cual se retiró para dedicarse, hasta 1939, al ramo de la construcción. Ese año, 1939, fue designado jefe del Departamento de Auxilio Social, cargo en el cual se desempeñó durante 8 años. Paralelamente, dedicaba sus esfuerzos a su Asamblea Radical y a una pequeña industria de calzado deportivo que poseía, la cual le permitía vivir con el decoro que la baja renta de su cargo público no le habría permitido.
A una edad en que otros hombres ya han abandonado la lucha, él, a los 71 años, recibió el galardón con que le honrarían sus conciudadanos al elegirlo Senador de la Primera Agrupación, en reemplazo de don Gabriel González Videla, que desde ese cargo fue elevado al de Presidente de Chile. En esa oportunidad sus correligionarios y los nortinos demostraron su amor hacia las cosas y los hombres del norte: intransigentemente se opusieron a que la Junta Central del Partido Radical designara como su candidato a una distinguida personalidad que tenía proyecciones nacionales, y mantuvieron la postulación senatorial de este hombre modesto, que, gracias a su laborar constante en las asambleas, en las sociedades mutualistas, en las organizaciones políticas combativas de aquellos años, se había labrado un prestigio de dirigente honesto, sereno, esforzado y capaz, y todos, en común esfuerzo, lo designaron su representante ante esta Alta Corporación.
¡Qué bello ejemplo para sus cuatro hijos!
¡Qué buen ejemplo para la juventud y también para los hombres un poco maduros, que creen malogradas sus vidas porque a los 50 años no han conquistado un nuevo El Dorado o descubierto otras tierras vírgenes!
Pero eran otros años, y este radical esforzado y recio, combativo y combatiente de primera fila, se hizo respetar y fue respetado por sus tradicionales adversarios, socialistas y comunistas, contra los cuales había librado muchas batallas. No obstante, supo encabezarlos en algunas lides políticas, puesto que la Alianza Democrática lo hizo también su candidato.
Este hombre ya viejo, don Ángel Custodio Vásquez Galdames, demostró que sus energías no eran decadentes. Ayudó a incontables chilenos a eludir la aplicación de las disposiciones de la ley de Defensa Permanente de la Democracia cuando fue Senador. No esperó que esto fuera reconocido por sus adversarios políticos. Los conocía bien por haber trabajo junto a ellos en las faenas del ferrocarril de Antofagasta a Salta por el lado chileno, pero conocía, también la verdadera alma del roto chileno, honesto y sufrido, de aquellos que nunca han temido al desierto y que de día trabajan alegres bajo un sol inclemente y de noche filosofan, cantan o ríen, teniendo como techo la inmensa bóveda celeste, donde brillan a millones las estrellas y que pareciera ser la fuente y la inspiración del elevado espíritu de nuestro pampino.
Toda muerte de persona cercana nos produce pena y congoja. La vida de este hombre viril nos ha hecho meditar hondamente. Nuestro país, pese a todo lo que se diga en contrario, ofrece a sus hijos la oportunidad de surgir, ya sea en un nivel o en otro. Basta que el individuo tenga fe en sus medios, constancia en su empeño y amor propio suficientes para no arriar sus banderas ideológicas ante fáciles componendas o equivocadas ambiciones. Angel Custodio Vásquez mantuvo en alto su ideal, elevado su pensamiento, firme el corazón, a lo largo de toda su dilatada existencia, y la lección que esto nos deja me hace pensar que su vida fue fructífera.
Podemos concluir que disfrutó en sus últimos años de la paz y serenidad que le dieron el saber que tuvo una vida limpia y provechosa y la satisfacción del deber bien cumplido.
Como representante del norte, igual que él, intransigente en defender un ideal que considero inviolable, lo acompañé hasta su última morada, y desde esta elevada tribuna, le digo: don angel, su lucha, que alcanzó más allá de 40 años de duro batallar, ha terminado, y su ejemplo servirá para iluminar el alma de los innumerables amigos que usted dejó sembrados en este querido Chile. Ejemplo de amor al trabajo honesto, a la fraternidad humana y a la propagación de su ideal político, que habla de pensamiento y acción evolutivas, de respeto a la personalidad humana, de diálogo democrático entre seres que piensan, que aman, que sienten, que sufren.
He dicho.