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Antecedentes
  • Senado
  • Sesión Ordinaria N° 21
  • Celebrada el
  • Legislatura Extraordinaria periodo 1966 -1967
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Intervención Petición de oficio
PROBLEMAS DE LAS MINERIAS PEQUEÑA Y MEDIANA.

Autores

La señora CAMPUSANO.-

En varias oportunidades, en el último tiempo, se han traído al debate y consideración del Senado diversos problemas que aquejan a la minería chilena. La opinión pública nacional, en estos últimos meses, se ha visto conmovida por las denuncias hechas por pequeños mineros y pirquineros ante el peligro de paralizar sus actividades por la baja del precio del cobre.

La pequeña y mediana minerías nacionales representan una importante rama de nuestra economía, un sector que debe desempeñar un papel destacado en el desarrollo del país por la importancia que tiene en la vida de algunas zonas, especialmente en las provincias del Norte Grande, Atacama, Coquimbo y Aconcagua. Los problemas y dificultades que esta actividad enfrenta se reflejan directamente en la vida de miles y miles de modestos trabajadores que, junto a sus familias, llevan una vida oscura, esforzada, heroica muchas veces, en lucha incesante con una naturaleza hosca que guarda celosamente sus riquezas.

La pequeña y mediana minerías -entre ellas, el cobre tiene gran significación- dan ocupación a más de cuarenta mil personas, que, con sus familias, forman un grupo cercano a doscientas mil personas, cuyo nivel de vida, remuneraciones, poder adquisitivo, seguridad social y condiciones de trabajo, son por lo general malas. El esfuerzo se prodiga hasta el extremo, y se obtienen resultados no proporcionales al sacrificio realizado, debido a un conjunto de factores que configuran un panorama complejo que debe merecer preocupación honda y responsable.

En menos de dos años, la minería nacional ha aumentado su producción en 29 % de cobre fino y en 52% de cobre físico. Y durante el año pasado, ella retornó íntegramente al país la suma de US$ 96.678.712; o sea, casi duplicó sus retornos, en una producción de valor total de casi 150 millones de dólares, que dio ocupación a cerca del doble de trabajadores que los de la gran minería. En otros términos, la pequeña y mediana minerías chilenas están produciendo más de la mitad del retorno total de la gran minería del cobre, con la diferencia de que todo el valor de la producción regresa a Chile y se incorpora al proceso productivo.

Frente a los noventa y seis y medio millones de dólares que retornaron el año pasado la pequeña y mediana minerías, existe el hecho de que las empresas imperialistas del cobre, con los convenios del cobre, dejarán de retornar 200 millones de dólares cada año.

Los gobiernos nunca han apreciado siquiera en qué medida la minería mediana y especialmente la pequeña han absorbido y absorben la cesantía provocada por las empresas imperialistas, ni tampoco -según lo acabamos de decir- cómo los pueblos de Taltal, Altamira, El Salado, Inca de Oro, Copiapó, Carrera Pinto, Vallenar, Domeyko, Incahuasi y otros, que no han sido rozados por el desarrollo industrial, viven exclusivamente del movimiento económico que les dan el pequeño minero y el pirquinero. Se echa de ver la ausencia de una comprensión adecuada de los problemas, los que se eternizan sin solución. Incluso, en ocasiones se advierte menosprecio abierto hacia la actividad de los pequeños mineros, cuando no un criterio de eficiencia fría que no atiende a las causas de fondo de los problemas ni a las implicancias que traen consigo.

La prensa del 21 de septiembre informaba que el señor gerente general de ENAMI sostenía que debería cerrarse definitivamente parte de las minas de la pequeña y mediana minerías. Agregó textualmente, luego de una entrevista con los Ministros Molina y Simián: "Yo no sé hasta dónde el país puede mantener esas faenas totalmente anticomerciales". Estas palabras encierran un peligro muy grave y reflejan toda una orientación del Gobierno para favorecer a los grandes productores, extranjeros en su mayoría, y cerrar el paso al pequeño minero y al pirquinero. Lo que calló el gerente de ENAMI es que no ha habido criterio nacional, preocupación seria por sacar adelante a las actividades mineras nacionales, no mediante limosna, sino por medio de la ayuda efectiva que complemente el esfuerzo y el sacrificio del minero chileno. Por lo contrario, muchos antecedentes indican que la Empresa, organismo encargado de aplicar la política oficial, no actúa adecuadamente y adolece en su trabajo de múltiples defectos y vicios serios, cuya corrección no se aborda. Citaré un solo caso: el de la planta que debió construirse en Carrera Pinto. Ahí, en medio de los cerros, están semihabilitadas e inconclusas las instalaciones y un campamento de obreros y empleados. Se elaboró un proyecto, fue estudiado, revisado y aprobado. Se lo puso en práctica. De improviso, el consejo de ENAMI llegó a la conclusión de que la planta era antieconómica, lo que determinó la interrupción de los trabajos. Y allí están los testimonios concretos de la ineficacia administrativa de la Empresa. Pero los gastos de estos errores recaen sobre los pirquineros, sobre los mineros chicos. Ellos son quienes, en definitiva, como siempre, pagan los platos rotos.

A fines de 1964, el Presidente de la República trazó sus planes de política minera. A lo largo del año, se han venido realizando reuniones de las organizaciones que agrupan a los pequeños y medianos mineros; entrevistas con personeros del Gobierno, incluso con el Presidente de la República; se han formulado peticiones y presentado memorándum, sin que se haya logrado gran cosa. A este propósito, considero conveniente recordar lo que decía el diario "La Nación", el 17 de junio, con motivo de la entrevista sostenida por sesenta representantes de la pequeña y mediana minerías de Coquimbo, Atacama, Antofagasta y Tarapacá, acompañados por mi colega Honorable señor Noemí. Bajo el título "Pequeña Minería recibirá eficaz y pronta ayuda", el diario oficialista señalaba que el Senador Noemí declaró a la salida de la reunión: "El Gobierno está prácticamente de acuerdo en todos los planteamientos de los mineros. Además, el Presidente Frei está tan interesado como ellos mismos en solucionar sus problemas". Por su parte, el señor Cuevas Mackenna informó que el Presidente se había comprometido a "traer las maquinarias que son indispensables para nuestro trabajo"; que, al mismo tiempo, expresó su "deseo de ayudar en todo lo posible a la pequeña y mediana minerías"; que lamentó que no fuera posible conceder inmediatamente créditos, pero indicó que se haría un "estudio al respecto" y que la respuesta sería "entregada dentro de dos meses".

Han pasado cinco meses y aún no se ve solución a los problemas existentes, ni tampoco un enfrentamiento a los hechos denunciados por los mineros. Por lo contrario, según se desprende de diversas actitudes adoptadas por ENAMI, se busca en los hechos la liquidación de la pequeña minería en lo que respecta a todas aquellas explotaciones consideradas antieconómicas, sin tomar en cuenta las terribles consecuencias que la paralización de faenas acarrea.

Los mineros de Atacama, justamente alarmados, han dicho en una declaración conjunta suscrita por el Sindicato de Pirquineros de Tierra Amarilla, la Asociación de Pequeños Mineros y la Asociación Minera de Copiapó:

"La minería de Atacama, con rara uniformidad ha llegado al convencimiento de que la política de los ejecutivos de la Empresa Nacional de Minería, tiende a hacer desaparecer la pequeña minería, pues considera que sólo es digna de subsistir la mina que es capaz de desenvolverse por sus propios medios hasta transformarse en mediana minería y solamente entonces, la considera digna de atención estatal".

Es sabido que la pequeña minería no capitaliza para dotar de maquinarias suficientes a las faenas, y necesita con urgencia créditos para mecanizar sus faenas y aumentar su productividad, plantas de ácido sulfúrico para el funcionamiento de las plantas de lixiviación, caminos, asesoría técnica, buenas condiciones de comercialización, etcétera.

En estos momentos, se da el absurdo de que la fundición de Paipote esté utilizando tan sólo 50% de su capacidad productiva, a causa de la escasez de plantas de lixiviación. Y a pesar de esta falta de materia prima, Paipote produce cobre "blister" por un valor en dólares que permitiría, por ejemplo, a la Empresa de Comercio Agrícola, importar toda la carne necesaria para terminar con el racionamiento. Algo parecido ocurre con la minería del oro y plata, actividad que vegeta debido a la inexistencia de plantas de flotación y cianuración que hace años debieron ser construidos por ENAMI. No es posible, tampoco, valorar toda la actuación de la Empresa e, incluso, su justificación, sólo desde el punto de vista económico. Es decir, no se puede plantear la alternativa: si una mina es eficiente, si es económicamente rentable, debe vivir; en caso contrario, debe desaparecer, liquidarse, morir. Esa no es actitud propia de un gobierno que se llama a sí mismo revolucionario. Es una actitud típicamente capitalista, idéntica a la adoptada en anteriores gobiernos, continuista a todo trapo, encaminada en lo fundamental a liquidar la industria pequeña y a acelerar la concentración en grandes empresas. Al mismo tiempo, hay que tener en vista otras cuestiones, entre ellas, principalmente, el trabajo y el porvenir de los trabajadores, la suerte de los hombres que gastan su vida por un salario mezquino, huérfanos de previsión en la mayoría de los casos, quienes no pueden ser lanzados

a la cesantía en virtud de unas u otras consideraciones supuestamente técnicas.

Hay que tener en cuenta, también, la suerte de las zonas en que están establecidas las principales bases de la pequeña y mediana minerías. Además, es necesario atender sus necesidades legítimas de desarrollo y progreso. Muchas veces la suerte de una industria trae consigo la de la región circundante. La experiencia del des-mantelamiento de las oficinas salitreras es demasiado terrible como para que la olvidemos fácilmente. Sin duda, contrasta más este panorama si se lo compara con el que ofrecen las compañías imperialistas norteamericanas del cobre, del salitre y del hierro.

Hace menos de un año, el Gobierno logró imponer la aprobación de los convenios del cobre, viga maestra de su política, que recién comienza a echar a andar en lo que respecta a la formación de sociedades mixtas y "chilenizadas", según su criterio. Las cifras de los convenios son espectaculares: en cuarenta años se han llevado más de cuatro mil millones de dólares, y se llevarán otros cuatro mil en veinte años de vi-gecia de los convenios; o sea, duplicarán el saqueo. Se aumenta la tributación en 17,7%, mientras las utilidades de las empresas subirán en 85%. El ingreso tributario por tonelada bajará, de 198, a 162 dólares, en tanto las utilidades aumentarán, de 4.226 millones, a 5.727, esto es, en 36%, mientras los valores no retornados al país crecerían, de 2.556, a 4.088 millones de dólares, esto es, en 57%.

Un solo dato a propósito del hierro: en 1963, esta actividad tuvo una producción equivalente a casi 56 millones de dólares, de los cuales retornó al país apenas un poco más de cuatro millones y medio de dólares. En cincuenta años, la Bethlehem se ha llevado de Chile mil millones de dólares, y recuérdese que solamente es uno de los cuatro poderosos consorcios extranjeros que explotan el fierro chileno. Y la CAP, a la que se intenta entregar por ley nuevas franquicias durante diez años, prefiere hacer inversiones en Ecuador y en Uruguay, antes de hacerlas en el país.

En cuanto al salitre, la aplicación del Referendum ha significado que se remitan al exterior, gracias al sistema de amortización acelerada, por concepto de utilidades y depreciaciones, más de 515 millones de dólares, casi el presupuesto de divisas del país, y casi sesenta veces el monto del capital invertido por las compañías. Y el año pasado retornó apenas 16 millones 219 mil dólares, o sea, apenas una sexta parte de las industrias mineras, pequeña y mediana, del cobre.

Las compañías imperialistas disfrutan de las ventajas que poco a poco han venido obteniendo en un régimen jurídico consolidado, sólido, a salvo de vicisitudes, que adopta la forma de contrato-ley o de convenio que congela una situación durante un lapso de tiempo largo, y la pone al margen de las alternativas que afectarán even-tualmente a las actividades mineras.

Al lado de esta isla privilegiada, plaza fuerte imperialista, la minería auténticamente chilena, destaca como una especie de cenicienta. No parece que el Gobierno tomara realmente en serio declaraciones como las del señor Raúl Devés; que tiene a su cargo la dirección de la Oficina Coordinadora entre la Empresa privada y la estatal, quien declaró en el mes de julio del año: "Toda industria pequeña, mediana o grande que levantemos con créditos externos, tendrá necesariamente que entregar parte de sus utilidades al exterior. Toda actividad que levantemos con créditos internos o ahorro, entrega el total de sus utilidades al circuito nacional de la economía. ..."

El malestar existente entre los mineros nacionales en contra de la Empresa Nacional de Minería es enorme. No se trata, es necesario aclararlo, de pretender la liquidación de esta empresa estatal en beneficio de intereses particulares. Lo que se quiere es que la Empresa Nacional de Minería realice cabalmente la función para la cual fue creada: el fomento y el desarrollo de la industria extractiva chilena, a través de una política eficiente, seria, planificada y ambiciosa, al servicio genuino de los intereses nacionales. Los cargos que se formulan en contra de la conducción de la Empresa no han sido salvados por ésta. Esa es la verdad. Por ejemplo, a propósito de las maquilas o cobros por concepto de beneficio de minerales, la Empresa se ha limitado a decir, a la letra:

"En relación con el costo de las maquilas que según sus críticos sería para el proceso de refinación de ENAMI de US$ 176 y de US$ 155 para refinerías europeas, sucede que los procesos que se tratan de comparar son diferentes ya que en el caso de ENAMI se incluye conversión de eje del horno, flete del blister, gastos de embarque y desembarque, costo de refinación y gastos de administración y financieros, y en el caso de refinerías europeas sólo se incluye en proceso de refinación del cobre blister puesto en refinerías. En estas condiciones las cifras no tienen valor alguno".

A pesar de lo categórico del planteamiento de ENAMI es indudable que su explicación no es ni siquiera satisfactoria. Es claro que habría sido interesante y útil que la Empresa hubiera señalado con absoluta precisión cuál es la relación que existe entre las tarifas que cobra y las vigentes para el mismo proceso en otras empresas, a fin de puntualizar si las instalaciones de aquella están sometidas a un régimen de explotación racional y económica que no ocasione perjuicios a los productores ni signifique una carga para el erario.

Aparte la falta de precisión, la ausencia del desglose de rubros, que reclamamos, hay otros hechos muy decidores, que han sido expuestos en un Memorándum presentado por la Sociedad Nacional de Minería al Presidente de la República, en el pasado julio:

Los mineros han planteado la necesidad de que la Empresa Nacional de Minería proporcione maquilas al mejor nivel internacional, que entre conversión, fundición y refinación consideran un cargo de US$ 118, además de una deducción de 10 kilos de cobre por toneladas de concentrado.

Pues bien, denunciamos que ENAMI ha fijado para la Braden Copper, empresa imperialista, una maquila levemente superior a la indicada que alcanza a 132 dólares con un descuento de solamente 8 kilos de cobre, lo que equivale a más o menos 129 dólares.

En cambio, a la pequeña y mediana minería, cobra 238 dólares. La increíble diferencia llega seguramente casi al doble, si se consideran los fletes parciales a Hamburgo, la falta de mecanización en los puertos de embarque, etcétera.

Además, el caso de Braden no es el único. ENAMI ha celebrado otros contratos que también establecen diferencias apreciables en contra de los mineros pequeños y medianos. Por ejemplo, con la Mintrade peruana, a la cual se cobra una maquila total de 241,20 dólares, mientras que a los mineros nacionales se les descuenta 332,27 dólares, lo que significa un perjuicio de 91,07 por tonelada de cobre. Agregúese a esto que la negociación con Mintrade consulta un pacto de retroven-ta que coloca a la empresa peruana en condiciones de aprovechar diferencias de precios cuando ella sea posible.

Hay otras tarifas cobradas por ENAMI que también merecen reclamos indignados de los mineros. Los costos de las Plantas de Concentración de minerales son en la Empresa de alrededor de 18 escudos por tonelada, mientras en las plantas particulares ascienden a un promedio entre Eº7 y Eº9. Respecto de los costos de lixiviación, en ENAMI son de Eº 72 y en las plantas particulares de Eº35. En lo que respecta a los costos de compra de minerales en las agencias, estos alcanzan a Eº12 por tonelada, que podrían rebajarse a Eº4, si existiese una mecanización adecuada. La falta de mecanización repercute, además, en los costos de producción de la pequeña minería, porque obliga al minero a moler en condiciones antieconómicas, para lograr un mineral que pueda muestrearse directamente en las canchas de la ENAMI.

No somos de los que creen que necesariamente las empresas estatales han de ser ineficientes. Por lo contrario, sabemos que las empresas públicas bien administradas pueden prestar mejor servicio a un costo menor, puesto que no tienen como objetivo central el lucro y, además, actúan dentro de un concepto técnico más elevado. Por todo esto es que intervenimos, planteando que ENAMI debe revisar su política, liberarse del favoritismo que muestra hacia las empresas extranjeras, agilizar sus estructuras, elevar su nivel administrativo y técnico y, sobre todo, trazar sus planes y llevarlos a la práctica en estrecho contacto con los directamente interesados, con los mineros, con los productores nacionales.

Otro factor que influye negativamente sobre la minería nacional es el relacionado con el descuento por contenido de cloro, según lo escuché plantear a los representantes de los pirquineros de Atacama, en una entrevista que sostuvimos con el señor Simián, cuando era Ministro de Minería; descuentos que se aplican en contradicción con principios técnicos y comerciales básicos.

A esto mismo se han referido los pequeños y medianos mineros de Antofagasta, diciendo que: Según la norma fijada por ENAMI, cabe descontar una unidad de cobre metálico por cada unidad de cloro contenida en el mineral. Así, por ejemplo, en un mineral de 8% de cobre y 2% de cloro, ENAMI rebaja la ley al 6% y paga solamente ese 6% de cobre.

Otro ejemplo que ayuda a clarificar el asunto: una tonelada de mineral de 30% de cobre y 11% de cloro, de acuerdo a las tarifas vigentes, valdría Eº1.122 la tonelada, pero ENAMI la pagaría a sólo Eº689 ya que rebajaría las once unidades equivalentes al contenido de cloro y cancelaría 19% de cobre.

Además, debe tenerse en cuenta que la ley mínima que recibe ENAMI es de 6,5% . Los minerales de ley inferior, no son adquiridos por la Empresa. Resulta, entonces, que el descuento por cloro no se realiza sobre la base de una suma fija; calculada de acuerdo a una tabla de evaluación estudiada científicamente, sino de acuerdo a las unidades de cobre, lo que constituye una aberración. Es un descuento reajustable, un porcentaje que hace bajar la ley del mineral y fluctúa junto con las variaciones que experimenta el precio en el mercado mundial. Este criterio trae consigo consecuencias increíbles. Si se piensa, por poner un ejemplo, en un mineral que contenga 12 % de sobre y también 12% de cloro, ENAMI, según su tabla, descontaría 12 unidades de cobre metálico. O sea, ese rico mineral de 12% de cobre pasaría a no contener ni un miligramo de cobre, para ENAMI, por supuesto. Por arte de birlibirloque contendría 0,00% de cobre y no se le pagaría nada al minero por todo su esfuerzo de haberle arrancado a la tierra esos minerales. Que lo existente desaparezca, que se esfume mágicamente, es cosa de todos los días para los "ilusionistas" de la ENAMI.

Si ese mineral de 12% de cobre contiene también, digamos, 6,2% de cloro, la Empresa pagaría conforme a sus pautas como si solamente contuviera 5,8% de cobre y no 12% . Pero -y aquí viene lo increíble- como la Empresa no compra minerales con menos de 6,5% de cobre, rechazará al minero su producto porque oficialmente contiene 5,8 % de cobre. Con razón escriben con sarcasmo los mineros:

"Esta manera original y caprichosa de ENAMI de manejar la pequeña Minería Nacional Chilena, nos lleva a comprobar el super ridículo de que Chile sea el único país del mundo donde ricos minerales de cobre de, por ejemplo, 12%, o sea, con 12 kilos de cobre metálico por tonelada de mineral, no valen nada por el 'hecho de

contener 12% o más de cloro. Y aún más, se cae en el ridículo demencial de que esos 12 kilos de cobre metálico, seguirán valiendo nada aunque el precio de los revestimientos de los hornos bajara más, pues para ENAMI ese mineral de 12% seguirá conteniendo 0,00 % de cobre."

El descuento por cloro comenzó a aplicarse por ENAMI, aduciendo que las refinerías alemanas descontaban por este concepto, debido a los daños que ocasiona el cloro a los revestimientos interiores de los hornos y que no era posible que la Empresa soportara estas pérdidas que debían ser de cuenta de los mineros nacionales.

Se puso en práctica hace relativamente poco tiempo, en todo caso bastante después de la creación de la Empresa, lo que indica, sin duda, una grave responsabilidad funcionaría y técnica desde el momento en que los directivos de la Empresa no se habían dado cuenta del descuento que se les hacía en el exterior.

Sin detenernos a considerar las explicaciones de ENAMI, en orden a que los químicos y metalúrgicos alemanes se hubieran percatado, digamos, de repente, de esta situación, teniendo en cuenta que las técnicas de procesamiento del cobre están establecidas hace muchos años, como también su nivel técnico, es necesario decir que ENAMI ha llegado a sostener que la presencia de cloro ocasiona pérdidas de cobre metálico en los hornos, cuestión que los técnicos están contestes en estimar errónea.

De otra parte, se sabe que se han desarrollado revestimientos especiales para resistir toda clase de elementos corrosivos.

En estos momentos, lo fundamental sin embargo, reside en dos puntos: el descuento reajustable, calculado sobra unidades de cobre, y la necesidad de determinar efectivamente el deterioro sufrido en el revestimiento de los hornos como consecuencia del cloro.

Ambos aspectos van ligados estrechamente.

Es necesario que ENAMI se aboque al estudio objetivo, serio, técnico de las consecuencias del cloro sobre los hornos y que proceda a avaluar dicho daño. En una reunión mantenida con el anterior Ministro de Minería, señor Simián, quedó flotando la impresión -por la escasez de argumentos y antecedentes hechos valer por ENAMI- que faltaba realmente una precisión como la que se reclama. Incluso en dicha reunión, los ejecutivos de la Empresa, estuvieron de acuerdo en la necesidad de practicar muestreos y encargar investigaciones de laboratorio para determinar hasta qué punto tenían razón los mineros.

Hecho ésto, en suma, avaluado el perjuicio, debe procederse a fijar una cantidad a título de descuento. Eso es justo, pero consideramos que ese avalúo necesariamente debe hacerse en dinero (en ningún caso, en mineral) porque -lo reiteramos- resulta casi ridículo que, el daño que pudieran experimentar los hornos, fuera a aumentar o disminuir, física o económicamente, cada vez que el cobre metálico baja o sube de precio en el mercado mundial, como en los hechos ocurre ahora cuando el descuento se calcula en unidades metálicas, en porcentajes, en valores fluctuantes con el precio.

Existe un clamor verdadero entre los mineros frente a este problema del cloro, que he tratado de resumir para conocimiento del Honorable Senado. Se trata, sin duda, de una cuestión más o menos sencilla en la cual se. han hecho muchas promesas por parte de ENAMI, los Ministros han tomado nota, sus asesores han acumulado antecedentes, pero hasta el momento no se observan siquiera indicios de solución.

La inquietud de los mineros refleja un hondo problema social. A veces un minero, un pirquinero o un grupo de ellos trabajan un mes o dos meses, llevan sus minerales a ENAMI y allí se encuentran con que, por el descuento por cloro, los minerales son apanteonados, botados a las canchas, sin que se les pague un peso. Y es-to, señores Senadores, es hambre y es miseria para los trabajadores, penurias y estrecheces para sus familias.

Estos hechos contribuyen, evidentemente, en forma poderosa a desalentar las actividades mineras y dañan, en ¡o principal, a chilenos, a pequeños industriales, a mineros modestos, a pirquineros, a empresarios medianos, que ven que el Estado los abandona a su suerte, mientras atiende solícito a los grandes empresarios extranjeros. La Agrupación Provincial Minera e Industrial de Antofagasta dice en una comunicación reciente:

"En los departamentos de Antofagasta, Tocopilla y El Loa, no se cuenta con plantas de concentración para comprar los minerales de baja ley que se producen especialmente en el departamento de Antofagasta. Existen varias plantas particulares, pero las tarifas que en ellas se paga son leoninas, de modo que los mineros no pueden contar con ellas y deben considerarlas, por lo tanto, como inexistentes. Por tales razones el minero humilde que vive de la minería por ser su especialidad o por no encontrar trabajo, para poder subsistir, tiene que dedicarse a trabajar minerales de alta ley o sea, superiores al 6,5% en cobre, pues bajo esta ley ENAMI no compra minerales. Los minerales ricos son escasos, de manera que los que se obtienen son fruto de un laborioso trabajo de selección a mano, piedra por piedra, que tiene que efectuar el minero en sus faenas.

No es posible abordar ninguno de los muchos problemas que afectan a la pequeña y mediana minerías, sin considerar al mismo tiempo la situación de los trabajadores que en ellas laboran.

Queremos precisar, desde ya, que si bien defendemos a la minería nacional, pequeña y mediana, por considerarla un sector progresista dentro de nuestro economía, ello no nos impide denunciar, abierta y claramente, los abusos y arbitrariedades que en muchos casos se cometen con los trabajadores.

Son numerosos los dueños de minas que no trabajan personalmente sus pertenencias, ya que prefieren entregarlas al pirquén. Los pirquineros son entonces quienes realmente hacen producir la mina, gastando su esfuerzo y sus escasos capitales, para tener luego que pagar una regalía al dueño o al industrial, la que fluctúa entre 12%, 18%, 24%, 28% y a veces hasta 35%. Y, aunque parezca increíble, la propia ENAMI se encarga de descontar por planilla las sumas que debe pagar el pirquinero.

Estos dueños de minas e industriales demuestran la mayor insensibilidad y menosprecio hacia sus trabajadores. Jamás se les ha pasado por la mente destinar siquiera una parte de esta regalía para arreglar campamentos, levantar piezas, asegurar abastecimientos de agua, construir escuelas, etcétera. Uno de los que se lleva las palmas en esta explotación es el señor Edwards, dueño de ese matadero humano que es la mina Amolanas; en Dulcinea, las cosas no andan mejor y los ejemplos podrían multiplicarse.

Otros dueños de minas entregan sus yacimientos a contratistas, verdaderos regalones de los propietarios. En este caso, la regalía inicua se duplica. El pirquinero entra a pagar doble regalía -descontada, por supuesto, por la atenta Empresa Nacional de Minería-, el que apenas obtiene una cantidad miserable por un trabajo extenuador que rápidamente acorta su vida. Tal es el caso de la mina Frankestein, en Altamira, donde se paga 6% al dueño de la mina y 12% al intermediario.

Hace pocos días estuve junto a estos mineros, hombres rudos y esforzados, verdaderos retratos del trabajador chileno; vi como vivían o quizás sea más propio decir que vi como mueren estos hombres de clase.

El intermediario no da nada; ni siquiera un galpón para comer. Pircas miserables más propias para animales que para seres humanos, los albergan. Y allí, en un clima inhóspito, están firmes en el trabajo, rasguñando el cerro para poder vivir malamente, explotados y menospreciados, pero decididos a luchar para mejorar su suerte.

En el hierro la situación del trabajador y el pirquinero es muy parecida.

Además de estos problemas de explotación inhumana, los trabajadores mineros, los pirquineros y los pequeños mineros que trabajan con sus manos, enfrentan los riesgos propios del trabajo y de la vida, huérfanos de previsión, sin posibilidad de una vejez medianamente tranquila, obligados a trabajar hasta que el cuerpo aguante, y después a deambular viviendo casi de la limosna.

La lucha de los trabajadores se da junto a los pequeños y medianos propietarios e industriales en orden a obtener para la minería chilena un tratamiento que efectivamente le permita desarrollarse, pero al mismo tiempo batallan por la limitación de las regalías usurarias, por el mejoramiento de sus condiciones de vida, por la terminación de los contratistas e intermediarios, aspectos que no pueden dejarse de lado si se quiere desarrollar una política auténticamente nacional y progresista.

Esta intervención no ha pretendido abordar todos los temas; creo que los problemas de la minería nacional son tantos y tan variados, tan pavorosa la situación de la mayoría de sus trabajadores, que sería posible dedicar muchas horas a exponerlos y a buscarle soción.

He señalado tan sólo algunos puntos urgentes que es menester enfrentar y que el Gobierno tiene la obligación de resolver.

La lucha de los trabajadores y de todos los sectores afectados no se detendrá en tanto no se resuelvan sus problemas. Su calidad de chilenos, de hombres laboriosos y tenaces, exige una actitud distinta del Gobierno, una actitud abierta, no reaccionaria ni continuista.

Ruego, señor Presidente, que mis observaciones se hagan llegar al señor Ministro de Minería.

El señor GARCIA (Vicepresidente).-

Se enviará el oficio solicitado, en la forma reglamentaria.

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