Labor Parlamentaria
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Antecedentes
- Cámara de Diputados
- Sesión Ordinaria N° 21
- Celebrada el 06 de agosto de 1968
- Legislatura Ordinaria año 1968
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El señor
Señor Presidente, deseo referirme en esta oportunidad a la campaña de prensa que se está llevando a cabo en la vecina República Argentina acerca de un tema que sin duda produce asombro en nuestros conciudadanos: la posible "guerra con Chile".
Efectivamente, desde hace un tiempo a esta parte, diversos medios de información argentinos vienen publicando "sesudos" artículos acerca del armamentismo chileno, sobre los planes estratégicos de ambos países, sobre la psicología guerrerista del hombre medio chileno, y comentan desaprensivamente esta eventual
"guerra" tal como se comentaría un próximo partido entre Racing y Colo Colo.
Ya en marzo de este año, la publicación semanal "El Correo de la Tarde", de Buenos Aires, llenaba toda su primera página con el sugestivo título "¿Conflicto Militar con Chile?" En abril, la revista "Confirmado", de indudable prestigio periodístico, ocupaba también su portada con la denuncia siguiente: "Chile, el camino de la agresión".
Tengo acá en mis manos un ejemplar de la revista "Atlántida", de marzo pasado, donde bajo la firma del periodista Samuel Galblung, según se dice, enviado especial a Chile, aparece una larga crónica que se encabeza así: "Chilenos, ¿qué tienen contra los argentinos? Este es el testimonio de una situación cuyas causas son conocidas y sus consecuencias imprevisibles. El enviado de "Atlántida" lo vivió en las calles y en los despachos oficiales. La conclusión es ésta: Chile quiere tierra argentina. Sepa cómo y por qué".
Y los subtítulos de esta crónica revelan rápidamente su alcance. Dicen así: "La política armamentista de Chile". "La interpretación legal es optimista, pero el problema sigue creciendo más allá de las protocolares declaraciones". "Para los sociólogos es sólo una muestra del complejo de inferioridad".
"Los maestros están obligados a despotricar contra Argentina".
"Detalles sobre el rearme en Chile en 1962 y más testimonios coincidentes sobre los resentimientos hacia Argentina".
Por último, en el mes de julio recién pasado, tanto el ya citado "Correo de la Tarde" como la revista "Panorama", de amplia circulación, publican sendos artículos, ambos con el mismo título "Guerra con Chile", bajo el pretexto de referirse a algunas notas publicadas por un periodista venezolano en "La República", de Caracas.
Precisamente, en el día de hoy ha llegado a mis manos un nuevo ejemplar de
la revista "Atlántida", en el cual el periodista Raúl Urtizberea escribe una crónica titulada: "Viña de odio", de la cual leo algunos párrafos que me parecen concluyentes.
Dice así: "Los chilenos concentran cada vez más odio contra nosotros y la indiferencia de los argentinos parece exacerbarlos. Esa indolencia en nuestro pueblo es aceptable en tanto responda a la actitud propia de los países grandes que escuchan ladrar a los países chicos; cosa muy distinta sería si respondiera a un desinterés por lo que ocurre y puede llegar a ocurrir con nuestros hermanastros. Quiero creer que ya hemos superado la etapa en que podíamos aceptar una pérdida grave en la Patagonia. . .".
"Un "chauvinismo" lleno de odio y resentimiento es alentado en los chilenitos desde el colegio, donde la historia y la geografía sirven para enseñarles cómo los imperialistas argentinos quieren quedarse con territorio ajeno".
Y concluye este artículo del periodista citado con lo siguiente: "Esto quiere decir que existen fundamentos como para pensar, más que en una riesgosa guerra relámpago, en la creación ficticia de un serio conflicto capaz de generar un enfrentamiento armado. De allí que convenga que estemos alertados; las relaciones cada día se endurecen más y los chilenos uno de estos días pueden tomar fuerza."
Como se ve, señor Presidente, no estoy ocupando esta tribuna para referirme a alguna aislada diatriba antichilena que pudiere haber aparecido en algún diario argentino sin importancia y publicada bajo la responsabilidad de su autor. Por el contrario, se trata de una campaña amplia y sistemática, que lleva ya varios meses y cuya tónica consiste en afirmar que Chile está preparando una agresión contra Argentina.
¿Podría alguien en nuestro país imaginar algo más disparatado?
Sin embargo, hace pocos días, apareció en las calles de Buenos Aires, pegado en las paredes, un cartel que también proclamaba el próximo conflicto armado de nuestras dos naciones. Y un importante canal de televisión bonaerense se ha dedicado a atacar diariamente a nuestro país.
¡No! No se trata de algo sin importancia, que podamos dejar pasar así como así. Es conocido de todos nosotros el régimen político imperante en la Argentina y el hecho de que la prensa trasandina no disfruta de amplia libertad. Por el contrario, está sujeta a control gubernativo.
Además, la circunstancia de que esos artículos sean de una factura muy semejante e incluso contengan antecedentes militares y conjeturas de tipo profesional acerca de los planes de ataque y de defensa de los estados mayores de las fuerzas armadas de ambos países, hacen que se pueda suponer legítimamente, que las autoridades militares y de la Cancillería argentina no son del todo ajenas a la redacción de tales escritos.
En todos los regímenes del mundo surgen normalmente grupos y tendencias políticas internas que buscan llevar al propio gobierno por el camino más adecuado al pensamiento y a los intereses de dichos grupos. En Argentina gobiernan los militares; y los grupos políticos que se mueven en la trastienda del Gobierno del General Onganía no son otros sino las tres ramas de las fuerzas armadas. Siempre ha habido muchas rivalidades profesionales entre militares, marinos y aviadodores en el país trasandino. El observador atento no puede dejar de anotar como un hecho importante la gran influencia política que adquiere día a día el Consejo Nacional de Seguridad (CONASE), dirigido por el General Osiris Villegas. Tampoco debe olvidarse que la publicación "El Correo de la Tarde", que se ha destacado en esta campaña, es editado por el ex marino señor Francisco Manríquez, con amplias vinculaciones dentro de la Armada argentina.
A mi modo de ver, nos encontramos con una maniobra de vastos alcances, dirigida a impresionar a la opinión pública argentina quizás para alejarla de otras preocupaciones e inquietudes políticas que se le han prohibidopero, especialmente, para justificar el papel que los militares están jugando en la Argentina actual, que no parece muy exitoso.
Como representantes de la voluntad popular chilena, no podemos dejar de preocuparnos por estos hechos. Nos inquieta que se mistifique al hombre argentino con afirmaciones tan carentes de verdad y que se pueda crear en ese pueblo vecino y hermano sentimientos y actitudes que no tiene ni existe razón alguna para que pueda abrigar en el futuro.
Reclamamos, pues, de esta campaña y llamamos la atención de los colegas de las diversas colectividades políticas que conforman nuestra democracia hacia la necesidad de que nuestro país no se deje llevar jamás por nacionalismos pasados de moda y caiga en el fuego de una competencia innoble y desatinada en el plano militar; en una absurda campaña de denuestos mutuos; ni en la fácil vía de los resentimientos y los recelos recíprocos, que nunca conducen a algo bueno.
Los pueblos han sido siempre amantes de la paz. Sólo guiados por autoridades que no interpretan sus verdaderos sentimientos, o instrumentalizados por intereses bastardos, pueden llegar al paroxismo de la guerra. No es ni será nuestro caso.
Las relaciones entre Chile y Argentina se desenvuelven actualmente en un plano de normalidad. La negativa argentina a reconocer el derecho de Chile a invocar, en forma unilateral, el Tratado General de Arbitraje, deberá encontrar una solución que no menoscabe el respeto a los pactos internacionales, que ha sido hasta aquí la base de nuestra convivencia. Nada más inconveniente, entonces, que echar leña a una hoguera publicitaria que los chilenos no hemos prendido. No está en mi ánimo hacerlo.
Sin embargo, creo que una razonable preocupación de nuestra Cancillería por la situación descrita es desde todo punto de vista lógica y veo la necesidad de que todos los sectores de nuestra colectividad se compenetren de las ideas matrices que guían nuestra acción internacional e inspiran nuestra política latinoamericana.
Chile es un país dispuesto al diálogo y busca las relaciones más amplias y fructíferas con todos los pueblos en general, con sus vecinos muy en especial. Las relaciones diplomáticas y comerciales con Perú y Argentina son cordiales. La interrupción de relaciones con Bolivia no fue motivada por nuestra voluntad.
El país está abierto a la convivencia de los pueblos, cada día más interdependientes. Fomenta el turismo y la entrada de latinoamericanos a su territorio. Cada año más ciudadanos argentinos visitan nuestras costas y conocen nuestras ciudades. Las comisiones mixtas de caminos se reúnen trimestralmente para avanzar en la integración vial de Chile y Argentina. Las autoridades provinciales de ambos países (intendentes chilenos y gobernadores argentinos) tienen frecuentes contactos y procuran solucionar problemas regionales con una mira conjunta. También existe una integración económica real en la industria automotriz; y la constitución del área andina no supone ni podría suponer, en caso alguno, la exclusión argentina de nuestro intercambio comercial. ¿Quién puede hablar entonces verosímilmente de una situación preconflictual ?
Hace algún tiempo, nuestro compañero de partido, el Diputado señor Mariano RuizEsquide se refirió en esta misma Sala, al supuesto armamentismo de Chile, dando cifras y datos elocuentes que no necesito repetir acá para convencer de que las afirmaciones en ese sentido carecen de toda base sólida y las imputaciones que se nos hacen son completamente inverosímiles.
Sólo quiero recordar dos datos emanados de antecedentes proporcionados por el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos de Norteamérica. Como ese país tiene ciertamente, el mejor Servicio de Inteligencia del continente, es muy difícil dudar de sus informaciones. Según los datos mencionados por ese Comité, y que se refieren al año 1965, 137.000 hombres en armas era el contingente total argentino y 60.000 hombres el chileno. Ambas cifras representaban el 0,6 por ciento sobre el total de habitantes de cada país. Los gastos de defensa chilenos alcanzaban al 10,8 por ciento del presupuesto nacional de ese mismo año, contra el 15,3 por ciento, que era la proporción destinada por el presupuesto argentino a sus fuerzas armadas.
Todo comentario sobra.
El pueblo de Chile no caerá, señora Presidenta, en la fácil trampa de las manifestaciones nacionalistas y los histerismos que a nada bueno conducen frente a la campaña de prensa que se está realizando al otro lado de los Andes.
Pienso que la prensa chilena sabrá demostrar su madurez y enfocar estos tópicos con altura de miras, con serenidad y con la franqueza nuestra, tan tradicional.
Nuestras fuerzas armadas cuentan con el respaldo ciudadano para desempeñar sus labores profesionales con integridad y firmeza.
Chile nada teme y nada hará que pueda hacerle el juego a los que agitan el antichilenismo en la patria de San Martín.
Nada más.