Labor Parlamentaria
Participaciones
Disponemos de documentos desde el año 1965 a la fecha
Antecedentes
- Cámara de Diputados
- Sesión Ordinaria N° 29
- Celebrada el 10 de enero de 1968
- Legislatura Extraordinaria periodo 1967 -1968
Índice
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Intervención
SITUACION QUE AFECTA A LOS TRABAJADORES DE LA FIRMA MOSSO, INDUSTRIA DE LA MADERA, SOCIEDAD ANONIMA COMERCIAL E INDUSTRIAL
Autores
El señor
Pido la palabra.
El señor
Tiene la palabra el señor Rodríguez, don Juan.
El señor
Señor Presidente, muy a mi pesar, voy a tener que referirme a un problema creado por la actitud de una industria de carácter particular, pero que, por su trascendencia, puede extenderse al resto del país, con atropello a los trabajadores chilenos y con violación a nuestras disposiciones legales sobre contrato de trabajo y sobre previsión social.
Ocurre, señor Presidente, que en el año 1936 en mi pueblo, Curacautín, se estableció una industria de madera terciada, fundada por el ciudadano argentino Juan Bautista Mosso, que inició sus labores en forma efectiva en el año 1938, si mal no recuerdo.
Esta firma constituyó una sociedad que se llamó "Mosso y Compañía Limitada". Al correr del tiempo, a causa de las nuevas leyes tributarias chilenas, varió su razón social y cambió su personalidad jurídica por la de una sociedad agrícola llamada "Dillo". Parece que este cambio no dio a esta firma los frutos que esperaba en cuanto a continuar burlando los tributos fiscales y municipales, y en el año 1956 resolvió, con ese criterio patronal prepotente y abusivo disolver la sociedad, cerrar la industria para dedicarse a la constitución y formación de una sociedad anónima. Para ello, despidieron a los obreros y empleados que laboraban, en ese año de 1956, en dicha industria. A los seis meses lograron constituir y poner en marcha la nueva sociedad, para lo cual volvieron a contratar a los mismos obreros que antes tenían, pero en tales condiciones que da vergüenza mencionarlas. Los obreros que trabajaron hasta el año 1956 tenían en aquel entonces un salario mínimo diario de 840 pesos, como término medio, además de los beneficios y garantías obtenidos mediante la presentación de diferentes pliegos de peticiones. Al ser recontratados por la nueva industria, la nueva empresa, o la nueva sociedad, mejor dicho, que se llamó "Mosso, Industria de la Madera, Sociedad Anónima Comercial e industrial", lo fueron con el salario mínimo vigente en ese entonces de 420 y 430 pesos diarios. O sea, a estos trabajadores, lisa y llanamente se les estafó en la mitad de sus salarios. Aparte de ello, les suprimieron todas sus conquistas sociales.
¿Podría alguien pensar que la madera terciada en esa época estaba en crisis, y que, en consecuencia, esta firma, constituida por ciudadanos argentinos, se vio forzada a bajar los precios y a abaratar los costos de sus productos? Por el contrario, los precios del producto fabricado por Mosso, Industria de la Madera, aumentaron en ese entonces y han seguido en permanente aumento.
De esa manera, los industriales mencionados se rieron de sus modestos y humildes trabajadores. Pero, no conformes con esto, más o menos después de 9 ó 10 años de constante lucha de los trabajadores para obtener reivindicaciones sociales y aumento de sus salarios, la firma Mosso, Industria de la Madera, Sociedad Anónima Comercial e Industrial, guiada quién sabe por qué principios o fines, en julio de 1967, que acaba de terminar, usando un procedimiento que tal vez estaría bien en la época de la esclavitud, de la noche a la mañana cerró las puertas de su fábrica y lanzó a la calle a sus 300 y tantos obreros, diciendo que un informe del Departamento Forestal dependiente de la CORFO indicaba que la empresa no caminaba, que no podía continuar laborando en las condiciones en que lo hacía y que se responsabilizaba a los trabajadores de la deficiencia de la mano de obra. Pero los señores representantes patronales se cuidaron muy bien de mencionar lo primero que estableció dicho informe, en el sentido de que los dirigentes, los gerentes, los técnicos de la industria usaban en las faenas procedimientos que dejaron de usarse hace más de 30 años, por lo cual el costo era muy elevado. Se les recomendaba que fueran al Canadá o a los países europeos para aprender a elaborar maderas terciadas económicamente, sin desperdiciar la materia prima, como se estaba haciendo en la actualidad.
A causa de esta situación, se levantó el pueblo de Curacautín, se embanderó la ciudad a media asta, y se envió a Santiago una comisión de representantes de todos los sectores, quienes junto con la representación parlamentaria de Malleco, sostuvieron entrevistas con los Senadores Fuentealba y Luengo, y los Diputados Sívori y el que habla. Mis demás colegas de representación tenían compromisos y no pudieron estar presentes.
Se habló en esa ocasión con el señor Ministro del Interior, con el señor Ministro de Hacienda, con el Jefe del Departamento del Empleado, y con el señor Ministro de Obras Públicas para buscar la solución de éste y otros problemas; pero no se logró nada y se perdieron las conversaciones.
Posteriormente, en mi calidad de Asesor Jurídico del Sindicato Industrial de la firma Mosso, Industria de la Madera, logré un principio de solución, que se contiene en un documento firmado el día 8 de septiembre de 1967, en el que se señalan los puntos básicos de ella. Se dice que a los obreros que se van -que en aquel entonces se iban- se les pagan 30 días de indemnización, más 8 días por cada año de servicios y, además, se destinan 40.000 metros cuadrados de terreno, en total, para que sean distribuidos entre ellos; se les paga a los que estuvieron sin trabajar, 15 días de salario. En el punto 3º, se dice que el funcionamiento de la fábrica será definitivo; en el punto 4º, que los sindicatos quedarán vigentes con todos sus beneficios ; en el punto 5º, que a los dirigentes que se quisieran ir, cansados y hastiados del trato de la parte patronal, se les pagará su fuero; en el punto 6º, que las libretas se entregarán al día a los que se fueren para que tengan los beneficios provisionales; en el punto 1°, que se pagan de inmediato 30 días y el saldo de 15 días; en el punto 8º, se establece el cambio del sistema de remuneraciones; y en el punto 9º, se dice que, en el futuro, quedarán en mejores condiciones. Firman este documento el abogado de la industria Mosso, el ex Ministro de Hacienda del señor Alessandri, don Luis Mackenna; un representante y apoderado de la firma, don Luis Mosso, y el abogado del sindicato, el Diputado que habla.
Con este documento me fui al sindicato, donde se aprobaron en general estas bases y se celebró el acta de avenimiento correspondiente, estableciéndose en ella que vuelven a trabajar 154 obreros, incluidos los dirigentes sindicales.
Con fecha 11 de septiembre de 1967 se suscribió esta nueva acta de avenimiento, como también un contrato colectivo de trabajo que, en su cláusula tercera, dice: "Desde el 1º de enero de 1968 el personal continuará contratado por Mosso, Industria de la Madera, Sociedad Anónima Comercial e Industrial, en liquidación, o por una nueva entidad que se forme o quien se interese por adquirir el negocio en las nuevas condiciones que se convengan" -hago resaltar estas palabras "que se convengan"- "respecto del sistema de remuneraciones."
En el punto cuarto de este contrato colectivo se agrega: "Subsiste el sindicato que tenía la firma Mosso y, además, "se mantiene la antigüedad que tenían los trabajadores."
A mediados de noviembre llegó el presidente de la firma Mosso, representada por don Julio Mosso Avizú, y habló con los obreros. Allí conversamos y quedó en llevar los nuevos contratos a más tardar el 15 de diciembre. Le pidieron a la firma Mosso un anticipo de 30 escudos para adquirir un cordero durante la Pascua, y que, junto con el aguinaldo, les significaba recibir una suma total de 60 escudos.
El señor Julio Mosso ofreció que la nueva firma iba a llevar el dinero e iba a donar un cordero para la Pascua, por lo cual les pidió que no se preocupara. Pasó la Pascua y ese cordero no llega. Además, pasó el plazo que se había dado para la firma del contrato, y pasó también el 15 de diciembre. El señor Mosso llegó el día 26 de diciembre y el 27 apareció ante los obreros con los contratos extendidos en la forma más indignante para los trabajadores chilenos.
Se fue a la gerencia y dijo a uno de lo ; capataces que tiene, a Enrique Fahrenkrog: -Vaya a llamar a esos perros aquí, a la gerencia, para conversar con ellos. Mandaron a los trabajadores de a uno por uno. El señor Julio Mosso le daba la mano y le decía: -Mire, compañero, aquí tengo un contrato que es muy bueno para usted. ¿Cuánto gana? El obrero contestaba: -yo gano 180 ó 200 escudos mensuales. -¿Quiere usted ganar 360 escudos? Firme este contrato por G escudos diarios; el resto se lo voy a dar yo de mi bolsillo.
¿Saben los señores Diputados qué significado tenía esta proposición? Nada menos ni nada más que estafar al Servicio de Seguro Social chileno? ¿Por qué hago esta afirmación? Porque se iban a hacer imposiciones sólo por la suma de 6 escudos diarios y el resto del salario no iba a ser imponible. Este es el procedimiento que se quería usar con los trabajadores. Acto continuo les decía: "Si firmas este contrato, te daré 50 escudos en reemplazo del cordero". ¡Comprando a los trabajadores! Sabía muy bien Julio Mosso Arizú en el momento en que lo hacía. Conocía la cesantía que hay en el departamento cíe Curacautín y la angustia de toda la familia obrera de la zona. Era el momento propicio para esquilmar a los trabajadores de Curacautín y de la fábrica.
¿Cree el señor Julio Mosso Arizú que Chile le va a aceptar este procedimiento? Ya hubo uno, el señor Catán, que por faltar a las leyes tributarias y sociales chilenas, fue puesto en la frontera. Yo creo que el Gobierno, que rige los destinos del país, debe usar la misma vara que usó con el señor Catán, y no permitir que se siga explotando a los trabajadores.
Pregúntese si esta firma ha pagado los impuestos fiscales y municipales; pregúntese si está al día con sus impuestos...
El señor
¿Me permite, señor Diputado?
Ha terminado el tiempo del Comité Radical.
El señor
Continuaré en una próxima sesión, oportunidad en que pediré que se envíen oficios a Su Excelencia el Presidente de la República.