Educación no sexista para una sociedad no sexista

A propósito de la Conmemoración del Día Internacional de la mujer, del ODS N°5 de "Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas” y su meta 5.c de "Aprobar y fortalecer políticas acertadas y leyes aplicables para promover la igualdad de género y el empoderamiento de todas las mujeres y las niñas a todos los niveles" la siguiente nota abordará la importancia de la educación no sexista.

||Autor Fotografía: wikicommons

La renovada visibilización que ha tenido el movimiento feminista en la escena nacional e internacional en el último tiempo nos ha invitado a cuestionarnos cuál es el tipo de sociedad que realmente queremos y qué es lo que estamos haciendo el día de hoy para construirla. A nivel global, las brechas que existen en acceso a la educación entre hombres y mujeres han ido disminuyendo paulatinamente, incluso cerrándose por completo en algunos países. No obstante lo anterior, el progreso en este ámbito no se ha traducido en ganancias equivalentes de oportunidades laborales, independencia económica ni liderazgo. Según el Informe Global de la Brecha de Género 2018 del Foro Económico Mundial en la región todavía persisten fuertes inequidades en la participación y oportunidades económicas y en el empoderamiento político, calculando que tomará 74 años el cerrar por completo las brechas en América Latina y el Caribe.

¿Qué es entonces lo que esconden las cifras de escolaridad? Si la educación es la clave del desarrollo ¿Por qué todavía la equidad en la sala de clases no se ha reflejado en equidad en el mundo real? Una posible respuesta a estas interrogantes es que a pesar de las importantes mejoras en el acceso a los centros educativos, los contenidos, las prácticas docentes y las oportunidades que se les da a los estudiantes todavía difieren significativamente entre niños y niñas. 

La sociedad pierde con una educación que discrimina

Una educación sexista es aquella que le atribuye determinadas competencias y habilidades a cada sexo, plantándose como naturales a su condición biológica y justificando una jerarquización de su rol dentro de la sociedad. Lo anterior redunda en que es más probable que las mujeres prefieran especializarse en carreras del área del cuidado como salud y pedagogía y áreas sociales y artísticas versus incursionar en carreras de ciencia, tecnología y matemáticas, comúnmente mejor remuneradas, más estables y con mayores tasas de empleabilidad. De hecho, estudios evidencian una alta correlación entre las brechas de género en resultados de la prueba PISA de matemáticas y el nivel de equidad de género en la sociedad: a medida que la sociedad es más equitativa la brecha de género en el desempeño matemático desaparece. Así, las asimetrías, conscientes e inconscientes, en la educación de nuestros niños sólo son el reflejo de lo que sucede en el ámbito político, social y económico en América Latina, lo que lamentablemente resulta en una pérdida de talentos femeninos significativa.

Educación sexual y reproductiva

La educación sexual en el aula es otra de nuestras grandes deudas pendientes, a pesar de los múltiples compromisos internacionales que se han adquirido en la materia (La Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (1994), la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer (1995), y la Declaración de compromisos en la lucha contra el VIH/SIDA (2001), entre otros). 

Para promover las relaciones de género igualitarias y respetuosas de los derechos humanos, una educación sexual integral que abarque temas como salud sexual, diversidad, autonomía, afectividad, el derecho al placer y la toma de decisiones libre y responsable es fundamental. Ente los múltiples beneficios que se desprenden de esta educación está la disminución de enfermedades de transmisión sexual, de embarazos no deseados, de embarazos precoces y de la perpetuación intergeneracional de la pobreza. Pese a lo anterior, todavía existen grupos de la sociedad que se resisten.

En América Latina y el Caribe sólo algunos países se acercan a las concepciones de educación de la sexualidad con un enfoque integral sugeridos por las Naciones Unidas, como por ejemplo Argentina, Brasil, Colombia, México y Uruguay. Aun así, éstos han tenido serias dificultades a la hora de capacitar docentes y en aplicar los currículos, muchas veces enfrentando resistencia tanto desde los mismos profesores, como desde los apoderados y especialmente en zonas rurales, más religiosas y más conservadoras.

El auge del conservadurismo ideológico y de ciertas creencias religiosas ha frenado los avances que ha experimentado la región en los últimos 20 o 30 años. Efectivamente, el año 2017 la ONU alertó que el retroceso que sufre Latinoamérica en materia de educación sexual puede agravar la desigualdad económica y perpetuar la pobreza de muchas adolescentes, ya que los embarazos no deseados entorpecen su incorporación al mundo laboral. "Nunca ha habido mucha educación sexual en la región, pero ahora, la poca que hay, genera más controversia y polarización que antes. Las iglesias y el pensamiento que tienen varias de ellas influye mucho en la opinión pública y en la visión que tiene la población sobre la educación sexual […] Es una ilusión creer que eliminando la educación sexual en las escuelas se acaba el problema, porque cada vez hay más espacios donde los niños pueden aprender, como las redes sociales, la televisión o internet, donde la información no está controlada y les puede llegar cualquier cosa", reconoció el Director para Latinoamérica del Fondo de Población de la ONU (UNFPA), Esteban Caballero.

La Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación y sus recomendaciones

La Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación (CLADE) es una red plural de organizaciones de la sociedad civil, con presencia en 16 países de América Latina y el Caribe, que impulsa acciones de movilización social e incidencia política para defender el derecho humano a una educación transformadora, pública, laica y gratuita para todos y todas, a lo largo de la vida y como responsabilidad del Estado. Una de las muchas preocupaciones de esta organización es la trayectoria educativa desigual que experimentan las niñas versus los niños, que impide la realización del derecho humano a la educación y a una vida plena. 

Para hacer frente a esta problemática, la CLADE recomienda que: 

“1. Los Estados y la sociedad reconozcan que las desigualdades y las discriminaciones de género persisten en los sistemas educativos y más allá de estos. Este reconocimiento, así como una mayor consciencia de sus causas y consecuencias, es un primer paso hacia la superación de esta problemática. Su negación, por otro lado, la invisibiliza y la naturaliza, llevando a que se perpetúen las desigualdades e injusticias; 

2. Las escuelas sean entendidas como espacios de reeducación de las relaciones de género, siendo así promotoras de la igualdad entre hombres y mujeres. La educación debe promover la deconstrucción de estereotipos y un replanteo de las masculinidades, que sean sensibles y responsables, hacia la construcción de sociedades cada vez más democráticas, de paz e inclusivas;

3. Los proyectos políticos pedagógicos estén comprometidos con la igualdad de género. A tal fin, se debe prestar especial atención a los contenidos y materiales, incluyendo jugos y juguetes, así como a la formación de los y las profesionales de la educación;

4. Las niñas, jóvenes y mujeres participen en pie de igualdad en mecanismos y procesos de gestión de los sistemas educativos, desde el nivel macro hasta lo micro;

5. La educación pública sea laica, como un principio democrático; 

6. Los Estados eliminen todos los costos directos e indirectos para acceder a la escuela, una problemática que afecta en especial a las niñas, jóvenes y mujeres; 

7. Los sistemas educativos estén comprometidos con el combate contra toda forma de violencia contra las niñas y mujeres; 

8. Los sistemas educativos sean inclusivos, capaces de responder a la necesidad de sus estudiantes: deben, por ejemplo, acoger a estudiantes embarazadas o con bebés pequeños;

9. Los estudios preparatorios para obtener el título de maestro o maestra y los que preparan en conjunto los trabajadores y trabajadoras de la educación hagan reflexionar sobre la naturaleza de la inequidad de género y sobre cómo superar las barreras en el aprendizaje que resultan de ella;

10. Se reconozca el rol de los y las profesionales de la educación – en su gran mayoría mujeres -, a quienes se debe otorgar salarios y planes de carrera dignos.”

 

La educación es el pilar fundamental en la transmisión de los patrones culturales dentro de una sociedad, así también, es clave a la hora de transformarlos. Si bien es un avance que la normativa acompañe la demanda de una educación no sexista, humanizadora y liberadora, una real transformación de la manera en que educamos a las próximas generaciones requiere un cambio desde lo más profundo de la sociedad. Que seamos conscientes de estas inequidades puede considerarse el primer paso de un largo, pero beneficioso, camino.

 

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