Preparación y ayuda frente a desastres “tan local como sea posible, tan internacional como sea necesaria”

Bajo el Objetivo de Desarrollo Sostenible N°3 de “Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades” se enmarca la meta de “Reforzar la capacidad de todos los países, en particular los países en desarrollo, en materia de alerta temprana, reducción de riesgos y gestión de los riesgos para la salud nacional y mundial”. En este contexto y a propósito del día Internacional del Clima (26 de marzo) y del día Internacional de la Salud (7 de Abril), en la siguiente nota analizaremos una selección de organizaciones y programas que velan por reducir el riesgo de desastres y brindar auxilio en caso de su ocurrencia, tanto en las Américas como en el mundo.

||Autor Fotografía: wikicommons

Con una población mundial en aumento, la proliferación de las mega-ciudades, el cambio climático y desigualdades en las más diversas esferas del quehacer humano, un número creciente de personas están expuestas a los potenciales efectos de las catástrofes. En particular, los estados con menores recursos, con gobernanzas más débiles y en situaciones de vulnerabilidad son aún menos capaces de responder de manera eficaz a los desastres y adaptarse a un clima cambiante.

Según el análisis de 281 eventos geofísicos y relacionados con el clima registrados el 2018 en la Base Internacional de Desastres (EM-DAT) del Centro de Investigación sobre la Epidemiología de los Desastres (CRED), los eventos climáticos extremos son los responsables de la mayoría de los 61,7 millones de personas que resultaron afectadas por amenazas naturales a nivel global. "No hay ninguna parte del planeta en la que no se sintiera el impacto de los eventos meteorológicos extremos ocurridos el año pasado. Las inundaciones, las sequías, las tormentas y los incendios forestales analizados repercutieron en 57,3 millones de personas […] Ya se nos está agotando el tiempo para limitar el calentamiento global a 1.5˚C o 2˚C.  Debemos permanecer igualmente activos en cuanto a la adaptación al cambio climático, lo que significa que debemos reducir el riesgo de desastres en nuestras ciudades, evitar la creación de nuevos riesgos al mejorar el uso de la tierra, al contar con reglamentos de planificación y códigos de construcción más firmes, al salvaguardar los ecosistemas con funciones de protección, y al tomar medidas de forma activa para reducir el aumento en el nivel del mar" sentenció Mami Mizutori, Representante Especial del Secretario General para la Reducción del Riesgo de Desastres.

A pesar de contribuir relativamente menos al total de emisiones globales de gases efecto invernadero (GEI) que otras regiones, América Latina y el Caribe están desproporcionadamente expuestas a los impactos del cambio climático. Muchas naciones ya están experimentando repercusiones negativas en los ámbitos de la seguridad alimentaria y agua potable, enfermedades transmitidas por vectores e inclusive algunas islas del Caribe ven amenazada su existencia misma debido al aumento de los niveles oceánicos

Con más de 500 registros de desastres intensivos en riesgo (25 o más vidas humanas perdidas y/o 300 o más viviendas destruidas) entre 1990-2013 para 16 países de Norte, Centro y Sur América se calcula que en promedio ocurrieron 23 registros por año, cada uno con un saldo de 37 vidas perdidas, 21 mil personas afectadas, 1064 viviendas destruidas y 1302 viviendas afectadas. El 61% de estos 562 registros fueron desencadenados por eventos hidrometeorológicos y climáticos (vs 39% restante por fenómenos geológicos), los cuales muchas veces son posibles de predecir con los nuevos desarrollos tecnológicos. Lo anterior es una oportunidad para minimizar la totalidad de consecuencias negativas de los desastres, por lo que desarrollar medidas preventivas adecuadas y sistemas de alerta temprana debería ser una prioridad de los gobiernos a lo largo y ancho de la región.

La UNISDR y el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030 

La Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastre (UNISDR) fue creada en 1999 con el propósito de velar por la aplicación de la Estrategia Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres. La UNISDR entre muchas otras funciones también se ocupa de la implementación, el seguimiento y la revisión del Marco de Sendai.

En la tercera Conferencia Mundial de las Naciones Unidas celebrada en Sendai (Japón) el 18 de marzo de 2015, 187 Estados miembro de la ONU adoptaron “El Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030”, el cual es el  instrumento sucesor del “Marco de Acción de Hyogo para 2005-2015:Aumento de la resiliencia de las naciones y las comunidades ante los desastres”. Lo que busca este marco es dar énfasis a la gestión del riesgo de desastres por sobre la gestión de desastres y ser aplicado a los riesgos de desastres “de pequeña y gran escala, frecuentes y poco frecuentes, súbitos y de evolución lenta, debidos a amenazas naturales o de origen humano, así como a las amenazas y los riesgos ambientales, tecnológicos y biológicos conexos”. El Marco de Sendai es el primer acuerdo importante firmado post agenda de desarrollo 2015 y contempla siete objetivos globales al 2030:

(a) Reducir sustancialmente la mortalidad por desastres a nivel mundial 

(b) Reducir sustancialmente el número de personas afectadas a nivel mundial

(c) Reducir la pérdida económica directa de los desastres

(d) Reducir sustancialmente los daños causados por desastres a la infraestructura básica y la interrupción de los servicios básicos, entre ellos salud y educación

(e) Aumentar sustancialmente el número de países con estrategias nacionales y locales de reducción del riesgo de desastres

(f) Mejorar sustancialmente la cooperación internacional dada a los países en desarrollo para complementar sus acciones nacionales 

(g) Aumentar sustancialmente la disponibilidad y el acceso a los sistemas de alerta temprana de peligros y la información y evaluaciones de riesgo de desastres 

Y cuatro esferas de acción prioritarias: 

Prioridad 1: Comprender el riesgo de desastres en todas sus dimensiones de vulnerabilidad, capacidad, grado de exposición de personas y bienes, características de las amenazas y entorno, para luego utilizar ese conocimiento para la evaluación de riesgos, prevención, mitigación, preparación y respuesta.

Prioridad 2: Fortalecer la gobernanza del riesgo de desastres para gestionar dicho riesgo, contando con objetivos claros, planes y directrices y fomentar la colaboración y la asociación de los distintos actores involucrados.

Prioridad 3: Invertir en la reducción del riesgo de desastres para la resiliencia, financiando medidas estructurales y no estructurales y así mejorar la resiliencia económica, social, sanitaria y cultural de los países

Prioridad 4: Aumentar la preparación para casos de desastre a fin de dar una respuesta eficaz. Se debe preparar con antelación al desastre un plan concreto de recuperación, rehabilitación y reconstrucción, para así aprovechar la oportunidad de “reconstruir mejor” o con una mayor resiliencia futura.

La UNISDR en conjunto con los Gobiernos de Colombia, Perú y Paraguay, y la División de Estadísticas de la CEPAL han organizado para este viernes 26 de abril 2019 una instancia para dar a conocer los avances y logros, desafíos y oportunidades de la implementación del Marco de Sendai, buscando siempre el diálogo entre los países y la difusión de las mejores prácticas a nivel internacional.

Operaciones de Ayuda Humanitaria y Protección Civil de la Unión Europea (ECHO): Una ayuda frente a la emergencia

La Dirección General de Ayuda Humanitaria y Protección Civil (DG ECHO) fue creada en 1992 con el objetivo asistir a los países afectados por desastres o emergencias humanitarias. Esta asistencia es entregada en colaboración con diversas agencias de NU, organizaciones internacionales y ONGs, cubriendo áreas de intervención tales como comida y nutrición, albergue, salud, agua, sanitización y educación en emergencias. 

En línea con los 4 principios básicos de la legislación humanitaria internacional, se pretende

  • dar respuesta al sufrimiento humano, con especial atención a los grupos más vulnerables de la población y respetando la dignidad de todas las víctimas (humanidad)
  • no favorecer a ningún lado en ningún conflicto (neutralidad)
  • ser provisto solo en la base de necesidades, sin ninguna clase de discriminación (imparcialidad)
  • ser independiente de cualquier agenda (política, económica, militar, u otras) (independencia)

En el último de sus reportes anuales disponibles (año 2017) se destaca que durante el transcurso del año se destinaron más de 30 millones de euros a la preparación y a la respuesta a las emergencias de carácter humanitario en nuestra región, mencionando específicamente los devastadores huracanes IRMA y MARIA en el Caribe, la crisis alimentaria y de alojamiento en Haití, el deterioro de la situación humanitaria en Colombia y Venezuela y la sequía y la violencia en América Central. 

Entre los países prioritarios para el 2019 dentro de las Américas se encuentran Honduras, Nicaragua, Guatemala y El Salvador. Una combinación de una alta exposición a riesgos, altos niveles de pobreza y de violencia y una urbanización rápida y desorganizada son todos factores que han erosionado las capacidades locales para afrontar el cambio climático y los desastres en general. Otros países que se han considerado especialmente vulnerables son Colombia, Venezuela y Haití, todos países que sufren desplazamientos poblaciones importantes y con numerosos grupos sin acceso a alimentos y a servicios básicos.

Para el periodo 2014-2020 se pretende destinar 6.620 millones de euros a las diferentes causas humanitarias, convirtiéndose así en el principal donante de ayuda de emergencia a las víctimas de catástrofes naturales o de origen humano del mundo.

Programa de Preparación ante Desastres (DIPECHO)

A lo largo de los últimos años, el manejo de riesgos y el aumento de la resiliencia han sido sistemáticamente integrados en los programas de ayuda humanitaria de la UE. Así, para el año 2017 el 65% de todos los proyectos humanitarios financiados por la UE incluyeron algún componente relacionado con la preparación ante desastres. 

DIPECHO es un programa de ECHO que financia “iniciativas orientadas a reducir la vulnerabilidad de la población ante desastres y tiene como objetivo mejorar las capacidades de las comunidades para que estén mejor preparadas y protegidas y asegurar que la reducción del riesgo se convierta en una parte integral de la política de desarrollo sostenible”, por lo que su materialización depende del trabajo conjunto de todas las partes involucradas: gobiernos, comunidades, socios y donantes. El espíritu de la iniciativa es básicamente cambiar los costosos mecanismos de respuesta internacional de emergencia por esfuerzos enfocados en superar la pobreza extrema y la vulnerabilidad, invertir en manejo de riesgos y construir capacidades para actuar de manera preventiva y temprana (en promedio, cada euro gastado en actividades de reducción y preparación ahorra entre cuatro y siete euros que se habrían gastado en respuesta a las consecuencias de los desastres). Un mejor y más completo set de conocimientos y evidencias, el establecimiento de sistemas de alerta temprana, las campañas de sensibilización y otras medidas preventivas como la planeación para la contingencia y el establecimiento de refugios pueden ayudar a evitar muertes y mejorar la resiliencia de las comunidades frente a los desastres.

En los últimos años, 2019 inclusive, el foco de DIPECHO en las América ha estado en mejorar la resiliencia de América Central y el Caribe, específicamente a través del fortalecimiento de las capacidades de alerta y de respuesta ante tsunami y otras amenazas costeras.

 

 

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