A propósito del Día Internacional de la Mujer: ¿Cómo empoderar a niñas y mujeres en todos los niveles?

Diversos movimientos han provocado que la conmemoración del Día Internacional de la Mujer del 2019 sea distinta, llena de significado por varias reivindicaciones que se ven como trascendentales dentro de las organizaciones feministas. Todo esto, en el marco de la Agenda 2030, que ha promovido la igualdad de género con un conjunto de metas que incluyen los más diversos aspectos y que dan cuenta cómo la desigualdad y la injusticia por género son realidades muy difíciles de arraigar.

Por BCN

||Autor Fotografía: wiki commons

El empoderamiento femenino a través de políticas públicas

Como señala la meta 5.C del Objetivo de Desarrollo Sostenible número 5 sobre Igualdad de género, Naciones Unidas insta a aprobar y fortalecer políticas acertadas y leyes aplicables para promover la igualdad de género y el empoderamiento de todas las mujeres y las niñas a todos los niveles. En este sentido, urge identificar áreas prioritarias en las cuales deban provocarse reformas urgentes, como por ejemplo en lo relativo a la brecha laboral/salarial, al fomento de la participación de las mujeres en cuestiones trascendentales como la acción climática, y al empoderamiento de niñas, adolescentes y mujeres rurales.

En palabras de Iñaki Gabilongo, periodista español , el “que en una democracia la mayoría tenga que luchar para obtener los mismos derechos que tiene la minoría ya revela una anomalía funcional bastante seria”. Esto, refiriéndose a que en España hay más mujeres que hombres y, sin embargo, es a las mujeres a quienes les cuesta muchísimo más llegar a cargos de poder y lograr posiciones como tomadoras de decisiones.

Esto es analogable a lo que ocurre en Chile en esferas como el Poder Judicial. Éste poder del Estado es integrado en Chile por 12.216 personas, de las cuales 7.073 son mujeres y 5.143 son hombres. En términos porcentuales equivale al 57,9 y al 42,1% respectivamente, con una brecha de género del 15,8% favorable a las mujeres. No obstante, las jefaturas se las llevan en un 60,6% los hombres, según datos de la Secretaría de Género del PJUD.

Evidentemente, esta situación, que se replica en diversos rubros y contextos, tiene a Chile en el quinto lugar de la OCDE en cuanto a brecha de género.

Algunas cifras alarmantes con respecto a nuestro país son las siguientes:

  • Si bien a nivel mundial la brecha salarial favorece en un 23% a los hombres por sobre las mujeres, en Chile la cifra es de un 31,7%, lo cual se traduce en un salario promedio de las mujeres $200.000 más bajo que el de los hombres.
  • Sólo un 12,8% de las empresas grandes y un 28,9% de las PYMES en Chile tiene una Gerenta General.
  • Apenas el 48,5% de las mujeres participa del mercado laboral -formal e informal- en nuestro país, en oposición al promedio sobre 60% en los Estados miembro de la OCDE.

A nivel mundial, se presentan estadísticas igualmente desalentadoras, como por ejemplo:

  • En materia de inclusión financiera, es posible observar que solamente un 47% de las mujeres versus un 55% de los hombres tienen cuentas bancarias en instituciones financieras formales, no debiendo recurrir a mecanismos informales de financiamiento como lo son los préstamos de familiares o amigos.
  • La mayor brecha de género, por lejos, se encuentra en el Asia meridional: en esta región, un 41% de los hombres tiene acceso a servicios financieros mientras tan sólo un 25% de las mujeres puede optar a abrir cuentas de ahorro y realizar otros servicios bancarios.
  • Datos pesquisados por el Observatorio de Igualdad de Género en América Latina y el Caribe de la CEPAL señalan que las asimetrías en la región latinoamericana son importantes de analizar, ya que entre los hombres un 30% no tiene ingresos propios o éstos son inferiores al salario mínimo, mientras que  entre las mujeres esta cifra se dispara hasta el 55%, lo que representa sobre una de cada dos mujeres en esta situación de precariedad.
  • Falta de marcos regulatorios adecuados: en 18 países, los esposos pueden impedir legalmente que sus esposas trabajen; en 39 países, las hijas y los hijos no tienen los mismos derechos de herencia; y en 49 países no existen leyes que protejan a las mujeres de la violencia doméstica.
  • Si bien en cierto que las mujeres han logrado importantes avances en la toma de cargos políticos en todo el mundo, su representación en los parlamentos nacionales de 23,7% aún está lejos de la paridad.
  • Solo el 52% de las mujeres casadas o en una unión, toman libremente sus propias decisiones sobre relaciones sexuales, uso de anticonceptivos y atención médica.

Empoderamiento sobre el propio cuerpo y los tabúes sociales

Para ilustrar las desigualdades de género, basta recurrir a lo más íntimo, a la dimensión de los Derechos Sexuales y Reproductivos, o bien a la autodeterminación del propio cuerpo para percatarnos de que algo no anda bien. Los tabúes respecto a la educación sexual y la planificación familiar afectan por sobretodo a la mujer de estratos más vulnerables y tienen consecuencias sociales de altísimo calibre.

El documental “Period. End of Sentence” habla de cómo en India, miles de mujeres dejan de asistir a la escuela y luego no pueden acceder al mercado laboral ya que para su menstruación no disponen de toallas higiénicas, sino que sólo utilizan telas para limpiarse lo cual no es ni resistente ni higiénico. Esto, sumado a los mitos sobre la menstruación -que es sucia, que debe avergonzar a la mujer- ha truncado la entrada al mercado laboral de muchísimas mujeres, no sólo en India sino también en el resto del mundo.

Como respuesta a esta trágica situación, surgió “The Pad Project”, el cual empodera a la mujer respecto de su período, e incluso ha generado empleo para que muchas mujeres trabajen fabricando y vendiendo toallas higiénicas que, gracias al uso de tecnología, son más baratas, costeables y resistentes que las toallas higiénicas tradicionales.

En este sentido, “The Pad Project” basa su objetivo en la tragedia que significa para mujeres de zonas rurales de países en desarrollo el llegar a la pubertad. En su manifiesto, señalan que “cuando una niña tiene su período en Estados Unidos, puede llegar a perder una clase; cuando una niña tiene su período en un país en desarrollo, ella podría no regresar a la escuela nuevamente. La menstruación puede acabar con la educación de una niña, y es lo que está pasando alrededor de todo el mundo. Demasiadas niñas no pueden costear o acceder a toallas higiénicas, lo que significa que cuando ellas están menstruando, tienen que utilizar alternativas poco saludables, como hojas de árboles o  trapos sucios”.

Sin embargo, la “nueva invención” de este Proyecto, creada por un emprendedor de origen indio llamado  Muruganantham, consiste en una máquina que resuelve en parte este inconveniente, a la vez que empodera a las mujeres al permitir fabricar toallas higiénicas biodegradables y costeables a partir de materiales locales fáciles de encontrar en las aldeas. No sólo otorga toallas higiénicas, sino también da un ingreso permanente a mujeres de las distintas comunidades para que puedan trabajar en dicho proyecto, ayudando a las mujeres a ganar independencia y autonomía.

Iniciativas como ésta son extremadamente importantes para educar -tanto a hombres como mujeres- respecto de la menstruación, empoderar a las niñas con sus cuerpos y procesos biológicos, y desestigmatizar cuestiones tan naturales como el período, la planificación familiar, la salud sexual y reproductiva. Otro caso similar pero con impacto en África puede revisarse aquí.

La acción por el clima también necesita a las mujeres

Las brechas de género pueden reducirse, además, empoderando a jóvenes adolescentes y mujeres rurales para participar en la actual transición energética que se vive a nivel mundial, y en la acción climática. Como bien señala la dimensión de Cambio Climático de las Naciones Unidas, hay varios motivos por los que la acción por el clima necesita de las mujeres, las cuales son vitales para generar resiliencia climática en sus comunidades debido a su rol matriarcal; además, el género femenino compone sobre el 43 % de la fuerza de trabajo agrícola de los países en vías de desarrollo. Por lo mismo, si a las mujeres se les da el mismo acceso a recursos que a los hombres, pueden aumentar su rendimiento agrícola entre un 20% y un 30%, lo cual repercutiría a nivel interno de cada país pues su producción pasaría a crecer del 2,5 % al 4 %, y también afectaría globalmente a solucionar la crisis alimentaria de varias regiones al aumentar la disponibilidad de alimentos en entre un 12 % y un 17 %, según datos de la ONU.

El rol de la mujer en el sector de la energía también ha sido recientemente fomentado. Se sabe que la mayor parte de las personas sin acceso a la energía a nivel mundial se encuentran en el Sudeste de Asia y en África Subsahariana, aunque Latinoamérica también presenta dificultad para electrificar zonas rurales especialmente en Estados centroamericanos y en zonas altiplánicas e insulares. Generalmente las zonas rurales son difíciles de penetrar por una línea de transmisión con conexión on-grid, esto es, de generación centralizada, debido a las largas distancias y el alto riesgo que plantean estos proyectos para el sector privado.

Por lo general, en dichas regiones se ha dado un modelo productivo basado en industrias mineras extractivas y en campos como la agricultura y la pesca, reservados históricamente para el género masculino. En este sentido, la falta de acceso a la energía supone una importante inequidad de género, en el sentido que la mujer asume las tareas del hogar y se ve mayormente afectada por la falta del suministro eléctrico, teniendo que recurrir a fuentes nocivas para la salud para las tareas básicas de un hogar (iluminación, cocina y calefacción) y al cuidado de los hijos -numerosos muchas veces- en estas condiciones totalmente adversas. Políticas que corrijan esta inequidad de género beneficiarán también a las niñas y adolescentes rurales que se ven forzadas a dejar sus aldeas y pueblos en busca de una mejor calidad de vida, lo que repercute en la demografía de dichas localidades, en su prospectiva a futuro y en las actividades que ahí se realizan, su agricultura y ganadería.

En Bihar, India, una de las localidades de menor ingreso en dicho país y en todo el Sudeste Asiático, el programa “Jeevika”, de microfinanciamiento para mujeres emprendedoras, ha tenido un impacto económico bastante positivo. Implementada por el “Bihar Rural Livelihood Promotional Society (BRLPS)”, el programa ha establecido incluso grupos de auto ayuda de mujeres, permitiéndoles acceder a crédito y servicios para fortalecer su sustento. La iniciativa tiene por objeto reforzar la posición de grupos socialmente vulnerables y marginalizados, invisibilizados por la sociedad y sus gobiernos, y a mujeres pobres de áreas rurales, comprendiendo que el impacto positivo no sólo sería recibido por ellas mismas sino por sus familias y la comunidad como un todo. Esto ha impactado para que actualmente las mujeres constituyan alrededor de un 11% de la fuerza de trabajo del sector solar fotovoltaico en India.

Este es tan sólo uno de los programas del tipo “capital abeja” que han empoderado a mujeres, pero muchos otros lo hacen no sólo a través del acceso al crédito sino que ofreciendo capacitaciones para mujeres rurales, con objeto de contribuir a la participación ciudadana en las decisiones sobre servicios básicos, en aldeas que o bien no tienen electrificación o tienen un acceso poco confiable a alguna red de transmisión central.

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