Combatir la contaminación atmosférica desde una ética responsable e inclusiva

La contaminación atmosférica, proveniente de diversas fuentes como el transporte, la industria y el sector residencial, ha alcanzado peaks históricos en la última década, los cuales es necesario detener para cumplir con los compromisos internacionales del país y la Agenda 2030. El desarrollo de nuevas tecnologías en armonía con una ética responsable e inclusiva podría representar un inmenso avance ante tan difícil tarea.

Por Equipo Bioética

||Autor Fotografía: wiki commons

Una amenaza de corta vida

Como lo hemos destacado en varias de nuestras anteriores notas, el cambio climático se alza hoy como uno de los temas más relevantes de la agenda internacional. La comprensión y combate de este fenómeno exige observar los distintos factores que lo determinan y las diversas dimensiones que alcanza. En este sentido, atender a la contaminación ambiental y su impacto en la vida de las personas y los ecosistemas resulta trascendental.

Según el informe Estado Global del Aire 2017, publicado por el Health Effects Institute de Estados Unidos, 5.900 personas fallecieron en Chile por causa de la contaminación atmosférica en el año 2015, un fenómeno que a nivel global alcanzó 4.3 millones de víctimas.

Ahora bien, los esfuerzos no solo deben centrarse en la reducción del CO2 sino también en la adopción de medidas de mitigación de los llamados contaminantes climáticos de vida corta (CCVC). Éstos, según un destacado informe de la Asociación Interamericana para la Defensa del Medio Ambiente (AIDA-Americas) son agentes que contribuyen al calentamiento global y tienen un efecto relativamente breve en la atmósfera (entre 1 y 15 años), a diferencia del CO2 que permanece en la atmósfera durante siglos luego de haber sido emitido.

Los CCVC, señala el Informe, afectan gravemente la salud humana y de los ecosistemas, y contribuyen a alrededor de un 45% de los contaminantes causantes del calentamiento global, mientras que el CO2 aporta el porcentaje restante. Es por ello que la mitigación de emisiones de CO2 debe ser necesariamente combinada con reducciones rápidas y agresivas de estos otros contaminantes de vida corta, como son el carbono negro (hollín), el ozono troposférico, el gas metano y los hidrofluorocarbonos (HFC).

La injusticia de la contaminación

Desde un plano bioético, la contaminación atmosférica es un fenómeno altamente injusto, segregador y poco inclusivo. Esto, porque a pesar de originarse en una locación determinada, una vez que los agentes contaminantes alcanzan la atmósfera, se esparcen en ella, alcanzando lugares distintos de aquellos en los que se originaron. Esto plantea un conflicto de tipo global para los legisladores y tomadores de decisiones, pues problemas que son generados localmente, tienen consecuencias generales.

Ello permite entender cómo pequeñas naciones están siendo las más afectadas por el cambio climático y la polución del aire, pues reciben la contaminación de las naciones más industrializadas. En este sentido, tan solo China y EEUU generan el 40% de la polución a nivel mundial.

En palabras del filósofo de la naturaleza James Garvey la dimensión ética del cambio climático no puede siquiera cuestionarse, pues se trata de “una responsabilidad concreta a partir de decisiones concretas tomadas sin la necesaria evaluación de riesgos”, con el consiguiente impacto y daño medioambiental, si bien no irreparable.

Por lo mismo, resulta clave la participación de la República de Fiji, pequeño estado insular de Oceanía, en la COP23, foro multilateral celebrado recientemente en Bonn, el cual presidió. Conocida como la “conferencia de las decisiones” pues se apoyaría la puesta en marcha del Acuerdo de París, esta versión de la Conference of Parties se centró en las medidas que deben tomarse respecto de las pequeñas naciones insulares que podrían desaparecer por efecto del cambio climático.

Dentro de las principales conclusiones obtenidas, se recalcó la responsabilidad que deben adoptar los países más contaminantes, abarcando desde los aspectos éticos hasta el financiamiento para el cambio climático. Debe también destacarse la creación de la “Alianza global para eliminar el carbón”, la cual fue respaldada por 20 países, entre ellos Chile.

Nuevas tecnologías para enfrentar la contaminación ambiental

Como puede advertirse, el desarrollo y fomento de nuevas tecnologías es fundamental para hacer frente a la contaminación ambiental. En esta línea, por ejemplo, el desarrollo de una industria de automóviles eléctricos, podría reducir significativamente las emisiones de HFC y carbono negro. En este ámbito,  nuestro país debiera participar considerando la significativa ventaja competitiva que posee al tener el 36% del mercado del litio a nivel mundial y contar con una industria del cobre robusta, dos componentes fundamentales para el desarrollo de las baterías de estos vehículos.

Iniciativas gubernamentales que fomenten la investigación y el desarrollo (I&D) de este tipo de tecnologías son necesarias y muy bienvenidas. Muestra de ello es el concurso que el año 2016 organizó el Laboratorio de Gobierno (LINK) bajo el nombre de “Impacta Energía” que buscó fomentar el emprendimiento de proyectos solares, los cuales podrían ayudar también a una reducción de las emisiones de carbono negro y CO2. Por ejemplo, uno de los proyectos ganadores fue DoClean, productor de pellets para calefacción que están compuestos de los desechos vegetales que se encuentran en el estiércol de las vacas. Esta y otras iniciativas deben replicarse para lograr avanzar en nuevas tecnologías que reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero.

En el marco internacional, hay una creciente preocupación por el desarrollo de hornos no contaminantes. Un ejemplo de ello es la Alianza Global para hornos no contaminantes Global Alliance for clean cookstoves, cuya influencia ha sido tal, que ha expandido sus redes a varios países africanos y asiáticos, en los cuales la contaminación provocada por cocinar con leña y carbón produjo importantes problemas respiratorios a gran parte de la población, lo que la transforma en un grave inconveniente para los sistemas de salud pública. Quizás una buena iniciativa cuya aplicabilidad en el sur de nuestro país sería positiva de estudiar.

Hacia un marco normativo integral para el calentamiento global y la contaminación ambiental

Una lectura del contexto internacional nos indica que, a estas alturas, resulta imprescindible que las más diversas legislaciones sectoriales introduzcan elementos que permitan una mejor regulación del cambio climático, para así lograr comprender este fenómeno de manera sistémica e integral en el contexto del aumento de la temperatura en la atmósfera.

Si bien nuestro país no cuenta con una una ley general sobre cambio climático, lo cierto es que se ha ido estableciendo una suerte de sinergia entre diversas normas y regulaciones sectoriales -pasando por salud y energía- para mitigar los efectos negativos de este fenómeno.

De este modo, si bien la legislación chilena no cuenta con un único cuerpo legal que regule a las diversas sustancias que afectan la buena calidad del aire, sí dispone de numerosos decretos, reglamentos y otros mecanismos jurídicos que establecen estándares para variados contaminantes, así como niveles máximos de contaminación permitidos para algunos de los CCVC, como el ozono y el metano.

Por ejemplo, en cuanto al metano, se cuenta con regulación específica para su emisión en motores de buses de la locomoción colectiva de la ciudad de Santiago. Contenidas en el Decreto N° 130 del año 2001 y modificado por última vez en abril del año 2010, este decreto establece normas no sólo referentes al metano, sino que a los hidrocarburos totales (HCT), hidrocarburos no metánicos (HCNM), óxidos de nitrógeno (NOx), y material particulado respecto de los buses que componen el transporte público en la zona metropolitana, y diferenciando según si éstos poseen motores a diésel, gas o gasolina.

Asimismo, en el país se ha intentado crear un vínculo entre la gobernanza, el fortalecimiento del monitoreo y el acceso a la información, dotando a Chile de normas de calidad del aire acorde con los países desarrollados.

Entre las iniciativas legislativas en estudio, cabe destacar la contenida en el Boletín N° 10416-12, ingresado a Tramitación ante el Congreso Nacional en noviembre del 2015, que buscar modificar diversos cuerpos normativos a fin de introducir y fortalecer en nuestro marco normativo la protección del medio ambiente, la reducción de los gases de efecto invernadero y la adaptabilidad del país al cambio climático.

Recursos de información

Health and the Environment: Addressing the health impact of air pollution. Draft resolution proposed by the delegations of Albania, Chile, Colombia, France, Germany, Monaco, Norway, Panama, Sweden, Switzerland, Ukraine, United States of America, Uruguay and Zambia - 26 de mayo de 2015.

Contaminantes Climáticos de Vida Corta: Situación actual y oportunidades para su disminución en Brasil, Chile y México. AIDA-Americas, marzo 2016.

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