Los Objetivos de Desarrollo Sostenible desde la Bioética

En septiembre de 2015 la Asamblea General de Naciones Unidas acordó la Agenda 2030, como un marco de continuidad al trabajo comenzado el año 2000 con la Declaración del Milenio. Este nuevo programa de acción incluye una mirada más holística y cualitativa de los grandes retos que deberá enfrentar la humanidad en los próximos años. Desafíos en los cuales cabe a la Bioética desempeñar un papel destacado.

Por Equipo Bioética

||Autor Fotografía: Wiki Commons

La Agenda 2030 y los ODS

La creciente trascendencia de la Agenda 2030 en la actualidad está fuera de discusión. La mención permanente de temas relacionados a ésta en los más diversos foros parlamentarios e instancias multilaterales, da cuenta de que su importancia para los gobiernos nacionales es, hoy en día, ineludible.

Marcado por variados antecedentes que tienden hacia el “desarrollo sostenible” desde la década de 1970 en adelante, el siglo XXI ha comenzado marcado por el deseo multilateral de alcanzar a través de políticas bien focalizadas, la prosperidad de todos los pueblos y todas las personas a través de un desarrollo que no atienda únicamente a una dimensión económica sino también a lo socio-ambiental, a la equidad, la no discriminación, el principio de igualdad, modelos de producción más sostenibles, asuntos de género, entre varios otros.

En este sentido, los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y 169 metas que componen a la Agenda 2030 constituyen un camino diferente hacia el futuro, pues plantean un nuevo modelo relacional, fruto de un nuevo paradigma que, más allá de las visiones meramente economicistas del desarrollo, sostiene que el bienestar de la población, la calidad de vida y el respeto por el medio ambiente son ejes centrales de un modelo de desarrollo. Se asume, explícitamente, una visión holística del progreso del cual participan todos y donde ninguno puede quedar fuera o excluido. De él deben ser parte los estados, gobiernos, parlamentos, instituciones públicas y privadas, la sociedad civil y sus ONGs, las empresas  y cada persona, sin distinción.

Por lo mismo, la Agenda 2030 y los ODS constituyen una ruta de acción no divisible en la que sus objetivos son interdependientes y no jerarquizables, debiendo ser alcanzados todos por igual.

Asimismo, estos ODS refieren por igual a todas las personas, no dirigiéndose ninguno en exclusividad a una población en especial.

Otra interesante diferencia que tienen con sus antecesores, los Objetivos del Milenio (ODM), es que los ODS se dirigen por igual a países más y menos desarrollados, entendiendo que una visión más integradora y que se preocupe de todos es lo necesario en el actual contexto global.

Espacios desafiantes del rol de la Bioética en la Agenda 2030

Si bien los temas que los ODS tocan son de una diversidad tal que cubren fácilmente todos los aspectos básicos de la vida de un ser humano (su entorno, las cadenas de producción de los bienes que consume, derechos básicos, condiciones laborales, etcétera) es posible vislumbrar la especial relevancia que se da a la lucha contra el cambio climático y a las disyuntivas sociales dentro de las diversas metas que componen cada uno de los Objetivos.

Así por ejemplo, en lo referido al calentamiento global y a la Acción Climática, esta involucra aspectos tan diversos como las compensaciones de los países más industrializados y contaminantes hacia los menos desarrollados y más afectados por el cambio climático; intenta regular aspectos tales como la diversificación de las fuentes renovables para propiciar una transición energética hacia matrices más limpias y asequibles para todos; se ha ocupado por el cuidado de los océanos, esenciales para la lucha contra el calentamiento global; y además tiene como preocupación trascendental el saneamiento de las fuentes de agua para las comunidades más remotas y rurales.

Todas estas dimensiones tienen un marcado aspecto ético, ya que sin dudas involucran compensaciones hacia los más débiles, políticas inclusivas y de cuidado y respeto por las poblaciones más vulnerables. Prueba de esto es el tratamiento que se ha dado a las migraciones forzadas y los refugiados climáticos.

El fundamento de los ODS está en la equidad que se manifiesta en el anhelo de conquistar dentro de los plazos establecidos una mayor inclusión social para reducir las desigualdades existentes y persistentes. La incorporación de la equidad y la inclusión como elementos esenciales del desarrollo sostenible es una excelente noticia para quienes abogan por un cambio importante de la manera en que las organizaciones multilaterales han abordado históricamente la exclusión y las desigualdades.

La Bioética, en este sentido, viene a ser un elemento esencial para la planificación de políticas inclusivas y equitativas, ya que dispone de una visión de largo aliento, con una mirada inter y transdisciplinar que contribuye a observar los problemas integralmente, a presentar diversas alternativas de solución y a orientar hacia la adopción de aquella que resulta más oportuna y adecuada para el contexto y momento que se trata. Por lo mismo, un análisis bioético de las políticas a implementar es imprescindible para proyectar un adecuado impacto social.

En este sentido, la Agenda 2030 y sus 17 ODS constituyen una oportunidad para ampliar el campo de acción de la Bioética, llevando su espacio de reflexión “desde la preocupación por el individuo y su entorno más cercano (Bioética individual), hacia la consideración del espacio social ampliado en que esa persona se mueve (Bioética social) y, en último término, hacia la apreciación del sujeto como parte de un todo ―complejo e interrelacionado― en el que interactúa, convive y se desarrolla en una relación simbiótica actual y futura, que exige la adopción de medidas de contención y protección ante los eventuales impactos que su acción genera (Bioética global)”.

Chile, el Congreso Nacional y los ODS

La resolución por la cual se aprobó la Agenda 2030 ante la Asamblea General de Naciones Unidas, señala que “cada Estado es responsable de su propio desarrollo” y por tanto, deben éstos poner a disposición los medios necesarios que permitan la efectiva implementación de esta agenda y su seguimiento.

  • En este contexto y en abril del año 2016, se creó el Consejo Nacional para la Implementación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible (desde ahora en adelante “Consejo Nacional”), cuyas principales funciones son:
  • Asesorar a la Presidencia en la implementación y seguimiento de la Agenda 2030;
  • Servir de instancia de coordinación en la implementación y seguimiento de la Agenda 2030 y ODS a nivel nacional; y
  • Ayudar como órgano de coordinación entre los actores que deben participar en los aspectos relacionados con la posición nacional respecto de la Agenda 2030.

En cumplimiento de sus tareas, el Consejo Nacional ha convocado a representantes o “puntos focales” de distintas instituciones del sector público, incluyendo a los 23 Ministerios (los que conforman la denominada “Red Gubernamental ODS”), ambas cámaras del Congreso Nacional, el Poder Judicial y organismos autónomos, tales como el Ministerio Público (MP), la Contraloría General de la República (CGR) y el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), además de miembros de la sociedad civil, de la academia, del sector privado y de organizaciones internacionales para trabajar con todos ellos en la puesta en marcha de esta agenda programática.

El Ministerio de Relaciones Exteriores es quien preside el Consejo, además de prestar apoyo técnico y administrativo. Por su parte, el Ministerio de Desarrollo Social es donde se radica la Secretaría Técnica, teniendo como función “solicitar, consolidar y analizar la información para la elaboración del Informe Nacional sobre ODS, establecer coordinaciones técnicas con Agencias de Naciones Unidas para contar con su colaboración, proponer un plan estratégico para su difusión y coordinar las reuniones del Consejo”. Para el cumplimiento de sus labores, el Consejo y la Secretaría Técnica cuentan con la asesoría del Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

Un actor que tiene una posición privilegiada y a quien toca un rol primordial en el cumplimiento de los compromisos adquiridos por Chile en relación con los ODS, es el Congreso Nacional y sus parlamentarios, a través de la promulgación de legislación, aprobación de presupuestos y garantía de la rendición de cuentas.

En efecto, la Declaración de Hanói, aprobada por la 132ª Asamblea de la Unión Interparlamentaria (UIP, abril 2015) establece que los parlamentarios tienen un deber moral de actuar con una fuerte voluntad política para cumplir los compromisos de desarrollo adquiridos a nivel internacional.

Para ello, es imprescindible que los parlamentarios sean cada vez más conscientes que sus iniciativas y acciones legislativas deben dirigirse hacia el cumplimiento de alguna de las metas de los 17 objetivos definidos por la Agenda, las que no representan más que los más básicos anhelos de equidad e inclusión de las personas.

En esta línea, la labor del Congreso Nacional desde hace años, viene generando acciones particularmente relevantes para el cumplimiento del ODS. En este sentido, se ha avanzado considerablemente, por ejemplo, en el objetivo Nº 16 “paz, justicia e instituciones sólidas”, especialmente en lo que se refiere al acceso a la información, la probidad, la transparencia y la rendición de cuentas.

Igualmente, y en el espacio de la diplomacia parlamentaria toca desempeñar al Congreso Nacional un rol de importancia toda vez que las agendas de los foros regionales e internacionales ya se encuentran marcadas por la Agenda 2030 y los ODS. Mediante la participación de los parlamentarios en estas instancias se abre la posibilidad que puedan dar cuenta de sus puntos de vista, difundir los avances del país en estas materias, a la vez que informarse de las experiencias, acciones y progresos que han tenido lugar en otros lugares y que pueden servir de referencia para la adopción de medidas similares en el país.

La Agenda 2030, sus 17 objetivos y 169 metas suponen un desafío extraordinario para nuestro país, en el cual estamos todos llamados a participar. En él corresponde a la Bioética asumir un papel central, para alcanzar la mirada holística e integral que el nuevo paradigma de desarrollo sostenible supone.

Recursos de información

Blanca Bórquez y Boris Lopicich, "La dimensión bioética de los Objetivos de Desarrollo Sostenible", Revista de Bioética y Derecho "Perspectivas Bioéticas", Universidad de Barcelona, Noviembre 2017.

 

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