Una mirada ética a la migración

Las migraciones han estado presente desde el origen del ser humano, y antropológicamente se discute si migrar está en la naturaleza misma de la humanidad. Como sea, no hay dudas en que este fenómeno plantea interesantes disyuntivas éticas que los Estados deben solucionar a través de políticas públicas migratorias, que deben tenerse en cuenta pues afectan a una cantidad importante de personas buscando nuevos horizontes a nivel mundial.

Por Boris Lopicich

||Autor Fotografía: Irish Defence Forces

En una nota anterior, se discutió en el sobre la migración como una posible “solución” al envejecimiento progresivo de la población. Este y otros argumentos son utilizados por quienes abogan por una mayor apertura de las fronteras nacionales hacia otras culturas y por una flexibilización en las políticas migratorias. Sin embargo, previo a la implementación de políticas públicas que permitan o restrinjan la apertura hacia migrantes, es necesario hacer un análisis de las consecuencias en términos de justicia y solidaridad que plantea el fenómeno migratorio, ya que éstas son muchas y afectan diversos sectores de un país: desde la humanidad misma de sus ciudadanos, hasta los sistemas de salud pública y beneficios sociales. 

Las raíces bioéticas de la migración

La migración dice relación con el movimiento o re-localización de gente, lo cual refleja de algún modo la tensión entre individuos y sus Estados. Esto se suele olvidar, cuando se discute sobre migración generalmente se plantea desde un punto de vista de análisis costo-beneficio, olvidando la humanidad de aquellos que se mueven y de aquellos que se quedan. Tan compleja como la condición humana son las razones para las migraciones. Por lo mismo, tan importante como los costos de las migraciones a un nivel financiero, son los costos a nivel de vidas humanas; la posibilidad de medir los riesgos y beneficios de las migraciones; y plantear si es que las naciones tienen o no obligaciones éticas hacia los migrantes al momento de establecer leyes migratorias. 

La migración es inherente entonces, como señaló el profesor Javier Sádaba en una conferencia organizada por el Programa de Bioética de la Biblioteca del Congreso Nacional, al humano mismo. Las teorías sobre las migraciones son muy variadas. Uno de los autores más destacados al respecto, Peter Stalker, describe la migración en términos de perspectiva del individuo, perspectiva estructural y teoría de redes o sistemas. Así, el individuo se enfoca en elecciones individuales, incluyendo los de su grupo familiar más cercano, en algo que Stalker llama las perspectiva de “capital humano” ya que considera cuestiones como la educación, habilidades e inversión en la salud de los Estados. El enfoque estructural dice relación con influencias mayormente sociales, económicas y políticas, como el desempleo o el crecimiento demográfico. Mientras, la teoría de sistemas trasciende a las decisiones individuales y a las fuerzas estructurales, combinando transferencia de bienes y capital con elementos políticos y culturales. Esto da a entender la importancia de las políticas públicas migratorias y de que tengan una mirada bioética previa a su implementación. 

Asuntos de género y medioambientales presentes en las migraciones

La teoría de migraciones ha sido también objeto de estudio en el contexto del género. Así, se ha argumentado que las teorías de migración tradicionales no han logrado explicar las circunstancias que motivan a las mujeres a convertirse en migrantes transnacionales, a entrar en canales de tráfico humano o a buscar re-locación como refugiadas. De acuerdo a este enfoque, el género influencia el proceso migratorio notoriamente, en particular en sus etapas pre-migratorias, de transición entre las fronteras del propio país, así como las experiencias en el nuevo país. La separación de familias como consecuencia de malas políticas migratorias es un buen ejemplo de los problemas que puede llegar a plantear una implementación deficiente.

Desde un plano meramente ambiental, por otra parte, la migración y la globalización son fenómenos que deben ser analizados interdependientemente. Un problema global requiere soluciones globales y no meros acuerdos fragmentados. Por lo mismo, es calentamiento global no podrá ser correctamente tratado por los Estados de manera individual sino más bien sus soluciones deben estar comprendidas en tratados multilaterales. En un mundo de creciente interdependencia de crecimiento y económica, como lo ha puesto de manifiesto los efectos que tendría la salida del Reino Unido de la Unión Europea -a decidirse vía referéndum el 23 de junio próximo- pareciera ser natural que la fuerza productiva vaya en pos de su propio capital o actividad económica, donde quiera que éste la lleve, siguiendo en términos migratorios la apertura que ha conllevado el comercio internacional en las últimas tres décadas. 

Decisiones éticas acerca de la inmigración

Los países que reciben migrantes enfrentan decisiones complejas, que deben ser evaluadas por múltiples expertos desde una perspectiva de múltiples niveles previo a decidir. Decisiones referentes a cierre de fronteras (y qué fronteras) dependerán de la relación entre el Estado receptor y aquél al que pertenecen los migrantes, por tanto una cuota importante de diplomacia parlamentaria está en juego. Además, el tipo y número de inmigrantes que deberán cruzar la frontera, junto con el ambiente político, económico y social que existe en el país al momento de la llegada de los migrantes son cuestiones sumamente importantes. 

Los aspectos éticos a considerar incluyen el costo del cierre de las fronteras – junto con los recursos financieros, tecnológicos y humanos disponibles y requeridos, los costos en capital humano dados por la pérdida de vistas humanas al cruzar desiertos, océanos u otras zonas inhóspitas, la geografía y posibilidad de cerrar o restringir las fronteras, y por supuesto la voluntad política y popular ante esto

Siendo la migración un tema tan complejo como la misma naturaleza humana, es trascendente que estos factores se midan considerando el dinamismo del fenómeno migratorio. En algunos momentos los Estados requerirán un tipo de inmigrantes, y en otros momentos distintos migrantes de distintas características. Por tanto, los países que reciben con limitaciones deberán decidir a qué migrantes le dan preferencia dada su raza, educación, habilidades, a si tienen familiares o no en el país receptor, etcétera. 

Este mismo análisis ético nos da a entender que la migración presenta varios beneficios a ponderar, como una reducción en la sobreproducción de las tierras para producir alimentos y para construir hogares; también reduce el uso de recursos naturales en un determinado país, como el agua, energía para cocinar e iluminar, entre otros. El fenómeno migratorio otorga capital al país receptor, en forma de remisas comerciales; es una forma poco costosa de entregar ayuda extranjera; y los migrantes cooperan a su vez con nuevas ideas, culturas, tecnología y productos familiares.

Educación, beneficios sociales empleo y salud pública. 

Sumado a lo anterior, varios asuntos de carácter ético vinculados a la solidaridad y los derechos humanos surgen cuando un país recibe migrantes. El acceso a los servicios de salud pública en la mayoría de los Estados se proporciona a todos, incluyendo a los migrantes; ya que es prácticamente imposible tratar sólo a la población nativa cuando se está tratando con enfermedades contagiosas, las que se esparcen sin importar el estatus migratorio de una persona. El ejemplo del Virus Zika es el último de una larga lista de enfermedades que traspasan barreras regionales a través de inmigrantes. 

Sin embargo, el costo de provisión de servicios básicos de salud es enorme y usualmente cubierto a través de impuestos, por lo que en una etapa inicial y mientras los inmigrantes no han pagado impuestos, resulta complejo e improbable que la clase trabajadora del país mire este desembolso con buenos ojos. Una población creciente en inmigrantes ciertamente planteará esta y otras disyuntivas, ya que si bien éstos deben pagar por varias de sus prestaciones, tal vez los servicios prestados a varios inmigrantes no se compensen con su carga impositiva –por corresponder generalmente a los empleos peor pagados-. El  riesgo de que pacientes ingresados a salas de urgencias sean deportados es también una amenaza que debe ponderarse correctamente. La consideración de la protección de la salud como un derecho universal e inalienable en diversos tratados internacionales da cuenta de los avances a este respecto.

Cómo los migrantes afectarán el empleo o el presupuesto disponible en beneficios sociales, es aún un misterio. Varias veces se ha propuesto el restringir o derechamente denegar beneficios sociales a aquellos indocumentados ilegales en un país con el fin de desincentivar la inmigración con el fin de recibir estos beneficios. Sin lugar a dudas, los aspectos planteados en este artículo no agotan la totalidad de los problemas éticos a discutir pero plantean ciertamente el problema de fondo: no es posible implementar políticas públicas migratorias efectivas desconociendo este importante trasfondo ético.