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Homenaje
HOMENAJE AL PARTIDO RADICAL EN SU 150º ANIVERSARIO

Autores

El señor ESPINOSA, don Marcos (de pie).- Señor Presidente; honorables diputadas y honorables diputados; senador José Antonio Gómez Urrutia, presidente del Partido Radical; senador electo por el Partido Radical, señor Alejandro Guillier Álvarez; representantes de la Mesa Nacional y Comité Ejecutivo Nacional del Partido Radical; Juventud Radical de Chile; mujeres radicales; presidentes regionales; Frente Sindical de Trabajadores Radicales; Frente Radical de Trabajadores de la Educación; alcaldes, concejales y consejeros regionales; exparlamentarios, en especial exautoridades que aún siguen vigentes y que no nos pudieron acompañar hoy. Vaya un especial saludo para Juan Luis Maurás, Esteban Leyton, Dionisio Faulbaum, Roberto Muñoz, Jonás Gómez, José Peña, entre otros.

Estimados amigos presentes, correligionarias y correligionarios todos, el día 27 de diciembre de 1863, en la desértica ciudad de Copiapó, Región de Atacama, un grupo de intelectuales conformaban la Primera Asamblea Radical Electoral, planteando, curiosamente, al igual que hoy, la reforma a la Constitución mediante el movimiento de Asamblea Ciudadana.

Manuel Antonio Matta, Ángel Custodio Gallo, Pedro León Gallo, Francisco Marín, Juan Arteaga Alemparte y Guillermo Matta dieron inicio a 150 años de historia del glorioso Partido Radical de Chile.

Teniendo como antesala las ideas libertarias de la Sociedad Literaria y la Sociedad de la Igualdad, el Partido Radical nació como cuna política de grandes letrados, artesanos y participantes de las luchas independentistas, que promovieron la construcción de la república en todo su esplendor, reconociendo la soberanía del pueblo como base de la política, la democratización de la sociedad, la descentralización administrativa, la igualdad de oportunidades, la libertad electoral, el libre pensamiento, la formación laica, tolerante y progresista, y la fraternidad como ejemplo de vida y moralidad.

Junto a ellos, millones de hombres, mujeres y jóvenes han pasado por las filas de nuestro partido, el que se formó oficialmente en 1888, forjando el prestigio que ha llevado al radicalismo a mantenerse en la esfera política hasta nuestros días.

No obstante la potencia y vigor con que se constituyó el partido de los ideales, fue la época entre 1938 y 1952 cuando tuvo su mayor auge, con los gobiernos radicales, particularmente con el legado del Presidente Pedro Aguirre Cerda, quien, con el apoyo del Frente Popular, tuvo el mérito de adoptar la experiencia frentepopulista europea y aglutinar en torno a un programa de reformas a los sectores populares, a las capas medias emergentes y a los sectores progresistas de la burguesía opuestos a la oligarquía, que permitiría la modernización del país.

Bajo el lema “Gobernar es educar”, acuñado por don Valentín Letelier, se inició una verdadera revolución cultural y social con el masivo acceso de los sectores populares a la educación. Se multiplicaron las escuelas primarias, los liceos y las instituciones artísticas, además de dar fomento a la educación técnico-industrial, agrícola, artesanal y a la creación de escuelas especiales para niños de niveles vulnerables que residían lejos de los centros de enseñanza, todo con el apoyo del Estado.

Durante los gobiernos radicales, se dio impulso, además, al desarrollo económico de Chile, mediante el nacimiento de la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo), con la cual se dejó atrás la economía aún semicolonial y se dio paso a la verdadera modernización del país.

Gracias a la Corfo, fue posible crear, entre otras obras, la Empresa Nacional de Electricidad (Endesa); la Empresa Nacional de Petróleo (ENAP); la Compañía de Aceros del Pacífico (CAP); la Industria Azucarera Nacional (Iansa), y la Industria Manufacturera de Cobre (Madeco).

La Corfo también creó institutos de investigación, para estimular la industria nacional, como el Instituto de Investigaciones Geológicas, antecesor del Sernageomin; el Servicio de Cooperación Técnica (Sercotec); el Instituto de Desarrollo de Recursos Naturales, el Instituto Forestal y el Instituto de Fomento Pesquero, entre otros.

Mención especial merecen también distintas obras que se realizaron en dicha época, como la incorporación de la Antártica Chilena a nuestro país, en 1940; la modernización de las Fuerzas Armadas y de las policías; la proclamación de las 200 millas marítimas y, sin duda alguna, la consagración de uno de los hitos más importantes en nuestro país durante el siglo

XX: la iniciativa que dio origen a la ley N° 9.292, que otorga el derecho a voto a las mujeres chilenas y creó, además, el Registro Electoral de Mujeres.

(Aplausos)

Luego de esta imponente etapa de auge para nuestro país y nuestro partido, la sombra del autoritarismo y de la crueldad enlutaría la conciencia colectiva de muchos, que se llevará a grandes compañeros y correligionarios, hoy mártires del radicalismo, que dieron su vida en defensa de la libertad y de la democracia durante la dictadura militar, entre los que se encuentran Luis Gastón Lobos Barrientos y Tucapel Jiménez Alfaro. Para ellos, nuestra admiración y respeto.

(Aplausos)

No obstante lo anterior, las voces del radicalismo no se acallaron y, a pesar de la represión, la persecución, la tortura, el exilio y la muerte, siempre volcamos nuestros esfuerzos a las calles para hacer de Chile un lugar más justo, equitativo y libertario, donde se desarrollen nuestro hijos y vivan nuestros nietos, al alero del libre pensamiento y de la igualdad de oportunidades para todas y todos.

Por ello, a contar del retorno a la democracia, hasta nuestros días, el Partido Radical ha seguido al servicio de la patria, y hoy, a 150 años de su fundación, se sigue caracterizando por su más profundo respeto, cariño y lealtad al pueblo chileno, a los trabajadores, estudiantes, dueñas de casas, profesionales, dirigentes sociales, niños, jóvenes, adultos mayores y a todos quienes hacen de nuestro país una nación fuerte y vigorosa.

No abandonaremos esta tarea. Nuestro norte es trabajar bajo el prisma de lograr una nueva Constitución para nuestro pueblo, con justas reivindicaciones en educación, salud, vivienda, medio ambiente y energía; con reconocimiento a los pueblos originarios y fortalecimiento, por sobre todo, de las regiones, que tienen sus propias carencias, porque nuestro partido nació fuera de Santiago, y desde entonces se ha alzado con la bandera de la descentralización y el impulso hasta el último hito del territorio nacional.

Sin perjuicio de lo anterior y de la valiosa entrega de nuestro partido, es vital el concurso y participación de la ciudadanía, a través de los procesos, de sus representantes y de este nuevo conglomerado que llega al Gobierno: la Nueva Mayoría.

Esa es la tarea que queda pendiente: acercarnos más a la gente, encantarla y demostrar que estamos vivos, activos, al servicio del pueblo, como siempre, y con la convicción, más firme que nunca, para hacer las reformas que Chile merece y que los movimientos sociales reclaman en las calles.

Es tiempo de cambio -se respira en el aire- y nuestra misión, como partido y como parlamentarios, será apoyar ese cambio, impulsando desde aquí, desde el Congreso Nacional, a este nuevo Chile que se alza como gigante en Latinoamérica y en el mundo.

Estamos en política porque tenemos la convicción de que es necesaria la apertura de ideas y ampliar el marco de participación a las fuerzas sociales, a los dirigentes estudiantiles y sindicales.

Por ello, invito a mis colegas parlamentarios y a los demás partidos y conglomerados políticos a ser parte del cambio, a impregnarse de los llamados ciudadanos y de los fundamentos, aquí esbozados, del radicalismo, a fin de abrir las puertas a la gente y sus demandas.

El tiempo y la historia nos ha dado la razón: la unidad y el éxito no se dan entre cuatro paredes, ni se logran imponiendo; la unidad y el éxito se obtienen con cambios reales, escuchando y haciendo participar a la gente, y llevando a cabo gestos concretos para lograr una mejor democracia, una sociedad abierta en temas valóricos y, sobre todo, sin desigualdad, tomando siempre en consideración a la persona y su bienestar y velando por que el Estado garantice sus derechos y defienda sus intereses.

Hoy, tras 150 años de lucha, seguimos de pie, pues nuestra patria espera lo mejor de sus hijos, y el radicalismo no puede estar ausente en esa constante tarea de búsqueda de mejores horizontes para nuestros ciudadanos.

Por último, quisiera hacer un debido reconocimiento a importantes hombres que, en las últimas décadas, han pasado por nuestro partido, y son ejemplos siempre presentes de lucha y vocación de servicio; sin ellos, el radicalismo no sería lo que es hoy. Me refiero a Anselmo Sule Candia, expresidente del Partido Radical y exsenador de la República; Orlando Cantuarias Zepeda, expresidente del Partido Radical y exministro de Estado del Presidente Salvador Allende; Enrique Silva Cimma, expresidente del Partido Radical, excontralor general de la república y exministro de Estado del Presidente Patricio Aylwin; Carlos González Márquez, expresidente del Partido Radical y exsenador de la República; Raúl Rettig, destacado abogado, presidente de la Comisión de Verdad y Reconciliación, encargada de esclarecer la verdad sobre las graves violaciones a los derechos humanos durante el régimen militar en Chile.

Podría seguir con el listado de próceres radicales; sin embargo, mi mensaje está dirigido ahora a las nuevas generaciones, a la juventud radical, pues en sus manos está el destino de nuestro partido y de nuestro país. Los invito a encantarse con la política, a hacerla suya y a verla como la herramienta para mejorar Chile, sobreponiendo siempre los intereses generales por sobre los particulares y garantizando una mejor calidad de vida para todas y todos.

A quienes escuchan mis palabras, los invito a hacer suyos los principios del radicalismo, construyendo cada día una nación que se caracterice por el respeto a la libertad, la igualdad, la solidaridad, la participación y el bienestar de todos los chilenos y chilenas.

Por el gran partido de los ideales, por sus 150 años de historia y por los 150 años que se vienen, ¡de pie radicales, chilenos de pie!

He dicho.

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