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Homenaje
HOMENAJE EN MEMORIA DEL POETA JUAN LUIS MARTINEZ.

Autores

El señor LONGTON (de pie).-

Señor Presidente, Honorable Cámara, viuda, hijas y amigos de Juan Luis Martínez.

En nombre de la bancada de Renovación Nacional, me corresponde rendir un homenaje postumo a este poeta y escritor.

Al conversar con mi amigo y Diputado señor Urrutia sobre cuál era la vivencia, el conocimiento que teníamos de Juan Luis Martínez, recordábamos nuestras idas a la calle Valparaíso de Viña del Mar a finales de la década del 60, cuando éramos, por supuesto, más jóvenes, donde se juntaba la juventud y en donde veíamos a esta figura delgada recorrer también esa calle y encontrarse con sus amigos. Ese es el conocimiento que tenemos, en lo personal, de Juan Luis Martínez.

La muerte de un poeta será siempre la muerte de un sentir, la muerte de la esencia misma de lo que los humanos somos: materias, líquidos y un cúmulo de experiencias que amontonamos durante la existencia.

No sé cómo llamar a Juan Luis Martínez, vecino de mi distrito de Villa Alemana. No sé si llamarlo poeta insigne, novedoso, brillante, carismático, o sumarme a la definición que de él hizo recientemente el periodista Luis Ernesto Cárcamo: "uno de los más geniales y virtuosos creadores que ha cruzado con la extrañeza de un enigmático forasterola geografía cultural de nuestro país. Su obra literaria hizo estallar los límites formales de los géneros, la literatura y el pensamiento."

Viajar por el terreno ingenioso de las ideas, recorrer cada instancia de la gramática en busca de los conceptos, de los términos exactos e inexactos de lo esencial es, sin duda, el oficio de aquellos que están más allá de lo ordinario, de los poetas, de los cantores, de los Martínez, que un día nos miran, aunque sea desde la distancia o desde la página de un libro, acorralándonos, graciosa y gentilmente, en la poesía y así damos la razón de sus vidas.

Nuestra tierra ha sido generosa en la producción de hombres notables en el uso maravilloso de la palabra escrita. Es posible que esto se deba a una manera especial de ser de nosotros, los chilenos, una manera que nos lleva a asumir el dolor y la alegría, casi como hermanos gemelos.

Hoy no lloramos al poeta muerto; lamentamos la pérdida de alguien, qüe con tantas dificultades nos dejó un legado inteligente, diáfano y, por qué no decirlo, simplemente magistral.

Alguien que se salió de la norma de la poesía convencional y nos paseó por la gráfica luminosa de la ritmia y la inventiva. Nos habló en pajarístico y nos tomó de la mano para invitamos a ser gentiles y bondadosos.

Alguien de quien hablamos hoy y seguiremos hablando mañana, ya que nos deja su tercer libro a medio camino, que esperamos disfrutar y absorber pronto.

Juan Luis nos habló del amor pensando en los amores, y de ellos, el privilegio de haber sido amados por un buen amador. Un amador de sentires y sensaciones, un amador de lo inventivo, de lo que ya no es, porque luego de pensar en ello, dejó de ser.

Eliana, su esposa; sus dos hijas, Alita y María Luisa, que hoy nos acompañan junto a algunos de sus amigos, saben de qué hablo. Ellas fueron el más grande y último amor de este escritor, poeta y brillante ensayista, y vecino de mi distrito, al que sólo conocí en la distancia física, pero con quien pude dialogar en la intimidad de su obra.

Sean mis palabras un modesto homenaje y reconocimiento al poeta del objetivismo, a Juan Luis Martínez, y un saludo condoliente a su familia.

He dicho.

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