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  • Legislatura Ordinaria número 331
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Homenaje
HOMENAJE EN MEMORIA DE EDUARDO PAREDES Y DE JOEL HUAIQUIÑIR

Autores

El señor NÚÑEZ.-

Señor Presidente , hace unas semanas, después de un penoso y largo proceso de búsqueda de sus restos, hemos dado sepultura a Eduardo " Coco" Paredes. Y, tal vez como paradoja del destino, hemos conocido, coetáneamente, el fallo de la Corte Suprema que sobreseyó en forma definitiva el caso de otro detenido desaparecido: mi compañero y amigo Joel Huaiquiñir Benavides .

A propósito de estos hechos y en virtud de la amistad que me ligara con ambos, he querido aprovechar esta Alta Tribuna para poner de manifiesto y relevar estos dos sensibles casos que remueven profundamente mi conciencia y mi espíritu.

Los acontecimientos que rodearon la muerte tanto de Eduardo como de Joel son difícilmente soslayables, pues se trata de situaciones muy profundamente ligadas a mí y creo que a todos cuantos vivimos esos momentos históricos de nuestro país de manera tan dolorosa. Pero, además, están referidos a mi persona, ya que junto a ellos abrazamos la causa del socialismo y militamos en el mismo Partido movidos fundamentalmente por el ideario de la justicia y la libertad.

Por la naturaleza sensible y dolorosa que enmarcó la muerte de Eduardo y la que seguramente sufrió Joel Huaiquiñir , me es imposible permanecer inmutable frente a estos hechos y me siento con el deber moral y político de recordarlos en este Hemiciclo.

Honorables colegas, hay una pregunta que hiere, pero que es verdad: ¿creen ustedes que nuestra conciencia puede permanecer inalterable frente al conocimiento de situaciones tan dramáticas como éstas? A ellos me unieron -como ya dije- los sentimientos más ricos y más profundos que abriga el alma humana como la amistad y el compañerismo. Por lo tanto, es imposible no levantar nuestra voz para manifestar nuestro dolor y congoja, así como también nuestra sensación de impotencia y desazón.

A Eduardo Paredes lo conocí cuando volvía de estudiar en París, lleno de bríos y deseos de construir y protagonizar su historia y la de su pueblo; regresaba junto a su mujer, de origen sueco, y a sus dos pequeños hijos. En el Gobierno de la Unidad Popular trabajó como Director de la Policía de Investigaciones y, posteriormente, como Director de Chilefilms . Se han dicho muchas cosas de Eduardo y se han tratado de tejer historias sobre él que no corresponden en absoluto a la verdad, porque su alma, su corazón, su espíritu y su naturaleza siempre lo caracterizaron frente a sus compañeros, familia y personas más cercanas como un individuo extraordinariamente sensible y dispuesto a entregar muchas cosas por sus creencias, idearios y concepciones de la vida y de la sociedad.

¿Cuál fue su crimen?

Su delito fue, señores Senadores, ser amigo personal -como constaté durante mucho tiempo en que compartimos responsabilidades en el Partido Socialista- de Salvador Allende y haber permanecido con él en el Palacio de La Moneda hasta el último minuto. Siempre me he preguntado: ¿se justifica que por ese solo hecho lo asesinaran? Y, aún más, ¿que lo asesinaran tres veces, a través de las balas, de los golpes y del fuego? ¡Tres veces! Porque, según el examen realizado a sus restos, cualquiera de estos tres tipos de lesiones bastaban para causarle la muerte.

A Joel Huaiquiñir lo conocí muy joven, como un socialista proveniente de una provincia cercana a Santiago, pleno de anhelos de justicia y libertad. Se distinguió entre los demás por su enorme capacidad de trabajo. Nunca perdió su raigambre popular y, en medio de los avatares propios del quehacer político, supo concluir sus estudios secundarios en un colegio nocturno del sector de San Miguel. Al momento del golpe de Estado se encontraba trabajando en el área de mantención del yacimiento de El Salvador junto a Ricardo García , quien fuera Gerente General de la División CODELCO-Chile , que también hoy día es uno de los detenidos desaparecidos de la Región de Atacama, que representamos en el Senado con el Senador señor Pérez .

En estos días el tema de los derechos humanos ha estado nuevamente puesto -tal vez de manera dramática- en el centro del debate nacional y se ha constituido, de una u otra forma, en una de las cuestiones esenciales de la transición chilena. Por decirlo de algún modo, el tema de los derechos humanos se ha transformado en un desafío moral de la transición.

En ese contexto, a menudo se nos pide hacer gestos -a los representantes de estas bancadas- y tener determinadas actitudes, que enfrentemos los problemas con visión de país, que lo hagamos en función de los procesos en que hemos estado involucrados, particularmente el de reconciliación y reentendimiento entre los chilenos. Esos gestos los hemos hecho y estamos dispuestos a seguir haciéndolos. Nuestra conducta durante estos años -así lo atestigua nuestra participación como Senadores- muestra la más profunda disposición a participar con nuestros valores, nuestra forma de ser, nuestras concepciones, y a colaborar con todas las fuerzas vivas de nuestro país en el proceso de transición tan difícil y complejo como el que vivimos.

Sin embargo, tengo la impresión de que a veces se nos pide lo imposible; y nadie está obligado a lo imposible. Nosotros estamos dispuestos a seguir luchando por la verdad, junto con los familiares de los detenidos desaparecidos. No se trata de familiares abstractos o de un número estadístico en los anuarios de nuestro país; son personas que conocemos, a veces, incluso, se trata de familiares; son personas con quienes hemos convivido en estos años; son seres humanos de carne y hueso.

Seguramente, para los señores Senadores de Oposición los familiares de los detenidos desaparecidos están reflejados sólo en una persona, doña Sola Sierra, Presidenta de la Agrupación que los cobija. Pero, detrás de ella hay hijos, tíos, hermanos, amigos nuestros, que sabemos lo que ha sido para ellos durante todos estos años la lucha por conocer dónde se encuentran sus seres más queridos. Muchos de ellos todavía están fuera del país. Algunos familiares de íntimos amigos míos desaparecidos aún se encuentran dispersos por el mundo, en Suecia, Alemania, Francia, México y Canadá . A menudo nos escriben para preguntarnos si hemos podido averiguar dónde están los restos de sus familiares, con el objeto de darles -como decía el Senador señor Errázuriz- cristiana sepultura. Es un derecho. Es absolutamente imposible que alguna ley pueda impedirlo. No existiría posibilidad cierta de reconciliación entre nosotros si no tenemos en cuenta a los chilenos, aunque sea uno -pero son más de mil- que solicitan conocer el paradero de sus familiares. No los anima la venganza, y nos consta; no los anima el revanchismo, y nos consta. Los anima conocer la verdad.

Y no por impedir ningún reentendimiento seguiremos luchando por la verdad, porque es legítimo, no sólo para el sentimiento que abriga a estos chilenos, amigos y compañeros; y es bueno y necesario para la reconciliación.

Con la sepultación de Eduardo Paredes, hemos podido conocer parte de la verdad.

Todavía hay enigmas que rodean el porqué él y unas cuantas personas que estaban en La Moneda el 11 de septiembre de 1973 aparecieron en el Cementerio General y otros no.

Sabemos perfectamente que hay mucho camino por andar y estamos dispuestos a recorrerlo con todos, incluidos los señores Senadores de Oposición. No pretendemos, ni mucho menos, andar a un ritmo que no corresponda al ritmo y al sentimiento del país.

La verdad es fundamental y un imperativo moral y ético que nos obliga a no renunciar a ella.

Como señalé, estamos convencidos de que éste es un factor esencial para lograr la anhelada reconciliación que todos afanosamente buscamos y el país demanda.

Que no les quepa la menor duda: deseamos caminar por el sendero de un país sano, sin llagas y sin heridas. Pero la reconciliación es un proceso largo y difícil, que a veces se cuela lentamente por los intersticios de la sociedad y del alma de cada uno de los chilenos que la formamos. Ella se construye siempre sobre la base de no violentar los principios éticos y morales de las personas, y particularmente de los actores políticos, que son esenciales, con su contribución y colaboración, al proceso de reconciliación, con la condición, sin embargo, de que sus concepciones sean firmes y permanentes y de que no estén movidas por afanes meramente coyunturalistas o momentáneos.

La reconciliación es un proceso cotidiano, que se construye día a día, con mesura, con tranquilidad y, fundamentalmente, en un marco de estabilidad política e institucional. Como lo hemos dicho, la reconciliación no se decreta ni menos se logra con presiones ilegítimas.

Señor Presidente, he querido expresar estas palabras, para homenajear y rendir tributo a título personal, pero fundamentalmente en nombre de los Senadores de mi bancada, a estos dos socialistas que, como cualquier ser humano, no merecían el destino injusto que les fue impuesto.

También he querido rendir este homenaje para expresar mi desasosiego, porque en estos días, mientras algunos presionan con el temor y el miedo que provoca el que se intente volver, en la memoria, a hechos tan dramáticos como los que vivió nuestro país en el pasado, otros, como nosotros, y después de cinco años de instalada la democracia en Chile, seguimos concurriendo a los cementerios a enterrar a los nuestros.

Entiendan que a ningún ser humano le gusta vivir esos momentos dramáticos. Pero un deber moral, político, superior, nos obliga a que, cuando aparece uno de los nuestros, lo enterremos y le rindamos nuestro homenaje.

Los socialistas -pienso que a muchos de los Honorables colegas les consta-, con responsabilidad y sentido patriótico, hemos contribuido muy decididamente al desarrollo y al reencuentro de nuestro país. Nuestro esfuerzo y sentido de país está plasmado en las leyes, en el manejo de la cosa pública que han hecho nuestros Ministros, en nuestra responsabilidad de administrar el Estado y el Gobierno, pero, muy especialmente, en nuestro espíritu de diálogo, incluso con aquellos que nos persiguieron o intentaron, a veces, encarcelarnos; con personas que están en este Hemiciclo -ex Ministros del Gobierno Militar-, con quienes no solamente cruzamos palabras de buena crianza, sino que tenemos la firme y clara disposición de dialogar, en la diferencia.

Nuestras pruebas y convicciones democráticas están a la vista. Y nuestra decisión, cuando rendimos homenaje a Eduardo Paredes y a Joel Huaiquiñir , es seguir avanzando en la construcción de una real reconciliación, pero siempre fundada en la verdad.

He dicho.

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