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Homenaje
HOMENAJE A LA REPUBLICA DEMOCRATICA POPULAR DE COREA.- OFICIO

Autores

El señor IBAÑEZ (Presidente).-

No, señor Diputado. Tiene que esperar su turno en la segunda vuelta.

Ofrezco la palabra en el tiempo del Comité Radical.

El señor MORALES (don Carlos).-

Pido la palabra.

El señor IBAÑEZ (Presidente).-

Tiene la palabra Su Señoría.

El señor MORALES (don Carlos).-

Señor Presidente, mañana se cumplen 20 años de la agresión norteamericana a la República Popular Democrática de Corea, y el 27 de julio se cumplirán 17 años del término de una de las guerras más bárbaras de la época contemporánea.

A pesar de haber transcurrido tantos años, Corea no se libra del peligro de una nueva guerra, por cuanto el imperialismo norteamericano persiste en afirmar su presencia en esa parte de Asia y se opone terminantemente a que los 40 millones de coreanos decidan por sí solos el destino de su país. Constituye esto un atentado abierto al principio de la independencia y de la soberanía de las naciones y un desafío al derecho de autodeterminación.

Por este motivo, con ocasión de este aniversario, se inicia en todo el mundo una jornada de apoyo a la lucha del pueblo coreano por la reunificación de su país, jornada que adquiere los contornos de una lucha común de los pueblos contra el imperialismo yanqui.

Las razones que da el Gobierno norteamericano para mantener 60 mil soldados extranjeros en Corea del Sur no admiten el menor análisis. Afirma que permanecen en Corea del Sur a solicitud del Gobierno de la llamada República de Corea, sobre la base de un convenio de "defensa conjunta". Además justifica su presencia en Corea apoyándose en las recomendaciones de una Comisión para Corea, constituida por disposición de las Naciones Unidas, sobre la base de una decisión de dudosa validez jurídica, ya que también fue el fruto de manipulaciones diplomáticas norteamericanas. Estados Unidos tiene en Corea más de 60 mil soldados, en circunstancias que se trata de un lejano país asiático.

Si en el norte de Corea no hay tropas extranjeras de ningún tipo, ¿qué justificación existe para que haya tropas norteamericanas en Corea del Sur?

La llamada República de Corea no es inerme. Tiene un ejército de 700 mil hombres y un ejército de reserva local de 2 millones de hombres. Tan excesiva es la preparación militar de Corea del Sur, que ha podido proporcionar al Gobierno norteamericano un ejército de 50 mil hombres para combatir en Vietnam. Desde el término de la guerra iniciada en 1950, Corea del Sur ha doblado casi el número de sus divisiones del ejército. Acaba de recibir una partida considerable de aviones de combate, cuenta con armas nucleares y cohetes y los elementos bélicos más modernos, todos proporcionados por los Estados Unidos en abierta violación de los acuerdos del armisticio de 1953.

En resumen, como lo ha dicho en una entrevista reciente el Primer Ministro de la República Popular Democrática de Corea, señor Kim II Sung: "Los imperialistas norteamericanos han convertido a Corea del Sur en un gran cuartel donde están concentradas enormes fuerzas militares y todo sirve a la política de guerra, y en un campo de entrenamiento militar para desencadenar una nueva guerra."

Está a la vista que, en la situación creada en este momento en Corea del Sur, subsiste un designio agresivo de los Estados Unidos, ya que Corea del Sur no necesita de fuerzas extranjeras para defenderse.

La raíz de esta situación no es difícil ponerla en evidencia. En marzo de 1959, "The Saturday Evening Post", diario norteamericano, escribió: "A principios de 1946, el Estado Mayor norteamericano, tomando a Corea como frontera de los Estados Unidos, planeó utilizarla como una base en contra de la Unión Soviética." Por su parte la revista "Time", del 19 de mayo de 1947, dijo: "El Gobierno de los Estados Unidos considera a Corea como su más importante base en el noreste de Asia."

En buenas cuentas, la presencia norteamericana en Corea no corresponde a propósitos de protección de un gobierno débil, sino a la llamada política de "fronteras estratégicas". Tal política ha demostrado, en la práctica, ser una política de guerra.

La mejor prueba de que la presencia norteamericana en Corea es agresiva es la guerra de Corea misma. Estados Unidos organizó y lanzó la agresión simplemente para ampliar su base. Afortunadamente, fracasó y logró sobrevivir la República Popular Democrática de Corea gracias a su heroísmo sin límites y al consistente apoyo que recibió de los países socialistas, especialmente de la República Popular China, que mostró su conducta solidaria internacional con un sacrificio de sangre considerable.

Yo conozco la República Popular Democrática de Corea bastante bien. He estado dos veces en ese país en mi condición de Presidente del Instituto Chileno-Coreano de Cultura y Amistad, que organizamos en 1962, conjuntamente con mi amigo y destacado periodista nacional, Fernando Murillo Viaña.

La República Popular Democrática de Corea es un Estado extraordinario. Los norteamericanos creyeron que, al destruir todas sus ciudades y pueblos durante tres años de bombardeos salvajes y de arrasamiento total, no lograría rehacerse ni en cien años. Cuando visité ese país en 1962, prácticamente no quedaban heridas materiales visibles de la guerra. La vida era dura y el trabajo intenso, pero impresionaba y emocionaba la determinación con que ese pueblo se esforzaba en la construcción y organizaba su desarrollo. Se habían cumplido en plazos records los primeros planes trienales y quinquenales y se ponía en marcha un plan de desarrollo de siete años. Volví cuatro años más tarde y pude comprobar que la nación había cambiado casi radicalmente de fisonomía; las condiciones de vida eran muy buenas y el crecimiento industrial y económico visibles. En la actualidad, la República Popular Democrática de Corea es un Estado socialista industrial avanzado que aseguró un ritmo interesantísimo de desarrollo, un bienestar y progreso social creciente y, conjuntamente con ello una capacidad de autodefensa militar de primer orden. En todos los países socialistas que he visitado, cada vez que surgió el tema de Corea, hubo amplio reconocimiento de que la República que dirige el Primer Kim II Sung, ha realizado la más grande proeza humana del campo socialista. La magnitud de la inversión social en Corea del Norte es inmensa.

El pueblo coreano es inteligente, esforzado y pacífico. Desea ardientemente la paz y no alienta propósitos agresivos; pero, está consciente de que mientras permanezcan las tropas norteamericanas en Corea del Sur, cualquier día puede estallar de nuevo la guerra.

El famoso periodista australiano William Burchett cuenta, en el prólogo de su último libro sobre Corea, que un día el Primer Ministro Kim II Sung le mostró desde una ventana los grandes edificios recién construidos en Pyongyang y le dijo : "Venga con su familia, pero venga pronto, porque cualquier día esto puede desaparecer."

El gesto del Primer Ministro Kim II Sung es, sin duda, patético, porque muestra cuán grande es el peligro de la guerra; sin embargo, señala también, con caracteres extraordinarios, un rasgo peculiar del coreano. Para los coreanos, nada tiene más valor que la independencia. Todo puede ser destruido; pero la independencia y la soberanía coreana no se volverá a perder. A eso están determinados.

El Primer Ministro Kim II Sung ha conducido un proceso revolucionario que garantiza la supervivencia de Corea. Ha hecho enraizarse en los coreanos el sentimiento del patriotismo socialista y ha impuesto el credo de confiar en sus propias fuerzas. Los coreanos denominan "Zuche" a este ideario. Es una palabra que para nosotros suena extraña y exótica; pero su contenido patriótico, su fuerza vital es considerable, porque tiende a que todos los coreanos tengan conciencia de que la grandeza de la nación descansa en lo que los propios coreanos sean capaces de hacer. Kim II Sung, por otra parte, sostiene que el destino de Corea está asegurado si conserva la soberanía en lo político, la independencia en lo económico y la autodefensa en la salvaguardia de la nación.

Toda esta determinación admirable que tanto impresiona al conocer a los coreanos, no descarta el carácter trágico que tendría una nueva agresión norteamericana.

La división del país es para los coreanos la mayor tragedia nacional. Este sentimiento domina en el norte y en el sur. Las posibilidades de lograr la ansiada reunificación encuentran un sólo obstáculo: la presencia norteamericana en Corea del Sur.

Evidentemente, el Gobierno de la llamada República de Corea se opone a cualquier paso que conduzca a la reunificación porque no sirve a los intereses de los coreanos, sino que a los intereses del imperialismo. Tal Gobierno está consciente de que si los norteamericanos se van o son expulsados, como podría ocurrir, sus días están contados, porque ha actuado sólo al servicio de intereses foráneos. De ahí que el citado Gobierno se oponga hasta el intercambio de correspondencia entre el Norte y el Sur, situación que no se conoce en ningún otro país de la tierra. Alemania, por ejemplo, es también un país dividido. Hay dos sistemas distintos. Sin embargo, el intercambio de correspondencia es regular; hay, además, intercambio de visitas periódicas y los parientes se pueden ver cada cierto tiempo. Aún más, recientemente ha habido intercambio de visitas de los jefes de ambos gobiernos y de autoridades destacadas de ambas partes. En Corea del Sur no podría ocurrir nada semejante, porque los norteamericanos no lo permiten, y el Gobierno del General Pak Chun Jim obedece ciegamente tales órdenes.

El Gobierno de la República Popular Democrática de Corea ha propuesto diversas fórmulas para abrir el camino a la reunificación. Ha ofrecido incluso alternativas para poner término al estado de división en que se encuentra el país. Todas las proposiciones han sido sistemáticamente rechazadas. Incluso un importante ofrecimiento de ayuda alimenticia en el momento de una gran catástrofe y de hambruna en Corea del Sur fue rechazada tozudamente por los gobernantes títeres de Corea del Sur.

Esta situación ha despertado profunda indignación en el pueblo surcoreano, y por ello hay en Corea del Sur conflictos crecientes entre el Gobierno y el pueblo, especialmente con los estudiantes, los obreros y los intelectuales. Mientras en el Norte de Corea se advierte, en forma directa, un sentimiento de unidad de todo el pueblo en torno al Gobierno, al Partido del Trabajo y a su líder Kim II Sung, en Corea del Sur se fusila a los que hablan de reunificación y se prohíbe implacablemente cualquiera actividad política que recoja la aspiración popular. No hace mucho, el Gobierno de Corea del Sur fusiló al Secretario General del partido clandestino que propicia la reunificación del país.

Esto determina en estos instantes que en el mundo entero haya surgido el sentimiento de apoyar la lucha del pueblo surcoreano para la salida de las tropas norteamericanas de Corea y la reunificación nacional. Ese es el origen de la jornada de solidaridad a la cual nos hemos referido.

Desde esta tribuna del Parlamento chileno, yo formulo un llamado a todas las organizaciones populares del país, a los pobladores, a las organizaciones femeninas, a los estudiantes y a los jóvenes, a participar en esta jornada, tomando iniciativas propias para que ella tenga una gran resonancia nacional.

La Unidad Popular apoya esta jornada y la enlaza a la campaña presidencial. Los jóvenes se proponen considerarla en la semana de solidaridad internacional que van a realizar entre el 20 y el 27 de julio.

Pero hay otras cosas que deben hacerse y que ya competen directamente al Gobierno de la República. Muy pocos chilenos saben o se dan cuenta de que el Gobierno de Chile está representado en la llamada Comisión de las Naciones Unidas para Corea.

El Ministro de Relaciones Exteriores, don Gabriel Valdés Subercaseaux, en un atisbo de independencia, obtuvo autorización del Presidente de la República para retirar a nuestro país de esa Comisión, al comienzo de la actual Administración. Eran los días en que el Gobierno estaba interesado en fabricarse una nueva imagen en América Latina en materia de política internacional. Tal idea no tuvo un origen caprichoso. Nació como resultado de observaciones hechas por los representantes diplomáticos acreditados en los países socialistas, en una reunión de Embajadores en las cuales estuvo presente el señor Valdés.

Sin embargo, se descargó sobre el Gobierno la presión norteamericana. La decisión chilena hizo gran impacto internacional y el Gobierno de Pakistán estuvo a punto de seguir nuestro ejemplo. Pero el Presidente Frei deshizo de una plumada todo lo hecho y el representante de Chile en las Naciones Unidas tuvo que vergonzantemente reponer la situación anterior.

Sería interesante saber qué papel le correspondió al candidato presidencial señor Radomiro Tomic en todo ese asunto, ya que él era entonces Embajador en Washington.

El Gobierno del señor Frei debiera, antes de terminar su mandato, poner término a la presencia oficial de Chile en esa Comisión. Ella funciona bajo la directa tuición norteamericana y es un instrumento de su política agresiva. La participación de nuestro país en ella es humillante para los chilenos.

Por otra parte, el ex Presidente Alessandri, que alardea de independencia, aceptó reconocer el establecimiento de relaciones diplomáticas con ese Gobierno fantoche de Corea del Sur y el actual Gobierno ha permitido que su Embajada se convierta en nuestro país en una oficina de espionaje y de intrigas contra la República Popular Democrática de Corea. El año pasado, durante la visita de una delegación sindical y cultural de la República Popular Democrática de Corea, personeros de la citada Embajada espiaron cada paso de los visitantes extranjeros y hasta se permitieron movilizar a la policía política y a los servicios aduaneros para hostilizar a los visitantes, utilizando a un empleado de confianza del entonces Ministro del Interior señor Pérez Zujovic, al cuál colman de atenciones y de favores.

La gran mayoría del pueblo chileno no reconoce otro Gobierno para Corea que el Gobierno de la República Popular Democrática de Corea, porque él representa a un Estado independiente y soberano, que no se deja manejar por potencias extranjeras y que se instaló por la voluntad mayoritaria del pueblo coreano del norte y del sur. Los 40 millones de coreanos reconocen al Primer Ministro Kim II Sung como a su verdadero líder y dirigente.

Por eso, yo, desde esta tribuna, rindo hoy homenaje al gran pueblo coreano, a su Gobierno y al Primer Ministro Kim II Sung, al cumplirse veinte años de la agresión norteamericana, porque se trata de un aniversario que revive su heroica gesta por su independencia y libertad.

Señor Presidente, solicito que se transcriban también mis observaciones al Premier Kim II Sung, dando a conocer el pensamiento de los Diputados radicales sobre el tema que he analizado.

Nada más.

El señor IBAÑEZ (Presidente).-

Se enviará la nota de congratulación con la transcripción de las observaciones formuladas por Su Señoría.

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