Labor Parlamentaria
Participaciones
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Antecedentes
- Senado
- Sesión Ordinaria N° 29
- Celebrada el 04 de marzo de 1997
- Legislatura Extraordinaria número 334
Índice
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El señor DÍAZ.-
Señora Presidenta , con excesiva frecuencia leemos en la prensa nacional los desastres ecológicos provocados por los derrames de ácido sulfúrico, especialmente en la Región de Antofagasta.
En los últimos dos meses, con flujos de miles de litros del corrosivo elemento, se han producido tres accidentes, por distintas causas. El más reciente se originó por la rotura del parapeto del dique y del pretil de la canaleta impermeable que transporta la solución ácida desde las pilas de lixiviación hacia las piscinas donde se almacena.
El daño ecológico, que pudo haber sido gravísimo, no lo fue, por la circunstancia de que los 400 mil litros escurridos fluyeron hacia una zona desértica y de alta salinidad. Pero si nos colocamos en otros escenario -por ejemplo, en la Región del Libertador General Bernardo O'Higgins, con la presencia de abundantes ríos y esteros, así como de flora y fauna y de frecuentes sectores poblados-, un desastre como el descrito habría sido catastrófico.
Actualmente, en la fundición de Caletones se están construyendo dos plantas de ácido sulfúrico, para descontaminar toda la zona. Cuando se hallen en pleno funcionamiento, producirán alrededor de 3 mil toneladas diarias.
En septiembre de 1998, la producción de ácido sulfúrico deberá ser transportada hacia un puerto, con el destino último de las minas de cobre del norte, para el proceso de lixiviación.
Con la debida anticipación, he planteado este tema. Ya en abril de 1995 intervine en esta Alta Corporación para hacer presente la necesidad de una decisión previa a la construcción de las plantas.
Con este fin, hemos viajado varias veces, recorriendo distintos puntos. El primer viaje lo efectuamos en diciembre de 1996. Un helicóptero militar nos transportó, con un grupo de ingenieros de El Teniente, para observar desde la altura la carretera secular, hecha en 1905, con imaginación y coraje, audacia y sacrificio, por los primeros hombres de la Braden.
En documentado y ameno libro, titulado "Los hombres de El Teniente", la periodista Celia Baros describe la epopeya de esa construcción.
El viaje tenía un objetivo: estudiar la vialidad del cuasi centenario camino a fin de utilizarlo, con las debidas rectificaciones y mejoras, para transportar el ácido sulfúrico de las plantas de Caletones.
Más tarde hemos realizado varios viajes, en jeep, a pie, en helicóptero; las más de las veces, acompañados por el Intendente subrogante, don Ricardo Tudela , y numerosos periodistas y funcionarios.
A mi entender -profano, por supuesto-, ese camino puede adaptarse. Está arrugado el rostro, pero no desfigurado. Ha resistido estoicamente rodados y nevazones, terremotos y derrumbes. Mantiene su trayecto solitario y majestuoso, entre picachos y hondonadas, cimas y simas, prudentemente alejado de sectores poblados, cercano a Chapa Verde y a las minas de cuarzo de Los Cóndores. En síntesis, es un camino adecuado para transportar el ácido sulfúrico, sustancia muy peligrosa.
Las sustancias peligrosas son clasificadas, en sus diversos grados, por el Instituto Nacional de Normalización (INN), que, a su vez, es miembro de la Organización Internacional para la Estandarización y de la Comisión Panamericana de Normas Técnicas, con representación, por supuesto, de Chile.
La norma NCH 2120/8 fue preparada por la División de Normas del INN, y en su estudio participaron 18 organismos y personas naturales de la más alta calificación científica y técnica. Representa a CODELCO Chile (es el tema), División El Teniente, el señor Osvaldo Morales M.
Una de las sustancias más peligrosas es el ácido sulfúrico, ya sea puro, agotado, en estado fumante, etcétera. No viene al caso detallar el riesgo que significa su transporte por sectores urbanos. La ley lo prohíbe terminantemente y el reglamento lo precisa. El reglamento Nº 298, relativo a transporte de cargas peligrosas por calles y caminos, promulgado el 25 de noviembre de 1994, hace referencia a las leyes Nºs. 18.059 y 18.290, y al artículo 32, número 8º, de la Constitución Política de la República. El artículo Nº 17, en sus incisos primero, segundo y tercero, es tajante en dicha prohibición.
La ley lo prohíbe y la comunidad lo rechaza. Por lo tanto, no es posible el paso de trenes o camiones que transporten ácido sulfúrico por sectores urbanos (léase Rancagua , Machalí , Santiago o cualquier otra ciudad).
De ahí surgió la necesidad de una vía alternativa. Y en un cabildo abierto efectuado en mi ciudad, propuse el llamado "camino de las carretas".
Por supuesto, hay otras propuestas. Entre ellas, la del ácido sulfúrico transportado por un aciducto, que ha sido desestimada. No existe en el mundo ejemplo de un aciducto que tenga una trayectoria tan larga y una geografía tan complicada.
La combinación camión-tren -otra propuesta- significa trasegar dos veces el peligroso líquido, además de la construcción de gigantescos estanques, que requieren material importado especial y son de altísimo costo. No existe la posibilidad de trasvasijar directamente de camión a tren, por las condiciones químicas (alta corrosividad) y físicas (densidad de l,8, casi el doble de la del agua), aparte la necesidad de un estricto control de la presión, de la velocidad, por el riesgo de golpe de quiebre (como lo llaman los técnicos) sobre el material conductor.
No es aconsejable, por ende, la propuesta combinación camión-tren con almacenaje en un supuesto kilómetro 13, lugar donde se realizaría el trasvasije. Ella, asimismo, implicaría usar la carretera Presidente Frei , disputándola así a quienes creemos que deben tener prioridad al respecto: los trabajadores de El Teniente.
Resulta muy significativo el hecho de haber eliminado la línea férrea Sewell-Rancagua en la década del 60 para reemplazarla por una carretera. Razones habrán existido. Yo era alcalde en esa época. ¿O se equivocaron los ingenieros?
Estoy en conocimiento de que El Teniente ha encargado un estudio a fin de ver la factibilidad de un nuevo sistema de ferrocarril para el transporte tanto de personal como de carga. Éste conectaría con Rancagua o Codegua, aprovechando posteriormente el ferrocarril de la estructura nacional. El estudio de esta obra demoraría aproximadamente tres años.
Otras empresas mineras ya han desechado el uso del tren para transportar ácido sulfúrico -entre otras, la Disputada de Las Condes-, por la magnitud que podría alcanzar cualquier siniestro en relación con los camiones: un vehículo de éstos carga 28 toneladas; en el caso del tren, multipliquemos por cinco, seis o más.
Otras mineras se han pronunciado por la creación de una vía para camiones.
Además, en el caso del tren, la solución es egoísta: serviría sólo para transportar ácido sulfúrico, ya que los carros o contenedores deben ser especialmente diseñados para tal efecto. Y yo no veo a ninguna persona viajando muy contenta acompañada, adelante o atrás, de varios cientos de toneladas de dicho elemento corrosivo.
Opto, entonces, por un camino y un puerto que sirva a todos: mineros, agricultores, comerciantes, turistas, etcétera; y no sólo a El Teniente, sino también a la región y al país.
En el supuesto de aceptarse la fórmula del camino El Gringo (de las carretas), surgen otras interrogantes: ¿Para conectarlo con el longitudinal? ¿Para desviarlo por Lonquén? ¿Para seguir por la carretera de la fruta? Definitivamente, no. Porque sería traspasar el problema a otras ciudades y a otros pueblos. Y lo que no queremos para nosotros, tampoco lo queremos para los demás.
La solución es otra. Continuar el camino El Gringo hacia la mina El Inglés-Alhué, prolongarlo hacia nuestro propio litoral y allí construir nuestro muelle o puerto.
Recordemos, señores Senadores, que somos la única Región de Chile que no tiene paso fronterizo ni puerto marítimo. ¿Acaso no tenemos nada que exportar? ¿Y las 500 mil toneladas de cobre fino proyectadas para fines de siglo por El Teniente? ¿Y las 800 mil toneladas de ácido sulfúrico de Caletones? ¿Y los millones de cajas de frutas para exportar, que suman la mitad de la producción de todo Chile? Y agreguemos a lo anterior las exportaciones forestales, avícolas, porcinas, etcétera.
La objeción es inmediata. Tenemos un puerto: San Antonio. La respuesta también lo es: los camiones deberían pasar por la ciudad, lo que resulta inadmisible. San Antonio tampoco tiene la infraestructura adecuada, ni los estanques especialmente diseñados, y está sobrepasado en su capacidad, sobre todo en el período verano-otoño, que equivale al de cosecha y embarques. Por lo demás, al país no le basta ampliar los puertos existentes: necesita construir otros.
Viajamos a Ventanas, buscando otra solución, con el Intendente subrogante, señor Ricardo Tudela ; con don Sergio Alcayaga , del COREMA, y con funcionarios de la Intendencia. Magnífico muelle, 850 metros mar adentro -8 millones de dólares costó su construcción-, y, además, gigantescos estanques estratégicamente ubicados. Allí reciben el ácido sulfúrico de la Disputada de Las Condes. Parece la solución ideal. Pero para llegar a Ventanas hay que pasar por Santiago o por Valparaíso.
Ventanas, entonces, está lejana, y San Antonio es urbano y se halla atochado.
Debemos, pues, buscar en el litoral un lugar cercano, no urbano y nuestro.
Ponemos nuestra atención en la zona comprendida entre Matanzas y Topocalma.
Se nos informa que nuestro litoral, de aproximadamente 200 kilómetros, no tiene fosas adecuadas para puertos.
Los mapas oceanográficos nos muestran otra realidad: que en el sector comprendido entre Topocalma y Matanzas hay profundidades adecuadas a escasa distancia de la costa. Además, el calado de los buques empleados para las respectivas faenas no va más allá de los 10 metros. Hoy día los muelles pueden penetrar hasta cientos de metros en el mar. De hecho, Ventanas tiene 850 metros de penetración mar adentro.
No hay, pues, razones técnicas para descartar nuestro litoral a los efectos de la construcción de un futuro puerto. Sí las hay de carácter social, económicas y de integración cordillera-mar que la justifican.
Me referiré a las económicas, producto de las diferencias importantes en las distancias del mineral a los puntos de embarque: Topocalma y Ventanas. Descartamos San Antonio, por las razones ya anotadas.
De Caletones a Ventanas hay 290 kilómetros; ida y vuelta, 580 kilómetros. De Caletones a Topocalma hay 190 kilómetros; ida y vuelta, 380 kilómetros.
Tomando en consideración el pleno funcionamiento de las dos plantas, que producirán 3 mil toneladas diarias, y que cada camión transporta 28 toneladas, tenemos 107 camiones en circulación las 24 horas. En el recorrido Caletones-Ventanas son 62 mil 860 kilómetros diarios y 2 millones 265 mil 900 al año. En el de Caletones-Topocalma, 40 mil 660 kilómetros por día y un millón 484 mil 900 anuales.
La diferencia es significativa: 781 mil kilómetros menos, si utilizamos la solución propuesta, Caletones-Topocalma.
Si consideramos que cada tonelada-kilómetro cuesta 27 pesos 50 y que se transportan 800 mil toneladas anuales, la mayor o menor distancia incide poderosamente en la economía de la empresa y del país.
Tengo, por supuesto, los cálculos. Pero no pretendo hacer una operación matemática, sino exponer las ideas generales de una propuesta.
Se puede argumentar que la menor distancia de Caletones-Topocalma y, por ende, la economía lograda se pierden al comparar la distancia marítima desde Topocalma a Ventanas.
No es así, pues la capacidad de 16 mil a 20 mil toneladas de los buques cisterna, que equivalen a 571 ó 714 camiones de 28 toneladas por unidad, respectivamente, y el menor precio del cabotaje hacen que el transporte marítimo sea muchísimo más económico. Se proyectan, además, para el futuro buques estanques que significarían hasta 25 mil toneladas.
En este caso, la distancia no es gravitante.
Si proponemos un camino y un puerto para todos -no exclusivo de El Teniente-, el financiamiento, por supuesto, debe ser compartido. Todas las fórmulas son posibles: aportes de El Teniente, sectoriales (Ministerio de Obras Públicas), del Fondo Nacional de Desarrollo Regional, del Gobierno Regional, convenios con el Ministerio de Obras Públicas, concesiones, peajes, etcétera.
Se objeta que ni el camino ni el puerto son rentables. Sin duda que lo son. Sólo El Teniente proyecta producir -ya lo dije- 500 mil toneladas de cobre fino anuales y 800 mil toneladas de ácido sulfúrico en el mismo período. A ello debemos agregar miles de toneladas de variada carga (petróleo, maderas, equipos). Sumamos, en el entendido de que no sea exclusivo, toda la producción hortofrutícola, forestal, avícola y porcina de gran parte de la zona central y la que eventualmente llegue el día de mañana vía MERCOSUR desde Argentina por el futuro paso fronterizo Las Damas.
Con contagiante entusiasmo, hemos tratado el tema con el Intendente subrogante, señor Ricardo Tudela, y el miembro del COREMA don Sergio Alcayaga, quienes lo han estudiado profundamente, en teoría y en terreno.
Si la Disputada de Las Condes, con la mitad de la producción, tiene su muelle propio y Los Pelambres , con similar producción, proyecta uno en Punta de Chungo, ¿por qué no lo puede hacer El Teniente? Con visión no sólo de empresa, sino también de región y de país, que proyecte un camino y un puerto que unan cordillera y mar; que abran perspectivas al deporte de montaña; que acerquen nuestros productos agropecuarios a los puertos de exportación; que permitan la explotación de mantos auríferos en el sector de Chancón; que despierten del prolongado letargo a las comunas costeras de La Estrella, Litueche y Navidad, y que activen nuestro promisorio litoral.
En vísperas del nuevo siglo, era de la globalización, la Región del Libertador General Bernardo O'Higgins no puede ni debe ser la única del país carente de paso fronterizo y de puerto.
La coyuntura es propicia y el tiempo apremia. El Teniente debe transportar el ácido y la Región sus productos, y el país tiene que desarrollarse.
Los hombres de El Teniente, hace 92 años, fueron capaces de construir caminos de vértigo, levantar ciudades de leyenda, penetrar las entrañas de la tierra y de su riqueza escondida, erigir la viga maestra de la economía chilena.
Lo que hicieron los hombres de El Teniente de principio de siglo espero que lo hagan las mujeres y los hombres de El Teniente de fin de siglo. El aporte femenino, cada vez más numeroso, ha dado aire fresco y vitalidad a la empresa, renovando su impulso creador.
Se sostiene que lo que se sueña, si Dios lo quiere, será realidad.
¡Que así sea!
He dicho.