Labor Parlamentaria
Participaciones
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Antecedentes
- Senado
- Sesión Ordinaria N° 1
- Celebrada el 01 de octubre de 1996
- Legislatura Extraordinaria número 334
Índice
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El señor FERNÁNDEZ.-
Señor Presidente:
Quiero rendir en el Senado de la República un homenaje lleno de profunda admiración y reconocimiento en memoria del Almirante don José Toribio Merino Castro.
Su nombre pertenece a la historia del país. Ingresa a ella en un momento capital para Chile, en 1973, y permanecerá allí cuando se hayan acallado las diferentes opiniones que aún rodean los acontecimientos de esa hora, demasiado cercanos todavía para que puedan juzgarse sin apasionamientos. En todo caso, resta el hecho de que el Almirante Merino fue una personalidad indiscutiblemente decisiva en el acontecer nacional durante más de tres lustros.
La suya no constituyó una actuación que se circunscribiera solamente a un día, el 11 de septiembre de 1973, por trascendental que él fuese.
Desde luego, su surgimiento al primer plano de la actividad pública sobrevino al cabo de una brillante carrera de oficial, destacada como pocas. En el curso de ella, sirvió durante un año y medio en la Marina de los Estados Unidos, durante la segunda guerra mundial. Sobresalió en todas las etapas de la carrera naval, hasta llegar al almirantazgo. Consagró así a la Armada de Chile casi 60 años de actividad sobresaliente, desde su ingreso a la Escuela Naval, en 1931, hasta su retiro de la vida pública, en 1990, al cabo de 16 años y medio en la Comandancia en Jefe de su Institución.
Sirvió ejemplarmente sus deberes a la cabeza de la Armada. Al entregar en 1990 el mando a su sucesor, pudo encomendarle una fuerza naval en nivel de excelencia, ratificada y fortalecida en el reconocimiento internacional por su rigor profesional, su potencial defensivo y la autoexigencia de sus hombres.
José Toribio Merino Castro fue una personificación ejemplar de ese espíritu severo en que Chile puede apoyar su soberanía con total confianza.
Con ocasión de su fallecimiento, la Armada de Chile expresó de manera elocuente cuán altamente valora la gestión del Almirante Merino.
Desde septiembre de 1973 fue miembro de la Junta de Gobierno, la que presidió a partir de 1981, desempeñándose también como Vicepresidente de la República en dos oportunidades.
En su calidad de Presidente de la Junta de Gobierno , realizó una enorme tarea como legislador, teniendo bajo su responsabilidad directa la Primera Comisión Legislativa.
Fue en esa obra gigantesca, traducida en una legislación vastísima, que destacó por la seriedad de su preparación técnica y por la audacia de sus incontables innovaciones a que ella dio forma jurídica. En conjunto, representó una modernización sustancial del país, en la que el Almirante Merino tuvo un papel protagónico.
En esa responsabilidad legislativa, me correspondió el alto honor de trabajar con él en estrecha colaboración, tanto en el ámbito del Ministerio del Trabajo como en el del Interior.
Fue de vital importancia su labor en la definición de las políticas de libertad que recuperaron la economía chilena desde la ruina, para encaminarla por las vías que la llevaron a su presente prosperidad. Con firmeza, respaldó la mantención de esas políticas a lo largo de las pruebas a que fue sometida durante dos grandes crisis mundiales. Puedo dar testimonio personal de su entereza en esos difíciles momentos.
Igual trascendencia tuvo su contribución en múltiples otras leyes de gran importancia, y por sobre todo, en la Constitución de 1980. Durante la elaboración de ésta, trabajamos diariamente por muchos meses. Sus aportes, fruto de la reflexión, la experiencia y el sentido patriótico, fueron así plasmándose en las normas constitucionales que en años posteriores han dado tranquilidad y estabilidad a Chile.
Otro tanto cabe decir de su participación en la normativa complementaria de la Constitución. El Almirante Merino tenía fe en la capacidad de las personas y en las posibilidades que pueden desplegar éstas cuando se les reconoce amplia libertad en un orden justo. Dedicó sus mejores esfuerzos a que estos principios fueran debidamente recogidos por nuestro ordenamiento constitucional y fundamental.
El Almirante Merino fue un gran caballero y un hombre de honor en la plenitud de la palabra. Fue, por sobre todo, un gran patriota. Por eso consagró todo su saber a su país y a la Armada, al servicio público. Cumplió con brillo y abnegación dos grandes tareas simultáneas: en el mando máximo de su Institución y en las responsabilidades de gobernante y legislador.
Su obra en cada una de ellas bastaría para colmar meritoriamente una existencia individual.
Quiero hacer llegar en esta ocasión a su viuda, señora Margarita Riofrío , así como a su familia y a la Armada de Chile, los sentimientos de muy sincera y profunda condolencia por el fallecimiento del Almirante don José Toribio Merino Castro.
Pero hay consuelo en la certeza de que su figura emblemática estará, para siempre y con justicia, entre los grandes hombres de los que Chile puede enorgullecerse.
He dicho.