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Homenaje
HOMENAJE EN MEMORIA DE FRANÇOIS MITTERRAND.

Autores

El señor ESTÉVEZ (Presidente).-

Tiene la palabra el honorable Diputado señor Jorge Ulloa .

El señor ULLOA (de pie).-

Señor Presidente, honorable Sala, la bancada de la Unión Demócrata Independiente adhiere al homenaje que hoy rinde nuestra Corporación en memoria del estadista y del hombre recientemente fallecido.

Sin duda, la historia de Francia constituye uno de los más importantes pilares sobre los que se ha construido la historia del pensamiento occidental. Las instituciones políticas, el derecho y la filosofía han recibido la luz del pensamiento y la acción de grandes hombres que, como Luis XIV, Montesquieu , Voltaire , Napoleón , Rousseau , de Gaulle y tantos otros, con sus aciertos y sus errores, con sus pasiones, sus pequeñeces y sus grandezas, traspasaron las fronteras del territorio galo y formaron la Europa que fue motor del desarrollo universal.

En nuestro siglo XX, Europa no estuvo ajena a los cambios y a los grandes conflictos ideológicos y también de carácter territorial. Dos guerras mundiales en las que murieron millones de seres humanos, en las que países enteros fueron invadidos, desaparecieron y volvieron a renacer, constituyen el escenario en que transcurrió la vida pública de François Mitterrand.

Nacido en 1916, tenía sólo 23 años cuando las fuerzas alemanonazis invadieron su país. Constituido el gobierno de Vichy, que colaboró con las fuerzas de ocupación, Mitterrand se incorporó como funcionario de aquella transitoria administración, probablemente impulsado, por su adhesión juvenil, a movimientos de corte ultraderechista del estilo propio de la preguerra. Su paso, sin embargo, fue más bien breve. En 1943, se une a la resistencia y conoce el rigor de los campos de prisioneros.

En 1944, cuando el general Charles de Gaulle organizó el primer gobierno después de la liberación del territorio francés, Mitterrand ocupó el cargo de secretario general para prisioneros de guerra, constituyéndose con sus 31 años de edad en el ministro más joven de la historia francesa. Durante la Cuarta República fue once veces ministro, integrando distintos gabinetes, tanto de izquierda como de derecha. Su habilidad y su pasión política lo llevaron a una vida azarosa y contradictoria. Se dice que en 1959 inventó un atentado en su contra, que habría sido descubierto, y muchos pensaron, entonces, que su carrera política había llegado a su fin. No hubo tal fin. Como gran operador político que era, tenía las mismas posibilidades de caer, como el talento para seducir a las masas y levantarse nuevamente una y mil veces.

Seis años después, representando a la izquierda francesa, llevó al gran Charles de Gaulle a una segunda vuelta que en sí misma constituyó una derrota para el héroe de la segunda guerra mundial y que, finalmente, catapultó a Mitterrand a la condición de líder indiscutido de su sector.

Los sucesos de mayo de 1968 generaron una reacción que prácticamente pulverizó a la izquierda. Una vez más el oscilante Mitterrand caía víctima de la fuerza pendular de la política, y una vez más habría de levantarse. En 1974 presentó su candidatura presidencial y fue derrotado. No obstante, en 1981 derrotó en las urnas a Valery Giscard d’Estaing, convirtiéndose en el primer presidente socialista de la Quinta República. Sin duda, los 14 años que ejerció el cargo en las más disímiles situaciones de alianzas y cohabitación con la derecha, lo llevaron al lugar destacado que la historia habrá de reconocer a partir del día de su muerte.

Mitterrand gobernó Francia en los años en que el mundo enterró las utopías socialistas. Flexible, dúctil, visionario, joven de espíritu, gobernó con pragmatismo; no se apegó a ideologismos ni a banderas sectoriales. Se elevó, en consecuencia, como estadista y supo renovar su pensamiento, moderándolo extraordinariamente en materias económicas y políticas. Convivió con la época de la avalancha conservadora, liderada por el ex presidente Reagan y la ex premier Margaret Thatcher . Nunca quedó atrás; nunca fue un obstáculo en el avance de occidente y en el renacer europeo; por el contrario, se convirtió en conductor de los procesos internos y, como consecuencia de aquello, también de los externos. Su imagen dio la vuelta al mundo, como uno de los grandes del nuevo orden mundial.

A Mitterrand los nuevos tiempos no lo dejaron atrás, sino que fue parte de su construcción. Siempre le preocupó el juicio que la historia tuviera de él. Como todos los grandes, sabía que sus actos normalmente lo trascendían. Sabía que era instrumento del destino de su pueblo. Enfrentó su enfermedad con el mismo coraje con que enfrentó todos los actos de su vida; preparó y planificó su muerte hasta en los más pequeños detalles, como hizo con todos los actos de su vida, demostrando así su valentía y grandeza.

Interrogado en cierta ocasión Chou EnLai acerca de la importancia de la Revolución Francesa, éste respondió: “Es demasiado pronto para saber”. Las décadas finales de este siglo han visto enormes e impensados cambios: han caído imperios y se han desmoronado ideologías que parecían sólidas como el granito; hay un nuevo orden mundial. Algunos hemos tenido el privilegio de ser testigos; otros, como François Mitterrand , tuvieron la fortuna de ser parte en la construcción de este nuevo orden.

El proceso está en marcha y hacia dónde nos conducirá no lo sabemos aún, pero esperamos sinceramente un mundo mejor, libre de los sufrimientos y de los totalitarismos que hemos conocido en el pasado. La verdadera dimensión y el aporte de hombres como Mitterrand, sólo lo dirá el paso de los años y la perspectiva que éstos entregan. Pero, aun con la proximidad que nos aturde y oscurece nuestra visión, alcanzamos, aunque sea intuitivamente, a reconocer la importancia y la grandeza de este tipo de hombres.

Nuestra América Latina también estuvo siempre en la preocupación de Mitterrand. En lo que a nosotros respecta, debemos reconocer que no compartíamos su visión del proceso latinoamericano por lo sesgado de su información; pero sí es justo destacar que su actitud fue siempre de sincero interés; nunca vimos en él la mirada colonialista con la que algunos países desarrollados a veces nos observan y pretenden conducirnos. No nos cabe duda de que más allá de las consideraciones políticas, él quiso sinceramente a estos pueblos latinoamericanos, y por eso es justo que hoy, que ha partido, todos tengamos la grandeza de ponernos por sobre las visiones contingentes, dejar al juicio de la historia los actos del gobernante y al juicio de Dios las contradicciones del ser humano.

Señor Presidente, François Mitterrand ha muerto y el día en que falleció ingresó a la Historia.

He dicho.

Aplausos.

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