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Homenaje
HOMENAJE EN MEMORIA DEL DIPUTADO DON AKIN SOTO MORALES.

Autores

El señor VELASCO (de pie).-

Señor Presidente, en la larga historia del Parlamento chileno, pocas veces se había dado un hecho tan indiscutible, constatado y compartido por todos sus integrantes, como fue el gran cariño y respeto que nuestro amigo y colega Akin Soto supo ganarse entre sus pares.

Esto no fue una mera casualidad o simplemente circunstancia impredecible del destino; fue, más que nada, el resultado de la forma de ser de una persona excepcional.

Fue su actitud de luchador tenaz y constante por la vida; vida que deseaba y quería vivir aun conociendo la verdad del camino adverso que le tocaría recorrer por causa de una dolorosa enfermedad que le consumía.

Por eso, esta tarde, querido amigo y colega Akin Soto, venirnos a despedirte en nombre de tantos y tantos hombres y mujeres y de la juventud que serviste durante tu vida.

No es fácil, ni nunca lo será, poder decir las palabras precisas que traigan el consuelo a su querida esposa, a sus hijos y a sus familiares, cuando quien se va definitivamente es el cónyuge, el padre ejemplar, el hombre nacido y criado en el hermoso puerto de San Antonio.

Desde luego, no es fácil despedirlo.

Por eso, me gustaría hacerlo como él lo hubiese deseado: sencillamente.

Destacarlo como era: un hombre bueno, afable, tranquilo, optimista y, por sobre todo, humano. Una persona dueña de una bondad y compañerismo a toda prueba.

Fue un autodidacto que a muy templada edad tuvo que incorporarse al trabajo en el taller de carpintería de su padre, razón que lo obligó a dejar sus estudios, que más tarde completó para postular a un escaño en el Congreso Nacional.

En las oportunidades en que lo visitaba en su lecho de enfermo, conversábamos largamente, y en nuestros diálogos me confidenciaba su dolor y amargura por las críticas injustas de que éramos objeto como representantes populares.

"Sergio -me decía con dificultad, como si en cada fiase se le escapara un hálito de vida-, hacemos lo humanamente imposible por responder a las legítimas aspiraciones de tanta gente y de tantas instituciones postergadas por los años, pero la gente no entiende."

"Cuando yo muera, te pido que le digas a mis compañeros y amigos, que si bien hice todo lo que estuvo a mi alcance, me hubiese gustado poder hacer más para responder a todos quienes depositaron su confianza en mí."

"Por favor, diles que pido perdón si a alguien ofendí; si no los pude atender a todos; si no logré la diligencia o no mitigué las necesidades urgentes de los trabajadores, de los estudiantes, de las mujeres de mi querido y amado pueblo."

"Diles que me excusen, pero que las fuerzas vitales no me dieron toda la capacidad requerida para esa labor."

"Pero también no dejes de decirles que nunca deben olvidar que logramos la libertad después de largos 17 años de autoritarismo. Que recuperamos la democracia que perdimos por la falta de entendimiento, por la miseria humana, por no escucharnos, por no privilegiar lo que nos une y olvidar lo que nos dividía."

"Por eso, recuérdales que hoy, más que nunca, debemos no sólo acrecentar la democracia, sino que debemos protegerla, para que nunca más en Chile exista un hermano desaparecido, detenido, ejecutado, exiliado, exonerado o perseguido."

"Diles que conquistamos la paz, esa verdadera paz de los pueblos de buena voluntad que desean vivir en armonía y trabajar por la reconciliación, esa paz que nos permite acercamos cada día más para construir juntos un Chile mejor, más justo y solidario."

Así era mi colega Akin Soto; así se puede retratar de cuerpo entero: un humanista que creyó y luchó por la gente, porque sufrió cruelmente el exilio, la cárcel, la persecución; pero que, por su grandeza de espíritu, pudo comprender más rápidamente que otros, que vivir con odio y rencores era inútil.

Seguramente los aspectos más relevantes de su vida partidista y pública todos los conocemos: socialista, regidor, alcalde y Diputado.

Pero permítanme reseñar la amistad que nos unía desde jóvenes en la misma calle Maestranza donde crecimos juntos: siempre inquieto, creador, activo y organizador. Fue un gran deportista, fiador del coro polifónico, pero, por todo, fue un hombre consecuente con ideales y principios aprendidos dura su larga trayectoria como militante y gente socialista.

Pocos saben que durante nuestra campaña política en el Distrito N° 15 hubo un respeto mutuo que permitió que los dos candidatos de la Concertación llegasen al Congreso Nacional, después de tanto, años de estar clausurado. Pocos saben trabajamos codo a codo en la Ley de Pesca, no sólo defendiendo los derechos de los pescadores artesanales del litoral chileno, sino también promoviendo la preservación de la flora y fauna de nuestro mar. Pocos saben que trabajó con energía junto al actual Presidente Nacional de la Democracia Cristiana, Senador Eduardo Frei Ruiz-Tagle, en la Secretaría General del Comité por las Elecciones Libres. Pocos saben que durante los duros años del régimen pasado era recibido en Roma en la casa del Subdirector de la FAO, Rafael Moreno, hasta donde llegaba en busca de los médicos y tratamientos para mejorarse del mal que terminaría con su vida.

Hay tantas cosas que se podrían decir, tantas anécdotas que se podrían contar, tanta gente que podría dar su testimonio personal; pero eso es imposible.

Por tal motivo, sólo me queda pedirle al Altísimo que su alma encuentre la paz y la tranquilidad necesarias.

Queremos reiterar nuestro reconocimiento a la señora Elvira Farías -su compañera de tantos años-, a sus cuatro hijos, y a sus familiares, que se encuentran en estas tribunas, y a los colegas parlamentarios de su Partido.

En nombre de la bancada demócrata-cristiana y del mío propio, expresamos nuestro pesar por esta irreparable pérdida, no sólo del Diputado, no sólo del socialista, sino sobre todo, del amigo.

Akin Soto: San Antonio y Casablanca agradecen tu esfuerzo, tu voluntad y tu trabajo. Akin Soto, tu colega agradece y reconoce públicamente la generosidad y bondad y todo lo que fuiste capaz de enseñamos, ya que, con tu actitud, te ganaste el cariño y la amistad de todos. Akin Soto, Chile tiene una gran deuda contigo, porque nos ayudaste a volver a soñar, a tener esperanzas, a recuperar la fe, a creer en nuevas oportunidades y a saber que podemos cambiar nuestra sociedad si confiamos en la persona humana. Akin Soto, tu sillón parlamentario estará vacío hasta el término del período. Nadie ocupará tu puesto. Eres irreemplazable. Hoy me quedo solo representando nuestro Distrito. La tarea es pesada y de gran responsabilidad. Por eso le pido a Dios la fuerza necesaria que permita honrar dignamente tu memoria.

Akin Soto, gran amigo: ¡Que descanses en paz!

He dicho.

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