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  • Cámara de Diputados
  • Sesión Ordinaria N°116
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  • Legislatura número 365
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Intervención
RECONOCIMIENTO Y PROTECCIÓN AL DERECHO A LA IDENTIDAD DE GÉNERO (SEGUNDO TRÁMITE CONSTITUCIONAL. BOLETÍN N° 8924-07) [CONTINUACIÓN]

Autores

El señor ESPINOZA, don Fidel (Presidente).-

Tiene la palabra el diputado René Manuel García .

El señor GARCÍA (don René Manuel).-

Señor Presidente, he escuchado con mucha atención las intervenciones de mis colegas sobre este proyecto de ley.

En verdad, observo que este no es un tema que atraiga la atención pública, aunque estamos defendiendo a nuestros niños. Sin embargo, aquí la mayoría plantea temas de tipo administrativo, porque hablan demasiado de defender los derechos.

¡Saquemos de la polémica a todos los que son mayores de edad! No tengo ningún problema con ellos, porque pueden hacer lo que quieran.

(Aplausos)

Quiero decir a la ministra Paula Narváez , a quien tanto han felicitado por defender aberraciones. Este no es el principio, sino el final de todas las brutalidades que han hecho, empezando por el aborto y ahora con este proyecto. Ustedes creen que al país hay que desintegrarlo, porque piensan que así tienen más posibilidades de llegar nuevamente al gobierno. ¡No lo lograrán!

(Aplausos y manifestaciones en las tribunas)

Con el fin de ahorrarnos todos los problemas y discusiones ideológicas y de género, ¿por qué no dejamos un solo artículo que establezca que los mayores de 18 años podrán hacer lo que quieran con su vida y no tendrán impedimento alguno para hacerlo? ¡Así nos ahorraríamos todo el resto y toda la discusión!

Me extraña mucho que algunos diputados de la Democracia Cristiana hayan hablado a favor de este proyecto con tanta fuerza. ¡Son demócratas, pero lo de cristianos se les olvidó hace rato! Aclaro que algunos de ellos están en contra del proyecto, de manera que no puedo generalizar, porque sería una maldad tremenda de mi parte.

Conozco varias personas que han cambiado su nombre masculino por uno femenino y viceversa. El problema estaría resuelto si solo lo pudieran hacer los mayores de 18 años. Conozco varias personas que se han operado y han cambiado de sexo. Insisto en que el problema estaría resuelto, siempre y cuando puedan hacerlo los mayores de edad.

¿Cuál es el problema? El problema es que un niño le puede decir a su padre: “Papá, tengo 14 años, quiero ir a la discoteca, tomarme unos tragos y bailar hasta las 4 de la madrugada”.

El papá puede decirle que vaya, pero en la entrada de la discoteca le van a preguntar la edad y no lo dejarán entrar porque es menor de edad. Es absurdo que ese mismo niño pueda cambiar de sexo, porque puede decidirlo. ¡Esa es una aberración muy grande!

En el caso de la delincuencia, ¿cuántas veces los sinvergüenzas ocupan niños para delinquir y cuál es la razón para hacerlo? Que los niños no tienen discernimiento y, por tanto, quedan libres. Pero eso no lo dice nadie. Muchos piensan: “Da lo mismo; son libres, son menores de edad”.

Pero si un niño dice: “¿Sabe qué más, papá? Tengo 12 años y me quiero cambiar el sexo”, se pretende que el padre responda: “Bien, hijo, cámbieselo, no importa”. ¡Esas son las cosas que estamos viendo!

Por último, quiero decir algo sobre un asunto que pido a la ministra que me aclare, por favor; tengo una tremenda duda existencial al respecto. Como hoy deciden los padres hasta los 14 años de edad, ¿qué pasa si un matrimonio que tiene el primer hijo, hombre, el segundo hijo, hombre, el tercer hijo, hombre, quiere tener una niña y dice: “Al niño de cuatro años lo vamos a hacer mujer, porque queremos tener una niña”? ¡Decisión de los padres! ¡Eso es lo que se está haciendo!

(Manifestaciones en las tribunas)

¡Da lo mismo lo que piensen, lo que pifien, lo que pataleen! ¡Lean el proyecto!

No hay nada peor que estos proyectos ideológicos, porque no entran en razón. Aquí tenemos que respetarnos todos. Estamos de acuerdo y nadie está diciendo lo contrario: si un señor mayor de edad se viste de mujer o, al revés, una mujer se viste de hombre, es cosa de ellos; que hagan lo que les dé la gana. Pero no podemos involucrar a los hijos en esto.

Cuando uno es padre trata de inducir al hijo y de guiarlo; pero si ese hijo a los 14 años de edad dice: “Papá, yo siento esto”, la respuesta será: “Hijo, conversemos el tema, para ver qué hacemos”. Pero no me parece que los padres digan a priori: “Cambiémosle el sexo no más; para qué nos hacemos problemas”.

Se ha hablado tanto del sistema médico -aquí tenemos varios colegas que son médicos-. Podrán cambiar todo lo que quieran: el sexo, el nombre, ¡todo! Pero una cosa no pueden cambiar: el ADN. Me pregunto: si esa persona que cambia de sexo de hombre a mujer, por el hecho de cambiar de sexo ¿cambiará su ADN? Si se cambió de sexo a mujer, ¿tendrá ADN de mujer? O, al revés, si la mujer cambió de sexo a hombre, ¿tendrá ADN de hombre?

En consecuencia, da lo mismo lo que griten y lo que piensen. Los que creemos en Dios sabemos que podrán hacerse leyes aberrantes, que algunos podrán cambiar el sexo, que otros podrán hacer lo que quieran, pero la palabra y el designio de Dios no lo podrá cambiar hombre alguno, porque las personas van a seguir teniendo el sexo con que nacieron. ¡Eso es lo que estamos viendo!

(Aplausos en las tribunas)

A quienes apoyan esta iniciativa eso no les interesa; o sea, se creen dueños de la verdad. Aquí nadie tiene la verdad. He dicho claramente que a los niños que no son mayores de edad tenemos derecho a defenderlos. Se habla de los que no tiene voz: ellos son los que no tiene voz. Se quiere pasar el derecho a discernir a los padres, pero los padres tampoco pueden discernir en una cosa tan profunda como es el cambio de sexo.

Es mi pensamiento, es lo que voy a hacer y es lo que creo profundamente. Creo que este es un problema administrativo, no un problema de ley, y lo creo de verdad.

Por eso, digan lo que digan, aunque griten y pataleen: que los mayores hagan lo que quieran, pero a los niños los defenderemos.

¿Qué dice el padre Berríos cuando ve la circular que manda el Ministerio de Educación? La aplaude. Se para, la aplaude y dice: “Esto es lo que hay que hacer”. O sea, el propio cura les está diciendo -no es un cura de derecha precisamente lo que hay que hacer. ¡Y eso es lo que tenemos que hacer! ¡Es tan simple como eso!

Entonces, les digo: ¡Viva la Pepa!

El otro día un padre me decía: “¿Cómo van a ser las cosas tan sencillas?” Por ejemplo, respecto de la privacidad. ¿Qué privacidad? ¡No existe la privacidad con estos proyectos! Algunos quieren que se hagan baños comunes: una niñita metida con los hombres o, al revés, los hombres con las niñitas. Y dicen: “¡Da lo mismo!” “¡Que se miren, si es lo mismo!”

¡No, señor!

Hay que tener cierto pudor con las niñitas, por lo menos hasta que puedan discernir o puedan tener derecho a ver lo que ellas quieran.

(Aplausos en las tribunas)

Por eso, creo de verdad que no hay que felicitar mucho a la ministra.

Algunos dicen que estos proyectos emblemáticos deberían ir a un plebiscito. ¿Por qué no tiran este proyecto a un plebiscito? Porque saben que el 90 por ciento de la gente lo rechaza. Miren las encuestas. Miren todo.

(Aplausos en las tribunas)

Para terminar, cada uno, como parlamentario, es responsable de sus actos y cada uno tendrá que respetar el voto de los otros. Respeto indudablemente a todos mis colegas. Si ellos creen profundamente que esto es lo mejor para el país, que lo hagan. Que lo hagan. Pero tendrán que cargar siempre con esta culpa de no haber visto que se trata de un tema administrativo y de un tema ideológico. La Presidenta Bachelet se dio cuenta, a una semana de terminar su mandato, de que existía este proyecto. ¡Estuvo cuatro años parado en el Senado! Pero ahora dice: “Saben qué más, este es un proyecto emblemático; tenemos que darle primera prioridad”.

¡Qué bien! Una semana.

(Aplausos en la Sala)

Señor Presidente, es lo que pienso, es lo que digo y con mucho orgullo votaré en contra desde la a hasta la zeta este proyecto.

He dicho.

-Aplausos.

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