Labor Parlamentaria
Participaciones
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Antecedentes
- Cámara de Diputados
- Sesión Ordinaria N° 11
- Celebrada el 08 de noviembre de 1994
- Legislatura Extraordinaria número 330
Índice
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El señor DE LA MAZA .-
Señor Presidente, hoy, hace ya 100 años, en un día primaveral como éste, en 1894, en el mes de noviembre, el jueves 8 al mediodía, amanecía una ciudad que había ya sido fundada en el corazón de un hombre, que por ser asturiano, dos veces español, había acogido en su alma la belleza de este rincón del mundo y, a su vez, había sido acogido por esta patria generosa para hacer realidad sus sueños y construir un pequeño mundo en la entonces llamada Viña Miraflores.
Era tierra feraz, bañada de soles que doraban las uvas generosas. Tierra de campesinos y visitantes. No había estación ni posta. Sólo parronales y hortalizas. No había escuelas ni quinta de recreo, tampoco poblaciones y, por tanto, no había habitantes. No fue programada por gobernadores ni poblada por una decisión de la autoridad; fue creciendo así, lentamente, adquiriendo fisonomía a partir del desafío y la voluntad de un hombre que imaginó allí una ciudad y que la vio necesaria para poder confundir la belleza y la bondad del paisaje con la presencia del hombre.
¿Que nombre tendría? ¿Cómo la llamaría el asturiano Joglar ? Porque generalmente el que funda la ciudad, le pone nombre ¿No podría, tal vez, haberse llamado Buenaventura , como era su nombre de pila?
No había, por tanto, protagonismo en la voluntad del fundador. Se sentía, como lo demostrara en su vida, simplemente un constructor que, agradecido además de los dones de la vida, estuvo en cien obras aquí en Valparaíso, pero fue capaz de mirar hacia el interior de la región y vislumbrar los cien años que hoy celebramos.
La llamó entonces Villa Alemana, porque los primeros que construyeron allí las casas que habitaran con sus familias eran los Watemberg, los Schelle, los Tillmann, los Schulle, los Reinicke . Nació así, desde el corazón de un hombre Y poco a poco fue pasando de villa a poblado, de pueblo a ciudad. Su historia se confunde no con una saga de heroicidades, momentos culmines o de brillo histórico, sino con cómo han nacido y se han desarrollado la mayor parte de los pueblos en la historia de la humanidad: primero, los que fundan y, detrás de ellos, los que moran, los que colonizan, los que empiezan a ver crecer sus familias y con ellas levantan la iglesia, la escuela y la estación. Los que van requiriendo el servicio médico y la oficina de correos.
Y en esta historia pequeña y acaso opaca, pero con el sentido profundo que tiene la vida de los más, se confunden con la historia anécdotas que a veces evocan sonrisas y que no son sino la expresión sencilla y original de la vida común de hombres y mujeres que forman parte de la comunidad humana. Por ello, cuando analizamos el acontecer, y vemos primero que la estación se transforma en el centro del pueblo, que tanto costara conseguir. Nos cuenta la leyenda que don Buenaventura Joglar compraba boletos de su peculio personal para aumentar el número de pasajes vendidos, a fin de que en las estadísticas de ferrocarriles Villa Alemana pasara a ser una ciudad importante. Sabemos también que la estación no era un punto fijo y que el tren se detenía más allá o más acá, según donde parara la máquina. Era tan importante el tren, que el maquinista le dio su nombre, y así pasó a llamarlo el Arratia. Con el tren venía el correo, y en la estación, que más tarde fuera grande y otrora hermosa, se hacían las fiestas de la primavera y las celebraciones más importantes de la comunidad. Ya la ciudad no era sólo de alemanes; hubo otros habitantes de distintas nacionalidades que forman parte de su historia: los Atalah, los Composto, los Longhi, los Cotroneo, los Perocarpi, los Benzi, los Sambuceti, los Oneto , los Toso, los Lombardi, los Gandolfo, que se confunden, además, con los apellidos que nos suenan tan familiares a los oídos: los Salas, los Fuentes, los Vicencio, los Saavedra, los Zamora, los Gajardo, los Valencia, los Galleguillos, los Monardes .
Todos ellos y muchos más dieron sus simples vidas, sus permanentes esfuerzos y sus grandes esperanzas en ir haciendo ciudad. Seguramente nada de eso será contado por el cronista, tanto así que los diarios de la época aquí, en esta región, ni siquiera lo consignan. Y allí, señor Presidente, se estaba construyendo una ciudad ¡Qué tremendo triunfo cuando se fundara la primera junta de vecinos en 1916! ¡Qué magnífico adelanto cuando se aumentaron los cuatro chonchones que componían todo el alumbrado público a cincuenta! ¡Qué extraordinario gesto la consecución del alumbrado eléctrico por erogación popular! ¡Qué importante conquista cuando la Comisión Mixta aprobara en el Presupuesto de la Nación los setecientos mil pesos para el agua potable! ¿Qué importan las glorias que se forjan en las guerras, las más de las veces al amparo del dolor? ¿No es acaso tanto más importante que la vida de los héroes la vida de las comunidades que se van construyendo día a día, silenciosamente, durante años, decenios y ya en este caso una centuria?
Ayer, señor Presidente y estimados colegas Diputados, se reunieron poetas de toda la región y algunos venidos de Perú, Bolivia y Argentina para entregar un mensaje poético de adhesión al centenario. Y este encuentro se produjo en esta comuna, que se siente centro poético nacional y que realmente acoge y promueve la poesía. Ayer Villa Alemana fue importante para el mundo del espíritu cuando se unieron las voces de Borges y Vallejos con la poesía popular.
Pero Villa Alemana es mucho más que eso; ciudad dormitorio, como gustan llamarla algunos; ciudad satélite complementaria del puerto, como la definen otros; ciudad de los molinos, capital de la poesía o de la eterna juventud. Yo quisiera recordarla hoy día en esta Cámara, cuando rendimos homenaje a quienes hicieron y hacen posible, como la ciudad que pensara Joglar , una ciudad que permite que los que allí viven se encuentren con la belleza de Dios expresada en el paisaje, y que en ese encuentro misterioso del hombre con su entorno se construya la Villa Alemana del futuro.
He dicho.