Labor Parlamentaria
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Antecedentes
- Senado
- Sesión Ordinaria N° 8
- Celebrada el 14 de julio de 1967
- Legislatura Ordinaria año 1967
Índice
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El señor
Señor Presidente, era mi deseo no usar de la palabra en la discusión del proyecto, pero la extensa intervención de mi Honorable colega, que es el autor de esta iniciativa legal, me incita a hacerlo. A fin de cuentas, hacemos historia .nacional con estas actuaciones.
En verdad, no me guía, en este orden de cosas, el interés particular, que no lo tengo; declaro, eso sí, sin eufemismos, que me subyuga el destino de la República más que la enmienda constitucional en estudio. Mis actividades electorales han estado enfocadas siempre al juicio de los correligionarios que me escuchan y, como se dice, a la ciudadanía que piensa.
Las observaciones que ayer tuve oportunidad de escuchar en esta Sala me incitan a pronunciar algunas palabras y a referirme a la situación del país en general. Para ello solicito la atención de mis Honorables colegas.
Antes que nada, debo expresar que me preocupa la actual situación de verdadera falencia fiscal. Es innegable -nadie puede ignorarlo-- el atraso en que se encuentra el fisco y la paralización de las obras públicas. Esto último es grave, pues bien sabemos que la falta de construcciones genera cesantía y, en último término, daños a la población toda. El Gobierno había pensado construir 60.000 viviendas al año, o sea, 360.000 en el actual sexenio. Pero eso no pasa de ser una ilusión, pues, como todos pueden comprobarlo, los programas respectivos han sido totalmente perturbados.
Además, se advierte inquietud permanente en el personal de las diversas reparticiones del Estado, motivada principalmente por la insuficiencia de las remuneraciones, que no alcanzan para vivir. Podría referirme también a la aplicación de los estatutos, al manejo de los escalafones y al trato que se da a los servidores del Estado, pero me parece que no es del caso analizar ahora dicho problema. Basta expresar que los pliegos de peticiones, por éste y otros motivos, son permanentes.
Tampoco cabe discusión en lo tocante al desorden en la estructura económica del país. Podríamos alimentar cuarenta millones de habitantes si aprovecháramos las posibilidades que ofrece nuestro territorio, pero éste escasamente da sustento a nueve millones de chilenos. Estamos importando alimentos por más de ciento cincuenta millones de dólares. Tal es la cifra oficial, pero algunos creen que dichas importaciones ascienden a mucho más, casi a 200 millones de dólares. A mi parecer, ese es un grave impacto.
Existe notable desequilibrio entre el crecimiento vegetativo de la población y el aumento de la producción agropecuaria: este último se mantiene en más o menos uno por ciento. El índice representativo de la masa ganadera no experimenta variaciones desde hace treinta años, a tal punto que los técnicos llegan a sostener que, numéricamente, existe menos población pecuaria que en 1936.
La deuda externa es algo horrendo: ¡ ya pasa de mil millones de dólares! ¿Se puede afirmar que ello compromete la soberanía del Estado? Por mi parte, podría dar algunos argumentos al respecto.
En cuanto a la creación del nuevo departamento de Isla de Pascua, debo expresar mi temor de que la independencia de nuestros compatriotas que habitan en esa isla no la verán nuestros ojos.
El crédito interno está desarticulado como consecuencia del excesivo giro sobre la Cuenta Unica Fiscal, lo que resta al Banco del Estado posibilidades de ejercer sus funciones de estímulo del comercio y las industrias, es decir, de los instrumentos de producción, factores que deben interesar en forma capital a una institución pública como ésa.
segunda, vemos que el fisco adeuda a la Caja Nacional de Empleados Públicos y Periodistas más de 50.000 millones de pesos, según creo. El no pago de esa deuda determina que la mencionada institución, que por pertenecer a los empleados de la Administración Pública debiera ser dirigida por éstos, como entidad propia, sometida únicamente a la supervigilancia estatal, haya dejado de ser un instrumento útil para esos servidores. También en este aspecto se advierten las consecuencias del estado caótico que aflige al país en el orden económico.
Me pregunto si la marina mercante nacional está desempeñando cabalmente las funciones que le competen. Hace poco, analizamos el proceso naviero y concluimos que, en vez de constituir un factor de progreso, nuestra flota mercante se ha transformado en una causa más de desequilibrio de la balanza comercial.
¿Por qué no dar algunas cifras y citar ciertos hechos para llamar la atención de la ciudadanía sobre la responsabilidad que, en buenas cuentas, nos cabe a todos, por lo que está sucediendo?
Noruega, país pequeño, con una población no superior a tres millones seiscientos mil habitantes y una superficie de alrededor de 330.000 kilómetros cuadrados, o sea, menos de la mitad del territorio chileno, posee una marina mercante cuyo tonelaje alcanza a diez millones cuatrocientas mil toneladas.
Puedo extender las comparaciones, en este aspecto, a otros países nórdicos. Así, por ejemplo, Suecia, paiz de baja población, pero socialmente bien organizado, tiene una marina mercante con cerca de cuatro millones de toneladas.
Chile, según el manual norteamericano de índices internacionales sobre asuntos navieros, tiene solamente 271.000 toneladas.
¿Para qué analizar el desarrollo de nuestra marina mercante, cuyas actividades están más bien al servicio de los intereses foráneos que de los nacionales?
Deseo referirme, también, al funesto desempeño de algunos servicios estatales. Tuve oportunidad de decir al señor Ministro del Interior, en esta Sala, que tal situación habrá de darle quehacer y preocupaciones. Concretamente, me refiero al caso de Correos y Telégrafos. En estos instantes hay en el Correo cinco mil valijas detenidas, sin abrir. El atraso que motiva ese hecho se viene produciendo desde las últimas fiestas de Navidad, y ello es causa de que los destinatarios estén ahora en la duda de si sus especies han sido sustraídas o se encuentran rezagadas. Personalmente, he sido afectado por tal situación. Reclamé a Correos por especies valiosas, como un atlas internacional cuyo envío postal encargué hace tiempo. Según he sido informado, dicha orden fue cumplida hace cuatro meses. Casos como el citado son de común ocurrencia, y resultan más penosos por cuanto el Director General del Servicio no responde las comunicaciones que se le envían ni los reclamos que se le formulan.
El personal de Correos está notoriamente mal remunerado. Además, se le adeudan fuertes sumas por concepto de horas extraordinarias. Hago notar que el pago de tal beneficio representa más bien una manera de incrementar el salario de esos empleados que una remuneración por servicios extraordinarios.
Los funcionarios de Correos han efectuado paros de advertencia, y se anuncia un paro total que afectará a más de diez mil de estos servidores.
Interesa principalmente destacar ahora la forma cómo se están atendiendo las necesidades del comercio, la industria y la economía chilena en general. Los señores Senadores que deseen ahondar en estas materias podrán advertir que varios bancos y firmas comerciales han organizado servicios especiales de postas para el despacho de su correspondencia, debido al retraso con que los atiende el organismo estatal encargado de proporcionar dichos servicios. Del mismo modo, pese a que la ley radicó en una repartición pública el monopolio del correo, las líneas de buses interprovinciales han establecido, por su cuenta, un servicio de postas. ¡Es vergonzoso lo que está ocurriendo!
Existe en el país una entidad denominada Empresa Nacional de Telecomunicaciones, de reciente creación, sobre cuyas actuaciones espero hacer un balance. No hace mucho, el Presidente de la República anunciaba gozoso que se habían invertido 3.600 millones de pesos en mejorar los servicios de comunicaciones en Chiloé. Pero, al mismo tiempo -cualquier Senador podrá comprobarlo-, esta pintoresca Empresa de Telecomunicaciones de que se ufana este país tan hipotecado, es deudora de la Compañía de Teléfonos por más de 15.000 millones de pesos. Eso constituye una ejemplo más de lo que es nuestro proceso nacional.
No deseo cansar la atención del Senado con observaciones sobre la Compañía Chilena de Electricidad, empresa que, de productora de energía, se ha transformado en mero distribuidor. En efecto, el Estado ha debido crear plantas eléctricas y entregar a esa compañía la distribución.
He citado casos específicos de nuestro proceso histórico, por estimar necesario denunciar estos hechos con sentido cívico y ciudadano y con responsabilidad, no sólo del presente, sino también del futuro. Es algo que, por lo demás, debemos hacer, pues de lo contrario incurriríamos en dejación, falta de cumplimiento de nuestros deberes e, incluso, en cobardía.
Si hay algo que preocupa al ciudadano que viaja al exterior, es la debilidad de nuestro signo monetario. ¡ Qué tremendo es no decir con placer que uno es chileno! Sin duda, hay hechos históricos que nos honran; pero si se trata de la moneda nacional, "más vale non meneallo".
Sobre el particular, me limitaré a citar algunas cifras, porque en estos momentos tan sólo estoy dando algunos ejemplos acerca de este proceso, que daría para un análisis más detenido. El Presupuesto de 1952, último de las administraciones radicales, se hizo sobre la base del dólar calculado a 31 pesos. Eso ocurrió hace sólo 15 años. La Administración que terminó en 1958 calculó el Presupuesto de la nación sobre la base del dólar cotizado a 750 pesos; el régimen del señor Alessandri lo hizo sobre la base de 2 mil pesos; el presupuesto actual de la administración del Estado se ha formulado considerando el valor del dólar a 4.500 pesos, y el que se calculará para lo futuro, ya lo podemos prever.
Nadie puede ignorar que el signo monetario constituye la expresión de un estado organizado.
Desde luego, no diré que me cupo actuar cuando el dólar tenía un valor de 7 pesos. Ahí están las estadísticas, fáciles de revisar, respecto del valor de la moneda.
Pero todavía se pueden hacer otras comparaciones, que estremecen. Durante la última jornada eleccionaria de regidores, me encontraba en Osorno haciendo un comentario sobre estas materias, y me impuse de que allí un quintal de trigo costaba 30 escudos, o sea, 30 mil pesos; al mismo tiempo, un par de escobas, en esa provincia, valía 32 escudos, es decir, 32 mil pesos. ¡ Dos escobas -este adminículo doméstico que se había perdido, esfumado por la carencia de curagüilla- costaba mucho más que producir un quintal de trigo en Chile!
No se puede negar que comparaciones de esta índole estremecen el alma de quien quiere a su patria y observa, con responsabilidad, el plano inclinado por el cual vamos descendiendo día a día.
Quiero, en seguida, analizar un punto de las observaciones formuladas por el Honorable señor Von Mühlenbrock, a quien escuché con mucho agrado. Su Señoría aludió a una referencia que yo hice en la Comisión de Agricultura acerca de una situación que, en otros aspectos, también nos afecta: la población chilena que en la actualidad vive en la República Argentina. Probablemente, ésta alcanza a 500 mil ciudadanos; la cifra no se ha podido precisar. En todo caso, se sabe que en el gran Buenos Aires hay más de cincuenta mil chilenos, y en la zona de la Patagonia y en Neuquén, 300 mil a 350 mil compatriotas nuestros, que son resistidos. ¿Por qué? Porque han ido huyendo de su patria, para buscar comida y trabajo que les permita obtener un salario que en su país no ganan. Y son resistidos porque se emplean por la mitad del salario pagado al trabajador argentino.
Como consecuencia de lo anterior, el Gobierno argentino busca la manera de tomar medidas de carácter policial para sustraerse a esta emigración nuestra.
Pero ha ocurrido ahora un fenómeno que llama la atención: de país inmigratorio que debiera ser una nación subdesarrollada como la nuestra, que necesita fomentar sus recursos potenciales, nos hemos convertido en emigratorio. Y ese capital humano sale de la patria para irse a la Argentina, donde esos compatriotas nuestros son objeto de actitudes despectivas.
He luchado mucho con el país vecino, y seguiré haciéndolo. No es una actitud contraria al pueblo argentino, sino al sentido imperialista de sus gobernantes. ¡Esto sí que es doloroso!
Es curioso cómo hemos destruido nuestra historia. El primer país americano que inició el proceso inmigratorio fue Chile, al acreditar en Europa una agencia colonizadora, dirigida por el señor Phi- lippi, con quien colaboró el señor Pérez Rosales, que más tarde fue director de ese servicio. La gran obra inmigratoria consistió en la traída de muy pocos alemanes, no más de dos mil seiscientos, a quienes debemos la riqueza del territorio sur. ¡Extraordinaria!
Pero la agencia colonizadora que establecimos en Europa se cerró allá por el año 1902, a pesar de encontrarse realizando una labor extraordinaria. Las pruebas las hemos dado con el aporte alemán en el sur. ¡ Pesaba sobre ella el cargo de estar trayendo protestantes! ¡ Eso no lo toleraba el sentimiento católico de la República, y fue preciso cerrar la mencionada agencia!
Si alguien duda, basta con informarse de los procesos instruidos en contra de Vicente Pérez Rosales por las denuncias de que fue objeto ante el Gobierno en esa época.
La dirección de la Iglesia, no se dio cuenta de que la civilización continental estaría reglada por los protestantes, como lo está ahora por los eslavos en la parte oriente. No es la influencia católica la que ha sido motor central en la dirección de la corriente civilizadora de la humanidad. ¡No, señor Presidente!
Pero esto daría para mucho. Quiero tan sólo citar el caso y demostrar que la inmigración la inició Chile, y que, si la hubiera llevado con sentido de estadista, se Sabría transformado el país, porque tiene a su haber la calidad homogénea de su raza, valores profesionales y manuales, calidades de las cuales carecen otros pueblos. Porque Argentina, por ejemplo, registra en su población 70% u 80% de inmigrantes, que sólo buscan el modo de "hacer la América"; el resto es autóctono. Carece de los valores con que cuenta Chile.
Ahora, después de acaecidos aquellos sucesos, me viene un poco de tranquilidad al espíritu, porque comprendo que esos factores, bien dirigidos, constituyen un respaldo para el futuro de la patria.
Pero ésa es cuestión aparte.
Y bien, en estas tristes condiciones, expresadas cálamo currente, a vuelo de pájaro, ¿cree el Senado que con organismos como el Parlamento Latinoamericano, que actúa al margen de la Constitución Política, se resuelven nuestros problemas? ¿No se da cuenta de que cuanto más aumenta sus bancas mayor es el número de parlamentarios turistas ?