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Antecedentes
  • Senado
  • Sesión Especial N° 81
  • Celebrada el
  • Legislatura Extraordinaria periodo 1965 -1966
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Intervención
INCIDENTES EN EL MINERAL EL SALVADOR.

Autores

El señor CHADWICK.-

Señor Presidente:

Cuando el Senador que habla pudo imponerse de los hechos ocurridos en El Salvador, no ya por las informaciones que se transmitieron por radio, sino en el terreno mismo de los sucesos, y pudo comprobar por sí mismo las huellas, las manchas de sangre y los impactos de las balas, hablar con los testigos y recorrer los sitios donde sucedieron los acontecimientos, contrajo un compromiso, se impuso una obligación: establecer la verdad. En la tarde solemne de los funerales de las víctimas, dicho compromiso fue renovado ante un pueblo dolorido, frente a los ataúdes de las mujeres y los obreros asesinados, y ahora empiezo a cumplirlo.

Establecer la verdad es, sin duda, la primera obligación, la necesidad ineludible; es la base de todo enjuiciamiento político y moral de los hechos. Debe empezarse por demostrar que la versión oficial de los sucesos de El Salvador es una clara e inexcusable "mixtificación". Me ocupo en primer lugar en ella, por tener importancia que no se puede ocultar.

Esa versión fue cuidadosamente elaborada por el señor Ministro de Defensa Nacional y el Subsecretario del Interior. Gastaron por lo menos tres horas en presentar un relato más o menos coherente de lo que había sucedido en El Salvador. Doy ese lapso, a pesar de que desde las 11 de la mañana debe de haber habido preocupación en Santiago por lo que iba a ocurrir en ese mineral, ya que a esa hora se habían tomado las disposiciones para asaltar por sorpresa el local sindical, y a pesar de que los hechos que produjeron las primeras muertes ocurrieron sin duda alguna alrededor de las 2 de la tarde. Ese lapso resulta incuestionable, de aceptarse la versión, que en el Senado no se discute, de que los hechos habían terminado a las 3 de la tarde. Y como la versión fue entregada a los periodistas a las seis y media por los señores

Ministro de Defensa Nacional y Subsecretario del Interior, esa demora debe estimarse derivada de una detenida deliberación de parte de las más altas autoridades.

Debo agregar algo más. La versión misma no mira sólo al relato de los hechos: da cuenta de resoluciones de Gobierno de extraordinaria importancia. Termina afirmando que "a fin de auxiliar a las fuerzas cercadas en El Salvador que están en actual peligro de una agresión eminente, se ha dispuesto con urgencia el envío de refuerzos".

Se trata de una medida militar adoptada por el señor Ministro de Defensa Nacional, en razón de los hechos que en esa versión se consignan.

Y hay también una medida de extraordinario sentido político, cuya gravedad el Senado deberá considerar: el señor Ministro de Defensa Nacional afirma en ese comunicado que el Gobierno respalda la acción del Ejército y Carabineros, con lo cual se expresa que todo el Gobierno aprueba, apoya y defiende lo que habrían hecho el Ejército y Carabineros en esa tarde del 11 de marzo, en El Salvador.

Pero todavía no terminan las razones por las cuales es indispensable detenerse en la versión oficial del Gobierno.

Ella fue enfáticamente confirmada por Su Excelencia el Presidente de la República, en un discurso radiodifundido pronunciado en las últimas horas de la noche del viernes 11 de marzo. Entonces el Primer Mandatario hizo suya la versión. Volvió a hablar de que los obreros habían agredido de hecho, con armas y otros medios, a la fuerza pública, y calificó la acción de los partidos políticos del Frente de Acción Popular de alzamiento armado. Es el Jefe del Estado, quien, dirigiéndose a la nación entera, hace suya la versión oficial del Ministro de Defensa Nacional y del Subsecretario del Interior. Y esa decisión no se adopta precipitadamente, pues antes de que el Presidente de la República diera forma final a lo que habría de decir por radio al país, hubo un prolongado Consejo de Gabinete, que, según los diarios, duró más de una hora. Por lo tanto, el Gobierno, que mantenía comunicaciones con la fuerza pública de El Salvador por intermedio del jefe de la plaza y recibía llamados telefónicos minuto a minuto, tuvo al menos cuatro harás de reflexión, después de terminados los hechos, para decidir en qué forma los iba a presentar al país.

¿Cuál es la síntesis de la versión oficial? Hubo una rebelión contra la autoridad legítimamente constituida; el FRAP, en forma deliberada, precipitó el choque con armas de fuego entre trabajadores y tropas del Ejército y Carabineros.

Es necesario, con todo, leer esa declaración, aunque sólo sea para dejarla en definitiva incorporada al "Diario de Sesiones" de esta Corporación. Dice así:

"El proceso de reintegro a sus labores de los trabajadores del mineral de El Salvador, comenzado a raíz del decreto de reanudación de faenas que tenía por objeto poner término a un paro subversivo en el citado mineral, fue violentamente interrumpido por elementos especialmente adiestrados que, a las 14 horas de hoy, realizaron un ataque masivo con armas de fuego y otros medios de agresión en contra de la fuerza pública que cumplía una orden emanada del jefe de la zona de emergencia.

"De acuerdo con las informaciones transmitidas por las autoridades de dicha zona, estamos en situación de comunicar que, desde hace más o menos tres días, en abierto desafío a las normas impuestas por la autoridad militar, se iniciaron en el local del Sindicato de Obreros reuniones clandestinas, con participación de parlamentarios del Frente de Acción Popular y conocidos agitadores, con el fin de impedir la normalización del trabajo en El Salvador.

"En conocimiento de estas actividades, el jefe de la zona de emergencia, Comandante de Ejército don Manuel Pinochet, dictó en la mañana de hoy una orden para requisar el local sindical, de acuerdo con sus atribuciones legales.

"Personal de Investigaciones y Carabineros, con el resguardo de una agrupación de Ejército, lo que en total hacía una fuerza de 85 hombres, se dirigió al edificio del Sindicato, donde llegó a las 14 horas para cumplir esa medida.

"Desde el primer instante, la actuación de la fuerza pública encontró la decidida resistencia de unos 300 individuos que resguardaban el interior del local y de una poblada de aproximadamente 1.000 personas, que estaba estratégicamente ubicada en sus alrededores. La población total del mineral es de más de 10.000 personas.

"Cercados y agredidos de hecho con revólveres, cuchillos, piedras y otros elementos, el capitán al mando de la tropa ordenó a sus hombres repeler el ataque. Se produjo así un intenso tiroteo que se prolongó; por cerca de media hora, en cuyo transcurso la Fuerza Pública se fue replegando lentamente hacia la Comisaría de Carabineros donde fue finalmente sitiada, debiendo levantar barricadas y emplazar armas automáticas para impedir el asalto de la unidad.

"Como consecuencia del intercambio de disparos resultaron cuatro muertos, cuyos nombres son: Ramón Santos Contreras Pizarro, Manuel Contreras, Leopoldina Castillo y Marta de Miller. Hubo igualmente un número aproximado de 25 heridos, entre ellos el capitán de Ejército don Alejandro Alvarado Gamboa, que comandaba la tropa; el teniente de Carabineros don Luis Hald Mierau, tres carabineros y varios conscriptos. El capitán Alvarado y un carabinero se encuentran en estado grave.

"A fin de auxiliar a las fuerzas que se encuentran cercadas se dispuso el envío urgente de tropas de refuerzo.

"El Gobierno lamenta los hechos ocurridos que confirman la inspiración subversiva y política del paro; responsabiliza de ellos a los dirigentes que se han rebelado contra los Poderes Públicos y negado a obedecer las órdenes de la autoridad; y respalda la acción del Ejército y Carabineros en la difícil tarea que la defensa de los intereses nacionales les han impuesto una vez más.

"Al mismo tiempo, el Gobierno reitera su decidida voluntad de hacer respetar, por todos los medios legítimos a su alcance, el imperio de la ley y la subordinación de todo interés político o de grupo al interés general de la nación."

Honorable Senado, el relato contenido en este documento es un verdadero parte o boletín de guerra. Se da cuenta de un hecho de armas, de un combate, de un ataque en masa de 300 obreros y una poblada de mil personas, con armas de fuego, cuchillos, piedras y otros elementos, contra una fuerza pública de sólo 85 hombres que repele el ataque y que, por su inferioridad numérica, se repliega. Ello significa que retrocede, a fin de parapetarse detrás de barricadas, en la comisaría de Carabineros, que, en el lenguaje de El Salvador, se conoce como "el retén". La fuerza pública se ve en la necesidad, según esta exposición, de emplazar armas automáticas para impedir ser copada, es decir -utilizando las expresiones de ese comunicado-, para evitar el asalto a la unidad.

Hay muertos -dos obreros y dos mujeres, como dice el comunicado- y heridos. Pero en la fuerza pública, según declaración del señor Ministro de Defensa, que es la versión oficial mantenida después por el Presidente de la República, hay también un número indeterminado de heridos: desde luego -se dice al país-, el capitán jefe de la fuerza, don Alejandro Alvarado Gamboa, un teniente de Carabineros, tres carabineros y varios conscriptos. No se dice cuántos, pero son varios.

Si el país, que conoce esta versión, medita un instante en ella, llegará necesariamente a la conclusión de que ha habido cierta equiparidad en las consecuencias. La cifra de cuatro muertos y algunos heridos, en esa poblada de mil personas que se ha sumado a los 300 obreros especialmente preparados para el ataque, está más o menos en equivalencia, contando los heridos, con los cinco que menciona de manera directa el comunicado del Gobierno y con los varios heridos entre los conscriptos.

Debe llegarse a la conclusión de que el comunicado tiene por objeto relatar una situación militar extremadamente difícil para la fuerza pública, porque si bien el combate o la batalla han sido hasta ese momentos ganados por sus adversarios, no ha sido tomado el retén de Carabineros, ni ultimada la tropa. La suerte de ella es todavía indecisa, pues continúa cercada y se envían tropas de refuerzo, que posiblemente, en esta emergencia, no llegarán a tiempo.

¡Este era el clima que estaba llamado a suscitar el comunicado responsable, cuidado mamante elaborado y, después, vuelto a examinar por el Gobierno en conjunto!

Toda esta relación es una fábula, una invención. No hay una sola afirmación trascendente que esté en concordancia con la verdad; absolutamente ninguno de los hechos importantes afirmados después de tanta deliberación y consulta, difundidos con tanta autoridad, reiterados y hasta ahora nunca desmentidos, corresponde a la realidad.

El señor Ministro de Defensa, según los diarios del sábado, tuvo el propósito de ir a El Salvador. No fue. Los Diputados y Senadores democratacristianos que estuvieron en el sitio del suceso, cuando éste ocurrió o después, tampoco han desmentido esa versión, que hasta el momento representa la posición oficial del Gobierno.

El Gobierno respalda a los jefes militares; denuncia la rebelión armada del Frente de Acción Popular; afirma que los muertos y heridos -obreros, mujeres y niños- cayeron en la agresión que ellos cometían contra una fuerza armada que debió replegarse, levantar barricadas y mantenerse cercada en espera de refuerzos.

Esa versión, Honorable Senado, es absolutamente falsa. No existió ni pudo existir combate o batalla; no hubo ni pudo producirse el ataque en masa, con armas de fuego y otros medios de agresión, contra la fuerza armada; no se produjo ni pudo ocurrir en manera alguna el intenso tiroteo que habría obligado a la fuerza pública a replegares; no se levantaron barricadas, ni se emplazaron armas automáticas, ni estuvieron cercadas las tropas, ni era urgente el envío de refuerzos.

La demostración de ello descansa en los hechos, absolutamente indiscutibles y que nadie puede osar poner en duda porque no se encontró ni una sola arma, ni en poder de los muertos ni de los heridos, ni en el terreno, ni en el sindicato ni en los lugares vecinos. No se ha hallado un casquete de proyectil que pudiera corresponder a un arma distinta de la que usa la fuerza pública. Salvo una versión que el domingo en la noche circuló en El Salvador, en el sentido de que un herido, a última hora, afirmaba haber visto a alguien herir al capitán, nadie ha sostenido responsablemente: "Yo, desde tal punto, vi a un hombre de tales características disparar".

Pero no es sólo eso, Honorable Senado. No hay un impacto, una huella de disparo hecho al retén de Carabineros, que en el comunicado se llama comisaría. No hay un conscripto herido, ni tampoco un suboficial de Ejército, ni un teniente de Ejército, ni un carabinero, ni un suboficial de Carabineros. En cuanto al teniente señor Hald, tiene una contusión tan leve, que ni siquiera aparece en la lista oficial de los heridos entregada por el hospital de El Salvador, de propiedad de la Andes Copper, y no le impidió jamás desempeñar sus funciones normalmente. Sólo el capitán, como lo va a oír el Senado, dice que fue herido al sacar su pistola, lo que viene a confirmar el relato de todos los testigos, quienes afirman que ese capitán se hirió por accidente con su propia arma. Ello vendría, no digo a justificar, sino a decirnos por qué "La Nación" del sábado sostiene que al capitán le quitaron el arma y con ella le dispararon, aunque los médicos -quiero anticipar, desde luego, que así me lo dijeron dos facultativos, en presencia de otros tres, como ya lo expresé en el Senado- atribuyan esa herida al resultado de un disparo casual de la tropa, porque corresponde en sus características a heridas causadas por proyectil de guerra.

Si en la fuerza pública no ocurrió sino lo que pasó al capitán; si no hay armas ni vestigio de uso de ellas, veamos lo que muestran los muertos: uno de ellos, con un tiro en la nuca, a la distancia, alcanzado por proyectil de guerra, que va de atrás hacia adelante; otro, obrero de la construcción, en el lugar o sitio de su trabajo. Estos dos muertos dicen que no formaban parte del ataque en masa contra la fuerza pública.

Hay también dos mujeres muertas. No he visto las autopsias, pero fui informado por los médicos de que una de ellas tiene dos heridas de bala en las piernas que le produjeron hemorragia fatal, con proyectiles que la alcanzaron de atrás hacia adelante; la otra tiene una herida que comprometió la articulación sacroilíaca, que une la espina dorsal con los huesos superiores de la pelvis, y los intestinos.

¡Así caen las dos mujeres! ¡Así hablan los muertos!

¿Y los heridos? En las piernas, en los brazos, en los hombros.

Un muerto tiene una herida de frente en la región epigástrica.

¡Pero si los muertos y heridos están acusando la falsedad de la versión del Gobierno, en igual forma que la confirman la falta de heridas o de otras víctimas en la fuerza pública y la carencia de todo rastro de uso de armas por parte de los obreros!

Pero también existen otros antecedentes que proclaman esa falsedad.

Si debiéramos creer al Ministro de Defensa Nacional, al Consejo de Gabinete, al Presidente de la República y a todos cuantos han estado vociferando esta versión por las radiodifusoras, el sindicato habría sido el centro de la acción agresiva. De ahí habrían partido los disparos; allí habrían estado guarnecidos los trescientos obreros especialmente adiestrados. Pues bien, en el interior de ese edificio no hay un muerto, un herido, una poza de sangre, un arma, un casquete, un impacto que señale la salida de un disparo de adentro hacia afuera. ¡Nada! nada que revele que desde allí se hizo un ataque en masa.

En cambio, la puerta posterior fue forzada para abrirla; conserva aún el candado puesto. Es la puerta posterior que permitió huir a la gente. Una ventana contigua, con su marco arrancado por la desesperación de los obreros para abrirla y poder escapar; numerosos orificios de proyectiles de guerra que atraviesan la pared anterior de zinc, la pared posterior y, por último, perforan el cerco del estadio, hecho del mismo material. Todos estos son testimonios incuestionables de que el edificio del sindicato fue baleado cuando estaba desocupado, porque no hay un muerto, un herido, una poza de sangre, nada que permita creer que fue acribillado cuando se encontraban allí los obreros.

Veintiuna horas después de ocurridos los hechos, la sede sindical conservaba el testimonio de los gases lacrimógenos en sus rincones, y el ambienté, a veces, se hacía insoportable.

Estos antecedentes obligan a concluir con absoluta certeza, sin que a nadie le sea permitido dudar de que la versión del Gobierno es falsa, que no existió el ataque en masa, con armas, por parte de gente adiestrada, que desde el interior del sindicato agredió a la fuerza pública.

¿Pero cuál es la verdad? ¿De qué manera se relacionan los antecedentes, unos con otros, para tener provisionalmente una relación de hecho, concordante en lo posible con la verdad?

El Honorable señor Hugo Miranda y el Senador que habla, y los Diputados señores Orlando Poblete, Luis Aguilera y Francisco Sepúlveda, nos preocupamos, durante horas, de reunir los antecedentes que nos permitieran presentar al país una versión lo más acorde posible con los hechos ocurridos. La terminamos a las 12 de la noche, y es del tenor siguiente:

"Versión de los hechos ocurridos en El Salvador, el viernes 11 de marzo de 1966, según información recogida por los parlamentarios firmantes.

"Minutos antes de las dos de la tarde, tropas del Ejército transportadas en tres camiones se unieron a efectivos de Carabineros e Investigaciones y se apostaron frente al local del Sindicato Industrial.

"Se hallaban, en esos momentos, en dicho local, alrededor de 200 obreros. Buena parte de ellos estaba almorzando, lo que es habitual que se haga en el Sindicato cuando hay paralización de faenas y eran atendidos por esposas de trabajadores. Contribuía a que la concurrencia fuera crecida el hecho de que la movilización colectiva que sirve a los campamentos de Indio Muerto e Intelec, estaba suspendida.

"El Honorable Diputadodon Francisco Sepúlveda se había retirado del Sindicato más o menos a las 13.30 horas.

"Informados los obreros de la presencia de la fuerza pública por dos esposas de trabajadores que extendieron después una bandera chilena, se agolparon en la puerta de entrada del Sindicato. Se les acercó el teniente de Carabineros señor Hald, acompañado del suboficial Luis Abarzúa y un piquete de tropa. Pretendió entrar sin cumplir ninguna formalidad, lo que provocó la protesta de los obreros.

Esto último fue suficiente para que el suboficial lanzara bombas lacrimógensa al interior del Sindicato, siendo seguido por otros individuos de tropa en la misma acción. Rompieron, además, una ventana con el mismo propósito.

"Semi asfixiados por los gases, los obreros rompieron la puerta posterior del edificio que estaba con candado y una ventana contigua, para escapar. En un grupo corrieron en dirección al norte por una franja de terreno que delimitan el Sindicato y el Estadio. Al llegar a la esquina noroeste del Sindicato fueron objeto de una nueva agresión con bombas lacrimógenas por parte del mismo teniente, el mencionado suboficial y el piquete que los acompañaba. Se produjo una gran confusión; los obreros se dividieron en dos grupos, y por primera vez la fuerza pública les disparó."

Ruego al Honorable Senado que ponga atención en este hecho que se acaba de afirmar: en esa oportunidad se produjeron por primera vez los disparos.

"Una parte de los obreros logró escapar arrancando unas piezas de calamina que sirven de cerco al Estadio y otra se dio a la fuga en la dirección en que habían salido. Entre estos últimos, fueron muertos Raúl Francisco Monárdez, por herida a bala cuyo orificio de entrada indica con absoluta claridad que fue alcanzado de atrás hacia adelante; y Mauricio Dubó Bórquez, por herida de bala con orificio de entrada en la región epigástrica. Otros quedaron heridos, también, a bala. No es posible indicar con toda exactitud los lugares en que cayeron las demás víctimas, salvo las excepciones que más adelante se expresan.

"Cuando el grupo mencionado de carabineros abrió el fuego..."

Segundo hecho sobre el cual llamo la atención al Honorable Senado. "... lo hicieron también las tropas del Ejército que se encontraban apostadas al frente del local sindical, y son muchos los impactos de bala que se observan en las paredes de zinc calaminado del edificio. Es digno de anotar que numerosas balas traspasaron esas paredes y se dice que uno de los muertos fue alcanzado por uno de esos proyectiles, en la parte exterior y posterior del Sindicato.

"Mientras se recogían los heridos la fuerza pública no dejó de disparar, pues lo hacían en forma intermitente" -llamo la atención al Senado sobre este tercer hecho- "cuando los obreros que se habían echado al suelo intentaban correr. Por fin, se suspendieron los tiros y disparos quedando un cordón de fuerza armada al frente del Sindicato. Los cadáveres de Monárdez y Dubó no fueron recogidos.

"Cuando cesaron los disparos y la alarma había cundido por toda la población, hombres, mujeres y niños se agruparon de preferencia detrás del cordón formado por la fuerza pública a la altura de una postación, a pocos metros del retén de Carabineros.

"Transcurrieron alrededor de veinte minutos, el capitán de Ejército señor Alejandro Alvarado Gamboa, sufrió una herida a bala en el tercio medio de la pierna derecha con orificio de entrada en su parte posterior y con fractura expuesta de la tibia.

"Sobre esta lesión el Senador Chadwick fue informado en el Hospital de El Salvador por el Subdirector del Servicio Médico de la Compañía Dr. Manuel Vidal de la Cruz y por el Dr. Samuel Pantoja, Jefe del Hospital de El Salvador de la misma Compañía, que el tipo de herida que presentaba tenía las mismas características que el resto de las víctimas.

"Este punto fue largamente examinado e incluso se tuvo a ¡a vista un proyectil recogido en el lugar de los hechos.

"Los mencionados médicos Vidal y Pantoja fueron especialmente explícitos en afirmar que sin ser ellos peritos balísticos ; el orificio de entrada los hacía pensar que la herida del capitán Alvarado correspondía a proyectil de guerra.

"Estas declaraciones se hicieron en presencia de los médicos Dr. Ljuvetic, Dr. René Nahmías y Dr. Sergio Infante.

"Numerosos testigos expresan que el capitán Alvarado se habría herido con su propia arma en forma accidental al bajar precipitadamente un terreno irregular. Sin embargo, los referidos médicos Vidal y Pantoja, impuestos de esta versión, la desestimaron prefiriendo la hipótesis de que se hubiese escapado un disparo a un individuo de tropa.

"Sea cual fuere lo ocurrido al capitán Alvarado, este hecho desencadenó la acción descontrolada de la fuerzas pública que disparó en todas direcciones.

"Se afirma reiteradamente que el Suboficial de Carabineros Luis Abarzúa tuvo principal participación en estas nuevas descargas.

"El pánico dominó a los pobladores y fueron heridos de muerte Ofaldina Chaparro Castillo, Marta Egurrola de Miles y Manuel Contreras Castillo. Además, quedaron mortalmente heridos Delfín Galaz Duque, obrero de la firma Constructora Forham, en el mismo sitio de su trabajo y Ramón Santos Contreras Pizarro. Ya se ha dicho que uno de los heridos graves lo habría sido en la parte exterior y posterior del Sindicato, sería Luis Alvarado Tabilo, que falleció posteriormente en el Hospital de El Salvador.

"Una vez recogidos los heridos la fuerza pública volvió a su posición primitiva apostada frente al Sindicato local que se mantuvo absolutamente desocupado mientras grupos de obreros rodeaban los cadáveres de Monárdez y Dubó.

"La lista de heridos entregada por el Departamento Médico de Andes Copper Mining sólo registra el nombre del capitán Alvarado Gamboa, por parte de la fuerza pública, y treinta y cinco civiles.

"A la exposición anterior debemos agregar que no hay ningún antecedente que permita suponer que los obreros estuvieron premunidos o usaran armas de fuego. No se encontraron armas en poder de ellos ni en el sitio en que ocurrieron los sucesos y la fuerza pública no tuvo entre su personal otros lesionados que el capitán Alvarado y el teniente de Carabineros señor Luis Hald M., que por presentar solo una contusión leve, no figura en la lista de heridos ya referida y continúa prestando servicios normalmente.

"En consecuencia, resulta abiertamente inverosímil, tendenciosa y apartada de los hechos la versión que el Gobierno ha presentado al país."

Esta declaración fue suscrita el 12 de marzo, en la noche, por el Senador señor Miranda, los tres Diputados mencionados y el Senador que habla.

Si se compara esta versión de los hechos, vertida en la noche del día sábado, con la que da el domingo el capitán de Ejército señor Alvarado, la cual fue publicada en "El Mercurio" del lunes, podremos comprobar extraordinarias coincidencias, aun cuando, por cierto, diferimos en más de un hecho con dicho oficial.

Dice la versión del capitán Alvarado:

"Más o menos tipo 11 del día, yo recibí la orden del Jefe de la Zona de Emergencia, mi coronel Pinochet, de efectuar una acción para confiscar el sindicato obrero. Sobre esa base organizamos mi plan de acción, yo con los oficiales a mi disposición, y a las 14 horas -poquito antes de las 14 horas- embarqué mi gente en los camiones, me dirigí al lugar del sindicato tratando de producir sorpresa, ya que pensábamos que a las 14 horas habría muy poco personal porque se encontrarían en sus casas almorzando. Los camiones son muy grandes y visibles, así es que antes de acercarnos al sindicato nos vieron y se atrincheraron inmediatamente dentro del local. Una vez que llegamos al sindicato bajamos y el teniente Hald y el suscrito más un funcionario de Investigaciones que estaba al lado mío, de quien no roe acuerdo su nombre, 8 carabineros y 8 soldados tratamos de entrar al sindicato. Fue totalmente imposible. La gente estaba en la puerta con fierros en las manos, con piedras, gritando, vociferando. Tratamos de hacernos entender. Pero, mi voz... no hubo caso, no se pudo imponer ante esa multitud enardecida. Yo leí, entonces, la orden que me había dado mi coronel Pinochet y como no hubo ningún acuerdo, no llegamos a entendernos, a comprendernos, ordené lanzar una bomba lacrimógena. Para que la turba no se viniera encima y pudiera salir por la puerta trasera, cerramos la entrada. Y entonces al tener cerrada la puerta de entrada salieron por detrás y empezaron a arrojar piedras y fierros por arriba del sindicato, motivo por el cual yo y los conscriptos que estaban ahí y unos carabineros nos replegamos y nos pegamos a la marquesina, a la muralla, para que la marquesina nos protegiera de las piedras. Estuvimos un buen rato ahí y el teniente Hald se corrió por el lado izquierdo del sindicato hacia el lugar por donde estaban saliendo los obreros."

Repare el Senado.

"Ahí, en ese instante, yo escuché el estampido de un revólver, porque yo como militar, conozco el estampido de las armas, son inconfundibles.

"Se sintieron otros tiros más. Se sintieron las descargas y yo inmediatamente ordené cesar el fuego, a viva voz. Por suerte me escucharon y el teniente Muñoz repitió la voz de cesar el fuego. Nos quedamos un rato a la expectativa, a la espera, porque yo, por iniciativa propia, traté de ir a parlamentar nuevamente con los obreros que se encontraban ahí en el Sindicato. No pudimos entendernos y en ese momento recibí yo un piedrazo en la cara, en el costado derecho. Me parece que hay una declaración en algún diario que dice ahí que yo estaba con casco... Aunque esto me cueste una reprensión de mi jefe, yo andaba sin casco. En vista que una vez que recibí el piedrazo caí a tierra, medio atontado, traté de incorporarme; volví a caer y dos conscriptos corrieron a recogerme y me replegaron hacia el centro donde nos habíamos quedado a la expectativa produciéndose una descarga cerrada."

La fuerza se había quedado al centro, a la expectativa, y de allí salió una segunda descarga cerrada, según dice el capitán. En seguida agrega:

"Ordené nuevamente cesar el fuego y quedarnos a la expectativa. De repente, inician nuevamente unos movimientos envolventes para tratar de coparnos, premuniéndose los obreros, de piedras y fierros. Ahí ordené yo abrir el fuego, pero ráfagas cortas. Inmediatamente cesó el fuego. Ahí hubo un tiempo también. Quedamos a la expectativa. Posteriormente yo me dirigí ai teléfono para darle cuenta a mi Coronel Pinochet de la situación que vivíamos. Al llamar por teléfono a mi coronel le manifesté que estábamos rodeados. A esa altura ya debían haber sido unos 500 obreros o quizás más, furiosos, enardecidos, con los rostros desfigurados por el fanatismo, enarbolando banderas, gritando viva Chile, cantando la Canción Nacional. Le doy cuenta a mi coronel, yo, que había muertos y heridos. Mi coronel, como soldado, yo lo conozco a él muchos años atrás, yo sabía lo que me iba a responder. Yo más que nada hacía esa llamada para poner en antecedentes a mi jefe. Dispuso mantenernos ahí a la expectativa en el lugar, porque también le dije a mi coronel Pinochet: "Si usted quiere que yo cumpla la orden que usted me dio de tomarme el Sindicato, tengo que disparar a matar y ahí va a quedar la carnicería", porque todos los conscriptos que estaban a mi mando estaban con fusiles, armas automáticas mortíferas en su tiro.

"Volví nuevamente donde mi tropa para, por lo menos tratar de apaciguar los ánimos. Fue un momento terrible ése. Deben haber sido unos 20 minutos, porque ahí nuevamente se reanudaron las demostraciones de fanatismo. Mujeres... echaban a las mujeres adelante y se envolvían en banderas chilenas. Trataban de convencer a los conscriptos para que me dispararan por la espalda, porque yo estaba al frente de mis conscriptos. Les tiraban plata... Aquí, esto para mí es lo más grande y lo más lindo... el conscripto, recién... que pasa un año en el cuartel, leal a sus jefes... Impertérrito el hombre, un valor sereno, que me conmovía y me hacía afrontar a la turba. Hubo un momento en que se me empezó nuevamente a juntar gente ya no por el lado del Sindicato, sino que por la calle que va al Mercado de El Salvador, enarbolando banderas chilenas y gritando... Mujeres también gritando, transfiguradas y trataron de cortamos en dos. Yo me di cuenta inmediatamente de la situación. Si hacían eso estábamos liquidados, porque nos íbamos a balear nosotros mismos, porque iban a pasar por el centro y al tratar de defendernos, nos íbamos a matar unos a otros. Yo salí inmediatamente a detener a esta multitud que se venía por el centro. Y al sacar mi pistola para amedrentarlos, recibí un balazo en la pierna. Ahí caí a tierra, y había dos conscriptos, si mal no recuerdo, que me levantaron y cuando me llevaban en dirección a la Comisaría de Carabineros, sentí una descarga cerrada de fusilería. Posteriormente supe yo que después de esa descarga cayeron 4 hombres muertos, 4 obreros, pero que se apaciguaron los ánimos.

"Eso es todo. Todo lo demás que se diga es mentira. Yo estoy diciendo la verdad. Ustedes me juzgan."

Aunque sea fatigoso, era indispensable leer este documento, porque permite encontrar las coincidencias fundamentales entre nuestra versión, elaborada el sábado en la noche, y la que da al día siguiente el oficial que mandaba las fuerzas, la cual fue publicada por "El Mercurio" el lunes 14 de marzo.

La primera coincidencia consiste en que el capitán dice que la operación estaba planeada para realizarse por sorpresa, con lo cual se destruye aquello de que en el local del Sindicato había trescientos obreros especialmente adiestrados. Y no se diga, Honorable Senado, que el jefe de la fuerza pública no podía saber lo que pasaba en el interior de ese local, pues si manifiesta conocimiento de que allí se realizaban reuniones clandestinas, es porque estaba informado de lo que ocurría. Por lo demás, si vivimos en Chile y estamos al tanto de la existencia y recursos de la policía política, como también de los soplones, no podemos dudar de que el jefe de plaza, asesorado por detectives de Investigaciones, enviados a la región especialmente, estaba cabalmente informado de cuanto ocurría en el local del Sindicato. En consecuencia, al ordenar el ataque por sorpresa, contó con que los supuestos trescientos obreros especialmente adiestrados, según la versión del Gobierno, no pasaban de ser una fábula. Reconoce, no sólo que se proponía una acción por sorpresa, sino también que ella empezó a realizarse sin mediar ningún acto o acometimiento físico. Todo se limitó, según el capitán, a agruparse en las puertas -nosotros empleamos la expresión "agolparse"-. Y ese oficial agrega que estarían armados con fierros, palos y piedras, y que vociferaban. En cambio, en la versión oficial las cosas se presentan de otra manera. Ella dice:

"Desde el primer instante la actuación de la fuerza pública encontró decidida resistencia y después de cercadas y agredidas de hecho con revólveres, cuchillos, piedras y otros elementos, el capitán al mando de la tropa ordenó a sus hombres repeler el ataque."

No hay, entonces, relación alguna de conformidad entre lo dicho por el capitán y lo que sostiene la versión del Gobierno.

Para que el Senado aprecie en su cabal alcance lo que fluye de esta primera coincidencia entre lo dicho por el capitán y lo que relatamos nosotros en el documento del día sábado, es necesario llamar la atención sobre las palabras usadas por dicho oficial: "No hubo acuerdo, y por eso ordené lanzar una bomba lacrimógena y cerrar la puerta". De manera que la posibilidad de que se haya expresado mal, de que sus palabras lo hayan traicionado, debe descartarse. Tal afirmación, la primera que estoy examinando, corresponde a un hecho que ha tenido presente muy en conciencia.

Como es natural, no coincidimos con las limitaciones y acomodos del capitán. Cuando él habla de "una sola bomba lacrimógena"', falta a la verdad. ¡Se emplearon más de setenta bombas lacrimógenas! Buena parte de ellas se lanzaron al local del sindicato, pero las otras se tiraron en terreno abierto. Pero que se haya lanzado sólo una bomba lacrimógena, es absolutamente inverosímil y falso.

Repito que en esta primera parte coincidimos en lo esencial: no hubo disparos ni siquiera cuando la puerta del Sindicato fue cerrada por el capitán...

Segunda coincidencia: los obreros escaparon por la parte posterior del local del sindicato. Ello significa que no estaban preparados para nada. Es tal la evidencia de lo que estoy afirmando, que nadie me impedirá decir que aquí está la prueba incontrarrestable de la mentira del Gobierno. En efecto, escaparon los obreros por la parte posterior, pero no estaban predispuestos para hacerlo, pues tuvieron que romper la puerta que estaba cerrada con candado y éste aparecía a la vista de todos, cerrado, cuando el sábado inspeccionábamos el local del sindicato. Si los obreros rompen una puerta porque no la pueden abrir de otra manera; si quiebran el marco de la ventana contigua para poder escapar, es porque no estaban preparados para un ataque de esta especie. No concibieron que se les cazaría como a ratas; no llegaron a pensar que en un local cerrado se les lanzarían esas bombas lacrimógenas, las cuales impiden respirar, producen semi-asfixia y llevan a los hombres a la desesperación. Esto se deduce de la versión del capitán y de lo que nosotros habíamos visto y oído. Lo afirmado por nosotros en forma responsable el día sábado, encontró confirmación al día siguiente en la declaración del jefe de la fuerza pública, si bien éste acomodó los hechos.

La tercera coincidencia es tremendamente reveladora de la falsía existente en el informe del Gobierno; el primer disparo no se produce contra el Ejército. El capitán no dice contra quién se disparó ni de dónde salió la bala: sólo expresa que sintió un disparo. ¿Cuándo? Aquí afirma un hecho en plena coincidencia con nosotros: cuando los obreros escapaban -y lo hacían corriendo por la franja de terreno que delimita el edificio del sindicato, por una parte, y el cerco del estadio, por otra-, fue la fuerza pública a interceptarles el paso. Según nuestra versión, allí se lanzaron otras bombas lacrimógenas, y se produjo nueva confusión, según el relato del capitán. Si agregamos que allí disparó por primera vez la fuerza pública, la de Carabineros, y el capitán reconoce que allí se produce la primera descarga -él no la vio, pues dice que sólo sintió los disparos, y pretende que a su oído era fácil distinguir el calibre del arma-, yo digo que ello es inverosímil, ciado que la natural confusión, los ruidos y otros elementos perturbadores impiden la percepción exacta del disparo. En esta coincidencia estamos acusando al Gobierno, porque si se intercepta a quienes corren de un lado a otro; a quienes ya sufren el efecto de los gases, a quienes tienen que romper una puerta o una ventana para poder escapar, y se les vuelve a lanzar gases, ¿es admisible pensar que esa gente tuvo que bajar la cabeza y soportar la nueva agresión? No lo digo como hecho definitivo, pero está dentro de lo verosímil, de lo posible, que alguien haya tomado una piedra y la haya lanzado al oficial de Carabineros que tiene ese rasguño en la frente: el único herido, con contusión leve. Ello precipitó la masacre, porque, aun cuando el capitán no lo dice directamente, debe leerse entre líneas que está conforme con nuestra versión.

Allí cayeron los primeros muertos. Allí fueron asesinados los camaradas Monárdez y Dubó. Monárdez con un tiro en la nuca.

He visto el lugar donde cayeron, a 20 ó 30 metros del lugar del cual parecía que escapaban. Esto explica lo que el Senado sabe: en su desesperación, una parte del grupo volvió sobre sus pasos, porque la fuerza de Carabineros los interceptaba y procedió contra ellos. Arrancaron -ésta es la expresión justa-, para huir hacia el estadio.

i Esos eran los trescientos obreros adiestrados que, según la versión del Gobierno, agredieron con arma de fuego y otros elementos a la tropa de! Ejército! ¡Compañeros de El Salvador que estaban almorzando, mujeres que los servían, "gaseados" y perseguidos después por la fuerza pública, cuando ya habían abandonado el sindicato!

El capitán coincide en un cuarto punto con nosotros cuando -no lo menciona de modo directo, pero reconoce en el texto de su versión que los dos primeros muertos cayeron en esta incidencia, además, de algunos heridos -reconoce que hubo disparos intermitentes. Explica las diferentes ráfagas a su manera, pues, en su calidad de inculpado, tiene la obligación de justificarse. No es un testigo que declara: es un inculpado que confiesa, y de allí el valor de lo que dice. El oficial reconoce que hubo intermitencias en los tiroteos y hasta ahora jamás ha vuelto a hacer alusión alguna a ataques con arma de fuego, salvo-ese proyectil o disparo que -entiende- era de arma corta, y que no vio porque él estaba delante del sindicato y los hechos ocurrieron el parte posterior. Pero acepta. sí, que se disparaban ráfagas de armas que, según su propio testimonio, están llamadas a matar cuando tocan cualquier parte vital del ser humano y que tienen alcance a tres mil metros de distancia; armas que disparan proyectiles que atraviesan los muros del sindicato y el cerco del estadio sin desviar su trayectoria; armas de guerra, como guerra es la que declaró el Gobierno a los mineros de El Salvador, al ocupar de emergencia el mineral, en uso de facultades que la ley dispone sólo para cuando hay guerra exterior, invasión del territorio por fuerza enemiga, o calamidades públicas, como terremotos, pestes u otras devastaciones. Era la mano del Gobierno la que disparaba esas armas. El capitán reconoce que así se hacía, sin que hubiera agresión de parte de los obreros, sin que se le disparara a él ni a su tropa. Para excusar, en parte, su conducta, pretende que fue a parlamentar con los obreros que se encontraban en el sindicato, pero en ello falta nuevamente a la verdad, pues -repito-, veintiuna horas después el loca! sindical conservaba vestigios de gases lacrimógenos, a pesar de haberse mantenido abiertas puertas y ventanas, y circular, por lo tanto, el aire.

¿Podrá creer alguien que iban a entrar de nuevo los obreros al local sindical, cuando ese recinto cerrado había sido bombardeado con gases lacrimógenos, hasta el extremo -lo saben ya los señores Senadores- de que los trabajadores, desesperados, destruyeron puertas y ventanas para escapar? Sin embargo, el capitán, para justificar los disparos intermitentes a que nos hemos referido después de investigar los hechos, la noche del sábado, afirma que fue herido con una pedrada cuando iba al sindicato para hablar con los obreros.

He cido a los médicos decir que ese oficial tenía una contusión porque cayó cuando se hirió en la pierna derecha. Entonces, ¿fue pedrada? No lo vi, ni he tenido a mano -y es imposible que lo tenga ahora- el informe médico legal respectivo.

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