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Antecedentes
  • Senado
  • Sesión Ordinaria N° 20
  • Celebrada el
  • Legislatura Ordinaria año 1967
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Intervención
ANALISIS DE QUERELLA CONTRA EL SENADOR CARLOS ALTAMIRANO Y DE LA SITUACION POLITICA GENERAL.

Autores

El señor ALLENDE.-

Señores Senadores, tengo por "El Mercurio" una urticaria personal, moral. Por higiene pública -y por falta de tiempo- no me referiré, en este instante, a ese rotativo. Tengo documentos que algún día expondré ante el Senado para que el país entienda qué vinculaciones siniestras ha tenido y tiene esa empresa, que defiende sus intereses, que no son los de Chile, y cómo ha interpuesto siempre sus propias conveniencias a las nacionales.

Pues bien; ese diario me honra también con su propia urticaria con relación a mi persona. Claro que la de él es mercenaria. La mía es biológicamente auténtica y gratuita. Tengo aquí, Honorable señor Fuentealba, recortes obtenidos de la buena Oficina de Informaciones del Senado: todo un naipe de caricaturas. Es la misma, que se repite cada tres o cuatro días. El Presidente del Senado forma parte de una carta con dos cabezas: una, la legal, la que represento allí, en esa Mesa, por la voluntad mayoritaria de los Senadores; la otra, la subversiva, la siniestra, la sanguinaria.

"OLAS" DE PRESIDENTE

En lo personal, no me alcanza nada de lo que "El Mercurio" dice, señores Senadores. Sé muy bien a quiénes se paga y por qué se les paga. Lo que me inquieta es que nazis confesos de ayer, que combatí con las armas en la mano en mi época de juventud, sean hoy día vestales de la democracia, de esta democracia. ¡ Director y Subdirector de ese diario, vestales de la Democracia! Pero deben guardar todavía, en sus roperos, envejecidos uniformes con los cuales mancharon las calles y pla-zas de nuestra patria.

Lo mismo que en escala internacional. Es decir, cacatúas mentales que repiten lo que antes les señalaron otras capitales. En Lima y Caracas, en Buenos Aires y Montevideo, les enseñaron a escribir en mi contra, en contra de la voluntad mayori-taria del Senado, en contra de la posibilidad de que un marxista sea Presidente de esta Corporación.

La Democracia Cristiana y "OLAS".

Pero eso no me inquieta, porque reconozco que busqué el pronunciamiento de esta Sala acerca de la pregonada incompatibilidad. Hubo una posición de principios en la resolución sobre la materia de fondo adoptada por el Consejo Directivo de la Democracia Cristiana, aunque muchos de los aspectos en que funda su resolución no puedo, por cierto, compartirlos. Pero es indiscutible que tal posición de principios existe. Y por eso la censura de la Derecha no ha de prosperar. El Partido Nacional, en una orfandad infinita, la archivará o la presentará para sacar intransigentes y sectarios votos.

Pero hay un hecho que va mucho más allá, que es lo que me interesa dilucidar esta tarde, sobre todo frente a los señores Senadores democratacristianos. ¿Es que toda esa campaña va en contra de un hombre? ¡No! ¡Si yo tengo sentido de las proporciones! Está dirigida en contra de lo que representamos, y por eso se ataca al Honorable señor Altamirano, porque es el pensamiento revolucionario auténtico de un partido como el nuestro. Son el Frente de Acción Popular, la unidad, lo que duele, lo que inquieta y la perspectiva de que otras fuerzas se sumen a la lucha antimperialista. Porque se comprende que no hay en América Latina, a pesar de todos nuestros problemas, un movimiento más maduro, más fuerte, excepto el de Cuba, que el que tenemos en Chile.

Ustedes lo comprendieron así, y en la pasada campaña presidencial desataron toda una política de terror, fatídica, creando una falsa alternativa: dictadura marxista o democracia. Y ahora, al cabo de dos años y ocho meses de Gobierno, un sector de la Democracia Cristiana., a casi tres años de una elección, ya está planteando la misma alternativa; ya está diciendo que ahí está la amenaza, que no hay otra posibilidad que la perpetuación de la Democracia Cristiana o el marxismo, que apunta con toda su peligrosidad. Y entonces se juntan Gobierno, Democracia Cristiana y "El Mercurio" para acometer en contra de un pensamiento, una doctrina, una idea.

Este proceso, señores Senadores, no es de ahora.

La lucha antimperialista.

Tiene raíces mucho más profundas, mucho más serias. En 1962, allá mismo, en Punta del Este, se reunieron los Cancilleres de América Latina, para proclamar la excelencia de la Alianza para el Progreso, pero también para tomar una resolución: que era incompatible con los regímenes democráticos representativos de América Latina la presencia de un Gobierno mar-xista-leninista.

He aquí el texto oficial del acuerdo de la Octava Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores para servir de órgano de consulta en aplicación del Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca.

Punta del Este, Uruguay,

22 a 31 de enero de 1962.

"Declaración:

1°.- Que la adhesión de cualquier miembro de la Organización de Estados Americanos al Marxismo-Leninismo es incompatible con el Sistema Interamericano y el alineamiento de tal Gobierno con el bloque comunista quebranta la unidad y la solidaridad del Hemisferio."

Existe, pues, toda una confabulación internacional, que se proyecta lenta pero firmemente, y que adquiere carácter distinto y adopta métodos también diferentes de acuerdo con la realidad con que debe enfrentarse: antes de la revolución cubana, con los viejos métodos de opresión permanente y explotación centenaria de nuestros pueblos, y utilizando, como siempre, los desembarcos impúdicos, la corrupción, el dinero como dádiva, la compra de políticos venales, derribando Gobiernos legítimamente elegidos para elevar dictaduras castrenses reaccionarias. Después de Cuba, Alianza para el Progreso, maniobra política envuelta en la apariencia de un anhelo de avance para nuestros pueblos y de desarrollo económico. Pero, en seguida, vinieron ideas mucho más aconchadas en la expresión represiva que contienen: fuerza interamericana de paz; fronteras ideológicas; desembarcos para defender sus intereses, como en el caso de la República de Santo Domingo; el acuerdo de la Cámara de Representantes y los de las Comisiones Especiales de la OEA.

Y por eso, como los movimientos populares de América Latina y del mundo se van fortaleciendo en su drama de dolor y miseria, la actitud es más desembozada, y es más cínica e implacablemente más dura.

Como sabe el Senado, los socialistas nacimos a la vida política para ser antimperialistas. Como poseemos el método científico de interpretación de la historia que nos proporciona el marxismo, tenemos conciencia muy clara de la relación dialéctica que existe entre subdesarrollo e imperialismo.

Al respecto, cito, a continuación, un cuadro enunciativo de la relación dialéctica imperialismo-subdesarrollo:

"El mundo se halla dividido en tres grupos:

Primer grupo, cuyo nudo principal está formado por las comunidades ampliamente desarrolladas que se encuentran en las dos riberas del Atlántico, en América y Europa, comprende los países capitalistas: Estados Unidos, Canadá; toda Europa, menos la URSS y las democracias populares; Japón, Israel, Australia y Nueva Zelandia. Representa el 20% de la' población del planeta. (Setecientos millones de habitantes). Tiene el 60% del producto mundial.

Segundo grupo: los países socialistas,incluida China, Mongolia, Corea del Norte, Vietnam del Norte y Cuba. 1.100.000.000 de habitantes, tiene el 30% de la producción mundial.

Tercer grupo: Tercer Mundo que comprende toda Africa, América salvo Estados Unidos, Canadá y Cuba; toda el Asia, salvo los países socialistas citados, el Japón, Israel, comprenden también toda Oceanía, salvo Australia y Nueva Zelandia.

Tiene territorios más de dos veces superiores a los de los países capitalistas, cuenta con 1.400.000.000 de habitantes (47%) de la población mundial. Sin embargo, su producción no llega al 10% de la producción mundial. En el Tercer Mundo pesa toda la miseria de la humanidad.

El subdesarrollo no confiere a los países del Tercer Mundo una característica propia y autónoma específica, tanto en el plan económico como en el político. Estos países están ligados dialécticamente a las naciones capitalistas e imperialistas por relaciones de explotación y de dependencia que fluyen de la esencia misma del imperialismo. Estos países han perdido el ómnibus de la revolución mercantil y de la revolución industrial. Los elementos más patriotas y lúcidos del Tercer Mundo llevan la lucha para imponer en ellos una etapa de desarrollo no capitalista para alcanzar el socialismo."

Repito que tengo respeto por el Honorable señor Fuentealba, porque lo he visto muchas veces intervenir con elevación en nuestros debates parlamentarios y porque hemos polemizado sobre la Conferencia Tricontinental, tanto aquí como en foros radiales. Pero no podemos aceptar que un hombre como el señor Senador pretenda convencernos de que son lo mismo el imperialismo de Estados Unidos y la acción desarrollada por los países socialistas. Su Señoría tiene, honestamente, la obligación de puntualizar su pensamiento al respecto en un debate posterior. Los que algo hemos leído, sabemos perfectamente que el imperialismo se expresa como el desborde del capital financiero, como la etapa superior del capitalismo. Obsequiaré al Honorable señor Fuentealba un libro que posiblemente leyó en su juventud, tiempo ha, pero tal vez poco. Me refiero a la obra de Lenin en que habla del imperialismo como etapa superior del Capitalismo. Al leer ese libro, el señor Senador podrá comprender, como lo entendemos nosotros, que los países llegados a la etapa superior del capitalismo buscan en las materias primas de los países sub-desarrollados la gran ventaja financiera que necesitan para mantener su propio poderío. Eso es el imperialismo. Por definición, un país socialista no puede ser imperialista. ¿Cómo puede haber imperialismo en un país donde los bienes de producción son colectivos? Si en esas naciones se suprimió la explotación del hombre por el hombre, con mayor razón se ha eliminado la explotación de los pueblos por los pueblos. Por eso, no cabe, doctrinariamente, sostener tal juicio, así como no puede pretenderse que la Democracia Cristiana, en su acción de gobierno sea antimperialista. Sé que dentro de esa colectividad política hay militantes, algunos escasísimos dirigentes y contados parlamentarios que dicen ser antimperialistas. ¿Cómo podría el pueblo, cómo podría Chile, cómo podríamos nosotros aceptar que se defina como antimperialista la acción del actual Gobierno, cuando, en realidad -como lo señaló, y con razón, nuestro compañero y amigo el Honorable señor Altamirano-, nunca en la historia contemporánea de Chile hubo un Gobierno que diera mayores facilidades al imperialismo? Durante horas y horas discutimos los contratos del cobre, a los que se quiso dar primeramente el carácter de contrato-leyes, lo que no ocurrió gracias a la dureza del Senado. Saben Sus Señorías que el Fondo Monetario Internacional rige las normas de nuestro Presupuesto; los gastos fiscales, y la política de remuneraciones. Sus Señorías han de tener conciencia de que todo el plan de desarrollo económico que dice estar aplicando el Gobierno democrata-cristiano se halla asentado en las franquicias extraordinarias que se siguen otorgando al capital extranjero, que penetrará cada vez más en nuestro país. Todo el proceso de la programática que el Gobierno dice habrá de realizar, está sujeto a las mismas características. Sus Señorías saben que la mayoría del Senado hubo de rechazar un proyecto del Gobierno sobre otorgamiento de mayores beneficios para la CAP, compañía nacida del esfuerzo de Chile; pero actualmente entregada a la voracidad del capital imperialista norteamericano. Sabemos que las provincias del norte están muriendo junto con extinguirse la industria del salitre. Después de tantos años en el que capital imperialista se aprovechó de nuestra riqueza natural, terminó vinculándose a los productores internacionales de nitrógeno sintético y así se estranguló una de las fuentes más importantes de riqueza que poseíamos.

Las apreciaciones anteriores no son algo subjetivo. Cuando uno oye hablar a los Senadores de la Derecha, piensa que están al margen de una realidad que no desean ver; pero me parece que lentamente la van palpando. Cuando, en un país como el nuestro, se hace la reforma agraria sin tocar el latifundio minero, los terratenientes del Partido Nacional deberán sospechar la existencia de razones muy poderosas que impiden al Gobierno adoptar, respecto del capital foráneo, medidas justas que se aplican a los ciudadanos chilenos y a las empresas nacionales.

Sé perfectamente el proceso bullente de nuestros pueblos; sé que la realidad brutal de nuestras patrias está señalando ya la toma de conciencia de millares y millares de hombres de nuestros países.

¡ Con qué satisfacción uno puede comprobar en la historia de Chile cómo, en los comienzos del Partido Radical, durante la violenta lucha de esa época, en que no se podía usar el lenguaje de hoy, los padres del radicalismo apuntaron desde la provincia precisamente contra los servidores de los intereses foráneos ya avecindados en nuestra patria y su centralismo.

¿No cayó después Balmaceda, el mártir, por defender a Chile del imperialismo inglés ?

Toda la historia de nuestra patria y de nuestro pueblo tiene un contenido de lucha contra el explotador implacable, que es el capital extranjero.

Señor Presidente, antes de continuar mi discurso, deseo saber de cuanto tiempo dispondremos. Hago presente que, mientras yo estuve presidiendo la sesión, el Honorable señor Ibáñez fue llamado tres veces a la sala para que usara de la palabra; pero el señor Senador se excusó, diciendo que no tenía a mano todos los papales de su discurso. Ahora, él me solicita una interrupción. No tendría inconveniente en concederle algunos minutos, pero no quisiera que ello me impidiera terminar mi intervención, la que no estoy prolongando en forma artificial.

Quiero saber si podremos prorrogar la hora para que el Honorable señor Ibáñez tenga el tiempo que necesita y para que yo pueda, después, con tranquilidad, continuar mi exposición.

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