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  • Senado
  • Sesión Ordinaria N° 20
  • Celebrada el
  • Legislatura Ordinaria año 1967
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Intervención
ANALISIS DE QUERELLA CONTRA EL SENADOR CARLOS ALTAMIRANO Y DE LA SITUACION POLITICA GENERAL.

Autores

El señor ALLENDE.-

Aparte eso -perdóneme, señor Senador; pero tengo muy buena memoria, sobre todo cuando interviene Su Señoría; lo dije en su ausencia-, me interesa seguir sus razonamientos, porque se le observa elaborarlos, y eso, intelectualmente, resulta agradable.

Pues bien: el Honorable señor Fuentealba aseveró que el Senador Altamirano, siendo revolucionario, era inconsecuente al demostrar temor por las denuncias del Gobierno.

Creo que ni el Senador Altamirano ni ningún parlamentario del Partido Socialista pueden temer a denuncia o querella alguna. Tenemos la obligación de esclarecer -eso sí que es conveniente- que la actitud del Gobierno no constituye un hecho aislado, sino que obedece a toda una política, respecto de la cual el Ejecutivo, directa o indirectamente, cae y sigue cayendo en extraordinarias inconsecuencias frente al planteamiento político y doctrinario que decía tener. El Gobierno cuenta sólo con un partido, y, a lo largo de Chile, en una amplia campaña presidencial, el candidato de entonces -actual Presidente de la República- expuso el ideario de su colectividad política.

Creo que el Honorable señor Altamirano tenía razón, aunque las denuncias formuladas por el Gobierno puedan implicar mañana una sanción en su contra, mediante el uso de resquicios de disposiciones legales, a veces ante tribunales obsecuentes.

Y mido mis palabras, porque respeto a los jueces y magistrados. Pero no concibo -no creo que quepa en cabeza alguna- la sentencia absolutoria de una Sala de la Corte de Apelaciones. respecto de la querella entablada por el Senador Altamirano en contra del insolente funcionario Subdirector de Investigaciones, quien debió ser sancionado por una respuesta al margen de todo derecho y sobre la base de una concatenación absoluta de injurias.

El Honorable señor Fuentealba dijo también que no lo dejan defenderse; que a Sus Señorías se les impide levantar la voz para defender al Gobierno, incluso en este recinto. Y ha señalado, con razón, su deseo de que las discusiones políticas se hagan en alto nivel y al margen de la apreciación de las personas. En la mayoría de los casos, en este hemiciclo, hemos escuchado al señor Senador y a sus compañeros de bancas, y lo seguiremos haciendo en el terreno de las ideas y los juicios.

Intenciones política lesivas.

Queremos señalar, sí, que frente al clima nacional e internacional existente, estas denuncias del Gobierno democratacristiano en contra de un Senador -el más combativo de los nuestros en el campo económico- por señalar los errores del Ejecutivo, constituyen un hecho político de extraordinaria significación.

Tengo 22 años en este recinto, y recuerdo sólo tres casos de querellas en contra de Senadores, por sus posiciones políticas o sus expresiones, y, por cierto, todas fueron rechazadas por los tribunales de justicia. Una de ellas se entabló en contra del Senador que habla.

Existen adjetivos duros, Honorable señor Fuentealba, pero hay apreciaciones e imputaciones que lo son más que todos ellos juntos y que suponen una intención política a mi juicio mucho más grave y profunda que el calificativo que, en determinado momento de una improvisación, un orador pueda usar.

Y pongo un ejemplo: el Presidente de la República, horas después de un hecho doloroso, que debe haber sido un latigazo brutal en el rostro de los demoeratacristianos -la masacre de El Salvador-, utilizó una cadena radial para dirigirse al país. Este hecho; en mí concepto, es mucho más grave que cualquier tipo de expresión empleada por algún parlamentario para juzgar a un Gobierno o al Gobierno de Su Señoría.

¿Qué dijo en esa oportunidad el Primer Mandatario, el mismo qu aceptó, por primera vez en la historia, que un grupo de ciudadanos, menguado en su número y actitud, se reuniera para pedirle "mano dura" contra los obreros?

¿Qué había dicho antes el Ministro señor Carmona, el mismo que se querella ahora en contra de nuestro compañero de representación Honorable señor Carlos Altamirano?

El Presidente de la República expresó:

"En la reciente Conferencia de La Habana se dijo en declaración pública que en Chile las guerrillas tenían otra modalidad, y se actuaría a través de paros, huelgas, ocupaciones de fundos, la movilización colectiva y la violencia revolucionaria.

"Estamos, pues, en presencia de una decidida y premeditada actitud de subversión."

Es decir, el Jefe del Estado imputaba a los partidos populares; al Frente de Acción Popular, a comunistas y socialistas, la intención de haber creado, nosotros, el clima que significó el asesinato de seis obreros y la muerte de dos mujeres, una de ellas embarazada. Esa imputación es más dura, Honorable señor Fuentealba, que cualquier calificativo apasionado y violento que se emplee. Y para corroborar las palabras del Jefe del Estado, que reafirmaban lo expresado por el Ministro de Defensa veinticuatro horas antes, cuando culpaba a los obreros de lo ocurrido en El Salvador y hablaba de trescientos o más preparados, pertrechados ex profeso -para crear todavía más certeza sobre ese clima-, el diario del Gobierno, de todos los chilenos, el diario "La Nación", una vez más me honraba con los siguientes párrafos:

"Los deplorables sucesos ocurridos en el Mineral de El Salvador, deben ser cargados íntegramente en el prontuario del Frente de Acción Popular..."

Sí, Honorable señor Fuentealba. El FRAP tiene un prontuario, pero un prontuario que nos enaltece. Un prontuario al servicio de Chile: el de nuestras luchas por las riquezas básicas de la patria, para dignificar al hombre de Chile, para hacer de nuestra tierra un país independiente y soberano, no sometido a la explotación imperialista ni presionado políticamente. Este es el prontuario moral que exhibimos con orgullo. Y los hombres del FRAP, con su sacrificio, con su vida, con su sangre han empujado la lucha revolucionaria para hacer posible una patria digna, altiva e independiente.

Continuaba "La Nación": "... dirigido en forma sincronizada con un cuadro terrorista que se extiende por toda la América Latina y que está siendo guiado en conformidad con los acuerdos de la Conferencia Tricontínental de La Habana, financiado por la Unión Soviética.

"Salvador Allende, delegado del FRAP en esa Conferencia del terrorismo marxista internacional, visitó el domingo centros cupreros del norte del país, aun antes que finanlizara la elección parlamentaria en la que era generalísimo de uno de los candidatos."

El Ministro aseveró algo inexacto. El Presidente, con su autoridad moral, sostuvo lo mismo, sabiendo que no era cierto; y el diario del Gobierno, menguado en su actitud, artera y cobardemente culpaba al movimiento popular y al Senador que habla de los hechos ocurridos, de la sangre derramada, de los obreros asesinados.

Yo le pregunto, señor Senador: ¿Es ésta ética política? ¿Es ésta moral revolucionaria? ¿Es ésta la manera como entienden ustedes la responsabilidad democrática del Gobierno y de partido? A pesar, entonces, de las formas -que atraen- de sus palabras, uno puede encontrar el señuelo que permite a Su Señoría aseverar lo que aquí afirma. Yo le voy a demostrar, señor Senador ...

El señor FUENTEALBA.-

Su Señoría me ha hecho una pregunta ...

El señor ALLENDE.-

No. Es una forma elegante de expresión.

Conjura imperialista: América Latina y Chile.

Voy a demostrar que Su Señoría -a quien me interesa oír, porque improvisa, crea ideas- tenía la obligación de darse cuenta de qué minuto está viviendo Chile, qué minutos está viviendo América Latina, qué drama brutal está viviendo el mundo; y de qué manera su Gobierno -el Gobierno democratacristiano- está jugando un papel, y cómo en este país ya parece haber la decisión de promover un golpe de Estado -no lo digo por el señor Frei ni por Su Señoría: por gente de afuera- en contra ustedes. Y yo, óigalo bien, Honorable señor Fuentealba ...

El señor FUENTEALBA.-

Estaremos juntos para contener ese golpe de Estado.

El señor ALLENDE.-

... estaré con ustedes para contener el golpe de Estado.

Se lo digo honestamente, porque, para mí y para cualquier marxista, la revolución es una cosa y el golpe de Estado es otra cosa, y otra, también, el cuartelazo.

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