Labor Parlamentaria
Participaciones
Disponemos de documentos desde el año 1965 a la fecha
Antecedentes
- Senado
- Sesión Ordinaria N° 88
- Celebrada el 17 de abril de 1973
- Legislatura Extraordinaria periodo 1972 -1973
Índice
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El señor
Señor
Ello es lógico siendo Chile un país que tiene en la esencia de su vida como nación un sentido de libertad y de derecho. Y estos dos pilares el derecho que garantiza la libertad y la libertad, que, a su vez, es la expresión de ese derecho; mi libertad para actuar y esa legislación que me permite actuar en determinada forma, el derecho que me anima a organizarme de cierta manera que son condiciones esenciales en el pueblo chileno, lo han hecho intuir que detrás de cantos de sirena, detrás de palabras que hablan de un sistema nacional de educación, la Escuela Nacional Unificada, la transición hacia el socialismo, la democratización de la enseñanza, etcétera, está naciendo, en el fon* do, el organismo más importante que puede crear un país para conducir a la opinión ciudadana, desde la primera etapa de su vida, desde la infancia, desde el hogar, desde la cuna hasta la muerte, por un solo camino de pensamiento, obligándola a ver, mediante anteojeras puestas ante los ojos intelectuales, un determinado camino, sin poder observar lo que está ocurriendo en el mundo, a su alrededor. Se quiere impedir tener la amplitud de visión necesaria para seguir viviendo con un criterio amplio, sereno, equitativo, justo, que busque la verdad por todas partes, sin temor al adversario ideológico, pero sí ante algunos audaces que, pese a su número insignificante, valiéndose de la audacia que les dan a veces el poder y la falta de respeto, pretenden imponer un criterio que la nación rechaza en su mayoría.
Con razón el pueblo chileno, que olfatea muy bien su porvenir, ha podido determinar, en las circunstancias que estamos viviendo, que tras la llamada reorganización de la educación nacional, tras este nuevo sistema nacional de educación, etcétera, está en marcha no un sistema de educación, sino un imperio ideológico sobre la nación chilena, que ésta resiste valiente y decididamente.
La Escuela Nacional Unificada.
Quiero ir por partes.
Se habla de un sistema nacional de educación, de la Escuela Nacional Unificada, ENU.
¿Qué se entiende por Escuela Nacional Unificada?
Al plantearse esta idea se pregunta: ¿Cómo es posible que la opinión pública, los centros de padres, los organismos gremiales del magisterio, los profesores afiliados al SUTE reclamen contra la Escuela Nacional Unificada, en circunstancias de que ésta es una materia sobre la cual se han pronunciado unánimemente los profesores y los gremios de la Educación a través del país, no sólo en la Conferencia o Congreso que terminó en diciembre de 1971, sino desde hace mucho tiempo? ¿Por qué este grito contra la ENU?
Todo depende de lo que quiera decirse con estas tres palabras. Hay diversos contenidos. Es legítimo y, aún más, necesario, que cada nación establezca ciertas bases mínimas, indispensables, para que rijan la Educación, sea ésta pública o privada. Ellas están determinadas por la organización democrática interna, tradicional, que identifica a esa comunidad humana que forma un determinado país.
No podríamos entender, por ejemplo, que el Gobierno permitiera, en virtud de la ENU, que ciertos establecimientos no enseñaran obligatoriamente el idioma o la historia patrios. No podríamos entender un sistema de enseñanza que condujera al individuo a acomodarse y a no buscar fórmulas de vida, sino simplemente a obedecer voces que le llegan de otra parte, sin poder usar su razón, su libertad y su inteligencia para determinar los caminos de su propia vida. Tienen que acostumbrarse desde ahora, niños, guaguas, hombres, mujeres y ancianos, a la idea de que hay alguien que manda y de que ustedes tienen que obedecer. Este será el único sistema por el cual este país podrá salir adelante.
No podríamos entender que en Chile, en un momento dado, un Gobierno tratara de establecer un principio de esta naturaleza en un programa mínimo de enseñanza nacional. No puede ser. ¿Por qué? Porque no corresponde a la naturaleza del pueblo chileno, a su historia, a su tradición, a su personalidad. Por eso, hay un sistema de escuela nacional unificada, que consiste en ciertas bases mínimas de enseñanza, en ciertos elementos de educación que deben impartirse cualquiera que sea la etapa en que se encuentre el escolar, el estudiante, el hombre, el joven o la sociedad. Hay una base mínima que un Estado tiene la obligación de imponer a quienquiera que desee trabajar en la actividad docente. A estas bases suele llamárseles principios de escuela nacional unificada. Son, repito, ciertas unidades mínimas, comunes, a toda la enseñanza que se imparte en el país, contra las cuales nadie puede actuar. Y si alguien trata de actuar en contra de esas ideas, la nación, la comunidad, tiene la obligación de llegar incluso a la clausura de ese establecimiento educacional para impedir el desarrollo de una educación fundada en ideas ajenas a una base mínima social a través de la cual progresa un país.
Esta es una concepción de la escuela nacional unificada. Unificada en torno de determinados conceptos.
Otro tipo de Escuela Nacional Unificada.
Hay otro concepto de escuela nacional unificada basado en ciertos elementos que nosotros y el profesorado chileno hemos aceptado. Y ésta es, tal vez, la idea más importante dentro del cuadro que nos preocupa. ¿Cuál es ella? Concebir el proceso educacional como una unidad de conjuntos que van desde la etapa de la primera infancia hasta la maduración del individuo, que comienza en la escuela y continúa posteriormente en la universidad. O sea, se trata de un sistema diferente del que teníamos hasta hace unos años, prácticamente hasta 1965, en el cual había una división tajante, absurda, entre lo que se llamaba educación primaria, educación humanística o media y educación superior. Tan tajante era esta diferencia que, por ejemplo, era corriente oír a los profesores universitarios decir a los alumnos recién egresados de la enseñanza media que debían olvidar lo aprendido en ésta.
Recuerdo que cuando me recibieron en' la Universidad de Chile, en 1934, para iniciar mis estudios de pedagogía, me dijeron algo que considero absurdo, torpe, aberrante, y por eso había que destruirlo: Jóvenes, escuchen un consejo en esta, primera clase: olvídense desde este instante, al cruzar las puertas de la Casa de Bello, de todo lo que les enseñaron hasta ahora, porque no sirve de nada. Eso no les significa nada para lo que ustedes van a aprender ahora..
De esta forma producían en el muchacho una sensación de frustración inmen
sa, puesto que venía lleno de confianza terminada su educación media, a ingresar a la educación superior. Esta falta de concordancia era una de las causas fundamentales del fracaso en el primer año de enseñanza superior. Ese fracaso era tan corriente, que casi se aceptaba como normal repetir el primer año universitario.
Había una gran discontinuidad en el proceso de educación, que debe ser uno solo: el proceso de la educación del ser humano, de la persona. Es una persona la que está recibiendo enseñanza a través de una etapa formativa que se inicia en el hogar y que continúa en la escuela, en el colegio o liceo o en la universidad. Este proceso, repito, debe ser uno solo. En los maestros debe haber una continuidad. Debe buscarse esta continuidad. Que no se señalen ciertas etapas: Hasta aquí tú y de aquí para adelante yo, porque tú no. sirves para impartir esa enseñanza''. Es inaceptable este criterio, porque se trata de un mismo proceso. Es imposible construir algo en la segunda etapa si la primera está mal hecha.
Este proceso único de educación no es como se pretende con esta llamada Escuela Nacional Unificada, una enseñanza de masas, para las masas y por las masas.
Afirmar esto es uno de los más grandes errores que puede cometer quien pretenda tener un mínimo de capacidad pedagógica docente. No se están educando masas. No se están educando grupos. En un colegio, en una universidad o en un liceo no se califica a todo un curso, por ejemplo, con nota cuatro. No es ése el procedimiento usual, como lo sería en caso de aceptarse el criterio de educación masiva. Se está educando a individuos que, como conjunto, forman una comunidad humana que, si se quiere, en otros términos pueden llamarse también una masa humana. Pero se trata de una comunidad, de una colectividad humana formada por la suma de individuos a quienes hay que instruir y educar mediante un proceso de responsabilidad paterna y de responsabilidad nacional, de la sociedad de la cual el individuo forma parte. No hay tal educación de masas.
Y en su aberración, en su intento de negar al proceso educativo su carácter individual, son tan claros que no trepidan en decirlo taxativamente. Afirman que la educación no puede estar conducida a producir individuos descomprometidos, egoístas, centrados en su propio éxito. Por eso, piensan que cada vez más debe haber un impulso popular en el proceso de la educación llevando a la masa la cultura.
¿Qué es esto? ¿Qué alcance tienen estas palabras? A veces, uno debe comenzar a estudiar esta fraseología para entender qué quieren decir, para ver cuál es el sujeto y cuál es el predicado de la oración. Aquí, por ejemplo, vemos que, al referirse a la caracterización que tendrá la Escuela Nacional Unificada, afirman:
En su diversificación, atenderá las necesidades diferenciadas, del desarrollo nacional, responderá a los requerimientos desígnales de las regiones y comunidades locales y atenderá a las exigencias del desarrollo individual. . .
La verdad es que cuando uno lee estos documentos informativos, termina por encontrar que son absolutamente deformativos.
Escuela Nacional Unificada, sí, no sólo porque debe haber un contenido mínimo, común, básico, al que deba atenerse quien quiera trabajar en el proceso educacional y es obligación de un país señalar este contenido, sino porque el proceso de educación debe ser uno solo, unificado. En este proceso no sólo deben armonizarse las labores de la escuela básica y de la educación media, no sólo el trabajo de la universidad, sino que una sociedad que respete lo que significa el desarrollo cultural de sus individuos tendrá también que pro-preocuparse de que las publicaciones que se hagan respondan a un plan destinado a formar estos individuos que, en el conjunto, forman la colectividad. Esa sociedad tendrá que dedicarse a formar, a través de los institutos o de los medios de difusión, una expresión de cultura que dignifique realmente a la persona y a los chilenos que forman parte de esta comunidad, en lugar de destruirlos por la ignorancia, la torpeza o el odio. Esa no ha sido jamás, en ninguna parte ni en ninguna época, una forma responsable de enfrentar la obligación que tiene la autoridad en cuanto a extender este proceso educativo.
¡Qué triste es constatar lo que hace un momento señalaba el Honorable señor
Quienes integran el actual Gobierno saben que cuentan, respecto del pensamiento que sustentan, con el respeto de la Democracia Cristiana y de los sectores realmente democráticos, y saben que el mismo derecho que nosotros exigimos para poder expresar hoy, mañana y siempre nuestro pensamiento, también les está dando garantías para que puedan seguir desarrollando su pensamiento. Y si conquistan, a través de su acción, a la opinión mayoritaria de Chile logrando esa meta democráticamente, su actitud será respetable. ¡Esa es libertad! ¡Esa es decencia democrática! ¡Eso es no sólo decencia: es la esencia de la democracia!
Escuela Nacional Unificada fascista.
No sólo se ha concebido la escuela nacional unificada como un solo sistema de educación, sin cortes transversales que separan a los individuos, con una serie de bases o elementos comunes, sino también la escuela nacional unificada que ha sido característica de los regímenes totalitarios. ¡Es la escuela nacional unificada del fascismo en Italia, del nacismo en Alemania, del comunismo en Europa! ¡Es la escuela nacional unificada que pone trabas al pueblo checoslovaco para que éste no pueda expresar su libertad! ¡Es la escuela nacional unificada del totalitarismo rojo en Polonia y Hungría! ¡Es la escuela nacional unificada establecida en Cuba, en donde no se puede tener sino un solo tipo de pensamiento! Eso también se llama escuela nacional unificada. Eso es la esencia de lo que en Chile, a través de estos proyectos, se pretende instalar. No otra cosa es lo que hay detrás de ellos. No es el afán de democratización; no es la renovación programática de nuestros planes de duración. No es eso, porque si así fuera, sería necesario tener en cuenta que todo el magisterio nacional, después de largos años, desde 1925 hacia adelante, estuvo trabajando asiduamente, cuando se logró implantar en todo Chile el sistema concéntrico de enseñanza, por modificar los planes y programas de educación en una forma que respondiera mejor a las condiciones de la vida. Se trataba de que el individuo, a medida que iba avanzando en su formación escolar en ese proceso de transformación educacional tomase contacto con la vida. No podemos olvidar lo que ocurría durante ese proceso. Lo digo con la autoridad que me da el hecho de haber desempeñado cátedras durante 31 años de docencia, tiempo en el que enseñé ni más ni menos que lo que aprendí en los primeros años de mi educación media, allá por el año 1925.
¿Me permite, señor
Ha terminado el tiempo del Comité Izquierda Radical.
Su Señoría puede continuar en el tiempo del Comité Demócrata Cristiano.
Renovación educacional. 1965.
Señor
Acabo de decir que durante más de 40 años los textos y los programas de enseñanza fueron prácticamente los mismos. El muchacho que recibía esa educación en cualquier establecimiento educacional se encontraba con un proceso instructivo sin sabor: se le enseñaban cosas que, salido a la vida, no las encontraba en ninguna parte y no Je servían de nada. En cambio, lo que le llamaba la atención, las materias que el mundo estaba tratando, los problemas que preocupaban a la opinión mundial y nacional, no se tocaban en la vida escolar. Había una gran desconexión. Era indispensable, por tanto, un cambio en el sistema educacional. Y así lo entendió el magisterio, que estudió largamente su enmienda, con la colaboración de los mejores maestros que el país pudo tener.
Recuerdo y hoy les rindo homenaje a esos profesores, como lo hice durante el período de Gobierno del Presidente
Pensaba en eso mientras oía al Honorable señor
Democratizar la enseñanza
Había que modernizar; había que democratizar. ¡Democratización de la enseñanza! Han pensado que para que se pueda producir el proceso de esta reforma educacional, de esta Escuela Nacional Unificada, había que democratizar. ¡Qué democratización tan curiosa!
¿En qué consiste esta democratización que hoy día nos plantean a través de un decreto que la Contraloría rechaza y que posteriormente se promulga, una vez satisfechas las observaciones del organismo contralor? ¿Qué democratización? Democratización en la administración de la educación. Democratización mediante la constitución de consejos locales, poco menos que consejos de establecimientos; consejos comunales; consejos departamentales; consejos provinciales y un gran consejo nacional de educación, para que participen en el proceso todos los organismos que de alguna manera pudieran tener interés en la materia. No lo han pedido ni reclamado, porque cada vez que algún organismo pide ser oído en algún establecimiento educacional, nunca se le ha negado tal posibilidad. Más aún: en cada establecimiento educacional chileno no sólo existe este tipo de democratización, sino que se llama a consejos de padres y apoderados por cursos, con los cuales se forma el consejo de padres y apoderados del establecimiento, en los que los padres de familia interesados más que nadie en la educación de sus hijos sobre la base de criterios muy amplios y considerando las actividades a las cuales pertenece cada familia, toman contacto con la educación directa de los niños, si ellos quieren. Pero ha sido extraordinariamente difícil lograrlo, y lo único de que yo puedo alegrarme y reconocer, como lo he dicho muchas veces en mi vida, tanto en la escolar, como profesor o rector, como en la vida política, es que la persona que iba al liceo y se preocupaba de la educación de los niños muchas veces no era el padre, sino la madre. Ella a veces abandonaba el trabajo de la familia para llegar, con sus guaguas en brazos, a buscar matrícula para el joven. Ella era la que venía cuando el liceo requería a alguien de la familia del educando. Era 3a madre, la mujer chilena, representante especial de nuestra familia si bien marido y mujer desempeñan en ella su papel, la que con sacrificio enorme estaba presente en el proceso educacional de sus hijos.
Ahora, ¿qué se quiere? Se quiere que el proceso sea al revés. No se desea la participación directa de los interesados, sino de instituciones diversas que entren a tomar contacto con el proceso educacional, más que todo para suprimir el concepto de autoridad en el colegio. En éste hay una autoridad, a veces unipersonal, otras colegiada. El rector o director de escuela, en conformidad al Reglamento, puede imponer alguna medida que estime conveniente; pero también existe la autoridad colectiva que nace del consejo de profesores y hoy día, asimismo, de la participación de los consejos estudiantiles. Estos conjuntos también son autoridad. Pero hay que entorpecerla llevando otros elementos que, controlados políticamente desde afuera, puedan imponer al establecimiento otra autoridad. ¡Eso no es democratización de la enseñanza! ¡Eso es anarquía en la escuela! ¡Eso es anarquía en la educación! ¡Eso es no saber ni siquiera el abecé de lo que se pretende en materia educacional, tanto en lo social como en lo programático y en los objetivos finales. Como en todo orden de cosas, los profesionales de la Educación tienen los conocimientos suficientes y necesarios para enfrentar un problema nacional como éste. Siempre hay algunos especialistas que pueden decir una palabra autorizada, y es imposible eliminar al grupo de los docentes en la dirección de esta investigación sobre la educación nacional
Democratización de la enseñanza mediante la creación, a través de sistemas legales, de instituciones que se meten por la ventana en el proceso educacional. ¡Eso ni siquiera se ha concebido en los países donde se ha estado aplicando el régimen de la Escuela Nacional Unificada! Porque allí han comprendido un hecho verdadero: que la Escuela Nacional Unificada debe tener una sola visión y una sola autoridad, que es la que da el partido eje, la voz del Gobierno en donde ella se instala.
Democratización de la enseñanza es otra cosa: es hacer que en el país se junten y jueguen armónicamente todos los elementos que la sociedad pueda controlar, manejar o dirigir, a fin de incorporar al proceso educativo a todo el pueblo; desde el infante hasta el joven y el hombre, a toda la chilenidad, a todo el país, en una palabra. Es la incorporación efectiva en la educación de todos los niños en edad escolar, principalmente en la época en que su espíritu es lo que muchas veces se ha llamado una masa arcillosa que permite formar la figura del hombre en el momento oportuno, cuando todavía es maleable, factible de conducir, cuando aún las pasiones no han torcido el corazón puro y limpio del niño, cuando todavía las facultades infantiles, en ese período de inmensa curiosidad, pueden ir recibiendo conocimientos en cantidades abrumadoras.
Y se aplicó un proceso democrático de incorporación a la enseñanza, que debía terminar con lo que hasta 1965 se denominaba pirámide escolar. Primeros años de educación primaria, una enorme amplitud. De cien alumnos que ingresaban, al término del ciclo de seis años llegaba el 6% ; y de cien niños que se incorporaban a la educación media vale decir de primero a sexto humanidades, 0,6% llegaba a sexto año. Eso era destrucción del sistema democrático en la enseñanza, aparte que miles y miles de niños quedaban sin posibilidad de educación. Y muchas de nuestras escuelas primarias, tal vez el mayor número de ellas, especialmente en las zonas campesinas, tenían sólo primero y segundo año. Y al término del segundo año el niño apenas podía, con mucha dificultad, siempre que las letras fueran más o menos grandes, leer malamente, sin entender nada, llegando en definitiva a ser en breve plazo, lo que se llamó analfabeto por desuso.
Ampliar el proceso educativo básico. Se amplió, y en tal forma, que en la declaración que el señor Ministro del ramo hizo en la Comisión de Educación del Senado el jueves de la semana pasada, se sostuvo que el proceso educacional, remitido al año 1972, sobre la base de las matrículas registradas, daba como resultado que de cien muchachos ingresados a la educación básica, 16 llegaban al término de la educación media, o sea, al antiguo sexto año de humanidades o al actual cuarto año de educación media. ¡Caramba que era proceso de cambios fenomenal el que se estaba produciendo! Con anterioridad a él, de cien muchachos que ingresaban a primero de humanidades, 0,6% llegaba al sexto año de ese ciclo; hoy día, de cien niños que entran en la fase primaria son palabras del
Y tan así ha sido que, en 1967 y 1969 la UNESCO no trepidó en formular declaraciones que nos honran a los chilenos. En 1967 sostuvo que no había recuerdos en los anales que registran los progresos en el plano educacional de los diversos países, de que una nación haya dado en tan breve tiempo un salto tan grande como el que dio Chile respecto de la incorporación de las masas al proceso educacional. Y en 1969 reconoció que no había antecedentes históricos que registraran un caso similar al de Chile en cuanto a la incorporación masiva a la educación de los individuos que en el período de edad escolar no pudieron educarse y lo hicieron ya maduros. ¡Y cómo no iba a ser así, si en 1964 había en Chile un total de 8 liceos vespertinos y nocturnos, y en 1970 esa cifra llegaba a 96!
¡Ese es proceso de democratización! ¡Así se democratiza la enseñanza, permitiendo que todos, de cualquier manera, tengan acceso a ella!
Uno de los factores que producía ausentismo escolar era la falta de recursos económicos.
Pues bien, es preciso tener presente que todo el proceso de reforma educacional de 1965 estaba hecho precisamente para producir en la educación chilena una revolución que permitiera al individuo intervenir, participar en la vida de su nación, y hacerlo cuerda e inteligentemente. Y para lograr estos dos objetivos es indispensable desarrollar las cualidades humanas del individuo, su inteligencia; acondicionar su voluntad para controlar sus sentimientos y dominar sus pasiones; ampliar su visión; respetar a sus semejantes; incluir en la esencia de su vida individual valores morales verdaderos. Sólo después de ello es posible formar al niño y educarlo para el futuro.
Y porque era indispensable llevar a cabo aquello y había tropiezos que a veces impedían aprovechar óptimas condiciones o cualidades humanas que por problemas económicos quedaban al margen del proceso educacional, se creó la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas, cuya finalidad fundamental era la de llevar ayuda económica al niño necesitado, para posibilitarle desarrollar toda su capacidad cultural sin estar sujeto a limitaciones de esa índole. Debemos pensar que el proceso de programas, de expansión democrática de la educación para que ésta alcance a los más, de creación de nuevos sistemas de enseñanza, de nuevos talleres y nuevas escuelas, avanza junto con otro factor muy importante, a fin de permitir que la educación no sólo sea democrática, sino también positiva.
Continuamente se constata el hecho de que el profesional, por decirlo así, se adormece en sus conocimientos, se limita, se repite. ¿Qué se necesita? Que siempre esté en contacto con el saber, para mejorar sus conocimientos, que tenga posibilidad de perfeccionarse profesionalmente. Si alguien va a ejercer durante treinta años una profesión viva, no puede desarrollarla teniendo como base exclusiva la luz que recibió en el momento de partir. Debe tener, con el correr del tiempo, nuevos contactos con la ciencia, con la pedagogía, con la sociología, para ser capaz de rendir en mejores condiciones.
Entendido así el problema, ahí está el Centro de Perfeccionamiento del Magisterio, donde prácticamente casi ciento por ciento de los profesores chilenos han tenido oportunidad de participar en un proceso de modernización de sus conocimientos, de perfeccionamiento. Y nunca se han aplicado nuevos programas educacionales sin que antes el profesor haya pasado por esos cursos de perfeccionamiento, que lo habilitan más tarde para rendir el máximo como profesional de la enseñanza.
¡Democratización de la enseñanza, modernización de la enseñanza!
Expresaba al señor Ministro que en todo este programa nada había que no estuviera contenido en la reforma de 1965. Pero, además, le advertía que, a mi juicio, era criminal una medida como la propuesta, porque con la educación, que representa un proceso de formación de toda una comunidad, no se puede jugar. No se pueden realizar reformas educacionales caprichosamente sólo porque en determinado momento alguien sea Gobierno. Porque, con este criterio, mañana podrá venir otro que tal vez mantenga una posición distinta y diga: Con la misma razón con que aquéllos pusieron esto como educación, yo pongo ahora lo mío. No se puede jugar en esa forma con el proceso educativo. Y por eso la Constitución Política, en el Nº 7 del artículo 10, que garantiza la libertad de enseñanza, establece, entre otras cosas, lo siguiente: La educación que se imparta a través del sistema nacional será democrática y pluralista y no tendrá orientación partidaria, oficial. Esas cinco palabras, que parten con una negación no tendrá orientación partidaria oficial son esenciales. Están señalando que no puede cada Gobierno acomodar la educación a su sistema. De lo contrario, no se trataría de un sistema nacional de enseñanza, sino de educación partidaria, determinada, orientada, contraria a la libertad de enseñanza. O sea, la orientación partidaria oficial se contrapone a ese concepto básico, primario.
Este proceso educacional pecaba de eso, entre otras cosas. Pero me referiré a ello más adelante.
La Escuela Nacional Unificada habla de la educación del infante, del niño, y de la sala-cuna y del jardín infantil. ¿Qué novedad nos entrega en esta materia? ¿No se dictaron las leyes que posibilitan la creación de jardines infantiles? ¿No están consignados los fondos necesarios?
Le hice presente al señor Ministro: El Gobierno está en deuda con la comunidad, porque hace tres años que se está acumulando los recursos que la ley destinó para este objeto; no se ha hecho uso de ellos durante los tres últimos años. Sólo en estos momentos están llamando a propuesta para aprovisionamiento de banquitos para niños, para cunas destinadas a las guaguas, etcétera. A lo largo de estos años la comunidad ha acumulado millones de escudos mediante los impuestos establecidos en la ley. Sin embargo, tales fondos no han sido usados.
El Senador que habla dijo al señor Ministro que este proceso educacional no contiene ni una sola novedad, excepto el querer aparecer con un cambio. Y es bueno que el país sepa en forma muy clara, y lo recuerde, que ese cambio es realmente peligroso y ofensivo.
La reforma educacional de 1965 empezó con el primer año básico, que correspondería a la primera preparatoria de antes. También se llevó adelante en otros cursos; pero, repito, su experiencia se inició con el primer año básico. Los alumnos que ingresaron a ese curso en 1965, para vivir todo el proceso educacional nuevo, recién en 1973 se encuentran incorporándose al primer año medio de educación. Sin embargo, a pesar de que sólo a partir de 1965 se pone en práctica todo un sistema de enseñanza largamente estudiado y planificado, resulta que ahora ni siquiera se espera poder evaluar sus méritos, sus bondades o sus deficiencias y, cuando está en pleno desarrollo, se estima que ha llegado el momento de pensar en que aquél debe cambiarse.
¡Qué torpe y qué absurdo resulta este criterio de juzgar como ineficiente, como falto de resultados, como crisis de importancia a un proceso educacional que ni siquiera ha cumplido una etapa completa! ¡Y qué triste es comprobar que todo el aparato de la Escuela Nacional Unificada se viene al suelo cuando se lo examina en la verdadera intención que encierra, frente a lo que la nación chilena espera de la enseñanza y ante los aportes que el país hace para que se instruya al ciudadano chileno! Porque la educación que se recibe no la imparten determinados partidos políticos. La brinda la nación entera gracias a los recursos que ella entrega para realizar esa función y cumplir lo que la Carta Fundamental establece: la libertad de enseñanza, dentro del marco de ciertas prescripciones que señalan una normativa básica en la educación general del país. Mediante una planificación de ésta, que concuerda con la época, se pretende que al individuo se lo considere no sólo como receptor de una serie de conocimientos proceso, meramente instructivo, sino que, como evidentemente lo dice la palabra, se le brinde educación, que es lo que verdaderamente vale y forma al hombre. Este podrá tener a veces muy pocos conocimientos de álgebra, de geometría o de, química, pero sabe ser honrado, cumplir su deber, respetar a la autoridad, ser caritativo con el hermano o con el prójimo y experimentar dolor cuando algo lo aflige y alegría cuando está contento. Asimismo, sabe comportarse como hijo y, llegado a la mayoría de edad, es capaz de conducirse como padre. ¡Eso es educación!
La comunidad tiene la obligación de ir formando las bases de esa educación para que nuestra patria progrese realmente. Si sólo nos preocupamos de dar vida a algo semejante a un robot o a una máquina automática, a la cual basta apretar un botón para que dé el resultado de una ecuación física o matemática o para que informe sobre un concepto histórico o un fenómeno gramatical, no habremos educado al hombre, sino que sólo habremos logrado convertir a éste en algo a lo que el individuo se niega por esencia: en una máquina. Eso no es el hombre. El ser humano no tiene un determinismo físico en su vida, sino que posee una condición moral que lo conduce, una libertad que le permite juzgar, una opinión que lo deja avanzar, una voz que le facilita el convivir. Es un ser que esencialmente vive en comunidad y que está hecho para la comunidad.
La educación, por lo tanto, cumplirá su función en la medida en que logre que el hombre alcance al máximo de desarrollo que sus condiciones naturales le permiten; pero, al mismo tiempo, cuando estas condiciones, desarrolladas al máximo por el individuo con el esfuerzo de la comunidad, sean devueltas a la colectividad mediante su participación en ella, en sus progresos, en sus necesidades, en sus problemas, en su economía, en su vida social, y no sólo en sus aspectos materiales. En ello radica fundamentalmente el proceso educativo, y hay que darle salida, capacidad y todo el apoyo que la comunidad requiere para llevarlo a cabo. No se nos puede engañar como a niños chicos, con programas que se presentan con calidad de informas.
Si no se hubiera producido el movimiento nacional que hemos observado en estas últimas semanas, sin duda que en el mes de junio de este mismo año se estaría aplicando el sistema esclavizador de la ENU en el primer año medio y en los primeros, quintos y séptimos años de educación básica, porque eso es lo que determinó el señor Superintendente de Educación en algo que llamó Informe para la Discusión, pero que señala lo siguiente: Sobre el desarrollo curricular, particularmente de los tramos que se reformarán es futuro imperativo en 1973, sobre los ensayos de la nueva organización escolar que se emprenderán de inmediato. Esto es lo que dice la autoridad, el Superintendente de Educación de nuestro país. ¿Y nos informa para qué? ¿Es que nos está pitando? ¿Está riéndose del pueblo de Chile? Nuestro pueblo no aceptó esa sonrisa mefistofélica, maliciosa, maligna y malintencionada, y entendió que tras esa risa de apariencia bondadosa estaba el veneno de la destrucción de su libertad. Por eso reaccionó. Y por eso también hoy, aquí mismo, no sé si fue el Honorable señor Rodríguez o el
Chile no ha tolerado eso. No lo aceptará tan fácilmente. Por ello estamos de pie y el Gobierno debe tener presente que, por lo menos en lo que nos corresponde como Democracia Cristiana, en cuyo nombre he hablado esta noche sobre el problema educacional que se nos plantea y la preocupación que al respecto existe en nuestro país, estamos prontos para defender, con todos los medios legítimos que estén a nuestro alcance, la libertad de enseñanza, el proceso de una educación dinámica. No sostenemos con soberbia que lo que nosotros hicimos mediante la reforma educacional de 1965, durante el Gobierno de nuestro camarada Freí, es perfecto e inamovible. Seríamos estúpidos si pensáramos así.
Si hay algo que está en perpetuo cambio y que tiene una función dinámica por esencia, ello es la educación. Es preciso estar vigilando y evaluando ese proceso, para concordarlo con el medio y con la vida en los momentos en que se actúa. En esa ruta estaremos siempre presentes y no retrocederemos un paso en nuestra idea de rechazar la imposición de la pérdida de la libertad y del derecho que tienen los padres y los maestros a intervenir en la educación y en la libertad del niño para elegir su futuro. No cejaremos en ello por respeto a nosotros y también por respeto a quienes hoy quieren una escuela unificada a su servicio, pues estos mismos mañana tendrían que reclamar a gritos si otros quisieran imponer lo que ellos hoy quieren implantar. Lo dicen en su programa.
¡Qué curioso resulta que los reformadores de hoy tengan, a veces, tan poca visión para afirmar sus ideas! Sostienen que una de las fallas de la educación actual radica en que ella está inspirada en una minoría dominante que accidentalmente ha tenido esas responsabilidades. Y yo pregunto: los que hoy tienen esa responsabilidad, ¿son mayoría en el país? ¿No constituyen una minoría dominante, una minoría gobernante que está aprovechándose de las muy precarias condiciones en que llegó al poder para imponer un pensamiento que, como es evidente, la mayoría del pueblo chileno rechaza?
En la sesión de nuestra Comisión de Educación Pública tuve oportunidad incluso de decir al señor Ministro del ramo cómo me enorgullezco de la educación chilena, de esta educación que ha permitido mediante el régimen libertario y de derecho que estamos defendiendo y que debe perfeccionarse, que puedan ocupar los cargos de gobernantes de la nación hombres que representan una idea muy minoritaria en el país y que es totalmente contraria al sentido verdaderamente democrático y tradicional que interpreta la personalidad del pueblo chileno. ¡Nuestra educación libertaria, nuestro respeto al derecho ajeno lo han permitido! Los que hoy quieren imponernos este sistema educacional de anteojeras para que sólo miremos bajo su prisma, ¿podrían quejarse de lo que han recibido, en circunstancias de que se encuentran en esta Sala gracias al pluralismo magnífico que representa la opinión del pueblo chileno? ¿Quién les ha impedido sustentar el pensamiento que tienen? ¡Y ay de quien se atreva a hacerlo! Seríamos los primeros en rechazarlo. En otra oportunidad, cuando a un grupo político, al Partido Comunista, se le negó su derecho a existir, también fuimos los primeros en levantar la voz para señalar que no se podía impedir a aquél la expresión de su pensamiento, y que si sus integrantes cometían delitos, éstos debían sancionarse de acuerdo con las normas legales vigentes en el país.
¿Y qué ocurre con ese respeto por el hombre, con ese sentido humanista? ¿Es que acaso piensan entregarlo engatusadamente, mediante un socialismo que unas veces 'laman humanista, otras democrático, otras pluralista, y al cual en ocasiones le quitan los tres adjetivos para llamarlo simplemente socialismo? Pero, ¿es que nosotros somos sordos y ciegos? ¿Acaso no hemos oído lo que dicen? Quienes tienen la responsabilidad del Gobierno expresan que el socialismo no tiene apellidos, que es un solo; que el socialismo, como hace unos momentos lo definía el Honorable señor Rodríguez, celebrando sus cuarenta años de vida, era marxista-leninista. Y también rindió homenaje a esa ideología el Honorable señor Teitelboim, porque ambos tienen coincidencias en una posición marxista-leninista. ¿Y qué encierra este socialismo? Fundamentalmente, el desprecio del hombre, pues transforma a éste en un instrumento del Estado. Nosotros, al contrario, pensamos que el Estado es un instrumento creado por el hombre para servirlo a él, para ayudarlo, para estar al servicio de la comunidad que el individuo forma y cumplir las funciones que él le dicta; no para que el hombre se convierta en esclavo del Estado. Si así sucediera y el individuo se saliera un poco de lo que ellos llaman la ortodoxia, a ese individuo le caería el peso de la ley, el destierro, la muerte, la cárcel y el silencio por su talento y por su inteligencia, factores mediante los cuales ha logrado descubrir otro mundo.
No queremos eso para Chile. Y porque no lo deseamos, la Democracia Cristiana ha dado su palabra ante la nación frente a este problema.
Nos alegramos de que el plan en referencia esté suspendido por el momento; pero esperamos también que tal suspensión no signifique una aplicación muy fácil del mismo en 1974, salvo que se le modifiquen realmente puntos muy esenciales y fundamentales, y, desde luego, todos aquellos aspectos que, de alguna manera, encierren contenido ideológico partidario, porque esos sí que no los aceptaremos.
Quiero recordar que en 1970, cuando el entonces
En esa época el actual Primer Mandatario vino a dar su visto bueno a la reforma constitucional respectiva sabiendo perfectamente por qué la enmienda consignaba ése y otros puntos en el número relacionado con la libertad de enseñanza.
Ninguna de esas garantías constituyen papel mojado. Para nosotros son constancia eficiente de una voluntad nacional ratificada. Y ratificada, esperamos, dignamente y no hipócritamente.
Creemos que las palabras de adhesión al régimen democrático y de respeto a la Constitución que aquí se pronunciaron en esa oportunidad, son valederas, son las que Su Excelencia vertió entonces y las que él debe cumplir como Mandatario. Por eso, si oye a la ciudadanía, debe conducir sus actos de acuerdo con lo que la nación desea, porque su condición de gobernante proviene de un régimen democrático que le ha entregado el poder por un tiempo y para que lo ejerza conforme a determinadas normas, precisas y escritas. Si se margina de ellas, el pueblo sabrá pedirle cuentas o sabrá encontrar la fórmula para obligarlo a actuar dentro del marco de la legalidad y de la Constitución.
La Democracia Cristiana entrega a los maestros, a los alumnos de liceos; a la educación chilena; a la juventud; a la niñez; a la comunidad; a los padres de familia, a los centros de madres y a los pobladores su apoyo y confianza plena, y los advierte de que un proceso educacional como el que se está pretendiendo instaurar en Chile no pasará, porque la voluntad del pueblo ya dijo que no al sistema de Escuela Nacional Unificada. ¡ Sí, a una escuela nacional que signifique perfeccionamiento del hombre, del individuo en todo lo que él encierra, para que pueda servir mejor y entregar a la comunidad de la cual forma parte la energía vital, esa rica vida interior que Dios ha puesto en el alma de cada ser humano, junto con su naturaleza; y para que sea, además, una esencia que sirva a sus semejantes y que, abierta al mundo, reciba las voces y la luz de todas partes y construya cada día un camino de progreso más claro, más definitivo, más justo por el cual podamos avanzar con respeto por nuestros pensamientos y procurando que nuestro paso por la tierra sea lo más digno y feliz posible, pleno del espíritu de progreso que la comunidad merece y de la bondad que Dios ha puesto en las naciones para bienestar de los individuos que las pueblan.
He dicho.