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Antecedentes
  • Senado
  • Sesión Ordinaria N° 37
  • Celebrada el
  • Legislatura Ordinaria año 1969
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Intervención
CONFERENCIA INTERNACIONAL DE PARTIDOS COMUNISTAS Y OBREROS.

Autores

El señor TEITELBOIM.-

Un hecho acontecido en la primera quincena del mes de junio de este año 1969 está destinado seguramente a adquirir relieve histórico especial. Durante ella se celebró en Moscú la reunión que, según muchas voces agoreras del capitalismo, nunca podría efectuarse: la Conferencia Internacional de Partidos Comunistas y Obreros. Se "trataba de una predicción sostenida, repetida día tras día en la prensa accidental, cuyas páginas aparecían a menudo colmadas de informaciones supuestamente objetivas sobre el acontecimiento, llenas de augurios prediciendo la segura inasistencia de los partidos de Cuba y Rumania, dando por descontada la hostilidad declarada de los comunistas de Italia y España y el desacuerdo de muchos otros partidos, situación discordante y caótica que hacía imposible, según sus pronósticos, que se sentaran en torno de una misma mesa con otros partidos comunistas y menos que pudieran llegar a acuerdos esenciales para una acción y aún para una concepción común de los problemas cardinales de la lucha de nuestro tiempo.

Publicidad amplia.

La delegación del Partido Comunista chileno que participó en dicha conferencia, encabezada por nuestro Secretario GeneralLuis Corbalán, e integrada por los camaradas Gaspar Díaz, Rodrigo Rojas y el que habla, pudo comprobar con sus propios ojos y oídos el derrumbe estrepitoso de los vaticinios imperialistas. La reunión fue profundamente viva, considerablemente democrática y, en lugar de abrir camino a la escisión, significó un serio paso adelante por la senda larga de la unidad del movimiento comunista. El mismo acceso de periodistas de todo el mundo a la sesión inaugural y de clausura, celebradas, como todas ellas, en la Sala San Jorge del Kremlin, las conferencias de prensa de las diversas delegaciones, la publicación en resumen e "in extenso" de todas las intervenciones de los diferentes partidos, quebraron el voceado misterio, el secreto hermético "típico" o "clásico", según esas versiones, de la discusión comunista, y permitieron a la opinión pública mundial conocer ampliamente las posiciones sostenidas por ellos durante el transcurso de las deliberaciones. Cualquier estudioso serio de la situación internacional puede analizar, pues, a una luz directa y documental el fondo, la verdad y los alcances de la Conferencia de Moscú.

Presencias y ausencias.

Sin embargo, dicho encuentro, que congregó a 75 partidos, no puede entenderse sin el debate previo desarrollado en las diversas conferencias preparatorias que se celebraron tanto en Budapest como en Moscú con el objeto de realizar el traba- po necesario que permitiera convocar la Conferencia misma, llegando a ella con proyéctos de documentos minuciosamente elaborados a través de una participación colectiva de todos sus miembros.

La reunión se planteó sobre la base de un espíritu sin exclusiones. Por lo tanto, se enviaron invitaciones a 84 partidos comunistas, comprendidos los de China, Albania y otros que las rechazaron. Un partido, el de los Trabajadores de Vietnam, en carta del 22 de mayo expresó su sincero reconocimiento al Partido Comunista de la Unión Soviética y a los demás por su apoyo, por la grande y valiosa ayuda a la causa revolucionaria del pueblo vietnamita. Agradeció la invitación y lamentó que en razón de la situación actual le fuera imposible enviar sus representantes a la Conferencia Internacional. No obstante, conoció en Hanoi el llamamiento de la Conferencia por la "independencia, libertad y paz para Vietnam" y aportó sus ideas a dicha iniciativa. En este sentido, el Partido de los Trabajadores de Vietnam participó indirecta y parcialmente en la elaboración de los documentos de la Conferencia.

El Partido Comunista de Cuba concurrió a ella en calidad de observador; usó allí de la palabra y contribuyó con su intervención al éxito de la misma, a la unidad del movimiento comunista y al combate antimperialista.

Sobre América Latina.

El Partido Comunista de Chile actuó también en las reuniones preparatorias, donde fundamentalmente se elaboraron los documentos que debían ser sometidos a la consideración de la Conferencia, sobre todo el relativo a "Las tareas actuales de la lucha antimperialista, la unidad de acción de los partidos comunistas y obreros y demás fuerzas antimperialistas". El Pleno de nuestro Comité Central de abril lo aprobó, considerándolo el fruto de un esfuerzo colectivo desplegado por los diferentes partidos en las reuniones preparatorias. Convencido de la necesidad de mantener su estructura, su fundamentación teórica y sus formulaciones políticas principales, sin embargo, nuestro partido propuso diversas observaciones con el objeto, a su juicio, de perfeccionar su texto. Se presentaron por muchos partidos centenares de indicaciones, lo cual refleja que el movimiento comunista internacional no es una estructura de una voz única, sino un amplio conjunto donde todos los partidos toman la palabra.

Entre las observaciones más importantes hechas por el Partido Comunista chileno, respecto de las cuales hubo sugestiva coincidencia con otras presentadas sobre la misma materia por diversos partidos del continente, están las concernientes a los puntos del documento en que se hace una caracterización rigurosa de América Latina. En realidad, los redactores finales de los puntos 101, 102 y 103 del documento principal fueron los propios partidos latinoamericanos.

Presentaron a la reunión plenaria una proposición más ajustada de la situación y fisonomía de nuestros países -que fue aceptada por la voluntad unánime de la Conferencia-, afincada en su historia, su relativo desarrollo capitalista mirado en conjunto y en el crecimiento de un proletariado numeroso, tanto urbano como rural en diversas áreas del continente. Ella puso de relieve la existencia y desarrollo prácticamente en todos los países latinoamericanos de partidos comunistas; el enfrentamiento de nuestros pueblos a un opresor común, que considera al continente como su retaguardia estratégica, colocándolo en una situación de dependencia: el imperialismo yanqui.

La delegación cubana.

Destacó, además, que la lucha por la independencia económica y por una auténtica soberanía nacional se funde con una enconada lucha de clases contra la explotación capitalista, contra los monopolios extranjeros e internos y el latifundio. Dentro de esos rasgos que configuran el panorama latinoamericano, dicho cuadro no olvida las supervivencias feudales y la existencia de una gran masa de campesinos sin tierra.

Señala la significación de la lucha por las reivindicaciones democráticas y contra las dictaduras tiránicas que han aso- lado y siguen asolando con tanta frecuencia la historia latinoamericana.

La Revolución Cubana, según la caracterización aprobada en la Conferencia, al romper la cadena de la opresión imperialista en América Latina y conducir a la creación del primer Estado socialista en el continente, marcó un viraje histórico y abrió una etapa nueva en el movimiento revolucionario latinoamericano, dentro de un proceso que abre la puerta al socialismo.

Igualmente, comprobó el papel activo de la clase obrera, la lucha de las grandes masas y los distintos caminos que siguen en diferentes países. Lo común a todos ellos es el aumento de la combatividad del proletariado, el despertar de la conciencia campesina, el dinamismo creciente de las capas estudiantiles de la intelectualidad avanzada de amplios sectores urbanos medios. Asimismo, el ascenso de los combates contra la opresión imperialista y la explotación que afecta a la mayoría penetra también entre las conciencias progresistas de diversas iglesias. El documento también subraya que esta tendencia encuentra eco igualmente en ciertos sectores de las fuerzas armadas de algunos países latinoamericanos.

Sugerencias aceptadas.

El Partido Comunista chileno, que expresó su opinión a través del discurso de su Secretario General, camarada Luis Corvalán, presentó otras proposiciones, entre ellas una destinada a poner de relieve no sólo la superioridad material del sistema socialista, sino también de sus valores humanos y morales. Muchas de sus sugerencias fueron aceptadas por la reunión. Esto se aplica y vale para diversos partidos. Puede decirse que los documentos se ciñeron a un principio real de elaboración colectiva, en medio de una discusión viva donde cada partido manifestó un juicio claro y culminó con una ratificación de los principios del internacionalismo proletario y de la necesidad de fortalecer el movimiento obrero y revolucionario mundial en la lucha contra el imperialismo.

Debe subrayarse que esta Conferencia, que constituye una etapa muy significativa en la consolidación de la unidad, la garantía indispensable para nuevos éxitos en la lucha de los pueblos por la independencia y el socialismo, por la paz, el pan y la libertad, no fue considerada por ninguno de los participantes como una meta final, sino como una estación en la ruta, dentro de un proceso unitario complejo, que debe ser continuado con nuevos esfuerzos.

La unanimidad expresada por los participantes en la Conferencia sobre los decisivos problemas de la lucha antimperialista, testimonio de la fuerza del movimiento comunista y obrero internacional, no se logra mediante el silencio, sino a través de las opiniones abiertas de los distintos partidos.

El proceso complejo de la unidad.

Ciertamente esta unidad se realiza avanzando por un terreno que no está exento de dificultades y de discrepancias mayores o menores y exige un empeño tenaz de los diferentes partidos. No faltaron las observaciones críticas, algunas aceptadas, a diferencia de otras que ponían el acento sobre la falta de un análisis profundo de problemas que efectivamente estaban en el centro de la discusión, como los relativos a la revolución científico-técnica, a la importancia de renovadas posibilidades revolucionarias en distintos sectores, sobre todo en la nueva generación. Otros objetaron cierta caracterización de las relaciones entre los partidos, planteadas, a su juicio, en el plano de los principios formales; pero, sin duda, el mismo desarrollo de la Conferencia fue una gran demostración práctica de que los vínculos interpartidarios buscan una adecuación democrática creciente. Se insistió en la necesidades que el marxismo-leninismo no se quedara atrás respecto de ninguno de los factores de la realidad contemporánea, con espíritu propicio a la comprensión de los fenómenos actuales, tanto en el orden político como en el ideológico, táctico y estratégico.

La Conferencia giró esencialmente en torno de la idea de que continúa siendo la contradicción fundamental de nuestro tiempo la lucha entre el sistema socialista y el imperialismo, dando a la clase obrera mundial y al movimiento de liberación toda su significación trascendental como elementos también decisivos del frente revolucionario. Compañeros como Waldet Rochet, Secretario General del Partido Comunista francés, dijeron que los comunistas no reclamamos el monopolio de las ideas revolucionarias, pero, combatimos todo aquello que tiende a subestimar el papel y a borrar el perfil de los partidos comunistas.

El pleito capitalismo-socialismo.

El discurso del jefe de la delegación del Partido Comunista de la Unión Soviética, que estuvo formada por todos los miembros del Buró Político y del Secretariado del Comité Central, constituye y da una amplia visión de la necesidad de unir la acción de los partidos comunistas y obreros y demás fuerzas antimperialistas, expresa la confianza de que esa Conferencia, que contó con la representación de la mayoría de los partidos comunistas del mundo, desempeñaría un papel importante en la tarea de mancomunar la acción de todos los que luchan contra el imperialismo. Brezhnev señaló, además, la convicción de que la lucha conjunta por la conquista de los objetivos propuestos en ella contribuirá a superar las dificultades surgidas dentro del movimiento comunista y a reforzar su cohesión sobre una base de principios.

Refiriéndose a las inauditas posibilidades que ofrece el actual desarrollo de la ciencia y de la técnica, recalcó un contraste : la incapacidad del imperialismo para librar a la sociedad de la pobreza, suprimir la cesantía, asegurar a los trabajadores y a los pequeños propietarios una vida sin miedo al futuro y, sobre todo, la incapacidad de renunciar a la expoliación que ejerce sobre varios continentes. Se ahonda el abismo entre la punta del vértice monopolista y las inmensas multitudes de trabajadores que sufren privaciones en la base de la pirámide. Pero, a su vez, el imperialismo no abandona la amenaza de una nueva guerra mundial. Los gastos militares de los Estados Unidos durante el lustro reciente fueron superiores a los de toda la Segunda Guerra Mundial. El peligro de una conflagración subsiste.

Una de las formas de esta lucha se traduce en la emulación económica entre el socialismo y el capitalismo. Con 18% del territorio de la tierra y 10% de la población mundial, los países socialistas integrantes del Consejo de Ayuda Mutua Económica entregan hoy alrededor de la tercera parte de la producción industrial del mundo. En el último decenio su renta nacional aumentó en 93%, mientras que en los países capitalistas desarrollados, la renta nacional en el mismo período subió en 63%. (Esta situación no se aplica a los países dependientes de las potencias imperialistas, donde estas cifras son mucho más bajas y los aumentos resultan a menudo virtualmente inexistentes, como sucede en América Latina).

A su vez la política agresiva del imperialismo, su desenfrenada carrera armamentista, obliga a mantener templada la poderosa arma defensiva de los Estados socialistas, a fin de desalentar a los que amenazan con un nuevo conflicto mundial. Pero también arroja, tanto sobre el mundo capitalista como sobre el socialista, el pesado fardo de los gastos militares. Naturalmente, nosotros desearíamos que fueran dedicados, entre otras cosas, a la ayuda a las que se llaman "zonas sub- desarrolladas" de la Tierra.

El enmarañado camino de los pueblos.

No se presentó allí un cuadro idílico del desarrollo del sistema socialista mundial. Junto a sus éxitos indiscutibles, se analizaron también las dificultades. El enmarañado camino socialista se explica porque es un camino nuevo -no tiene sino un poco más de cincuenta años en un solo país-, que parte de la ruptura de centenarias tradiciones y prejuicios, que envuelven en su teleraña no sólo a las clases y grupos sociales dominantes, en cuyo favor se crean, sino que también se adentran en la mente de muchos explotados, creando lo que los sociólogos llaman una "falsa conciencia".

La sociedad socialista tiene que crear un tipo de relaciones humanas completamente distintas, reeducar en los principios de una psicología nueva, de una concepción revolucionaria del mundo. La toma del poder político y la creación de relaciones económicas aboliendo la explotación capitalista no es sino la premisa objetiva que crea posibilidades de resolver en el futuro dichos problemas, entre los cuales se incluyen, no sólo los vínculos entre los hombres, sino también entre los Estados, la superación de discordias, recelos y desconfianzas entre los países, cultivadas y exacerbadas durante siglos y que a menudo se mantienen con la fuerza y la violencia de fenómenos históricos en que se mezclan ingredientes y flujos irracionales. Tal es un problema que en algún modo vive no sólo el mundo capitalista, sin excluir a América Latina, con toda la fobia de problemas limítrofes que se mantienen por generaciones, sino que en cierto sentido afecta también, como pesada herencia, al mundo socialista.

El aprovechamiento de las nuevas condiciones objetivas creadas precisamente por el nuevo régimen permitirá, en un proceso complicado, resolverlo. Los partidos comunistas gobernantes, dentro de su misión de liberar a los pueblos y a las naciones de las rémoras y los odios del pasado, deben encauzar obstinadamente las perspectivas que ofrece la nueva vida para eliminar, por medio de un proceso histórico y de una política de largo alcance, la raíz de las desavenencias entre las naciones.

Pero a su vez, sin duda, el imparialismo, que define interesadamente el nacionalismo como palanca esencial de los países socialistas, trata de azuzar y extremar al máximo dichas tendencias, tanto en el dominio económico como político e ideológico. Juega a la división dentro del campo socialista y ha conseguido introducir ciertos elementos de desconfianza entre algunos de ellos, que en el caso chino llega a la animadversión beligerante y agresiva, a una hostilidad planificada y grave. Por lo tanto, la actitud vigilante no sólo debe clavar sus ojos en las intrigas exteriores, sino asimismo reiterar la necesidad de los enfoques de clase respecto de los fenómenos sociales que se operan también dentro del mundo socialista.

Ni excomuniones ni anatemas.

La reunión de los partidos comunistas no pronunció ninguna excomunión. No hubo anatemas ni maldiciones. Siempre dejó la puerta abierta que permita integrarse al movimiento a los partidos comunistas que por diversas razones se mantienen al margen de él. Esto no excluyó la claridad y el espíritu crítico, sobre todo respecto de la política seguida por los dirigentes del Partido Comunista de China, que mereció el rechazo de la mayoría de los participantes. Ella no asume meros rasgos de un conflicto chino- soviético exclusivo, sino que afecta en uno u otro aspecto a los diversos partidos comunistas, a la lucha antimperialista como un todo, y envuelve un intento de revisión del marxismo-leninismo, el cual se asimila elementalmente a un catecismo y al libro rojo de las citas de Mao Tsetung. Llamando a las palabras por su revés y mentando la soga en la casa del ahorcado, según el IX Congreso del Partido Comunista de China, se formula, en nombre del marxismo, la necesidad de la lucha declarada contra el denominado "revisionismo moderno". Los dirigentes chinos han acusado a muchísimos partidos comunistas, entre ellos a los de Francia, Italia, Estados Unidos, América Latina, India, etcétera, enrostrándoles toda clase de apostasías. Esta actitud se sincroniza con un antisovietismo desbocado. Un diario de Pekín llama a "prepararse para la guerra tanto ordinaria como nuclear, grande, contra el revisionismo soviético". Sus adalides juzgan la guerra como un fenómeno histórico positivo, repiten sus pretensiones territoriales respecto del suelo soviético, realizan provocaciones fronterizas.

El propio Brezhnev sostuvo en la Conferencia que no identificaba dichas manifestaciones y actos con las aspiraciones de todos los comunistas chinos, de ese pueblo, ni con sus intereses, manifestando que sólo por medio de la alianza y colaboración fraternal entre ambos países se podría conseguir el verdadero renacimiento nacional de China y asegurar su desarrollo social.

La unidad es un proceso y un esfuerzo continuo.

Coincidimos en que la unidad no es una frase, sino un hecho y el producto de un proceso que no se logra espontáneamente sino que se forja en un esfuerzo continuado, tendiente a buscar las vías para superar los diferendos existentes, desavenencias que son desiguales y por lo tanto han de ser solucionadas también por caminos propios y específicos. En ciertos casos, los encuentros bilaterales -se dijo allí- pueden ser el método más indicado, aunque en último término será la vida, la historia misma, la que diga la última palabra. Sin embargo, hay discordias que van al fondo mismo, a lo que se llama la esencia del movimiento comunista y de la ideología mar- xista-leninista. En especial, en ese caso no sólo se requiere tiempo, sino una voluntad activa de esclarecimiento permanente y la necesidad de trabajar con paciencia genuina en pro de la unidad por todos los medios.

Lucha impostergable.

Dicha inquietud constituyó una preocupación muy viva dentro de la Conferencia. Desde luego ella partió del hecho de que el mundo socialista, la clase obrera internacional y el movimiento de liberación nacional, las tres corrientes principales del torrente revolucionario, no se encuentran solos ni tranquilos en el mundo, sino bajo el fuego de la intriga diaria del imperialismo, que no cesa un minuto en su empeño de quebrantar la cohesión del movimiento comunista y del campo socialista, del movimiento antimperialista. Un hecho queda claro: mientras duren las dificultades internas dentro de éste, no es posible abdicar ni por un instante a la necesidad de la autodefensa frente al embate imperialista ni a la obligación de luchar constantemente por la revolución. Dicha misión no puede ser suspendida ni postergada hasta el feliz momento en que reine la armonía dentro de todo el movimiento comunista. Mientras ella no se logre plenamente, es lógico llegar a un acuerdo, aunque sea en términos parciales. Los comunistas, que tienen por enemigo común al imperialismo, no pueden renunciar ni menos obstruir las acciones conjuntas frente a él. Es su deber inmediato asumir sus obligaciones políticas frente al adversario dentro del más ancho margen unitario. A través de este trabajo en común, se irá haciendo claridad sobre cuáles opiniones se ajustan más a los intereses del movimiento comunista. Para usar otras palabras, se trata de ceñirse al principio mar- xista de que la práctica es el criterio supremo de la teoría. Y esta praxis exige poner en primer término lo que nos une y acerca a los comunistas de todo el mundo.

Nuevas formas de relación.

Hoy no existe la Internacional Comunista. Ella se disolvió hace un cuarto de siglo, porque, habiendo sido una organización indispensable durante la infancia de los partidos comunistas, dejó de tener sentido útil cuando ellos pidieron caminar y orientarse por sí mismos en la enredada selva de la lucha de clases, con capacidad autónoma para prestar mejor y más cabalmente una atención minuciosa y desde adentro a las particularidades de su realidad nacional.

Los partidos comunistas son absolutamente independientes. Elaboran su línea por cuenta propia, surgen de la entraña de su país. Su patriotismo se funde con el internacionalismo. Asocian en un solo toda la identidad de intereses nacionales con la condición de fuerza mundial de una clase obrera explotada por encima de las fronteras, por el mismo sistema capitalista, que a su vez actúa en un plano internacional.

En tal situación, no es posible caer en la aceptación del aislamiento de los distintos destacamentos revolucionarios, rompiendo vínculos y contactos entre los partidos. Por lo contrario, éstos son indispensables y es menester coordinar mucho más sus acciones en el campo internacional, estableciendo a la vez caminos expeditos para el diálogo y la discusión sobre los diversos problemas, así como de regulación de las discrepancias. Una forma de expresión de tal espíritu son los encuentros bilaterales y multilaterales y, en un grado más alto aún, la misma conferencia internacional de los partidos de la cual hablamos.

Métodos.

Se discutió también en ella que un buen método para superar divergencias y sellar más fuertemente la unidad del movimiento comunista consiste en desarrollar un esfuerzo constante de sistematización del trabajo ideológico de los partidos, de aplicación de la doctrina marxista-leninista a realidades propias y al análisis de los nuevos problemas y formas de lucha y fenómenos tan vastos como novedosos de la vida contemporánea, que hoy son materia de grave controversia y teorización.

Dicha necesidad rige también, huelga decirlo, para el Partido Comunista chileno.

Fuerza a estudiar mejor la realidad nacional, con cada una de sus singularidades, sometidas a cambios vertiginosos o a veces más paulatinos; pero, simultáneamente, obliga a analizar mutuas experiencias, a enriquecerse con la práctica y la teoría elaborada por otros partidos, vale decir requiere convertir en un procedimiento normal el intercambio de opiniones. De allí la validez y conveniencia de las conferencias teóricas internacionales, encaminadas a fortalecer la unidad del movimiento comunista internacional, el frente único antimperialista, que por supuesto combina la necesidad del movimiento general como una articulación en síntesis de las peculiaridades que asumen la realidad y la lucha revolucionaria de cada país. La lucha contra la ideología burguesa exige poner constantemente al día las respuestas del marxismo, destruir la mitología ideológica creada por el imperialismo, difundida por sus vastos medios de comunicación de masas, destinada a nublar la conciencia social de los pueblos.

Salida constructiva.

Así la Conferencia Internacional de los Partidos planteó, según nuestro entender, sin soslayar, yendo a la raíz del asunto, pero señalando a su turno -y no podía ser sino así para desembocar a una salida constructiva- los medios, recursos y vehículos que permitan ahondar en la causa de los problemas, definiendo una metodología científica para solucionarlos no de manera simplemente declarativa, lo cual en el fondo no es una solución real, sino a través de un proceso histórico vital, donde tanto las clarificaciones del tiempo como la voluntad permanente de los partidos contribuyan a la superación de las divergencias actuales.

Se sabe que varios partidos manifestaron divergencias en la apreciación de diversos problemas. Todos expresaron en las sesiones de la Conferencia con toda amplitud y libertad total sus opiniones. Ellas fueron, por otra parte, difundidas ampliamente tanto en la prensa soviética como extranjera. Se insistió por muchos de ellos en que las diferencias de opinión parten a menudo de la diversidad del desarrollo histórico de cada país y de que el socialismo, con todo, es un régimen nuevo, sin precedentes y con un pasado propio extremadamente corto. Pero en general se concluyó que la discusión de ideas, que tampoco puede abrir de la noche a la mañana la puerta a todas las soluciones, en un ambiente que rechaza el sistema de los partidos réprobos, debe indicar siempre el imperativo de desarrollar el diálogo y la cooperación entre todos ellos. Por eso se aceptó en forma casi unánime el documento principal. La Conferencia en sí misma constituyó un amplio, franco y fructífero intercambio de ideas. Se enriqueció con nuevos aportes, con un estilo nuevo, abierto a todas las opiniones.

Uso del método colectivo.

Conceptos como el análisis del aumento del espíritu revolucionario en masas apreciables de la juventud estudiantil, los cambios ideológicos operados en las filas católicas, una mayor toma de conciencia en la intelectualidad, en fuerzas pertenecientes a las capas medias, ciertos fenómenos de avanzada ideológica que se proyectan incluso en sectores de determinadas fuerzas armadas, todo esto fue parte del substancioso análisis desarrollado en los intensos doce días que duró la Conferencia, caracterizada por una evidente maduración en la mentalidad de los partidos, progresivamente liberados de elementos de utopía en sus concepciones y en su forma de evaluar la realidad. Hubo un uso genuino del método del trabajo colectivo. Las numerosas enmiendas presentadas, muchas de ellas acogidas, son el índice representativo de un acervo común que se forma con aportes procedentes de diversos partidos. Sin duda existen aún numerosas áreas de la vida social y de los problemas revolucionarios que requieren un mayor análisis; pero los progresos en las formas de relación y el sentido unitario pesan inmensamente más en la balanza de los resultados de la Conferencia. Ella, si bien no cumplió la tarea imposible y no propuesta por nadie de asegurar por sí misma la unidad total del movimiento comunista internacional, señaló sin embargo un camino para llegar a su meta. Reconociendo las distintas realidades históricas, partiendo de la necesidad de considerarlas, su palabra final no es de división, sino de unión.

Un camino abierto.

La discusión de problemas como el de China o el conflicto árabe-israelí; del asunto checoslovaco, que fue abordado por diversos partidos y aclarado por boca del propio Gustav Husak; el análisis de las relaciones entre factores nacionales y nacionalismos; de los así llamados "problemas nuevos" del mundo contemporáneo; la expresión de enfoques diferentes sobre diversas materias, que constituye en varios partidos no un pensamiento accidental, sino sistemático, que estructura, por distintos motivos, toda una posición (Italia, España, Inglaterra, Australia, Rumania, etcétera), dio lugar a una discusión real, hecha generalmente en un plano de madurez y responsabilidad, que concluyó con un triunfo de la idea de unidad en la lucha y en torno a los principios. Esta resultó. ser la fuerza principal de la reunión.

En muchos sentidos, dicho encuentro tiene un carácter histórico. Señala un nuevo momento en las relaciones del movimiento comunista. Los diversos documentos aprobados en él, empezando por el que señala "Las tareas actuales de la lucha antimperialista y la unidad de acción de los partidos comunistas y obreros y demás fuerzas antimperialistas", fueron el fruto de la elaboración común de 75 partidos comunistas que supieron buscar frente al enemigo un denominador válido para todos, poniendo la unidad por encima de cualquier otra consideración.

Pero, a la vez, señala el comienzo de una época nueva en la vinculación de los partidos comunistas, conforme a las exigencias de nuestro tiempo, a sus responsabilidades nacionales y a su ideología internacionalista, que se conjugan en una unidad dialéctica, que exige siempre del marxismo-leninismo, de los militantes una actitud creadora y alerta.

La Conferencia Internacional de los Partidos Comunistas seguirá sin duda haciendo su camino, aunque no sea de manera espectacular, porque su esencia vital corresponde al interés histórico del socialismo, de la clase obrera y de los pueblos del mundo: cerrar filas al enemigo común, unirse ante el imperialismo para acelerar la liberación de cada pueblo y de la humanidad entera.

El señor HAMILTON (Presidente accidental).-

En el tiempo cedido por el Comité Radical al Comunista, ofrezco la palabra.

Si ningún otro señor Senador desea hacer uso de la palabra, se levanta la sesión.

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