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Antecedentes
  • Senado
  • Sesión Ordinaria N° 24
  • Celebrada el
  • Legislatura Ordinaria año 1968
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Intervención
PROMULGACION DE LA LEY SOBRE JUNTAS DE VECINOS Y DEMAS ORGANIZACIONESCOMUNITARIAS.

Autores

El señor SEPULVEDA (Presidente accidental).-

En el tiempo del Comité Demócrata Cristiano, puede usar de la palabra el Honorable señor Prado.

El señor PRADO.-

Señor Presidente, el viernes 19 de este mes, el Presidente de la República, don Eduardo Frei Montalva, promulgará en Valparaíso la ley de Juntas de Vecinos y demás Organizaciones Comunitarias. Conozco el pensamiento de. nuestro pueblo y sé, por ello, que serán muchos miles los pobladores que acudirán a la Plaza de los Héroes de Iquique para que haya plena presencia democrática desde el primer instante de vigencia de esa ley.

Durante meses, la Cámara de Diputados y el Senado se abocaron a la tarea de despachar el proyecto, de tan honda trascendencia para la vida del país.

El debate no fue fácil. Numerosas fueron las objeciones que se hicieron al proyecto y múltiples también las dudas y recelos que despertó en algunos sectores parlamentarios y políticos. Felizmente logramos ponernos de acuerdo en lo fundamental, y en breves días más será una realidad esta ley por tanto, tiempo esperada por los pobladores de Chile. Estoy seguro de que hemos hecho un importante aporte a nuestra, legislación social y abierto un ancho camino de solución de problemas que de mil maneras diversas, desconocidas para quienes viven sin temores, hacen víctima cada día a nuestro pueblo más humilde.

Es a propósito de esto que quisiera decir algunas palabras que atañen al significado de esta ley frente a la vigencia de muestro régimen democrático y a los fundamentos esenciales en que descansa.

Al inaugurarse en 1942, año de guerra en el mundo, Las Semanas Sociales del Canadá, expresaba su Presidente en uno de los pasajes que he subrayado muchas veces:

"Jamás se ha hablado tanto de Democracia. La palabra se halla en todos los labios, reaparece constantemente en las declaraciones de nuestros gobernantes. Defender, salvar la Democracia, tal es el "slogan" de los países aliados, el "leitmotiv" de todos los llamados a los sacrificios que las presentes circunstancias exigen. No censuramos esta manera de proceder. Sin embargo, para que ella sea eficaz es necesario que ella les hable realmente a quienes la dirigen. "

Hasta aquí las palabras que he citado.

Nos parece que estos términos, simples y directos, resumen el problema de la democracia. Porque todos podemos ponernos de acuerdo en el uso de la expresión democracia; pero lo que importa es saber realmente qué sentido, qué contenido y qué verdadero alcance se le asigna por unos y otros.

Nuestra Constitución Política define al Gobierno de nuestro país como un régimen democrático.

Si por democracia entendemos el que las autoridades y los gobernantes sean elegidos directa o indirectamente por el pueblo mediante el sufragio popular, si tal mandato es renovado cada cierto tiempo por un proceso electoral, si existe un Poder Legislativo encargado de dictar las leyes, un Poder Ejecutivo que tiene la obligación de cumplirlas y un Poder Judicial destinado a administrar justicia, y poderes ejerce sus si cada uno de estos funciones en forma independiente, si todo ello constituye una democracia, sin duda alguna que nuestro país ha sido una nación democrática.

Todo esto es cierto y resultaría vano e injusto no sentirnos orgullosos de nuestra tradición institucional, sobre todo si miramos más allá de nuestras fronteras y observamos cómo en tantos países hermanos el pueblo lucha aún por el derecho a decidir quiénes deben ser sus gobernantes, a contar con la garantía de ser juzgados por tribunales imparciales y aun por el respeto a los derechos humanos y a la vida.

Sin embargo, el concepto de democracia no está agotado. La realidad humana, la realidad concreta en nuestro país, ha venido exigiendo una real participación del pueblo en las tareas de Gobierno, y el mérito de la ley de Juntas de Vecinos, junto a las leyes sobre sindicación de los trabajadores, estriba precisamente en haber abierto el cauce a esa participación,

¿Podemos decir con propiedad que todo el pueblo participa en el Gobierno, cuando sólo tiene derecho a votar cada cierto tiempo por tal o chas veces sin relación casi siempre sin garantía de su cumplimiento fiel?

Creo que la respuesta no puede ser afirmativa.

¿Se puede afirmar que los actos de la autoridad responden con entera fidelidad a las necesidades del pueblo, cuando jamás se escucha a éste como comunidad organizada? Creemos nuevamente que no.

¿Dónde está la esencia del problema? Sin duda, en la concepción que tengamos del hombre y de la sociedad.

Sabemos que, a partir de la Revolución Francesa se organizó la sociedad sobre la base dé una concepción "igualitarista" del hombre. Por ella se utilizan innumerables medios para arrebatarle todo cuanto puede encuadrarlo dentro de categorías especiales, propias de cada persona. Con tales medidas se crea finalmente un polvo de ciudadanos, todos iguales, a los que, por medio de una declaración que es modeló de ideología abstracta, se dota de derechos previamente formulados en el gabinete, que prescinden de todo cuanto constituyes su naturaleza de individuo, dejando de lado todo, 1o que los hace personas; o sea, seres en que, fuera de lo individualizante, hay cuanto diferencia a unos de otros. He aquí lo inorgánico, lo amorfo, la masa. Estamos frente a las raíces mismas de la democracia formal, fundada en una concepción individualista del hombre.

En contraposición de la masa, encontramos el concepto de pueblo, sustancial-mente distinto de lo anterior.

Ningún hombre existe aislado; cada cual es hijo de una familia, tiene su propio medio dé ganarse la vida, habita una región determinada, posee capacidades que lo distinguen; de los demás, crea un bogar o cuida dé la subsistencia dé éste. Vive rodeado de circunstancias concretas, sólo: válidas para él Como consecuencia de todo ello, vive dentro de cuadros sociales, cada uno de los cuales posee una finalidad un medio dé realizarse, una índole y una función que les son propias.

Estamos frente a organismos intermedios- a. quienes les cabe una real participación y responsabilidad en la vida de la nación.

El pueblo no va a ser la suma matemática de individualidades egoístas, sino el conjunto viviente de personas, dé familias, de profesiones u oficios, de centros educacionales, dé grupos deportivos, de agrupaciones vecinales, es decir, de organismos creados por la necesidad la tradición, que es, después de todo, la vida.

Ninguno de esos cuadros y organismos ha surgido a consecuencia de esta ley. Ella no hace sino reconocerlos, pero no crearlos a priori ni otorgarles derechos definidos y medidos a su exclusivo antojo; son el producto dé la misma naturaleza social del hombre, por una parte, y de las circunstancias históricas, por otra; son frutos espontáneos de la convivencia humana.

Por eso, una democracia verdadera debe reflejar e integrar en sus estructuras gubernamentales a toda esa vida colectiva. Es el hombre dentro de sus cuadros naturales, y son los cuadros mismos quienes han de saber expresar y hacer oír sus opiniones de modo eficaz.

Acostumbrados como estábamos a estructuras individualistas-, en las que un Parlamento inorgánicamente elegido concentraba todos los poderes y abarcaba todos los géneros de actividad, sin que en su seno hubiera más representantes que los nombrados por la masa, nos ha resultado difícil concebir lo que puede ser una verdadera democracia, es decir, un poder representativo, verdadera imagen del pueblo en que éste haga oír su voz y actúe por medio de sus genuinos representantes, las organizaciones vivas de la comunidad: sindicatos, juntas de vecinos, centros de madres, centros de padres y apoderados, centros culturales y artísticos, organizaciones juveniles, etcétera.

Expresaba Paul Archambault en su obra "Realismo Democrático": "La idea de un régimen representativo es necesaria pero insuficiente. No logro resignarme a ver en esa boleta de sufragios muchas veces impotente la suma de mis derechos, de mis privilegios y de mis responsabilidades de ciudadano. Lo que puede y debe ser realizado es bajo formas múltiples, infinitamente diversificadas y multiplicadas en una participación más íntima y más activa dé cada uno de nosotros en la gestión dé la cosa pública. Ahora bien, cada uno de estos organismos que hemos visto surgir, prepara una manera nueva de participación. Cuando padre de familia, soy llamado a decir una palabra acerca de la enseñanza dada a mis hijos; cundo consumidor, ingreso en los organismos que vigilan el precio de la subsistencia; cuando en mi carácter de usuario en un servicio público, participo en la reglamentación dé sus condiciones de ejercicio; cuando, como miembro de un sindicato, discuto las cláusulas que reglamentan mi trabajo, no alcanzo a ver que con ello enajene mi calidad de ciudadano, antes bien, percibo que la acreciento".

El sentido de esta ley, como decía antes, es, precisamente, abrir cauce a nuevas formas de vida.

Nadie podrá negar la triste realidad de nuestro país, en que más de 50% de la población, según estadísticas de 1964, se encuentra marginada de la sociedad global en cuanto no tiene acceso a los beneficios de ella, como consecuencia de la falta de participación activa en la toma de decisiones; y, lo que es más grave, se encuentra carente de toda organización, sólo recientemente despertando a un verdadero sentido de solidaridad.

Lo dicho no son meras palabras. Según censo nacional efectuado por la Consejería Nacional de Promoción Popular, las organizaciones comunitarias o vecinales alcanzaban en 1964 a cerca de 20. 000 en todo el país, y no más de un centenar tiene personalidad jurídica. Las juntas de vecinos son más de 4. 000; los centros de madres, más de 6. 000; los clubes deportivos superan también esta cifra; las organizaciones juveniles y culturales alcanzan a más de mil. Sin embargo, la ley no las reconocía, y debían asimilarse a las corporaciones de derecho privado de nuestro

Código Civil. Es decir el actual orden establecido, que tanto defienden como algo inamovible, les había /dado vuelta la espalda. /

El Presidente de la República había prometido en su campaña, en una frase que quedará grabada en la historia, un "Gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo". Hoy día, felizmente, eso empieza a ser verdad, y nos sentimos hondamente satisfechos de haber cooperado en parte a ello. /

La ley de Juntas de Vecinos y demás Organizaciones Comunitarias, además de significar el cumplimiento de un programa de Gobierno clara y públicamente expresado, ratificado en tantas oportunidades por la voluntad popular, constituye el primer pilar de una democracia integral, en que la autoridad y la comunidad, cada una en su propio e irreemplazable papel, cumplen las funciones y asumen las responsabilidades/que les corresponden, libre y solidariamente. Y en cuanto a la realidad social concreta, es una vía abierta a todas las/ comunidades, en especial a las formadas por pobladores, campesinos, mujeres modestas, jóvenes trabajadores en general, para organizarse legalmente, tener acceso/a la solución de los problemas que los afectan y colaborar con la autoridad, en todos los niveles, aportando sus criterios, sus decisiones y sus esfuerzos para el desarrollo del país.

No deseo terminar sin poner énfasis, aunque sea en un intento de síntesis, en dos de las tareas de más profunda y verdadera trascendencia que este Gobierno ha emprendido con decisión. Ambas son condiciones esenciales para cimentar una democracia que sea integral y no formal.

La primera de ellas es la educación del pueblo, empresa a la que este Gobierno se ha dedicado con resultados incontrovertibles, cuantitativos y cualitativos.

La segunda es la de organizar al pueblo para que pueda expresar una voluntad real, para que la soberanía popular no sea solo palabras, para que verdaderamente el pueblo sea el origen y el titular del' poder. Frases fáciles de pronunciar, pero enormemente difíciles de ver convertidas en realidad en la experiencia histórica y geográfica de todos los tiempos. Porque así como la democracia liberal se convirtió en forma, ¡cuántas democracias llamadas populares se han convertido en supuestos Gobiernos del pueblo en los cuales el individuo casi siempre se sumió en una masa de estructuras y poderes impersonales!

Porque la ley de Juntas de Vecinos representa un claro aporte a la construcción de una verdadera democracia, quiero expresar mi reconocimiento a quienes han trabajado intelectual y físicamente en ella, con profundo respeto por el pueblo, y en la tarea de promoción popular, que se siente hondamente hoy día en todos los ámbitos de las poblaciones en donde viven nuestros hombres, nuestras mujeres y nuestra juventud. He dicho.

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