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Antecedentes
  • Senado
  • Sesión Ordinaria N° 5
  • Celebrada el
  • Legislatura Extraordinaria periodo 1967 -1968
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Intervención
LA CESANTIA EN CHILE.

Autores

El señor TEITELBOIM.-

Señor Presidente:

Todas las especulaciones tan frecuentes sobre la persona humana, sus derechos, su dignidad, su desarrollo integral y otro tópico que suelen andar con insistencia por boca o en la pluma de ideólogos y políticos en el régimen capitalista, quedan relegadas a la categoría de mera fraseología, de palabrería vana frente a la realidad punzante de algunas de las lacras de este sistema económico-social. En efecto, es de la esencia del capitalismo el que se llegue a negar a ciertos hombres, a un sector de los trabajadores, de los explotados, no sólo el acceso a los progresos de la civilización y la cultura que contribuyen a crear con su esfuerzo diario, sino incluso los medios de subsistencia mínimos, los recursos indispensables para mantener siquiera la vida pobrísima o semivida que llevan. Porque eso es la cesantía: el flagelo que quita al hombre todo, pues el obrero sólo tiene su fuerza de trabajo, que vende día tras día, y cuando se le priva de la posibilidad de trabajar, no le queda en realidad nada, sino mayor miseria, más hambre y la renuncia al sentimiento de su propia dignidad.

La cesantía constituye una terrible y agobiadora realidad en los países capitalistas, incluso en los de mayor desarrollo y poderío, como es el caso de Estados Unidos. Pero sus estragos son más severos en las naciones subdesarrolladas o de evolución retrasada o inarmónica. En éstos, su presencia y su amplitud desmienten a menudo las más optimistas apreciaciones sobre el progreso de una economía, por lo que muchas veces se pretende disfrazarla o aminorarla, sin que se logre, naturalmente, hacer desaparecer una realidad que aplasta y frustra a una cantidad in numerable de obreros, los cuales son, por cierto, aunque a veces se olvide, personas humanas.

En Chile se está dando un aumento de la cesantía de caracteres alarmantes, en circunstancias de que nuestro territorio posee materias primas, y recursos potenciales enormes que permitirían incrementar las fuentes de trabajo y de que tenemos una serie de necesidades urgentes en cuanto a producción de bienes.

Los parlamentarios -todos, creo- hemos podido comprobar en forma personal un aumento angustioso en el ritmo de crecimiento de la cesantía en el último año. Y esto en todo el país y no sólo en las zonas que han sido afectadas durante un lapso prolongado por situaciones de paralización de actividades productivas. Los comités de cesantes formados en el norte, centro y sur del país, que aumentan de día en día y que no existían hace algunos años, no son entidades fantasmales ni organismos callampas ni creaciones artificiales hechas para molestar: son la agrupación de gente activa y desesperada sin ocupación, de hombres y mujeres chilenos que necesitan trabajar y lo desean ardientemente, que están ansiosos por emprender cualquier labor y que no pueden hacerlo porque la estructura económica, la sociedad actual, se lo está negando. Incluso el problema se proyecta más allá de nuestras fronteras en las personas de los varios centenares de miles de chilenos que han emigrado a la Argentina en busca de alguna faena y que allá mismo no la encuentran o la obtienen en condiciones discriminatorias, como mano de obra barata. Porque eso es el chileno en Argentina: lo que el negro en los Estados Unidos.

Magnitud de la desocupación.

Durante la campaña presidencial del actual Mandatario, se hizo particular hincapié en que bajo su administración existirían en el país "trabajo y buena plata". Dirigentes y parlamentarios democratacristianos destacaban que habría solución para el problema de la cesantía y un cambio respecto de la política del Gobierno del señor Alessandri de dejar vía libre a los mecanismos de la empresa privada en lo que se refiere a fuentes de labor. No pocas veces se atacó la política del llamado "régimen de los gerentes", haciéndose ver que el derecho al trabajo era sagrado y estaba por encima de los intereses del núcleo privado.

Por eso, estimamos procedente llamar la atención de los hombres que son Gobierno desde hace tres años -la mitad de su período-, que ayer anunciaban soluciones que pondrían coto a los contornos realmente patéticos que fue adquiriendo el incremento de la cesantía, y que proclamaban la necesidad de adoptar medidas concretas y urgentes. Nada se sacaría con negar los hechos o con atenerse a estadísticas que sabemos superadas por la realidad o manipuladas de manera hábil para alterarlas. Entendemos que el hecho de que el propio Presidente de la República haya sostenido como algo normal la mantención de un 4% de la población activa en paro forzoso permanente, significa un retroceso en las metas propuestas en el plano del empleo, ya que equivale a considerar normales la miseria, la angustia y el hambre en cien mil hogares chilenos. Aquel porcentaje, en todo caso, que representaría alrededor de medio millón de chilenos, de hogares sin trabajo, ha sido superado incluso de acuerdo con los cálculos del Instituto de Economía de la Universidad de Chile, organismo que ha reconocido deficiente la representatividad de la muestra empleada.

Con tal salvedad, la estadística de esa entidad señalaba para Santiago, en el mes de marzo de 1967, un 5,5% de la población activa como cesante; mientras que la "Muestra Nacional de Hogares-Encuesta Continua de Mano de Obra", realizada polla Dirección de Estadística y Censos, con asesoría y colaboración de otros organismos, señalaba 7,1%.

En la respuesta de la Central Única de Trabajadores al oficio del Senado relativo a esta materia -ruego al señor Presidente, con la aprobación de la Sala, incorporarla en mi discurso, porque es un documento enviado a esta Corporación-, se hace una serie de análisis en torno de los detalles de esa "muestra", que son realmente alarmantes.

-El documento que más adelante se acuerda insertar dice lo siguiente:

"Central Única de Trabajadores de Chile, Consejo Directivo Nacional.

Nota: Carta respuesta al Oficio 3014 del 31 de agosto de 1967 del Honorable Senado en que se solicita a la CUTCH sus conclusiones sobre el problema de la cesantía en el país.

Santiago.

Señor Salvador Allende G.Presidente del Honorable Senado de la República.

Presente.

Señor Presidente:

La Central Única de Trabajadores da respuesta por intermedio de la presente a vuestro oficio 3014 del 31 de agosto de 1967, por medio del cual se nos solicita, a nombre del Honorable Senadordon Aniceto Rodríguez, informar sobre las conclusiones a que hemos arribado acerca del problema de la cesantía.

Para nuestra Central es particularmente grata la preocupación del Honorable Senado por esta situación que se agudiza día a día como venimos demostrándole desde hace tiempo. Es más, en diversas oportunidades nos hemos dirigido a las autoridades para llamar su atención sobre la necesidad de tomar urgentes medidas para enfrentar o siquiera paliar en algún grado la creciente falta de fuentes de trabajo que viene a agravar los innumerables problemas que ya soportan las clases laboriosas del país.

Con fecha 23 de febrero de 1967 nos dirigimos al señor Ministro del Trabajo, en conjunto con la Confederación de Empleados Particulares de Chile, para señalar las principales características de la situación existente en cuanto a cesantía, paralización de faenas, despidos, etc. Posteriormente, hemos celebrado diversas entrevistas con varios personeros del Gobierno, gestiones todas que no han arrojado resultados significativos.

En diversas localidades del país, nuestra Central ha participado y participa en Juntas de Adelanto, Cabildos, mítines, etc., junto a otros sectores nacionales, incluso de la producción y del comercio, para proponer y reclamar medidas concretas que pongan fin a tan extrema amenaza contra la salud y la vida de los trabajadores y sus hijos. Basta recorrer la prensa día a día, en sus distintos órganos de expresión, para darse cuenta de la magnitud de este verdadero drama y de la activa participación de la CUT, sus Federaciones y Sindicatos asociados en diversos esfuerzos por encontrar soluciones efectivas.

Comprendemos perfectamente que la solución definitiva del problema de la falta de fuentes de trabajo está íntimamente ligada a la adopción de medidas de fondo en cada uno de los diferentes aspectos de la vida nacional, medidas que venimos reclamando insistentemente desde hace tiempo. Los trabajadores chilenos no pueden permanecer inmóviles mientras un alto porcentaje de sus hermanos de clase no tienen cómo ganarse el pan. Más aún, impulsamos medidas que tiendan a solucionar este verdadero flagelo en un afán patriótico, pues nos damos cuenta de que sólo en la medida que las fuerzas más activas del país, las del trabajo, se movilicen por la solución de los principales problemas, podrá haber alguna esperanza de conseguir mejores días para el país.'

Fuera de ser una consecuencia y expresión clara de la crisis económica y social en que Chile está sumido, la cesantía tiene mucho que ver con los ajetreos antinacionales de conocidos sectores que, a través de los despidos, paralizaciones de faenas y fuga de capitales al extranjero, pretenden sembrar la confusión e introducir el caos para resguardar viejos privilegios y preservar sus injustas posiciones ante el avance de la conciencia nacional y movilización de los trabajadores.

En estas circunstancias, callar o pretender ocultar la existencia del grave problema de la cesantía sólo sería hacer el juego a sus oscuros manejos. Por el contrario, la mejor manera de combatirlos es entrar a buscar y lograr soluciones efectivas aunque haya que afectar intereses que no resisten el menor análisis desde el punto de vista de la justicia.

La CUT ha venido sosteniendo desde hace tiempo la gravedad de este problema e insistiendo en que los indicadores oficiales subvaloran la real cesantía existente. Con frecuencia nuestra observación fue tildada de demagógica. Pues bien, los hechos nos han venido a dar la razón.

El indicador más sistemático que se publica es el informe trimestral sobre desocupación del Instituto de Economía de la Universidad de Chile. En el estudio correspondiente a marzo de 1967 dicho Instituto reconoce que la muestra por ellos utilizada había dejado de representar la realidad y señala que al aplicar nuevos procedimientos metodológicos, la cesantía resultaba ser superior a la que se venía aceptando como real.

En efecto, el procedimiento antiguo señaló para marzo de 1967 una desocupación para el Gran Santiago de 5,5% sobre la fuerza de trabajo (cifra que publicó la prensa), mientras que los métodos más ajustados indicaban que ella, en realidad, alcanzaba el 6,3%.

Como comprenderá el Honorable Senado, esta diferencia es apreciable y tiene diversas implicancias. Tiempo atrás el señor Presidente de la República señalaba que él consideraba "normal" una cesantía del 4%. No compartimos esta extraña opinión. Pero la realidad indica que esa cifra ha sido sobrepasada en más de un 50% y con tendencia al alza. Tiempo es ya, entonces, de tomar algunas medidas serias para enfrentar la situación.

El estudio mencionado señala además que del total de la población clasificada como inactiva o fuera de la fuerza de trabajo, un 19% manifestaba deseos de trabajar. En cifras absolutas esto equivale a una cantidad tres veces superior al número de desocupados. En consecuencia, agregando este hecho a la cesantía, hay, solamente en la ciudad de Santiago, 230 a 240 mil personas que quieren trabajar y NO encuentran dónde o cómo hacerlo. Estos son las cifras oficiales.

El citado estudio se refiere sólo a la ciudad de Santiago. Los telegramas y comunicaciones que diariamente recibimos de nuestras Federaciones y Sindicatos de todo el país; la experiencia recogida en las giras por nuestros consejeros; antecedentes oficiales de otro tipo, todo coincide en señalar que para el resto del país el problema es similar y en muchos casos más grave aún.

Recientemente se ha publicado un estudio que merece ser conocido en detalle por todos los Honorables Senadores y las autoridades del país. Se trata de la "Muestra Nacional de Hogares-Encueste Continua de Mano de Obra", que abarca todo el territorio nacional con la información para el período julio-octubre de 1966.

Este trabajo (al que en adelante nos referiremos como "Muestra") fue realizado con la asesoría de las Naciones Unidas, por la Dirección de Estadística y Censos y el Centro de Estudios Estadísticos-Matemáticos de la Universidad de Chile.

La "Muestra" da cifras superiores a las del Instituto de Economía en el mismo período. Señala que los desocupados eran 179.000 personas en todo el país, lo que equivale al 6,4% de la fuerza de trabajo. Incluido el núcleo familiar, esto afecta directamente a cerca de un millón de personas.

Más aún, en las áreas urbanas de mayor dinamismo, la desocupación era de 7,6% y en las áreas rurales de 4,5% sin tomar en cuenta para esto último, el frecuente fenómeno del subempleo ("Muestra").

Para el Gran Santiago la desocupación era de 7,1% (el Instituto señalaba para este período alrededor de 5,3%). De Ñuble al sur la desocupación era de 6,5% y para el resto del país (excluyendo Santiago) 5,8%.

Los Honorables Senadores comprenderán la dolorosa evidencia que estas cifras representan. Nos interesa mostrar otras características que la "Muestra" señala.

En la población trabajadora joven, la desocupación alcanza niveles abismantes: 14,2% para los trabajadores entre 15 y 19 años de edad y 9,8% entre 20 y 24 años. Este es el panorama que nuestra sociedad le ofrece a la juventud.

¿Cómo se compone el total de 179.000 desocupados? 44.800 nunca trabajaron, es decir, buscan trabajo por primera vez; 97.400 son obreros y 26.600 empleados. El resto son artesanos, trabajadores por cuenta propia y sus familiares. Cabe señalar que empieza a haber una antes desconocida cesantía en sectores profesionales y administrativos ("Muestra").

Al preguntárseles qué categoría de trabajo buscan, se nota una preferencia más que proporcional por categorías de bajo ingreso (obreros), seguramente desesperanzados ya por la larga búsqueda de trabajo. El 55% del total de desocupados lo estaba por más de 15 semanas ("Muestra").

La distribución de la cesantía por rama confirma nuestra afirmación de que las cifras oficiales subvaloran la realidad. En efecto, aparece una baja cesantía porcentual en aquellas ramas que reconocidamente presentan un gran subempleo o desocupación disfrazada, es decir que la gente aparece trabajando pero sin aportar nada a casi nada al esfuerzo productivo o recibiendo una remuneración inferior incluso a la de subsistencia. Tales ramas son típicamente las de Agricultura, Comercio y Servicios. Por concentrar ellas una gran parte de la fuerza de trabajo, actúan en el sentido de bajar el promedio nacional de cesantía. Las cifras por rama son ("Muestra"):

Construcción......................16,3%

Transporte........................6,7%

Mineria...........................6,1%

Industria.........................4,9%

Servicios.........................3,9%

Comercio..........................2,8%

Agricultura.......................2,2%

Las ramas más decisivas tienen mayor desocupación que el promedio global. No hace falta recalcar la trascendencia de las ramas mencionadas en primer lugar.

A riesgo de cansar a los Honorables Senadores, creemos de nuestro deber completar el cuadro que para nosotros significa una realidad terrible y constituye también un impedimento y amenaza al futuro nacional.

De los que trabajan, de los que ya tienen trabajo, 8,5% trabajan menos de 30 horas a la semana (209.600 personas) y 12,5% trabaja menos de 35 horas semanales. Esto es también cesantía. Esto debe sumarse a la desocupación propiamente tal y a la gran cantidad de personas económicamente inactivas que manifiestan deseos de trabajar. Sin exagerar, este cálculo -que cualquiera puede hacerlo- nos indica que en Chile 750 mil personas no trabajan o semitrabajan, pudiendo y queriendo hacerlo en forma normal.

Como contrapartida relacionada, la crisis y los bajos salarios han hecho pasar a la historia la conquista de la jornada de 8 horas. 850.000 personas trabajan 49 horas o más semanales. El 9,7% de la fuerza de trabajo labora entre 60 y 70 horas a la semana y el 8% trabaja más de 70 horas ("Muestra").

Hay entonces un doble fenómeno. Por un lado cesantía y trabajo a media capacidad. Por otro, los empresarios tienden a ahorrarse una serie de gastos "sociales" haciendo trabajar a sus obreros prolongadas jornadas de trabajo, haciendo dar a cada persona que ha encontrado una ocupación más de lo que puede. Les interesa aumentar la producción pero no el número de ocupaciones. Esto lo consiguen principalmente a través de los bajos salarios.

Hablábamos antes del subempleo. En cierto sentido y en primera aproximación éste se puede medir por la incapacidad de un puesto de trabajo para entregar una remuneración mínima. Pues bien, en julio-octubre de 1966, el 23% de los obreros ocupados en actividades no agrícolas ganaban menos de 25 a la semana. En el área rural dicha cifra sube a 30% (64.000 obreros, siempre no agrícolas). El 53% de los obreros que trabajan en Chile en la rama de Servicios ganan menos de 25 semanales. Nominalmente esta gente trabaja. Prácticamente cabría agregarla a los desocupados.

Por último, señores Senadores, queremos agregar unas palabras sobre los hogares chilenos. La dramática realidad de la cesantía condiciona terribles características para los hogares de Chile, sin hablar ya de los bajos salarios. En el país hay 1.711.600 hogares de los cuales 580.200 son hogares obreros. El 30% del total está compuesto de más de 6 personas cada uno; 51% para el caso obrero.

El 60% de los hogares chilenos obreros tiene sólo una persona activa, o sea dependen para su sustento del salario de una sola persona, el 37% de estos hogares que dependen de una sola persona está compuesto de 6 ó más personas, generalmente menores de edad. El grueso de los hogares está compuesto de cuatro, cinco o más personas. Las cifras para empleados son similares.

El problema de los hogares mal constituidos, Honorable Senado, no se arregla en definitiva con visitadoras sociales. Los trabajadores no quieren la humillante limosna organizada, no esperan que nada caiga del cielo ni venden su dignidad de chilenos a cambio de porcentajes constitucionales. Desean integrar una sociedad donde puedan entregar sus esfuerzos para otorgar bienestar a sus hijos, quieren encabezar la tarea de sacar a la patria del atraso, la miseria que los agobia sólo a ellos, pues hasta ahora no hemos visto un patrón pobre ni un patrón cesante.

Lo anterior son cifras. Las hemos querido anotar porque reflejan una realidad, una verdad que nos toca conocer a diario. La CUT está en condiciones, como lo están otras organizaciones de trabajadores, de ponerle nombre a estas cifras, de describir uno a uno todos los casos de cesantía, paralización y reducción de faenas. Algunos gobernantes despreocupados hablan de que existirían solamente "bolsones" de cesantía, sin mayor importancia. Recorriendo la geografía del país se verá que la cesantía es ya una gran bolsa que amenaza con tragarnos a todos.

Se verá que no sólo hay cesantía por causas económicas. Hay también despidos arbitrarios que no obedecen a otra cosa que el afán de perseguir y reprimir a las organizaciones sindicales. Son numerosos los casos de trabajadores cesantes a causa de su condición de dirigentes. Se pasa a llevar el fuero sindical, se despide gente y muchas veces los patrones contratan nuevos trabajadores que necesitan. Esta cuestión no está desligada de los esfuerzos de sectores reaccionarios por introducir la anarquía, el caos y la confusión que faciliten sus intentos sediciosos y gol-pistas.

Pasamos a describir en forma somera aquellos casos en que nos ha correspondido intervenir.

A.- Minería.

En el curso del año han paralizado las siguientes minas:

Se han producido ademas los siguientes despidos, sin llegar todavía a la paralización total:

Están amenazados o notificados de despido, en lo que resta del año, los siguientes trabajadores:

B.- Pesca.

La crisis de esta actividad sólo ha podido ser resuelta por la CORFO sobre la base de reducir sustancialmente las faenas. Aun no es posible reunir los antecedentes completos, pero se estima que quedarán sin trabajo más de 2.500 personas, aunque el número actual de cesantes debe ser mayor.

C.- Construcción.

En este sector la cesantía adquiere caracteres dramáticos. Han quedado sin trabajo 24.000 personas en Santiago y 18.000 en el resto del país. Es conocido el estancamiento casi absoluto de la construcción de casas habitacionales, tanto del sector público como del privado.

Por otra parte, se han interrumpido o no se han iniciado diversas obras públicas programadas como por ejemplo: estaciones de ferrocarriles en San Felipe, Puerto Montt y otras ciudades; escuela industrial y centro universitario en Los Angeles; camino de Concepción a Santa Juana-Nacimiento; camino a la Planta El Toro en Chillán; camino entre Ovalle y Samo Alto ; liceo y cuartel de bomberos de San Felipe; tres puentes y camino a Futalelfú en Palena; obras de pavimentación y agua potable en varias localidades; obras de infraestructura para la Reforma Agraria, etcétera. Muy luego se terminará la Central Rapel, que ocupa a 3.500 personas, y ENDESA no tiene claro si podrá empezar el Toro.

D.- Industria.

La aguda baja en la construcción ha repercutido gravemente en la industria. Según los propios empresarios, se han despedido en los aserraderos 10.000 personas y pudieran despedirse 5.000 más. Han causado bastante noticia en los últimos meses, por este motivo, las faenas de ForestalColcura, Ralco, Malalcahuello, Comavi, San Pedro, etc. Igualmente paralizó la fábrica de maderas Mosso en Cura-cautín, con más de 500 obreros. Lo mismo ocurre en la industria del cemento, baldosas, pinturas, barracas, puertas y ventanas, vidrios, artefactos sanitarios, etc. Sólo en la rama de materiales de construcción estimamos la cesantía producida en 14.000 a 15.000 personas hasta el momento.

En otras ramas industriales hay problemas serios. El abandono de Arica por la industria automotriz producirá la cesantía de 4.000 personas, a corto plazo, situación por la cual se están movilizando activamente todos los sectores de esa ciudad. Hay 750 panificadores cesantes en Santiago, 120 en Valparaíso y 100 en Concepción. La Industria Carburo y Metalurgia despedirá alrededor de 400 obreros por incumplimiento de la Empresa de los Ferrocarriles del Estado, según dicen los empresarios.

El Astillero Las Habas de Valparaíso despidió a 60 obreros. Lo mismo ocurre, además de paralización definitiva, en astilleros de Talcahuano y el Norte a raíz de la crisis pesquera. Han habido otros despidos en INDUCORN de Llay-Llay (40 personas), VIBROCRET (11 personas), Industrial LUMINA (87), FERRO-CRET (40), Confecciones MANZUR (15), COOPEMPART (70), Maestranza General Velásquez (20), BANVARTE (15), FERRILOZA amenaza con 200 despidos y hay peligro de paralización en la Maestranza Arenal, Maestranza Lircay, Barraca Pincheira de Concepción, Manquimet de Chiguayante, Cantera Lando de Penco, para nombrar sólo los casos que han sido más conflictivos.

En diversas ciudades del país los cesantes se han organizado en Comités, cuestión que está en conocimiento de las autoridades por las gestiones hechas ante ellas y porque el Supremo Gobierno ha debido recurrir en una o dos oportunidades al 2% constitucional para mantener ollas comunes para estos trabajadores y sus familias.

Es demostrativo lo que ocurre en la ciudad de Puerto Montt, donde próximamente el Comité y la Municipalidad celebrarán un Cabildo Abierto. La Ayuda Cristiana Evangélica y Cáritas ocupan 300 cesantes en faenas varias en los barrios, pagándoles en alimentos. 500 obreros tuvieron que irse a trabajar a Río Negro y Neuquén, Argentina. Se han postergado indefinidamente la iniciación de la estación, matadero y la segunda etapa del puerto.

La nómina de las localidades donde se han constituido Comités de Cesantes es la que sigue, con el número de miembros, donde hemos descontado en lo posible aquellos desocupados que ya se han dado a conocer más arriba:

En resumen, podemos decir que la CUT y sus Federaciones han debido actuar gestionando alguna solución frente a todo tipo de situaciones que involucran a alrededor de 110.000 personas.

Señor Presidente:

Hemos descrito, probado y demostrado una realidad terrible e implacable. Para que se entienda bien... Nuestra actitud no es llorosa ni de lamentaciones. Es una, actitud serena y más que eso, vigilante y combativa.

Sabemos por la historia que la cesantía ha desaparecido por completo sólo allí donde los trabajadores han tenido acceso al poder político y constituido gobiernos populares. Pero no nos resignamos a soñar con el futuro. Nos lanzamos al combate ahora mismo. La realidad descrita explica bien la pretendida falta de organización sindical. Lo que no está organizado en Chile es la posibilidad de trabajo. Y por ello luchamos.

Es por eso que hemos señalado en numerosas oportunidades que no comprendemos la culpable indiferencia con que las autoridades tratan este grave flagelo. Faltan en Chile 500 mil viviendas, caminos, hospitales, fábricas. Hay 40 a 50 mil obreros de la construcción sin tener dónde trabajar. Hay capacidad instalada ociosa en las plantas de cemento, vidrio, madera y barras de fierro. ¿Qué falta, señores Senadores, para construir y progresar?

A primera vista, resulta esto inexplicable. En nuestra opinión, lo que falta es decisión. Decisión para hacer las cosas y para no dejarse arrastrar por los intereses bastardos y antipatrióticos de poderosas empresas privadas. Físicamente se puede construir pero financieramente no se puede porque las empresas no quieren... no les conviene. Esta es la situación. Hay cosas que se pueden hacer hoy mismo si existiera la decisión de atender al clamor de los trabajadores en vez de atender tanto a los empresarios y los intereses extranjeros.

Sin ánimo de entrar a definir políticas que no nos corresponden, ni caer en generalizaciones vacías, queremos terminar esta respuesta dando a conocer al Honorable Senado en forma concreta, las iniciativas que frecuentemente señalamos como obras de progreso nacional y fuentes importantes y permanentes de absorción de la capacidad de trabajo, hoy día desperdiciada.

En primer lugar está la realización de un amplio plan de Obras Públicas de emergencia, para construir las innumerables facilidades y adelantos por los que claman los pueblos y ciudades de este país. Hemos demostrado cómo están disponibles para ello todos los elementos necesarios y cómo el canal presupuestario para su materialización también existiría si hubiera la decisión de encontrar financiamientos que no descansen en las ya agotadas espaldas de los trabajadores. La red transversal de caminos, escuelas, hospitales, casas, poblaciones de emergencia, aeropuertos, etc.... son sólo unos pocos ejemplos. Para la mayoría de estas obras están ya estudiados y listos los proyectos en el Ministerio respectivo.

¿Por qué no se construye de una vez la Planta de Ceniza de Soda de Iquique, enfrentando al monopolio internacional, y la Planta de Cemento de Antofagasta, derrotando al monopolio criollo?

Hay otras posibilidades, que a la vez son agudas necesidades, señaladas en más de una oportunidad por los mineros chilenos: la Planta de Lixiviación para el cobre oxidado en Tocopilla, fábrica de ácido sulfúrico en Calama; ampliación de la Fundición de Paipote y aprovechamiento de sus humos para hacer ácido sulfúrico; fábrica de esponja de hierro; Planta de Flotación en Carrera Pinto; modernización de las Plantas Pedro Aguirre Cerda, Salado y Domeyko; abrir un poder comprador de oro en Guanaco, Inca de Oro y otras localidades; nacionalización del salitre para instalar la química pesada; nacionalizar igualmente el hierro, porque las compañías extranjeras no lo explotan sino de acuerdo a sus particulares intereses. Podría construirse asimismo una fundición de hierro en Coquimbo y Atacama para aprovechar los minerales de ley inferior al 50%.

¿Por qué no se explota el carbón en Puerto Natales, cuyo poder calorífico es superior al de Río Turbio? ¿Por qué tanto juego de piernas con la Planta de Celulosa de Arauco y no se construye de una vez? ¿Por qué no se aprovecha el hambre internacional por conservas de calidad? Innumerables organismos técnicos han estado insistiendo en la conveniencia de iniciar la construcción industrializada de casas de madera. Denunciamos que esto no se lleva a cabo por oposición de conocidos monopolios constructores tradicionales.

Numerosas maestranzas han respondido positivamente la posibilidad de construir en el país multitud de implementos agrícolas que hoy día debemos importar. Igual ocurre con diversos otros rubros metalúrgicos.

Los astilleros existentes pueden construir alrededor de 150 barcos de mediano calado al año y sin embargo siguen paralizados.

Sabemos que se nos contestará que el cobre, la petroquímica, los automóviles, etcétera... Pero estas industrias no conducen a una gran absorción de la mane de obra. Ellas son necesarias, pero si se instalan nacionalmente, sin socios extranjeros, además de consolidarse proveerían recursos suficientes para instalar además numerosos otros proyectos bien conocidos.

En fin, señor Presidente, nuestros sindicatos, Federaciones y Comités de Cesantes están en condiciones de señalar y lo han señalado en numerosas oportunidades a las autoridades, qué posibilidad concreta hay en cada caso de encontrar soluciones. Pero las cosas, pudiendo hacerse, no se hacen.

Los trabajadores, por nuestra parte, seguiremos luchando por interesar a los poderes públicos en la búsqueda de una solución a este grave problema.

Estas son, señor Presidente, las conclusiones a que hemos arribado sobre la materia. Confiamos que estos antecedentes, producto de un minucioso estudio de nuestra Comisión Técnica, contribuirá al esclarecimiento que sobre el problema de la cesantía realizará el Honorable Senado de acuerdo con lo expresado en su oficio de fecha 31 de agosto, como asimismo a la búsqueda de soluciones para enfrentar este verdadero flagelo que azota a la familia trabajadora chilena.

Saluda muy atentamente al señor Presidente del Senado.

Por el Consejo Directivo de la CUT.

Luis Figueroa, Mazuela, Presidente.- Hernán del Canto, Secretario General Subrogante."

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