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Antecedentes
  • Senado
  • Sesión Ordinaria N° 62
  • Celebrada el
  • Legislatura Ordinaria año 1966
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Homenaje
HOMENAJE A LA MEMORIA DE DON CARLOS ALESSANDRI ALTAMIRANO.

Autores

El señor IBAÑEZ.-

Señor Presidente:

El inesperado fallecimiento de don Carlos Alessandri Altamirano, distinguido servidor público, generoso benefactor y realizador incansable de obras de progreso a las que se entregó de corazón y sin reservas, ha producido un sentimiento de desconsuelo y de profundo pesar entre quienes tuvieron el privilegio de conocerlo y entre quienes recibieron el beneficio sin límites de su bondad y de su abnegación.

Mis palabras de esta tarde en el Senado quieren, pues, rendir homenaje a un ser de excepción, cuyos actos mostraron siempre el sello de una extraordinaria vocación para el servicio público.

Esta tarde, al evocar su memoria, no ocultaremos la honda pena que su recuerdo nos produce, y destacaremos la admiración con que contemplamos la hermosa trayectoria de su vida.

Don Carlos Alessandri, ingeniero y hombre de empresa, contribuyó en incontables actividades al desarrollo económico y al progreso de Chile. Pero ninguna de sus sobresalientes actividades privadas dejó tan de relieve su desinteresado afán de creación y su vocación de servicio al prójimo como su labor en el balneario de Algarrobo, que fue tal vez la más notable creación suya. Junta a ella, es preciso destacar también la elevada concepción que él tuvo de sus convicciones políticas, a las

que sirvió incansablemente desde las filas del Partido Liberal, que lo contó como uno de sus más distinguidos militantes.

Jamás fue de aquellas personas que buscan los honores públicos, ni tampoco de esas otras que los necesitan para revestirse de una autoridad que no poseen. Don Carlos Alessandri tuvo, por el contrario, la ilimitada autoridad que provenía de su clara inteligencia y de su capacidad de acción, puestas noble y desinteresadamente al servicio de los demás. En sus obras del balneario de Algarrobo encontramos precisamente la huella de quien siempre tuvo la autoridad elevadísima que provino de un intenso cariño a la labor emprendida, de un espíritu eminentemente bondadoso y recto y de una generosidad sin límites.

Tan altos atributos morales constituyeron la base de su ascendiente sobre los demás, ascendiente que él siempre trató de ocultar con su modestia y delicadeza excepcionales.

Durante muchos períodos fue regidor y alcalde de Algarrobo, y en la inmensa obra que realizó quedó, como se comprueba en cada rincón de ese hermoso balneario, el sello de su espíritu público, de su preocupación infatigable por la suerte de los vecinos más modestos y del desprendimiento con que él los sirvió.

Miembro de una familia que en el curso de los últimos cincuenta años ha tenido la más alta y permanente influencia en la política chilena, don Carlos Alessandri, no obstante sus excepcionales condiciones de inteligencia y de carácter y haber servido con devoción y tesón sus principios políticos, jamás aspiró a ocupar las altas situaciones que sus méritos le señalaban, pero que su modestia siempre le hacía rechazar.

De esta manera transcurrió su vida ejemplar. Cuatro días antes de morir fue a visitarnos para informar sobre los últimos proyectos que impulsaba su espíritu progresista y creador. Y en esa oportunidad también pudimos conocer sus últimas preocupaciones ciudadanas y la visión que sobre el futuro político de Chile le dictaba su mente clara y ponderada, así como su amor entrañable a nuestra patria.

En esa visita, como en todas las suyas, se destacaron una vez más su hombría de bien, su elevada visión política y su sencillez.

Al evocar hoy esa reunión postrera, no puedo dejar de decir que ella constituye para mí y para muchos que lo seguimos, el legado cívico que nos dejó un hombre cuya memoria recordamos, a la vez que con profunda pena, con el enaltecedor sentimiento de poder decir que nos honró con su amistad y con la oportunidad que nos dio de compartir, aunque en reducida escala, sus fructíferas tareas públicas y sus altas preocupaciones ciudadanas.

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