Labor Parlamentaria

Participaciones

  • Alto contraste

Disponemos de documentos desde el año 1965 a la fecha

Antecedentes
  • Cámara de Diputados
  • Sesión Ordinaria N° 26
  • Celebrada el
  • Legislatura Ordinaria año 1966
Índice

Cargando mapa del documento

cargando árbol del navegación del documento

Homenaje
HOMENAJE AL ANIVERSARIO DEL ESTABLECIMIENTO DEL ESTADO DE POLONIA.- NOTA DE FELICITACION

Autores

El señor ZEPEDA COLL.-

Señor Presidente, esta tarde la Corporación rinde homenaje al pueblo polaco, con motivo de cumplirse el primer milenio de la constitución del Estado en Polonia.

Es indudable que, frente a este acontecimiento, los Diputados nacionales no podemos permanecer ausentes y debemos adherirnos, sinceramente, al homenaje que se le rinde a la noble nación polaca.

Generalmente, respecto de ciertos Estados, cuando se pide rendir homenaje a un Gobierno determinado, nos abstenernos de participar de él. Pero éste no es el caso, porque la Cámara el día de hoy lo rinde al milenio de Polonia. Por lo tanto, nosotros adherimos a este acontecimiento, en el cual hay que destacar la misión, el noble papel que Polonia ha significado a través de la historia de estos últimos mil años.

Señor Presidente, como decía un Honorable Diputado, junto con establecerse el Estado polaco, se inició también la evangelización cristiana en las tierras de Polonia. Cuando esas tribus eslavas, compuestas por los vislanes y los polanes, decidieron constituirse en un Estado organizado, lo hicieron teniendo como piedra angular, como base fundamental, la religión y el evangelio de Cristo. Ese fue el significado de la Convención de Miscislao a instancias de la que fue su mujer Drourova y la evangelización que inició San Adalberto. Esa ha sido la finalidad que, a través de mil años, ha tenido como principal objetivo de su actuación en la historia, la noble nación polaca.

En las vicisitudes que a través del devenir de la sociedad, del devenir del continente europeo, ha tenido Polonia, vemos cómo la religión católica está íntimamente vinculada con la existencia y la supervivencia del Estado polaco.

También tenemos que declarar que, a través de estos mil años, la historia de Polonia ha sido un perpetuo y permanente drama, porque, por desgracia, el mantenimiento de su individualidad territorial, como asimismo de sus ideas en el orden político y en el orden religioso, le ha conquistado enemistades que, a través de estos mil años, se han dedicado, precisamente, a tratar de destruir el concepto cabal que los polacos tienen de su propia nacionalidad y de su destino de pueblo libre.

¡Mil años de lucha! Mil años de lucha, en que el principal norte de la nación polaca ha sido la defensa de la cultura occidental cristiana. Mil años en que en muchas ocasiones sola, sin el auxilio de nadie, incluso con la traición de países del occidente, ha tenido que detener la barbarie oriental, la cual, en muchas oportunidades, logró enseñorearse del territorio polaco.

Si se recuerdan aquí las invasiones turcas, las invasiones rusas, las invasiones tártaras, y, más que eso, del siglo XVIII en adelante, los repartos sucesivos de esa noble nación, de esa tierra generosa que tantos hombres diera a las artes, a la literatura y a la ciencia, de esa patria de Copérnico, Mickiewicz, Chopin, Paderewski, Oginski, Sobieski, Kosciezuku, del heroico general Hall e Ignacio Domeyko, a quien tanto debemos los chilenos, veremos cómo esta historia difícil ha sido una historia permanente, en la que el pueblo polaco ha tenido que dar testimonio de su fe y de su propio concepto de nacionalidad.

No solamente en el pasado, también en este siglo, Polonia ha tenido que defenderse. Muy patente está en nuestra memoria el "milagro del Vístula", cuando el mariscal Pilsudski, asesorado por el general Weygand, tuvo que detener el avance ruso en una gesta épica, digna de figurar en la historia, por ser ella la lucha por la supervivencia de un pueblo noble y heroico.

Si recordamos los continuos repartos de Polonia en el siglo XVIII, realizados por el imperio ruso, siguiendo la política de Pedro el Grande, política que no ha abandonado hasta el día de hoy, junto con el rey de Prusia, más tarde sucedido en su afán hegemónico por la Alemania nazi, y también con Austria, si recordamos esos tres repartos tristes y dolorosos del siglo XVIII, veremos cómo se logró desintegrar políticamente un país. Pero esa desintegración sólo fue en el orden político, gracias a la opresión y al oprobio, pero de manera alguna significó trisar siquiera la forma más leve el concepto que los polacos tenían de su nacionalidad, porque ese concepto, a pesar de las vicisitudes de la vida, se logró mantener incólume. Si recordamos el levantamiento de 1830, veremos cómo el zar Nicolás I, a sangre y fuego, logró detener, aplastar, oprimir al pueblo polaco, que demandaba su independencia. Entonces el pueblo polaco no tuvo ni un solo respaldo, ni siquiera en el orden espiritual, porque, por desgracia, el Papa no hizo causa común con él, a pesar de que, a través de centurias, había dado testimonio de la fe cristiana, católica, apostólica y romana.

El dramatismo del siglo XIX, lo encontramos en las obras del genial Mickiewiez, y también en la música de Federico Chopin. En ese entonces, se luchaba por la independencia que no llegaba; se soñaba no digo con reyes que pertenecieran a las familias Piast ya extinguida o Jagellon, sino con un hombre como Estanislao Augusto Poniatowski que, despojado de los favores de Catalina la Grande, fue designado rey de Polonia, al final de cuyo reinado supo dar testimonio de la gran responsabilidad que le incumbía como jefe de la Nación polaca. Si éste hubiese tenido ese concepto de responsabilidad en el momento oportuno, tal vez la suerte de Polonia hubiese sido otra. Por eso, entretanto, se luchaba por una Patria libre.

Después, en el siglo XX, a través de diferentes etapas, grandes, hombres se sucedieron en el timón del mando de Polonia. Recordamos, por ejemplo, a ese genial músico que, como buen artista, tal vez era mal político, Ignacio Paderewski; y, después al propio Mariscal Pilsudski, quien, por desgracia, no supo encauzar verdaderamente a la Nación polaca, porque abandonó lo que debió ser el concepto democrático del ejercicio del poder.

Posteriormente, está el caso de ese inolvidable Gobierno en exilio dirigido por el General Sikorski.

Esa Nación logró oponerse a la prepotencia de la Alemania hitlerista, que sabía que fracasarían sus planes de hegemonía mundial si, previamente, no dominaba con la bota de la opresión a la noble Nación polaca y que, por desgracia, logró hacerlo gracias a la complicidad de la Rusia soviética, al firmar el señor Molotov con el señor Von Ribbentropp el pacto por el cual se causó la herida de muerte a la Nación y se franqueó la posibilidad para que la Alemania nazi pudiera avanzar, liquidar y destruir el noble país de los polacos...

El señor GUASTAVINO.-

Es una exégesis arbitraria.

El señor ZEPEDA COLL.-

Desgraciadamente, señor Diputado, ésa es la historia. Su Señoría, que sabe mucho más historia que yo, debe reconocerlo.

El señor GUASTAVINO.-

Es una exégesis muy personal.

El señor BALLESTEROS (Presidente).-

Ruego al Honorable Diputado se sirva evitar el diálogo.

El señor ZEPEDA COLL.-

Señor Presidente, estamos aquí para rendir un homenaje al aniversario de Polonia y es nuestra obligación hacer un desapasionado análisis de lo que Polonia ha sido a través de mil años, y lo haré con valentía, porque los acontecimientos de la historia de Polonia fueron muchos y es mi obligación analizarlos todos y no tener un punto de vista parcial para decir en qué ha consistido realmente la tragedia del pueblo polaco.

No habría sido posible la invasión de la Alemania nazi a Polonia, si no hubiese existido el pacto Ribbentropp - Molotov, en el cual se dividió la zona de influencia de los países bálticos, entre la Alemania de Hitler y la Rusia de Stalin. Esa es la verdad y no se puede negar. Y así fue posible también el avasallamiento de la noble nación polaca.

Posteriormente, cuando se produjeron los levantamientos de los polacos en contra de la dominación nazi, el vecino del este no prestó ninguna colaboración; incluso detuvo el avance de sus tropas a pocos kilómetros de la capital polaca, Varsovia, para permitir, primero, que los nazis hicieran la más horrenda "masacre" de la historia, y, después, sobre los despojos, imponer su avasallamiento y su oprobio.

Finalmente, si hablamos de ese hecho vergonzoso para la historia que fue la suerte de los negociadores del Gobierno de Polonia en exilio en Londres, más vale no mencionar la aventura contraria a los más elementales conceptos del derecho de gentes que sufrieron estos negociadores en la Rusia Soviética.

¡Para qué hablar de esas tristes y célebres conferencias de Yalta y de Teherán, aquéllas en que las democracias occidentales, en un error que muy caro le ha costado al mundo libre y que la historia será implacable en juzgar, hicieron entrega de Polonia, junto con otros países de civilización occidental del centro de Europa, al vencedor, al único vencedor que hubo en la guerra de 1939 a 1945, que fue la Unión Soviética! Porque debe reconocerse que, con la ayuda del mundo libre, fue Rusia Soviética la única vencedora de la guerra de 1939 a 1945.

Señor Presidente, no nos opondremos a la petición de oficio que se formulará en un instante más y aceptaremos cualquiera felicitación que se envíe al actual Embajador de Polonia, tal vez trastrocando un poco nuestros conceptos de cómo deben ser las cosas, porque moralmente la consideraremos como una felicitación a todo el pueblo de Polonia, a esa nación cristiana en más de un noventa por ciento, a esa nación que ha sido, precisamente, la salvaguardia de nuestra cultura y de nuestros conceptos a través de mil años gloriosos de la historia del mundo.

He dicho.

Top