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Homenaje
HOMENAJE A LA UNION DE REPUBLICAS SOCIALISTAS SOVIETICAS, CON MOTIVO DEL CUADRAGESIMO NOVENO ANIVERSARIO DE LA REVOLUCION DE OCTUBRE. NOTAS DE FELICITACION. COMUNICACIÓN

Autores

El señor PONTIGO.-

Señor Presidente, la clase obrera y los hombres y mujeres progresistas de toda la humanidad celebran el 49º aniversario del nacimiento del primer país socialista sobre la tierra, la Unión Soviética, y su entrada al medio siglo de existencia en medio de la gran tarea de construir las bases materiales y técnicas para iniciar la construcción de la sociedad comunista.

En estos 49 años, penetrando en caminos aún inexplorados, bajo la dirección del gran Partido de Lenin, el Partido Comunista de la Unión Soviética ha sabido vencer todas las dificultades: suprimió la explotación del hombre por el hombre; instauró la propiedad social sobre los medios de producción; desarrolló la economía nacional en forma planificada; la industrialización socialista sentó las bases materiales de una gran economía moderna ; sus adelantos científicos han maravillado al mundo entero, correspondiéndole ser la primera nación en conquistar el cosmos con el inolvidable vuelo de Yuri Gagarin, primer viajero del espacio. Los progresos de la Unión Soviética han abierto nuevas rutas en los destinos de todos los pueblos.

La Revolución de Octubre, en verdad, marcó una nueva época en la historia. Toda la evolución de la humanidad ha sido modificada. Las formas de vida socialista han quedado abiertas a todos los pueblos; la paz ha encontrado su más poderoso baluarte.

Leía, hace poco, en una revista: "Millones de personas en cuya vida se manifestaron con extraordinario relieve los cambios habidos, se descubrieron a sí mismas de nuevo, descubrieron de nuevo sus posibilidades. Las lavanderas se convencieron de que podían dirigir el Estado; los fogoneros y los mecánicos ajustadores, que podían regir los bancos; los marineros, que podían mandar acorazados; los albañiles, que podían proyectar edificios; y las ordeñadoras, que podían empuñar las riendas de las haciendas colectivas."

Ese pueblo que, antes de la revolución, vivió oprimido y explotado por el zarismo; en que el analfabetismo alcanzaba al 95% de la población, hoy exhibe con patriótico orgullo el hecho de que la cuarta parte de los científicos de todo el mundo son soviéticos.

Al nacer el Estado Soviético, el socialismo ocupaba sólo el 16% del territorio del globo y ahora más de la cuarta parte. Su población no alcanzaba más allá del 7,8% de la humanidad, mientras que, ahora, alcanza a más de una tercera parte. Siguen esta ruta, actualmente, más de mil millones de personas, y tarde o temprano marcharán por ella todos los pueblos de la tierra.

El antisovietismo que propaló y difunde a todos los vientos la prensa capitalista mundial, con todos sus medios de difusión, al correr del tiempo está siendo derrotado por la verdad histórica, por las realizaciones materiales y de todo orden alcanzadas por el primer Estado de los trabajadores.

Ni la intervención armada de los imperialistas, ni el bloqueo económico a que lo sometieron en los primeros tiempos, ni las provocaciones bélicas, ni el aislamiento, lograron vencer la voluntad indomable de ese pueblo que aspiraba a constituir una nueva vida con sus propias manos, libre de explotación, de opresión y de miseria.

Por ello resulta fácil, a cualquier persona no contaminada por el anticomunismo, comprender la alegría y el entusiasmo con que en todos los rincones del orbe los pueblos reciben los éxitos de esa gran nación. Y, consecuentemente, resulta fácil comprender por qué los pueblos, oprimidos buscan y se empeñan por alcanzar el sistema de vida socialista.

La Unión Soviética es una nación pacífica. No necesita la guerra, porque en ella no existen clases sociales ni grupos interesados en el saqueo de otras naciones. El socialismo no necesita la guerra para extenderse. Más aún, ella, que está a la vanguardia en la construcción de la nueva vida, necesita la paz. Por eso, realiza cuanto esfuerzo es posible hacer para normalizar la situación internacional, lograr la reducción de los gastos militares, sobre todo, el desarme general y completo, y la proscripción de las armas nucleares. Así, pues, los intereses de la construcción del socialismo y del comunismo, y los de la paz, marchan por los mismos caminos. Por ello se plantea que la coexistencia pacífica entre los Estados con diferente régimen social y el desarrollo de la emulación en el orden económico, cultural y político, es el único medio razonable para desarrollar las relaciones internacionales y para que las naciones puedan alcanzar el más alto nivel de progreso -y bienestar.

Esta actitud extraordinariamente positiva, nuestro país debe aprovecharla para que las relaciones diplomáticas restablecidas con la URSS se complementen con un amplio intercambio comercial y cultural

que nos permita abrir nuevas perspectivas para la vida y el porvenir de todos los chilenos.

En uno de sus discursos, Andrei Gromyko, Ministro de Relaciones Exteriores de la Unión Soviética, refiriéndose a la necesidad de consolidar la paz, decía: "En una guerra en los días que corremos, la humanidad no tendría máquinas suficientes para recoger escombros." En verdad, podemos agregar nosotros, no conocemos todavía a una persona que ame más los "escombros" que una buena casa y en ella, un hogar feliz.

No obstante esto, la calumnia antisoviética, la deformación de la verdad, la mentira, siguen siendo las armas predilectas del imperialismo para presentar un rostro diferente de la realidad soviética y de los comunistas. Pero todo, evidentemente, será inútil. Los pueblos de los países capitalistas, del mundo colonial, están viviendo su propia experiencia y sacando sus propias conclusiones.

El año 1962, con motivo de realizarse el XXII Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, tuve la oportunidad de oír, entre otros, el discurso de saludo del representante fraternal de la República de Malí. El decía: "Cuando en algún lugar se reúnen los obreros, a los campesinos, para organizar sus sindicatos y defender sus salarios y el derecho a una vida más digna, los capitalistas gritan: "¡Cuidado! Allí está la mano del comunismo". Esto quiere decir que comunismo es sinónimo de justicia social. Cuando hombres patriotas y progresistas se reúnen en la clandestinidad o la legalidad, en algún país, para defender su independencia y soberanía nacionales, gritan: "¡ Cuidado! Allí está metida la mano del comunismo". Esto quiere decir que comunismo es sinónimo de libertad. Cuando hombres y mujeres, de las más distintas tendencias o credos, se reúnen y se organizan para considerar los peligros de guerra a que nos expone el imperialismo, el imperialismo internacional aúlla diciendo : "¡ Cuidado! Allí está metida la mano del comunismo". Esto quere decir que comunismo es sinónimo de paz."

Los reaccionarios de todo el mundo se esfuerzan por presentar a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas como un país que interviene en la vida de otros pueblos y naciones para imponer el socialismo; al Partido Comunista de la URSS, como dirigiendo a los Partidos Comunistas de todo el mundo.

Nada más calumnioso y falso que estas afirmaciones. La URSS ha sido la que más en alto ha levantado la bandera de la "no intervención" y la "no ingerencia" en los asuntos internos de un país sobre otro, cualquiera sea el régimen en que vivan.

El Partido Comunista de la URSS, arquitecto de la gran construcción que ofrece hoy a! mundo en este aniversario, no interviene ni en lo más pequeño en relación con la línea política que, independientemente, aplican en cada país los Partidos Comunistas. Pero el imperialismo trata de confundir a los pueblos haciendo aparecer las posiciones comunes que emanan de la aplicación científica del marxismo-leninismo y que, en el plano internacional, surgen y existen, respecto de problemas de orden general, especialmente cuando éstos se refieren a la lucha polla paz o la solidaridad con aquellos pueblos que, como en el Vietnam hoy, defienden con las armas en la mano su tierra, su independencia y soberanía de la brutal agresión del imperialismo norteamericano; cuando se solidariza con la Revolución Cubana, cuyo heroico pueblo construye el socialismo y alienta con su ejemplo la lucha de las demás naciones hermanas del continente.

Los comunistas chilenos nos sentimos orgullosos de las fraternales relaciones que, en pie de igualdad, tenemos con el gran Partido Comunista de la Unión Soviética.

En los días que corren, es un hecho absolutamente claro para la inmensa mayoría

de los pueblos el que el socialismo está llamado a extenderse, a ampliarse, debido al enorme poder de atracción que ejercen sus realizaciones, y que la esfera de influencia del capitalismo, donde las relaciones de clases se agravan más y más como consecuencia de su incapacidad para superar sus contradicciones, habrá de ir disminuyendo progresivamente.

El pueblo soviético, después de haber dado cima a la construcción socialista, comienza a colocar los primeros ladrillos de la edificación de la sociedad comunista. Y cuando el pueblo soviético goce de los beneficios del comunismo, cuando éstos sean palpables para todos, se verá, como en un verdadero torrente, en medio del combate contra la miseria y la opresión, a millones y millones de hombres de todos los países que se pronunciarán abiertamente por el comunismo.

Ya en la etapa previa, durante el cumplimiento del Plan Septenal (1959-1965) se crearon 5.500 grandes empresas industriales; en los últimos 10 años, más de la mitad de la población se ha trasladado a nuevas casas o departamentos; el número de obreros y empleados aumentó en 21.000.000 de personas; se implantó la jornada de 7 horas de trabajo. Y, en el cumplimiento del Plan Quinquenal (1966-1970) se plantea superar los índices de producción y se alcanzarán altos niveles en el bienestar del pueblo bajo el lema: "Todo en aras del hombre, todo para el bien del hombre".

Allí el salario aumenta a la par que bajan los impuestos y se produce una baja paulatina de los precios como consecuencia de la elevación de la productividad del trabajo y de la reducción de los costos de producción.

En los próximos años, todavía en la etapa previa a la construcción del comunismo, los niños serán atendidos gratuitamente, incluso en los internados; se extenderá la jornada de 6 horas diarias a todas las actividades; igual ocurrirá con la semana laboral de 5 días. Serán gratuitas las viviendas, los servicios y transportes municipales, los medicamentos (como es ya la asistencia médica), la permanencia en los sanatorios y los almuerzos serán servidos gratuitamente en las empresas a sus trabajadores.

Sólo en las condiciones de la economía socialista planificada pueden trazarse tan grandes metas de desarrollo en favor de la sociedad. El capitalismo no podrá alcanzar nunca estos grandes objetivos, porque está basado en la explotación del hombre por el hombre; en que la avidez de lucro y de ganancias no tiene freno ni límites, como, asimismo, en el hecho irreversible de desarrollarse desgarrado por la anarquía de su producción.

Cuanto más se profundiza en el examen de la nueva situación producida con la aparición de la Revolución de Octubre, más se acentúa el convencimiento de la grandiosidad de este hecho histórico, el más grande de nuestro siglo.

Naturalmente, el camino seguido es no sólo duro, sino honroso y grande por los relieves de su alcance universal.

Aún recuerdo las hermosas palabras pronunciadas por el gran escritor soviético Mijail Sholojov, en el Palacio de los Congresos del Kremlin, en octubre de 1962. Decía: "¿Qué son las pirámides de Egipto y demás monumentos de la antigüedad? Tristes afanes de los hombres del pasado de legar memoria de sí a la historia de la humanidad. Restos y cenizas. Todo desaparecerá con el tiempo. Pero quienes en el mundo erigen el comunismo, levantarán un monumento inextinguible, inmune al tiempo y las fuerzas de la naturaleza, tan eterno como él para nosotros sagrado nombre de Lenin."

¡Honra y gloria al gran pueblo soviético en el 49º aniversario de su Revolución!

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