Labor Parlamentaria
Participaciones
Disponemos de documentos desde el año 1965 a la fecha
Antecedentes
- Cámara de Diputados
- Sesión Ordinaria N° 10
- Celebrada el 24 de octubre de 1967
- Legislatura Extraordinaria periodo 1967 -1968
Índice
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El señor
Señor Presidente, con majadera insistencia, varios de los Diputados que estamos en estos bancos, contraviniendo, tal vez, los clásicos principios de las mayorías que en esta Honorable Corporación han actuado - asistiendo o apoyando un Gobierno que ayudaron a elegir y después sustentar con su acción parlamentaria- nos hemos referido a problemas que se relacionan directamente con las zonas por nosotros representadas. Estos problemas pareciendo demasiado locales para quienes intentan dar soluciones integrales y de carácter nacional, representa, para los que sufren, una tragedia más, sin alternativas, silenciosa en su gestación, pero de un repunte amargo que debemos saborear, justamente, quienes somos sus mandatarios, en cada una de nuestras visitas a la circunscripción electoral representada.
Pareciera que los hombres, mujeres y niños que en esos apartados rincones del territorio viven, fueran parias. Pareciera que un manto de olvido hubiera cubierto sus destinos, hasta hacerlos caer en la sentenciosa y amarga conformidad, confundida con la soledad misma de sus campos. Pareciera, en fin, que el poder de] Estado, padre común en una nación organizada y democrática, hubiera preferido encaminar su acción de progreso hacia el bullicio morboso de las ciudades grandes para dejar de mano la realidad árida y sombría de los pueblos pequeños.
Nosotros no nos asustamos al señalar tal estado de cosas. Muy por el contrario, imposibilitado el Gobierno de conocer en toda su integridad las angustias de los habitantes de los sectores olvidados, nos insta a que le hagamos llegar nuestras observaciones, en cada oportunidad posible, sintetizando sus aspiraciones y anhelos.
Enfrentando una verdad que no tememos y que nos legaran los que mandaran en Chile por cientos de años, hablo esta tarde, señor Presidente; convencido de que la serenidad de mis palabras para enfocar el problema de un pueblo como el de Vichuquén, en el departamento de Mataquito de la provincia de Curicó, se confunde con el magro destino de cientos de pueblos de Chile que se hallan abandonados, como si el vivir en ellos constituyera un estigma.
En lo tocante a Vichuquén, así lo señala la historia. Y es precisamente un estudioso nacido en las filas liberales, don René León Echaíz, quien también tuviera la representación de la tierra curicana en esta Corporación, el que señala en uno de sus libros que, hace 220 años, el pueblo que me preocupa contaba con 3.000 habitantes, mientras Curicó, hoy capital y cabecera de la provincia de igual nombre, apenas llegaba a 500. Tal diferencia, inexplicable en la hora actual, encontraba su justificación en el afán aventurero de los hombres que poblaron este Chile grande y generoso.
Efectivamente, las tierras vichuqueninas contenían enormes yacimientos auríferos y su explotación, hecha por españoles e indígenas, constituía la fuente de mayores ingresos en la zona costera. Agotados estos yacimientos mineros,, los españoles fueron poco a poco emigrando, en su mayoría, hacia lugares o pueblos en formación, de mayores posibilidades comerciales. Los suelos, entonces, fueron destinados a la agricultura, y los productos por ellos producidos, embarcados en lanchones o pequeñas embarcaciones que recalaban o hacían escala en el puerto de Llico, que fuera sueño, obsesión y esperanza de aquel gigante con que Chile cuenta en su historia: el Presidentedon José Manuel Balmaceda.
La erosión de los suelos que, científicamente tratados, pudieron ser fuente de inagotable riqueza, fue mermando la capacidad productora de la zona; pero, así y todo, pudo el pueblo de Vichuquén mantenerse enhiesto hasta el año 1936, en que un movimiento de acento político localista permitió que el segundo Gobierne de don Arturo Alessandri lo transformara en simple comuna, perdiendo el rango de capital del departamento de Mataquito, que ostentaba hasta entonces.
Como si esto no hubiese sido casi un "golpe de gracia", un Gobernador del Excelentísimo señor Presidentedon Juan Antonio Ríos Morales tuvo la peregrina idea de proceder a la demolición de los edificios públicos que constituían el orgullo del pueblo, por su estilo de coloniales reminiscencias. Se sellaba así, con tal "broche de oro", un pasado glorioso, digno de mejores y mayores perspectivas en el tiempo.
Pero esto no ha sido todo. Vichuquén tuvo su Hospital con instrumental de cirugía, donado por un filántropo oriundo del pueblo y su dotación de camas. Estaba atendido por médicos, enfermeras y practicantes, todos ellos profesionales de prestigio, quienes, con su positiva acción, contribuían a aliviar el dolor donde éste se presentaba. Poco a poco, en una acción desquiciadora, fueron trasladados todos. Nada pudo el entrañable cariño que sentían por "sus gentes" hombres de probado espíritu hipocrático, como el doctor José Santos Castro, o sus abnegadas colaboradoras, como Magdalena Morales y Berta Santelices, que recientemente ha dejado de existir. La "razzia" seguía adelante y, con una rapidez digna de mejor causa, el centro asistencial citado fue desmantelado; óigalo bien la Honorable Cámara: ¡ desmantelado! Las camas, el equipo de cirugía, ¡os catres y cuanta instalación podía tener un valor material, fue llevada hacia el Hospital de Hualañé y el edificio del Hospital de Vichuquén fue abandonado, sin manos que supieran cuidarlo; como un viejo pobre, enfermo y sin familia, fue sufriendo la dura e implacable acción de los años.
El señor
Perdón, señor Diputado, ¿no había Diputado de Vichuquén en esa época?
El señor
No lo había, señor Presidente. Por eso yo, oriundo de Vichuquén, voy a defender a mi pueblo.
Los temporales de 1965 destruyeron un número considerable de planchas de zinc del edificio del Hospital; los temblores agrietaron sus muros, y todo aquel cuerpo generoso y noble, que cumpliera fecunda labor en beneficio del estado sanitario de la comunidad, fue revistiéndose de abandono y de miseria.
Es cierto que aún está el terreno intacto. Hasta ahora no ha aparecido un "iluminado" que insista ante el Ministro de Salud Pública o ante el Servicio Nacional de Salud, para pedir que también sea "trasladado". Es probable que la intención no haya faltado; pero han tropezado, seguramente, con los caminos de la zona, ásperos y difíciles.
Pareciera que tanta ruina, tan apocalíptico cuadro, hubiera desmejorado el empuje de los hombres, mujeres y niños de aquella tierra ubérrima. Pero no, Honorable Cámara. La sangre criollaza de su gente está renovándose, vitalizada cada día en las nuevas corrientes de generaciones valerosas. Allí, esa nueva savia, fortificará el ejemplo que dejaron, y aún dejan, figuras señeras en el pueblo, como la de Lucho Véliz, Alejandro Santelices, Celín Toledo, Juan Riquelme Montero, Luis Díaz, Pedro Santelices, el cura Emilio Correa, la señorita Filomena Valenzuela, la señora Tita de Muñoz, las hermanas Muñoz, etcétera. Todo lo que ellos están posibilitando no será un milagro. Será el producto del esfuerzo, tesón y constancia ofrecida con largueza por todos los habitantes del pueblo, que aspira a sacudir una aparente modorra; pero si ellos están dispuestos, deberá también estarlo el Gobierno central, atendiendo y ayudando, a través de los presupuestos de sus diferentes Ministerios, algunas de sus más premiosas necesidades.
De más está recalcar que entre ellas figura en primerísima línea un establecimiento asistencial. El Servicio Nacional de Salud me ha oficiado, manifestando que se construirá una posta médica prefabricada, la que aún no se comienza. Solicito que en mi nombre, en el del señor Buzeta y en el del Comité de mi partido, se haga llegar la esperanza que abrigan los ciudadanos de Vichuquén de que esa posta sea un pequeño hospital, en el que puedan ser atendidos, eficientemente, todos los habitantes de la región. Tanto más se justifica esta petición, cuanto que, haciendo un esfuerzo extraordinario, la Ilustre Municipalidad, por mi intermedio, ha presentado a la consideración del Congreso Nacional un proyecto de ley ya en segundo trámite constitucional en el Senado para contratar un préstamo con el objeto de adquirir un carroambulancia que permita, en casos de gravedad y urgencia, acudir al hospital de Hualañé con la rapidez necesaria y no como ahora que si alguien se enferma el día sábado, debe esperar hasta el lunes para ser trasladado.
Finalmente, a modo ilustrativo y para que la Cámara se imponga de la importancia que está adquiriendo la zona cuestionada, quiero destacar la provechosa gestión cumplida por el visionario ciudadano suizo Charles Edouards que, enamorado del lugar, anclara definitivamente su afán aventurero en las márgenes del lago, donde, con constancia e inteligencia, venció las opiniones agoreras de los eternos derrotistas, y donde con la contribución manual de cientos de vichuqueninos, levantó el quizás más bello balneario de la zona central de Chile: El Aquelarre modelo en su género, se ve circundado por cientos de casas, pintorescamente distribuidas y con inmediato acceso a las aguas del lago, donde embarcaciones de los más variados tipos y colores cruzan sus aguas para solaz de los veraneantes que, en cantidades considerables, acuden a gozar tan sin par belleza.
La capacidad realizadora de Charles Edwards ha sido ya emulada por muchos incluso desde Santiago. Son muchas las familias que han construido sus viviendas veraniegas en El Aquelarre. Tanto esfuerzo, tanta demostración de espíritu renovador, insisto, merece una mejor preocupación del Poder Público, la que, estoy cierto, se hará llegar a Vichuquén a través de la inspirada acción que anima a este Gobierno, que está empeñado en asistir, precisamente, a los pueblos más atrasados, pero en los que se vea el esfuerzo y tesón que sus hijos despliegan en una acción comunitaria coordinada y, por ende, fecunda.
Nada más, señor Presidente.