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  • Sesión Ordinaria N° 12
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  • Legislatura Ordinaria año 1968
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Intervención
XX ANIVERSARIO DE LA DECLARACION DE LOS DERECHOS HUMANOS.- NOTA

Autores

El señor FIERRO.-

Señor Presidente, son demasiado recientes varios acontecimientos mientras otros se encuentran en plena vigencia, como para celebrar exitosamente el vigésimo aniversario de la llamada "Declaración Universal de los Derechos Humanos", aprobada y proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948.

Cientos de juristas dieron forma a una Declaración que hoy, transcurridos veinte años, con toda clase de avances tecnológicos y sociales en el mundo, deja ver la "letra muerta" que, en verdad, constituyen varios de sus artículos; y no es que haya faltado capacidad intelectual en los representantes más destacados, de todas y cada una de las naciones, que participaron en la elaboración del documento a que nos venimos refiriendo. No, de ninguna manera. Lo que faltó, sí, fue una mayoría para impedir que el país que se cree "dueño del mundo" deslizara aquí frases y palabras, dejando entrever que sólo el capitalismo y su fase superior, el imperialismo, constituyen la única fórmula que conviene al ser humano; y esto es falso. En la actualidad, más de un tercio de la población mundial vive bajo un sistema socialista, y ahí sí que, pese a todo lo que se diga en contrario, el ser humano vive en plenitud los postulados contenidos en esta "Declaración" y otros que tienen su origen en la eliminación de la explotación "del hombre por el hombre".

Se dice, señor Presidente, que "todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, sin distinción alguna de raza, color, idioma, etcétera".

Se dice también que todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona. Tiene derecho, además, "al trabajo y a la libre elección de él, a condiciones equitativas que le permitan y aseguren, tanto al jefe del hogar como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana".

Son numerosos los derechos proclamados en favor del ser humano, llámese hombre, mujer, anciano o niño.

Sin embargo, señor Presidente, y de ahí que haya empezado esta intervención, en nombre de los Diputados socialistas populares, diciendo que son demasiado recientes varios acontecimientos y otros que se encuentran en pleno apogeo como para celebrar con júbilo este nuevo aniversario de tan famosa y esparcida "Declaración", porque existe en el mundo -todavía en mayoría- un sistema económico que lleva en sus entrañas el desencadenar el odio, las guerras y la barbarie entre los países regidos u orientados bajo el capitalismo.

Pero, ¡qué manera de tomar lecciones el mundo de aquel país que predica y practica el aborrecible sistema a que me vengo refiriendo!

Ahí tenemos, frescos aún, los resultados logrados en su propio territorio. Allí cada cierto tiempo se mata a un Presidente elegido en "democrática votación". Mueren también, posteriormente, todos y cada uno de los que podrían servir de testigo, los que sabían la verdad.

Se asesina a líderes que reclamaban se pusiera en práctica lo que tan claramente dice esta "Declaración" referente a raza, color y religión. Como siempre, pasan los meses y toda investigación para ubicar al culpable o los culpables se hace cada día más nebulosa, más complicada. Y así está ocurriendo con el asesinato del doctor Martin Luther King.

En el país más "democrático" del mundo, "cuna" de todas las libertades y de todas las Declaraciones, que nosotros países pequeños en todo sentido debemos aceptar y cumplir, el caos y el odio producidos por el sistema económico imperante llega a tal extremo que no se vacila en preparar y fabricar asesinos para "liquidar", no ya a Presidentes en ejercicio, sino que hasta a candidatos a tal magistratura.

Sí, señor Presidente. ¡Así de infamante para la dignidad y derechos humanos es el sistema capitalista! La explotación del "hombre por el hombre" hace odiarse a los hombres; permite las guerras. El imperialismo se alimenta de las guerras. Los grandes consorcios financieros, por así decirlo, se "comen unos a otros". No contentos con ello, buscan más dinero, más riquezas. ¿Cómo lograrla? Pues, haciendo guerras, alimentando conflictos. La fabricación y venta de armamentos siempre ha sido el mejor de los negocios. ¿Dónde venderlos y con qué propaganda venderlos? Pues, en Corea, en Vietnam, y con la monserga de que se está luchando "por las libertades y la dignidad humana".

¡ Cuánta diferencia existe entre esta "Declaración de Derechos Humanos" - ya está dicho que es letra muerta, porque nada dice de eliminar la explotación humana- con las dos Declaraciones de La Habana, nacidas al calor de una revolución, de su avance posterior y como réplica incluso de ataques miserables de mandatarios títeres, que les interesa más no perder préstamos de algunos millones de dólares que la vida de millones de seres humanos!

Pues bien, aquel país, guía en América para países como el nuestro, expoliados por el imperialismo y su máximo exponente, los Estados Unidos de Norteamérica, junto con señalar al mundo en la Primera Declaración del 2 de septiembre de 1960, que todos nuestros males provienen de la intervención abierta y descarada de que somos objeto desde hace más de un siglo por parte del imperialismo norteamericano, intervenciones traducidas en invasiones a Méjico, Nicaragua, Haití, Santo Domingo y la misma Cuba; voracidad hacia ricas zonas como Tejas, Canal de Panamá; Tratados desiguales, Doctrina Monroe, el "veneno de los empréstitos", etc.; señaló también, con claridad meridiana, que los derechos humanos serán plenamente ejercidos cuando los humildes no estén reducidos por el hambre, la desigualdad social, el analfabetismo y los sistemas jurídicos vigentes a la más ominosa impotencia.

El primer país libre de América comprendió que es ayudar al ser humano condenar el latifundio, los bajos salarios y la explotación inicua del trabajo humano por bastardos y privilegiados intereses. Allí se condenó el analfabetismo y la ausencia de maestros, de escuelas, de médicos y de hospitales; la falta de protección a la vejez que impera en estos países y a las oligarquías militares y políticas, que mantienen a nuestros pueblos en la miseria, impidiendo el pleno ejercicio de su soberanía. Se condenó la concesión de los recursos naturales a monopolios extranjeros, como política entreguista y traidora al interés de los pueblos. Se condenó, en suma, la explotación del hombre por el hombre y la explotación de los países sub-desarrollados por el capital financiero imperialista.

En la Segunda Declaración de La Habana, el Gobierno Revolucionario de Cuba hace más claridad sobre los derechos humanos cuando dice que "las instituciones, las leyes e ideas establecidas por la burguesía al establecer su modo capitalista de producción, consagraban, en primer término, la esencia de su denominación de clase, es decir, la propiedad privada. Y se produjo así la división de clases: una, poseedora de los medios de producción, y otra desprovista de toda riqueza". En otras palabras, mientras no cambiemos el sistema económico habrá seres, hombres, mujeres y niños que se verán siempre dependientes, humillados y hasta esclavizados, con lo que será imposible poner en práctica tanta frase y palabra bonita de esta "Declaración de los Derechos Humanos".

Al terminar, señor Presidente, ya que el tiempo es escaso, en nombre de los Diputados socialistas populares, sólo me resta reiterar que tenemos confianza ilimitada en nuestros afanes y en nuestras luchas, que tienen por meta poner a disposición de la especie humana y del pueblo chileno una real y practicable Declaración, como éstas a que me he referido. Nada más.

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