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Intervención Petición de oficio
DRAMÁTICA SITUACIÓN DE PALESTINOS EN FRANJA DE GAZA. OFICIOS

Autores

El señor SABAG.- Señor Presidente , hace poco menos de 70 años el mundo sufrió el doloroso impacto de un hecho irracional, impropio de seres humanos, que se conoce como "el Holocausto judío". Millones de personas fueron privadas de sus vidas recurriéndose a las formas más sofisticadas de tortura para causarles sufrimiento por el solo hecho de ser hijas de Israel.

El recuerdo de ese drama sigue hoy vivo, porque está marcado a fuego en el alma misma de la Humanidad, como ocurre con muchas otras tragedias que ha padecido el hombre en distintas épocas.

Está bien que el recuerdo permanezca, para que todos sepamos, nos convenzamos y hagamos el firme propósito de contribuir a que ese tipo de brutalidades no se repitan sobre el planeta mientras haya viva una sola persona dotada de inteligencia, razonamiento y equilibrio mental.

Pero, señor Presidente , no dejan de tener razón quienes, estudiosos de las conductas de las personas, critican que el ser humano es el único que tropieza dos veces con la misma piedra, pese a su condición de inteligente.

Hoy el mundo moderno, el mundo del siglo XXI, orgulloso de sus adelantos tecnológicos, de sus avances en la carrera espacial, ve con espanto, con dolor y desgraciadamente, hasta ahora, con impotencia cómo, frente a los ojos de todos, se masacra al pueblo palestino, víctima en esta ocasión de una batalla entre las Fuerzas Armadas de Israel y la organización Hamas, en la Franja de Gaza.

Las informaciones hablan de una guerra entre ambas partes. Pero todos sabemos que se trata de una lucha absolutamente desigual. El Ejército de Israel, uno de los más poderosos del mundo, justificándose en algunas acciones violentas que ha lanzado Hamas contra su territorio, lleva a cabo una incursión aérea y terrestre desplegando una fuerza bélica infinitamente superior al ataque que recibe. Así, según nuestro ordenamiento jurídico, el principio de la legítima defensa propia no encuentra asidero legal; por lo tanto, no se podría exhibir como argumento.

Tal justificación se diluye por su falta de peso y realismo. Hablamos de uno de los ejércitos más poderosos del mundo, que hace frente con todo su potencial a los ataques de Hamas, los cuales se caracterizan por la debilidad del armamento usado: su capacidad de ataque queda reducida a niveles casi ridículos, comparada con la de Israel.

¿De qué respuesta estamos hablando, entonces? No existe en absoluto equilibrio de fuerzas.

Esa desigualdad y la ferocidad de las incursiones del Ejército israelí en territorio palestino dan origen a lo que hoy contempla el mundo entero, incluidos nosotros: una masacre que pudiera estar concebida para aniquilar a Hamas, pero que se desarrolla de manera tan brutal y ciega que prácticamente arrasa todo lo que se pone por delante, así sean niños, mujeres, ancianos en asilos, enfermos en hospitales o familias en sus hogares.

El Holocausto de ayer lo conocemos por los relatos de la historia y algunos testimonios de sobrevivientes. El que ocurre hoy podemos verlo en directo gracias al monumental desarrollo de las ciencias y la técnica de las comunicaciones. Lo que está sucediendo ahora, en estos mismos momentos, en la Franja de Gaza contra los palestinos no es necesario que lo cuente alguien, porque podemos conocerlo a través de las informaciones audiovisuales que llegan al centro mismo de nuestros hogares.

Mayor es el horror de lo que ocurre si pensamos que quienes llevan adelante esa masacre contra habitantes de la Franja de Gaza son descendientes de las mismas familias que sufrieron en carne propia la tragedia del Holocausto hace casi 70 años en Europa y que despertaron el apoyo solidario de toda la Humanidad.

¿Qué ocurre ahora?

Actualmente es la Franja de Gaza el tétrico escenario del martirio que padecen miles de familias palestinas.

Desde hace cien años se prolonga ese conflicto. El poderoso Ejército de Israel ha penetrado antes en tres ocasiones por la fuerza al territorio de Gaza. Así lo hizo en 1948, cuando casi lo capturó. Consiguió capturarlo en 1956, como resultado de un plan secreto entre Gran Bretaña y Francia para derrotar a Gamal Abdel Nasser , Presidente de Egipto , y restituir el control del Canal de Suez a Inglaterra. Volvió a invadir aquel territorio en 1967, con ocasión de la llamada "Guerra de los seis días", y se quedó 38 años en esa zona, para retirarse en forma unilateral hace solo tres años y medio.

He hablado de aquel conflicto, que se prolonga por cien años, recordando la publicación del domingo recién pasado, en Chile, de un análisis realizado por el diario "The Economist" acerca del problema en comento, donde se relata que en 1909 grupos del movimiento sionista se armaron para proteger sus nuevas franjas y aldeas en Palestina de los merodeadores árabes. Agrega la publicación que desde entonces ha habido una hilera espantosa de guerras: 1948, 1956, 1967, 1973, 1982, 2006 y, ahora, 2009.

Cada una de tales acciones bélicas se ha caracterizado por su crueldad y encarnizamiento. Los períodos intermedios tampoco han sido de paz. Todo esto, ante los ojos espantados de un mundo que observa, casi sin poder creer, que la realidad en este caso supera por mucho a las más violentas acciones que es factible ver en el cine.

Señor Presidente , no quiero caer en tropicalismos ni en conceptos exagerados. Sin embargo, los hechos que vemos todos los días, lo que cuentan los testigos, lo que hemos conocido a través de los diferentes caminos me permiten señalar que pareciera que se busca aniquilar por completo a un pueblo como el palestino, hacerlo desaparecer, borrarlo del mapa, tras la excusa de que se persigue a los terroristas de Hamas. Pero creo que ni siquiera esto podría justificar una ofensiva bélica tan gigantesca y encarnizada como la que en estos días se ha lanzado sobre las familias de la Franja de Gaza.

En todo el mundo se habla, defendiéndolo en forma permanente y sin lugar a duda alguna, del respeto a los derechos humanos, es decir, del respeto a la persona humana, quienquiera que sea, de dondequiera que provenga y sin distingo ni discriminaciones de ninguna especie.

Frente al verdadero genocidio que se verifica en la Franja de Gaza en estos días, surgen inevitablemente las preguntas: ¿Dónde están los derechos humanos de esas familias? ¿Dónde está ese respeto que proclaman casi a diario en el mundo entero los más prestigiosos líderes de todos los países?

Sería absurdo insinuar siquiera la pregunta sobre si las familias de la Franja de Gaza no tienen derecho a que se les respeten sus derechos humanos.

¿Y qué ocurre con Israel, señor Presidente?

¿Acaso quiere repetir hoy con Hamas y el pueblo palestino el Holocausto que sufrieron sus antepasados hace casi 70 años y que atrajo hacia ellos la solidaridad de todo el mundo y generó el repudio por siempre a quienes en esos años llevaron a cabo tal masacre?

¿O acaso solo aquel Holocausto merece el repudio de todos nosotros y no también lo que está sucediendo en la Franja de Gaza?

Me parece que detrás del horrible drama que vivimos actualmente por lo que ocurre en el Medio Oriente y que nos causa profundo dolor, hasta desgarrarnos el corazón, especialmente a quienes llevamos en nuestras venas sangre de esos pueblos hoy martirizados, hay inconsecuencias, hipocresías, engaños y mentiras gigantescas que deben avergonzarnos a todos, y en particular a los organismos internacionales encargados de poner orden cuando existen conflictos de aquella magnitud.

Cuanto se ha obrado hasta ahora y lo que se ha intentado realizar ha sido en vano. Da la sensación de que se habla a agresores que han perdido el ejercicio de todos sus sentidos: no ven, no oyen, ni siquiera sienten algo. Es como si la furia y el empecinamiento en su propia fuerza les hubiera quitado la capacidad de escuchar al resto del mundo y observar con serenidad lo que están haciendo.

El repudio mundial que se cierne sobre las acciones de Israel en la Franja de Gaza parece ser ignorado por sus autoridades. Es como si tuviesen solo una meta: aniquilar a una organización, y con ello, a un pueblo entero, pese a quien pesare.

Es usual que aquel que no comparte las políticas bélicas de Israel sea tachado de antisemita y se arriesgue a cargar con este verdadero estigma de los tiempos modernos por la sola razón de no estar al lado de quienes sufrieron el Holocausto.

Me parece que ya es hora de preguntarnos: ¿Hasta cuándo vamos a seguir con este juego? ¿Hasta cuándo el mundo va a permitir que se continúe usando el drama del Holocausto, que todos repudiamos, para avalar y justificar cualquier acción, por abominable que sea?

El Holocausto judío es un drama que nos avergüenza como especie humana. Nadie que haya visitado los campos de concentración que se usaron en esos años puede entender cómo fue posible tal barbarie, cómo el mundo no fue capaz de evitar que a millones de seres se los aniquilara de la peor manera en medio del silencio de toda la Tierra. Hoy seguimos condenando esos hechos, vergonzantes para nuestra condición de seres humanos, y la inmensa mayoría tiene extremo cuidado de no aparecer simpatizando con alguna de las ideas del nazismo.

¿Hemos aprendido esa lección? ¿La aprendió el mundo?

En la actualidad contemplamos el drama y la tragedia de los palestinos en la Franja de Gaza. ¿Nos daremos cuenta varias décadas después de que esos hechos, que avergüenzan a la especie humana, sucedieron mientras nosotros éramos habitantes contemporáneos del planeta?

Cuando se habla de masacre, de drama, de holocausto y de genocidio para describir lo que ocurre en la Franja de Gaza, nadie está cayendo en exageraciones ni en conceptos impropios. Se trata de una realidad que, por ser tan cruda y dolorosa, muchos parecieran preferir ignorar.

Cito un relato efectuado hace pocos días por una periodista chilena, Paola Dragnic, de familia croata, quien estuvo dos años en Palestina.

Estudiosa del tema, señala: "No hay libro que uno lea y no hay imágenes que uno vea que puedan graficar lo que ahí sucede. Uno puede ser un experto en la materia, pero si no se ha pisado ese suelo, si no se ha respirado ese aire, si no se ha palpado esa miseria, es imposible llegar a comprender el lento genocidio que ocurre en esas tierras".

En otra parte expresa: "No hay que tener miedo. Condenamos el holocausto judío y hoy condenamos oportunamente el holocausto palestino".

Y agrega: "Ir a Palestina, entrando por Tel Aviv, es una experiencia demoledora y desde entonces es imposible no sentir una cuota de responsabilidad al ser cómplice de esa masacre, por no hablar".

Señor Presidente, considero que denunciar lo que ahora acontece en la Franja de Gaza, condenar y repudiar las masacres que llevan a cabo los militares de Israel contra los indefensos palestinos no es hacer gala del tan manoseado antisemitismo, sino ponerse del lado de los más débiles, de los que sufren, y denunciar ante la faz del mundo a quienes abusan del poder, de la fuerza, y hacen trizas los derechos humanos reclamados desde todas partes.

"La tierra prometida" -afirma Paola Dragnic - "es hoy un cuadrillé de pueblos enmarcados en un muro de más de 8 metros de altura que zigzaguea el suelo y forma ghettos palestinos, de donde no hay salida. Apiñados, los palestinos quedaron en algunos pueblos sin conexión entre sí, muchas veces sometidos al ímpetu de los israelitas, que deciden qué puede entrar a ese ghetto y qué puede salir, incluso la comida".

Señor Presidente, estimo necesario poner el acento en situaciones puntuales que vive allí la gente para darnos cuenta cabal del tipo de tragedia y genocidio de que hablamos.

Y la mencionada periodista continúa: "Si tu padre quedó en el pueblo del frente podrás visitarlo escasamente y previa autorización. Entonces tendrás que hacer una larga fila, entre dos rejas, como las vacas camino al matadero, ingresarás a una pequeña habitación, sacarás toda tu ropa, serás humillado sin derecho a pataleo en tu propia casa y alguien te gritará en hebreo, detrás de un vidrio, si es correcto lo que estás haciendo. Si no, pueden apresarte y te llevarán a otra habitación, quién sabe con qué fin".

Es difícil, frente a estos relatos y otros que hemos conocido a diario, no preguntarse si las personas que sufren tales vejámenes, cuando no son arrolladas por las fuerzas de artillería y el poderío de todo un Ejército, no son seres humanos.

¿No son seres humanos quienes viven en la Franja de Gaza, las más de mil personas que a estas alturas han caído muertas a consecuencia de los ataques militares y las más de tres mil que se encuentran heridas?

¿O vamos a caer en el manido juego de que los derechos humanos son respetables solo para un tipo de personas y se hacen más relativos en el caso de otras?

Juzgo que el mundo en su conjunto debe decir que no a esa masacre, a tales abusos. No podemos permitir que quien tiene la fuerza y el poder, aunque no la razón, siga imponiendo sus reglas a los demás sobre la base del abuso, los excesos y el dominio sin contrapeso, mientras el resto de la Humanidad se muestra impotente e incapaz de detener los sangrientos episodios que amenazan con devastar a todo un pueblo.

Las noticias que llegan del Medio Oriente desde hace más de dos semanas nos hablan de bombardeos a escuelas con niños y profesores en su interior.

Asimismo, nos informan de la muerte de diez o más dirigentes de Hamas.

¿Pero cuántas mujeres, cuántas madres de familia, cuántos niños, cuántos ancianos, cuántos hogares de inocentes tienen que caer para que Israel cumpla su objetivo?

En los bombardeos que se han realizado y en la invasión terrestre llevada a cabo no se ha respetado nada. Pareciera que la consigna es hacer tabla rasa de todo lo que encuentran a su paso. No se han respetado instituciones civiles, casas de culto, hospitales; ni siquiera dos escuelas de las Naciones Unidas.

El señor PROKURICA ( Vicepresidente ).- ¿Me permite, señor Senador ?

Ha concluido el tiempo de su Comité.

Podría ocupar parte del correspondiente al Comité Mixto.

¿Cuántos minutos necesita para terminar?

El señor SABAG.- Cuatro, señor Presidente .

El señor PROKURICA ( Vicepresidente ).- Muy bien.

Puede continuar, Su Señoría.

El señor SABAG.- Muchas gracias.

Señor Presidente , en medio del drama, suenan como un chiste cruel las declaraciones formuladas en los últimos días por el Primer Ministro israelí: "Estamos cerca de cumplir el objetivo...".

¿Qué hacer para detener esa tragedia, que se verifica frente a los ojos de todo el mundo?

La respuesta sigue siendo la misma pregunta: ¿Cómo detener esa masacre y quién puede hacerlo?

Da la sensación de que aquí el mundo que clama por justicia y humanidad se enfrenta contra quienes, a pesar de sus muchos discursos y rasgaduras de vestiduras, solo responden con el uso y abuso del poder y de la fuerza. Se diría que para ellos el respeto a los derechos humanos, el valor de la paz, los principios más nobles que rigen al mundo solo tienen vigencia en los discursos pronunciados desde las grandes tribunas internacionales para aparecer ante la faz de la Tierra como los líderes de los más grandes fundamentos de la convivencia pacífica entre los pueblos, aunque fuera de esos enormes escenarios lleven a cabo cuanto les plazca con tal de mantener la hegemonía y el dominio que los hace sentirse superiores.

Señor Presidente , creo oportuno recordar que Chile, a través de sus distintos gobiernos, ha participado en forma directa e indirecta en la solución de problemas como el que afecta hoy a Palestina.

Recuerdo que la Cámara de Diputados, en sesión extraordinaria celebrada el 11 de diciembre de 2002, analizó el asunto y acordó pedir al Presidente de la República de la época iniciar una ofensiva diplomática internacional para buscar una solución al conflicto del Medio Oriente .

En el marco de esa solicitud, Chile, actuando en conjunto con Brasil, buscaron una participación directa. Y, así, lograron ser los dos únicos Estados no árabes con un asiento permanente en la Liga de Estados Árabes.

El Gobierno anterior al actual envió también a su Canciller a Ramallah con una invitación al Presidente de Palestina , Mahmud Abbas , quien visitó nuestro país en mayo de 2005. En esa ocasión quedó ratificado el irrestricto apoyo de nuestro país a la legalidad internacional que ampara a los pueblos, entre ellos el palestino.

Nuestro Gobierno participó también, en mayo de 2006, en la Primera Cumbre Árabe-Sudamericana, realizada en Brasilia, con presencia de Jefes de Estado: 22 de naciones árabes y 12 de Sudamérica. Chile estuvo representado por quien a la sazón era su Presidente : don Ricardo Lagos . Allí se suscribió la Declaración de Brasilia, donde se ratifica el derecho de los pueblos a resistir la invasión extranjera, como ocurre con los territorios ocupados de Palestina, entre otros acuerdos a favor de la causa de este país.

El propio Presidente Lagos , cuando ofreció una conferencia de prensa junto con su par de Estados Unidos, George Bush , con motivo del término del APEC 2004, reconoció ante los periodistas que había solicitado en privado al Mandatario norteamericano resolver el problema palestino, por ser el causante de más inestabilidad en el mundo.

Queda claro que los gobiernos de nuestro país han tenido participación activa en las gestiones internacionales para buscar una solución al conflicto palestino, que tanto dolor nos provoca a quienes a la distancia conocemos de él. Es fácil imaginar y cuantificar el padecimiento de aquellos que sufren ese drama en carne propia.

Chile se ha jugado en todo tiempo por el respeto sagrado a los derechos humanos. Acontecimientos relativamente recientes ocurridos en nuestro territorio, donde se violaron en forma flagrante y brutal esos principios, no han hecho sino sensibilizarnos más a todos los chilenos respecto a la necesidad irrestricta de luchar cada día y en todo momento por la vigencia y el respeto absoluto de tales derechos, cualquiera que sea la persona involucrada en ellos. Así se establece en nuestra propia Constitución Política.

Quizás por eso nos duele tan profundamente como pueblo lo que les está sucediendo a las familias palestinas en la Franja de Gaza. Allí se verifican cada día, a cada instante, violaciones flagrantes a los más sagrados derechos humanos. Allí se consuma una transgresión, a vista y paciencia de todo el mundo, de los principios fundamentales del Derecho Internacional, en los cuales se basa nuestra Constitución.

Por eso, creo que nuestro país, frente al conflicto entre Israel y Hamas, debe reafirmar su tradicional política de defensa de la paz, de la legalidad internacional y del respeto a los derechos de las personas.

Nuestras autoridades, en representación del pueblo chileno, deben requerir con urgencia a las partes en batalla el cese inmediato de las acciones bélicas y la entrega de poder a la comunidad internacional para alcanzar un avenimiento y resolver, al amparo de la ley y del Derecho Internacional, el largo y cruento conflicto.

Asimismo, demando que Chile reitere que Israel debe cumplir las resoluciones de las Naciones Unidas, entre ellas, con especial importancia, la Nº 242, de 1967, y la Nº 338, de 1973, del Consejo de Seguridad, donde se ordena el retiro de ese país de los territorios palestinos ocupados desde 1967.

Desde la Alta Tribuna del Senado de la República pido a la Primera Mandataria instruir a su Ministro de Relaciones Exteriores para que solicite con urgencia al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que imponga la paz en la Franja de Gaza; que se detengan las hostilidades y se disuada a Israel de continuar con los bombardeos y ataques terrestres en contra de personas que, frente al poder bélico con que son arrasadas, aparecen prácticamente inermes; que cese el uso desproporcionado de la fuerza y se desactive el bloqueo al territorio palestino.

Junto con ello, que se exija a Hamas terminar sus ataques de cohetes contra Israel.

Creo necesario que la Organización de las Naciones Unidas envíe cuanto antes tropas a la zona del conflicto.

El señor PROKURICA ( Vicepresidente ).- Se agotó su tiempo, señor Senador. Le doy un minuto para que pueda terminar.

El señor SABAG.- Ocuparé menos que eso, señor Presidente.

También me parece pertinente solicitar a la Jefa del Estado que encabece ante el seno de la UNASUR esta posición de Chile.

Asimismo, procede que nuestro país reconozca la existencia del Estado Palestino, de acuerdo con el Derecho Internacional, tal como lo ha hecho ya con otros 103 Estados.

Es obvio que el drama que vive la Franja de Gaza no solo ha generado muchos cientos de muertos y heridos, sino también necesidades materiales básicas para la supervivencia de las personas, particularmente de niños, ancianos, madres de familia y enfermos. Por eso, pido que las autoridades chilenas organicen de inmediato el envío de ayuda humanitaria para esa gente, en especial de medicamentos y alimentos no perecibles.

Solicito que mi intervención se envíe a la Presidenta de la República , a la Embajada de Palestina y a todas las Embajadas de los países árabes.

El señor NAVARRO.- Me sumo a la exposición que acabamos de escuchar, señor Presidente,

-Se anuncia el envío de los oficios solicitados, en nombre del Honorable señor Sabag, conforme al Reglamento, con la adhesión del Senador señor Navarro .

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