Las acciones de Australia para incorporar a más mujeres en el desarrollo científico

Aunque uno de cada 10 ingenieros es mujer, el gobierno en conjunto con la Academia Australiana de Ciencia, impulsan un programa que entrega importantes premios a instituciones que contraten más mujeres y logren un ambiente libre de estereotipos y discriminaciones.

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Las acciones de Australia para incorporar a más mujeres en el desarrollo científico

Australia tiene una sólida base institucional en temas de mujer e igualdad de género, aunque para muchos aún persisten amplias brechas entre hombres y mujeres en el mundo laboral, tanto en sector público como en el privado. Es por ello que desde la Oficina de la Mujer -homólogo a nuestra figura de ministerio- el gobierno pone en marcha una serie de incentivos para que más empleadores contraten mujeres. En la misma línea, el gobierno a través del programa Equidad de Género de Ciencia en Australia (SAGE) plantea mejores condiciones para revertir las brechas actuales. Más sobre esta experiencia, en la siguiente nota.

Más presencia en el mundo científico es mayor liderazgo

La equidad de género vive momentos de grandes desafíos en el país oceánico. Es por ello que su gobierno se ha propuesto que todos los organismos públicos cuenten con el liderazgo femenino en sus puestos más altos.

La idea de equiparar los espacios de toma de decisiones, sobre todo en los espacios públicos, va más allá de una simple introducción de cuotas, pues en conjunto con diversas organizaciones públicas y privadas, la Oficina de la Mujer radicada en el gabinete del Primer Ministro, creó el programa Boardlinks que consiste en construir una gran base de datos de mujeres talentosas que buscan espacios en puestos relevantes como juntas directivas, consejos, gobiernos corporativos, etc. Un rasgo significativo de este programa es que todas las integrantes de la base de datos cuentan con el respaldo de alguna figura pública o autoridad, ya sean ministros, miembros de la comunidad científica o líderes empresariales.

Aunque la iniciativa Boardlinks se enfoca en la empleabilidad de mujeres en reparticiones públicas y en gran medida en el sector comercial, la ciencia y la innovación ocupan también un espacio significativo. Es por ello que el gobierno se comprometió a que a partir del 1 de junio de 2016 se logre el objetivo de que al menos en el 40 por ciento de los principales centros de investigación, ya sean públicos o privados, las mujeres tendrían que integrar el 50 por ciento de las juntas.

Sin embargo, a pesar de las buenas intenciones por parte del gobierno, la realidad de la equidad de género en el desarrollo de ciencia y tecnología no es auspicioso y va más allá de la solución a través de un programa ministerial. En la Agenda Nacional de Ciencia e Innovación impulsada por el propio gobierno se reconoce que solo una de cada cuatro graduados en tecnologías de la información son mujeres. Una proporción menor se produce en ingeniería, donde la brecha se manifiesta en una mujer de cada 10 ingenieros. Más aún, solo uno de cada cinco puestos de investigadores senior en universidades australianas son mujeres.

Por qué desaprovechar los recursos existentes

La baja cantidad de mujeres en el desarrollo de la ciencia es un fenómeno mundial. Según el programa Women in Science de la Unesco, se señala que para finales de 2017 menos del 30 por ciento de todos los investigadores en el mundo son mujeres. Este mismo porcentaje se repite en los sectores públicos y privados. Según el último informe de dicho organismo, los gobiernos deben ir más allá de los números poco auspiciosos e identificar los factores cualitativos que disuaden a las mujeres a desarrollar sus profesiones en ciencia, tecnología, ingeniería, matemáticas y Medicina (STEMM por sus siglas en inglés).

En esta misma línea es que el gobierno australiano el 2015, en conjunto con la Academia Australiana de Ciencia, impulsó un programa de largo plazo llamado Equidad de Género de Ciencia en Australia (SAGE) cuyo interés es precisamente mejorar la diversidad de género en las STEMM. Según reconoce el propio programa, el objetivo inicial es evitar el desperdicio de talentos, ya que las mujeres representan más de la mitad de los doctores en ciencia, sin embargo solo conforman el 17 por ciento de los académicos superiores e institutos de investigación superior.

A poco andar, al programa se incorporó la Academia Australiana de Tecnología en Ingeniería (ATSE) con el fin de apoyar la iniciativa y aumentar las posibilidades de que más mujeres ingresen en un rubro dominado mayoritariamente por hombres. Asimismo el apoyo de distintas organizaciones científicas y académicas permitió que SAGE fuera lanzado oficialmente en el Parlamento ese mismo año y para finales de 2017 cuente con 30 universidades, seis institutos de investigación médica y cuatro organismos gubernamentales de ciencia.

Programas para el reconocimiento e incentivo a las instituciones científicas

Una de las iniciativas insignia del programa SAGE ha sido el "Athena SWAN Charter", tomado de una experiencia exitosa en Inglaterra que tiene más de diez años. Consiste en una premiación anual en galardones de bronce, plata y oro con el fin de reconocer la excelencia de las instituciones académicas y científicas en las prácticas de empleo a mujeres y minorías de género, principalmente en las carreras STEMM. Para ello, es necesario que las instituciones se inscriban en el programa y suscriban los principios de la Carta Athena.

¿Cuáles son estos principios? Algunos de ellos se fundamentan en que el reconocimiento de que la ciencia desarrollada en la academia no puede alcanzar todo su potencial si no se incluye el talento de todos los que la componen, por lo tanto, dichas instituciones se comprometen a promover la igualdad de género como una misión institucional, ya sea evitando la pérdida de capital humano femenino, como abordando la ausencia de mujeres en los altos cargos académicos y de investigación. Aunque el punto más llamativo, sino el más importante, es la realización de cambios culturales que permitan avanzar en igualdad de género. Para ello se plantean cambios en el orden institucional que permitan una intersección agradable y funcional entre todos los géneros.

Debido a que Athena SWAN es una iniciativa tomada de la experiencia de Inglaterra, un informe elaborado por el Comité de Ciencia y Tecnología de la Commonwealth determinó que este ha sido un plan completo y práctico para avanzar en la equidad de género en Australia. De igual manera, el comité determinó a través de entrevistas a mujeres científicas empleadas en organizaciones de investigación y que participan en el programa, se demostró queexperimentaron mayor satisfacción profesional y equidad en la asignación de la carga de trabajo, situación que se ve reflejada en mayores oportunidades.

Cambios en las instituciones y en la cultura

El 11 de febrero es el Día Internacional de las Mujeres y Niñas en Ciencia. Promovido por Naciones Unidas para crear conciencia sobre la inequidad que existe en el mundo de la investigación entre hombres y mujeres, tiene como uno de sus objetivos principales el cambio de mentalidad y romper los estereotipos alrededor de la ciencia y su desarrollo. Al reducir las brechas de género en la ciencia, se cumple con el principio de no dejar a nadie atrás, propuesto por la Agenda 2030.

En efecto, el quinto Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) plantea que la igualdad de género es un derecho y una de las formas más eficaces de enfrentar desafíos como las crisis económicas, la falta de atención médica y los conflictos sociales. Esto se explica por el hecho de que las mujeres poseen ideas y liderazgo para resolver los principales problemas, por lo que cualquier tipo de discriminación puede retener soluciones y evitar soluciones estructurales.

Para Vania Figueroa, neurocientífica y académica de la Universidad de O'Higgins, a nivel global la baja participación de mujeres en el ámbito científico y tecnológico obedece a una expresión arraigada en el estereotipo de género que tienen las culturas. “La discriminación de la mujer en la ciencia no es tan distinta a las que sufren las mujeres en cualquier otras áreas, son estereotipos que subestiman la capacidad de la mujer, o subvaloran su autoridad e inteligencia. Son problemas transversales en todas las áreas, pero principalmente se dan en ciencia y tecnología donde hay una brecha muy fuerte. Las ciencias han sido concebidas como un espacio de hombres y eso ha sido muy difícil de cambiar, de generación en generación se ha mantenido y hoy ni siquiera en los países más desarrollados se ha podido superar”, señaló.

La brecha entre hombres y mujeres en la ciencia chilena

En relación a la experiencia que viven miles de mujeres científicas en nuestro país, Vania Figueroa comentó que la realidad no es muy auspiciosa, menos aún si se compara a nivel regional. “Chile tiene un problema en particular porque tiene el índice de participación más baja a nivel regional, somos el segundo país con la más baja participación de mujeres. Tiene que haber una estrategia a largo plazo, es imposible que se haga de inmediato porque la materialización de estereotipos y nacimiento de las vocaciones profesionales en las personas comienza a gestarse en la niñez, no es algo que se desarrolle solo en la adolescencia, es cuando los niños están empezando a aprender que desarrollan habilidades. Generalmente las mujeres optan por carreras que reproducen labores de cuidado, o pedagogía, entre otras. Los hombres optan por carreras más orientadas a las ciencias duras”, añadió.

Sobre posibles iniciativas que en nuestra realidad política y económica pudieran tener efectos en el corto plazo, hizo hincapié en el papel de las instituciones académicas en los posibles cambios a futuro. “Hay programas que incentivan y tienen medidas de acciones afirmativas para privilegiar el ingreso de mujeres en áreas en la ciencia, pero esto no es suficiente para inclinar la balanza en la investigación, que es el área donde Chile está al debe en cuanto a participación de mujeres. Por ejemplo, Conicyt ha trabajado fuertemente en actividades afirmativas en los fondos, sin embargo tienen que ejecutarlos en instituciones que están profundamente masculinizadas o propiciando las brechas de género, como son las universidades del Estado”, sostuvo.

Por último, en consideración de los cambios culturales que son necesarios para la incorporación de más mujeres en el desarrollo científico, Figueroa afirmó que la carrera académica en nuestro país está mal organizada. “Las académicas tenemos necesariamente que trabajar en horarios hasta tarde lo que es incompatible con la crianza. En este país tenemos problemas de corresponsabilidad donde la tarea del cuidado y la crianza de los hijos recae en las mujeres. Por otro lado las instituciones tecnológicas son masculinas en cuanto a la valoración de conductas agresivas, competitivas que responden a lógicas masculinas que las mujeres no comparten. Yo haría énfasis en que los ambientes de investigación son mejor equipados, ya sea en ingeniería o computación, cuando los ambientes no están estereotipados. Hay cosas tan insignificantes como la decoración, pueden generar en las mujeres un sentido de no pertenencia y la académica es un ambiente esencialmente masculinizado donde la agresividad se premia”, sentenció.



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