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Asia Pacífico | Observatorio Parlamentario

El nuevo presupuesto de Nueva Zelandia centrado en el bienestar y la calidad de vida

22 Junio 2020

Es considerado como un nuevo enfoque que se aleja del status quo y comienza una nueva manera de trabajar, poniendo el bienestar de la población, la protección del ambiente y el empoderamiento de las comunidades en el centro de las políticas del gobierno.

El nuevo presupuesto de Nueva Zelandia centrado en el bienestar y la calidad de vida

La organización del presupuesto nacional de Nueva Zelandia, más que una priorización de esfuerzos en el aumento de Producto Interno Bruto (PIB), cuenta hoy con un enfoque centrado en prioridades sociales como la slaud mental, el bienestar de niños, niñas y adolescentes, además de brindar apoyo al pueblo maorí. El Wellbeing Budget o presupuesto de bienestar es el primero en ponerse en funcionamiento durante 2020. Más detalles de esta innovadora medida y un análisis sobre la posibilidad de un presupuesto así en nuestra realidad, a continuación.

Nuevo enfoque, nueva visión

El crecimiento económico ha sido el eje central en las políticas macroeconómicas y en tiempos de pandemia, una de las principales preocupaciones de los gobiernos de todo el mundo. En medio de este contexto, Nueva Zelandia llama la atención por convertirse en el primer país a nivel mundial en abandonar un enfoque que prioriza el crecimiento, con la presentación de su presupuesto sustentado en el bienestar, que busca poner fin a los problemas que el país oceánico arrastra sin solución.

Si bien el concepto de bienestar alude a una doctrina económica implementada principalmente en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial en Europa, ha adquirido nuevas características a raíz de los nuevos desafíos que debe enfrentar el planeta. Según Lisa Hough-Stewart en una publicación descriptiva de la Wellbeing Economy Alliance, la economía de bienestar cuenta en la actualidad con principios no negociables. Ellos son: dignidad, restauración y protección de la naturaleza, conexión con el bien común, justicia y participación.

Parte de esta visión ha sido incorporada en el Presupuesto del Bienestar neozelandés, que comenzó a aplicarse este 2020 y tiene un enfoque que va más allá de la expansión del capital y se centra en la calidad de vida de las personas, adoptando una mirada que también trasciende la temporalidad anual, fijando un horizonte de acción en el largo plazo. Más aún, el enfoque de bienestar propuesto por el gobierno de Jacinda Ardern sigue la lógica de que se logra bienestar cuando “las personas alcanzan una vida plena, con un propósito, con equilibrio y significado para ellos mismos”, señala el documento oficial del presupuesto.

Prioridades para una nación con grandes problemas a enfrentar

Nueva Zelandia ha tenido un crecimiento económico sostenido en el último lustro. Según cifras del servicio de estadísticas de ese país, su Producto Interno Bruto (PIB) ha variado entre 2,6 y 3,9 desde marzo de 2014 y los sectores que más han aportado a este crecimiento son la construcción, la manufactura y transporte y logística.

Sin embargo, desde una perspectiva social aún se reconocen problemas que resolver, como las altas tasas de suicidio, la indigencia, violencia intrafamiliar y pobreza infantil, principalmente entre personas de origen maorí. Nueva Zelandia es el séptimo país de la OCDE con mayor cantidad de suicidios por cada 100 mil habitantes. Un estudio realizado entre el Ministerio de Salud neozelandés y la Universidad de Otago, muestra como el suicidio más que un problema de configuración individual tiene causas sociales que pueden atenderse.

Este y otros problemas sociales son priorizados en el diseño del nuevo presupuesto de bienestar, que establece cinco ejes prioritarios de acción:

  1. Tomar en serio la salud mental
  2. Mejorar el bienestar infantil
  3. Dar apoyo a los maoríes
  4. Construir una nación productiva
  5. Transformar la economía (sostenibilidad)

Este cambio de prioridades en la construcción del presupuesto supuso un aumento del gasto, que llegará hasta los 3,8 mil millones de dólares neozelandeses -lo que sería un equivalente a 2,5 mil millones de dólares estadounidenses – en comparación con los 2,4 mil millones de dólares neozelandeses del presupuesto anterior. Sin embargo, y a propósito de la crisis epidemiológica mundial, el gobierno ha tenido que reorientar el presupuesto 2020 con el fin de respaldar el funcionamiento de los servicios básicos críticos.

Marco para los estándares de vida: la perspectiva del Tesoro

Mejorar la calidad de vida de los neozelandeses requiere de una visión de largo plazo. Para ello no solo es necesaria la voluntad política de los principales líderes políticos y los sucesivos primer ministros o ministras, sino también el respaldo por parte de las instituciones. En esta línea, el Tesoro neozelandés es el principal asesor económico y financiero del gobierno y administrador de los sistemas regulatorios del sector público. Su rol es gestionar las finanzas públicas y proyectar el estado fiscal en el largo plazo, entre otras funciones.

Para llevar a cabo el nuevo presupuesto de bienestar, fue necesario un cambio de visión en el Tesoro. Ello se logró con el marco de estándares de vida, fundamentado en tres dimensiones de distribución: las personas, el territorio y las nuevas generaciones, que a su vez están conectadas con los llamados cuatro capitales del futuro, que con una mirada intergeneracional se establecen como capital natural, capital humano, capital social y capital físico y financiero.

Asimismo, la mirada territorial y de población se proyecta en 12 dominios de bienestar, que son: gobernanza y cultura cívica, trabajo y aprendizajes, identidad cultural, conocimiento y habilidades, medioambiente, uso del tiempo, salud, seguridad, vivienda, conexiones sociales, ingreso y consumo, y por último bienestar subjetivo. Este marco no solo brinda ayuda al propio personal del Tesoro, también lo puede hacer con el resto de las instituciones públicas.

La visión del marco se expresa en la frase “mejores niveles de vida para los neozelandeses” y más que buscar mayores ingresos, privilegia que las personas tengan más oportunidades, pero también capacidades e inventivos para vivir y enfrentar obstáculos. Asimismo, el marco es un conjunto de variables que pueden medirse en el tiempo. Es debido a estas cualidades que durante 2020 los funcionarios del Tesoro han estado capacitándose en esta nueva visión.

El presupuesto de bienestar mirado desde la realidad chilena

El cambio en el enfoque presupuestario de Nueva Zelandia y la posibilidad de orientar las políticas al logro de mayor bienestar, es valorado por Sebastián Ainzúa, economista y director ejecutivo de la Fundación Nodo Social. En su opinión, la necesidad de reconsiderar mediciones, indicadores y presupuestos con base en el PIB, es una propuesta que desde la sociedad civil se realiza desde hace tiempo. “Las organizaciones desde hace años venimos trabajando en replantearnos las ideas de concentrarnos en el crecimiento económico, básicamente porque entendemos que, en primer lugar, el crecimiento infinito es una lógica que funciona fuera de la realidad, es algo que no es viable. En segundo lugar que los indicadores del PIB están muy limitados, tienen muchas restricciones, no recogen ni concentración de la propiedad, ni la protección ambiental, los indicadores de contaminación, la calidad de vida en los entornos en la población y que general lo que hacen es medir en valor la extracción.

Asimismo, valoró la posibilidad de complementar con un enfoque basado en el medioambiente. “Hemos venido discutiendo la idea de cuentas ambientales que complementen las medidas del PIB y hay muestras de que se necesita implementar algo de esto en todo el mundo, por algo existen los índices de bienestar general, ahora el presupuesto que plantea Nueva Zelandia, o la idea de las cuentas satélites integradas ambientales, incluso lo que hizo Bután sobre el índice de la felicidad. El PIB es un indicador muy limitado que no reconoce interacciones sociales, por ejemplo el rol de los salarios, cuál es el rol de los trabajadores, los avances tecnológicos y la calidad de vida en general”, agregó.

Sobre la receptividad que tendrían estas ideas, tanto entre autoridades como en espacios académicos, comentó que existe la sensación de que a pesar de reconocer el uso de medidas deficientes no se cuestionan. “Aunque ha habido avances, por cierto, y ha habido mejoras. Un ejemplo es la publicación del indicador de pobreza multidimensional, que nos saca del indicador de calorías diarias y de alguna manera da cuenta de estas necesidades. Cuando miramos ese indicador donde más problemas tenemos es en seguridad social, tenemos problemas en acceso de salud y educación”, sostuvo.

En relación a apostar por un presupuesto de bienestar como el de Nueva Zelandia, reconoció que es una opción hacia la que se debería avanzar. “Los presupuestos públicos tienen que intentar salir de este enquistamiento de la lógica del crecimiento permanente y pensar también en una lógica más de bienestar. Nos parece que el camino es ir modificando los indicadores, dejar de ponerle tanto esfuerzo y sacarlos de la retórica, porque siempre escuchamos que hay que crecer, pero poco sobre mejorar la calidad de vida. En estos días vemos que todos están espantados con la caída en el crecimiento económico, pero no estamos hablando que las ciudades chilenas siguen contaminadas a pesar de que los autos no están circulando. O que teníamos una pobreza escondida, o que mucha gente está en la pobreza a partir de la crisis epidemiológica y demostró una fragilidad en el sistema que no ha sido tan transparentada como se debería”, destacó.

Ejes a priorizar en Chile

En caso de implementar un presupuesto de bienestar, Sebastián Ainzúa señaló cuales podrían ser las prioridades a atender. “Uno de los ejes debe ser la alimentación en su amplio contenido de la palabra. Esto tiene mucho que ver con salud, con nutrición. Es un elemento clave que tendríamos que poner mucho esfuerzo. El otro elemento es el territorio en general, acceso al agua y a un medioambiente limpio. Son aspectos fundamentales. La vocación de los territorios tiene que mantenerse, lo que nosotros estamos viendo siempre es que la gente está migrando porque no tiene empleo, porque hay competencias por el uso del territorio. Compite la actividad minera con una actividad turística. Esto sucede en San Pedro de Atacama, la comuna que más turismo atrae y resulta que tiene grandes competencias con el uso del litio, entonces la pregunta es cómo hacemos conversar actividades productivas con el uso de los territorios”, señala.

Asimismo, agregó que en el fortalecimiento comunitario hay un elemento fundamental, que ha evidenciado debilidades durante la pandemia. “Por lo general decimos que la contracara del capitalismo no es el socialismo, pero la contracara del capitalismo es la comunidad, porque el trabajo comunitario y la economía social, solidaria, son el elemento del entramado social que vamos perdiendo en esta lógica, incluso desde las visiones más socialistas o socialdemócratas. Igual se mantiene una lógica individual y hay que poner más esfuerzos en los entramados sociales”, opinó.

Por último, señaló que otro de los ejes debería ser las ciudades, donde hay que poner mucho esfuerzo. “Vemos con preocupación las expresiones en términos de desigualdad, de ingresos, de oportunidad, en calidad de vida, construcción y acceso a energías renovables. Son algunos de los aspectos que podríamos incorporar para plantearnos un presupuesto. Por cierto los problemas endémicos de Chile como la educación que aumenta las brechas de desigualdad, pero ese es un esfuerzo que hay que hacer independientemente de un presupuesto de bienestar o participativo, porque en eso hay que avanzar porque es la clave de la desigualdad en nuestro país”, sentenció.


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