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Asia Pacífico | Observatorio Parlamentario

Los esfuerzos de China por restaurar una de las zonas más erosionadas del planeta

30 Junio 2020

Se trata de la meseta de Loess, ubicada en el centro del país y donde convergen cuatro de las provincias más pobres del país asiático. Durante siglos fue un lugar apto para la agricultura y la recolección de leña, razón por la cual se degradó y tomó un color amarillo. Luego de casi dos décadas de acciones restaurativas, hoy es nuevamente una zona verde.

Los esfuerzos de China por restaurar una de las zonas más erosionadas del planeta

Llamada en chino como la meseta de Huangtu y conocida mundialmente como Loess Plateau es uno de los casos exitosos de restauración ecológica. A través del programa Grain to Green (De grano a verde), no solo se ha logrado evitar la erosión, sequías e inundaciones, también se ha mejorado la calidad de vida de las comunidades agrícolas. Aunque el proyecto aún se encuentra desarrollándose -con límite en 2050- ha logrado sacar a más de 2,5 millones de personas de la pobreza, según el Banco Mundial. Más detalles de esta experiencia, en la siguiente nota.

De la fertilidad histórica a la erosión más grande del planeta

Es el área más alta del centro-norte de China y cubre buena parte de las provincias de Shanxi, el centro de la cuenta del río Amarillo, además del norte de Henan, el este de Gansu y Shaanxi. Se encuentra a 1.200 metros de altura y se extiende por más de 400 mil kilómetros cuadrados. No sin razón, es considerada como la meseta más grande del mundo.

El aspecto de esta formación es amarillo debido al viento que trae granos finos de este color, que también son depositados en el río, llamado también como Huang He. Los fuertes vientos son una de las razones por las cuales la erosión del suelo se ha producido con rapidez, pues además recibe fuertes lluvias en verano, que a su vez generan cortes abruptos en el suelo. Sin embargo, ha sido la deforestación y la construcción de terrazas para la agricultura de gran escala para producir granos, los que han acentuado la deshidratación de una zona históricamente verde.

Un trabajo de Liding Chen y su equipo del Centro de Investigación para las Ciencias Eco-Medioambientales de la Academia China de las Ciencias, señala que la razón más importante para la erosión del suelo es el uso irracional del suelo, que además de las prácticas agrícolas, forestales y de otros tipos, se ha producido por un aumento en la densidad demográfica, pues hace dos mil años cuando la meseta era completamente verde, solo vivían 13 personas por cada kilómetro cuadrado.

Para el año 2000 ya vivían 144 personas por cada kilómetro cuadrado, lo que significa más de un mil por ciento más que sus primeros habitantes. Más aún, para el 2015, Peng Li y su equipo de investigación de la Universidad Tecnológica de Xi’an determinaron en un artículo que la densidad en Loess Plateau era de 196 personas por kilómetro cuadrado, cuatro veces mayor a la que existía en 1950.

Además, la investigación menciona que desde 1985 los agricultores han incrementado el uso de fertilizantes químicos, pesticidas y maquinaria, con el fin de aumentar el rendimiento de los granos. Asimismo, existiría una correlación negativa entre la construcción no controlada de terrazas y represas, con los desastres naturales como sequías e inundaciones.

Política para la restauración vegetal

El interés por parte del gobierno chino de recuperar la histórica condición natural de la meseta de Loess es un viejo anhelo que comienza en la década del setenta, sin embargo no fue sino hasta 1999 que comenzó a llevarse a cabo el proyecto Grain to Green cuya misión ha sido convertir las tierras de cultivo en bosques, zonas arbustivas y pastizales, a modo de contrarrestar la erosión del suelo y las inclementes inundaciones.

Una de las acciones del proyecto es el Programa Nacional de Restauración Ecológica (GFC) que contó con una inversión de más de 40 mil millones de dólares hasta el 2050. Yansui Liu de la Academia China de las Ciencias, en un artículo publicado el 2016, plantea que ya para ese entonces, en una década se habían invertido unos 28 mil millones de dólares en convertir la tierra cultivada en vegetación perenne.

Para ello fue necesario atender los costos sociales de esta medida, por lo que el proyecto comenzó a compensar a los agricultores afectados con alimentos, subsidios, viviendas en otras zonas rurales donde obtener nuevos trabajos agrícolas y generar nuevas comunidades. Según Liu, entre 1999 y 2011 el GFC se ha aplicado en casi 29 millones de hectáreas, de las cuales hoy 9,3 millones son bosques plantados en antiguas tierras de cultivo y 19,7 millones es la forestación de colinas áridas y tierras baldías.

De esta manera, afirma que la provincia de Shaanxi, ubicada en el área central de la meseta de Loess, ha aumentado la cobertura de bosques y pastos desde un 46 por ciento a más de un 67 por ciento.

No obstante lo anterior, los logros en términos medioambientales tienen como daño colateral algunos problemas sociales como la relocalización de personas, pero también que los agricultores locales reclamen tierras pendientes en zonas restauradas. La presión de este problema se incrementa en la medida que las regiones colindantes a la meseta se hacen más densas en cuanto a población, y por ende en la demanda de recursos y espacios.

Relación con la agricultura

Cabe destacar que las acciones para convertir el suelo cultivable en bosques y zonas verdes, no significó la erradicación de toda la actividad agrícola. Más bien, el programa Grain for Green ha buscado conservar áreas clave y mejorar su rendimiento. Para ello, Peng Li señala que se continuó con las terrazas, pero se mejoraron las instalaciones de conservación de agua, además de la utilización de otras técnicas agrícolas como fertilización basada en ciencia, manejo integral de las plagas, siembra precisa, entre otros.

Si bien reconoce que aún siguen existiendo bajos contenidos de carbono y nitrógeno orgánico en terrazas, se han hecho esfuerzos por restaurar la fertilidad del suelo con aplicaciones de estiércol urbano y conservación de áreas sin labranza. Tales prácticas son destacadas por el Banco Mundial, quienes señalan que más de 2,5 millones de personas han sido sacadas de la pobreza gracias a la introducción de prácticas sostenibles, pues los ingresos de los agricultores se duplicaron y se diversificó el empleo. Además de la revitalización del ambiente.

Paradójicamente, a pesar de la disminución de las áreas cultivables se aseguró el suministro de alimentos, pues las sequías e inundaciones llevaban a que las cosechas fracasen. Para ello, el Banco Mundial comenta que la reducción del pastoreo incontrolado, la recolección de leña y los cultivos en las laderas produjo una regeneración natural de pastizales y arbustos. Esto sumado a los programas de replantación llevaron a que la capa vegetal aumente del 17 al 34 por ciento, incluso que el flujo de sedimentos desde la meseta al río se reduzca considerablemente.

Necesidad de regenerar en Chile y América Latina

Aunque las posibilidades de replicar la experiencia del Grain to Green en Chile, o en la inmensidad de la región latinoamericana son difíciles por cuanto hay grandes diferencias en cuanto al entorno natural y climático, hay elementos de esta política que se podrían considerar como una base para regenerar parte de nuestros suelos degradados.

Para Eduard Müller, científico ambientalista, rector de la Universidad para la Cooperación Internacional (UCI), además de experto en temas de desarrollo regenerativo, hay algunos elementos que son importantes de considerar a la hora de evitar la pérdida de diversidad biológica, como evitar la deforestación del bosque nativo, o no reemplazarlas por otras especies que no sean nativas. “Por ejemplo, se autorizó la plantación de pinos en la entrada de un parque nacional en Tierra del Fuego. No hay nada peor y no existe justificación como método de reducción de carbono eficiente”, señaló.

Sobre los monocoultivos, comentó sobre sus riesgos. “Si vemos las condiciones planetarias, lo que pone en peligro nuestra continuidad en el planeta es la pérdida de diversidad biológica, que ya está en zona de alto riesgo. También en zona de alto riesgo están los fertilizantes, nitrógeno y fósforo, después viene cambio de uso de suelo, que está en zona anaranjada, y después cambio climático climático que también está en zona anaranjada, pero creciendo rápidamente”, agregó.

Más aún, alertó sobre las prácticas de explotación que afectan la biodiversidad. “No se puede tolerar, estamos a los límites del colapso planetario en pérdida de diversidad biológica, que podría significar la extinción humana mucho antes que el cambio climático. Entonces, cualquier plantación de monocultivo y especies maderables, es plantación, no es regeneración. Podría tener justificación en algunos casos, como captura de carbono si no hay otra potencialidad real para los suelos, que fue lo que sucedió en Loess Plateau. Esa era una zona que estaba muy degradada. Pero mucho más eficiente es no dañar el bosque nativo que tiene mayor capacidad, además de regenerar ecosistemas”, sostuvo.

Aunque fue enfático en señalar que no conoce las condiciones ecosistémicas de la meseta de Loess en China, afirma que regenerar ecosistemas es algo muy complicado. “El tema no es qué haces sino el cómo lo hacemos. Si estamos reforestando con especies nativas, con diversidad importante podría ser en la mayoría de los ecosistemas -en los templados no tanto- la regeneración natural es más efectiva que la asistida. En climas templados se hace más necesario trabajar el tema de la regeneración asistida, pero lo más importante es lograr la biodiversidad, es decir, que no sea un desierto verde y que sean especies nativas en alta diversidad, permitiendo que se regeneren las condiciones ecosistémicas originales. Entonces, no existe una respuesta sí o no, que sea correcta, sino que depende de lo que se quiera hacer”, comentó.

Por último, se refirió a las complejidades de regenerar ecosistemas en nuestro país. “Chile es un clima templado, pero lo que hace efectiva la captación de agua no son las plantaciones, sino la gran diversidad de raíces y de estructuras que permiten que el suelo esté vivo. En una plantación de pino el suelo está muerto, porque el pino produce sustancias que inhiben el crecimiento de otras plantas como mecanismo de defensa para no tener más competencias. Por eso los bosques de pinos son casi monocultivos, solo algunos árboles de encino logran contrarrestar esa acción. Al final, el suelo se termina acidificando y el agua corre, es decir que esos árboles no son frenos para la erosión. Eso se nota inmediatamente porque se ven las raíces. Lo único que realmente aumenta la captación de agua, que es probablemente lo más crítico en Chile al desaparecer los glaciares, es volver a tener ecosistemas que capturen agua y eso lo hacen los bosques nativos”, sentenció.


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