Labor Parlamentaria
Participaciones
Disponemos de documentos desde el año 1965 a la fecha
Antecedentes
- Cámara de Diputados
- Sesión Ordinaria N° 19
- Celebrada el 13 de enero de 1965
- Legislatura Extraordinaria periodo 1964 -1965
Índice
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El señor
Muchas otras materias pudieron haber sido objeto de enmienda por parte de las Naciones Unidas.
Sin duda que hay ésta y otras más. Por eso, ya que se ha traído al debate, he querido dar mi opinión sobre ellas con claridad.
No me importa lo que digan de mí con tal que pueda expresar mi pensamiento con libertad.
El señor
Su Señoría no entiende de libertad.
El señor
Yo me alegro de formar parte de un Parlamento democrático, porque me permite oír opiniones encontradas y escuchar las críticas de los parlamentarios comunistas, que llenos de canas unos y de experiencias otros, manifiestan que yo no entiendo nada de libertad.
La única libertad que yo conozco es la que vivimos aquí, que nos permite dar a conocer nuestras opiniones y observaciones, y aceptar que se nos critique, como en este caso, por lo que uno dice.
-Hablan varios señores Diputados a la vez.
El señor
Otros creen que la libertad está en los pueblos donde no hay elecciones, ni partidos, y donde la prensa sólo puede decir lo que desea el gobierno. Esa es la libertad del fuerte, del que silencia a los demás. Es la libertad del que asesina, del que mata. Esa libertad no me interesa. No me interesa la libertad del poderoso, de la selva. . .
El señor
¡Del terrateniente !
El señor
¡Honorable señor Pontigo!
El señor
. . .sino aquélla en que el pueblo puede expresar su pensamiento. Esa libertad es la que conozco y la que conocen todos los señores Diputados, no la existente en países "ideales", que se señala desde lejos, sino la que se vive aquí, donde los comunistas pueden decir lo que quieran y yo manifestar lo que. deseo.
Al hacer un recuento de los veinte años de vida de las Naciones Unidas, podemos decir que las enmiendas introducidas son pequeñas, pero necesarias, porque, para felicidad do la humanidad, muchos pueblos, que han roto las cadenas del colonialismo, han podido incorporarse a esta sociedad y tener la debida representación en el organismo internacional.
Pero es necesario ir mucho más allá, porque la Declaración de los Derechos del Hombre, que figura en la Carta de las Naciones Unidas, muchos países todavía no la respetan. No es posible que el germen de la guerra brote un día en el Asia suroriental, otro, en el Congo, después, en el Caribe, cerca de nuestra América; que nadie pueda vivir en paz, que incluso la guerra, con sus flagelos, azotes y exterminios, llegue hasta los santones orientales escondidos en las montañas del Tibet.
Ojalá que los nuevos pueblos que se incorporen a los Consejos de las Naciones Unidas, puedan, llenos de vigor, contribuir al afianzamiento de la paz, a fin de que el mundo no viva bajo la angustia de la guerra y del exterminio, que cada día llenan de congoja nuestros espíritus.
Si no toqué estas cosas durante mi primer informe, fue porque no habían sido traídas a debate. Pero ahora no he podido permanecer en silencio, porque correspondían a hechos reales que deben ser discutidos por la Cámara.
Ojalá que el proyecto sea aprobado por todos con la mayor sinceridad de sus espíritus. Así lo espero de los Honorables colegas de las bancas del frente, que en el fondo de sus almas, sé que tienen nuestros mismos anhelos de paz. Por ello, viviendo esta democracia, creo que darán su aprobación a las enmiendas a la Carta de las Naciones Unidas, a fin de que los nuevos pueblos que se incorporen a su seno, puedan descubrir el camino que la Humanidad necesita para terminar con todos los gérmenes de destrucción que la amenazan.