1811 Palacio de la Real Audiencia

Edificios





Tras la convocatoria a un Congreso Nacional, realizada por la Primera Junta de Gobierno, el 15 de diciembre de 1810, los diputados representantes de los veinticinco partidos en que se encontraba dividido el país fueron citados, durante los primeros meses de 1811, para reunirse en Santiago. Sin embargo, por diversas circunstancias, el encuentro no pudo materializarse hasta el 4 de julio de 1811.

Como local de apertura del Congreso Nacional, se eligió el edificio que había ocupado la Real Audiencia, ubicado en la vereda norte de la Plaza de Armas de Santiago, actual sede del Museo Histórico Nacional. Este edificio, inaugurado en 1808, fue diseñado por Juan José de Goycolea, -electo en esa oportunidad diputado representante de Santiago-, bajo el auspicio del Gobernador de Chile Luis Muñoz de Guzmán. El inmueble fue adaptado para el normal desarrollo de la labor legislativa:

Plano del Tribunal de la Real Audiencia y Cajas Reales.
Plano Arquitectura del Tribunal de la Real Audiencia y Cajas Reales de la ciudad de Santiago.

Fuente: Archivo Visual de Santiago.

"Sacóse el estrado en que estaban los asientos de los oidores, y al cual se subía por una pequeña gradería, quitáronse el dosel tradicional, las armas reales y el retrato del último soberano, y se retiró también un crucifijo del tamaño natural que estaba en la otra testera,se aderezó la sala con una severa modestia, inspirada en parte por un espíritu republicano, pero más aún por la falta de nociones y de materiales para un lujoso aparato... las paredes, después de una ligera reparación, fueron blanqueadas con cal, se colocaron bancos sólidos pero sencillos para dar asiento a los diputados, y en la testera oriental de la sala se colocó la mesa de la presidencia bajo un dosel más pequeño y modesto que el que había. La sala, como hemos dicho, situada en los altos del palacio de la audiencia, ocupaba todo el costado norte del patio principa"[1].

El día fijado para la solemne ceremonia de apertura de la asamblea, desde el alba, los diferentes bandos militares tomaron control de la Plaza de Armas y calles aledañas, con tal de mantener el orden y evitar cualquier asomo de insurrección. Las calles de entrada a la plaza estuvieron cerradas para el libre tránsito, de manera de impedir, en especial, la presencia de algún individuo de poncho o de capa.

A las diez de la mañana, al son de una salva de artillería, salía desde el Palacio de Gobierno (ex Real Audiencia) con destino hacia la Catedral, la comitiva compuesta por los diputados del Congreso; los cinco vocales de la Primera Junta de Gobierno, los miembros del Cabildo y del nuevo Tribunal de Justicia; algunos militares, doctores de la Universidad y vecinos de alto rango especialmente invitados para esta ceremonia. El trayecto de menos de una cuadra, se realizó en medio de las filas de tropa que les presentaban respetuosamente las armas. Recibidos los diputados en el templo, con los respectivos honores debidos a su rango, se dio inicio a la misa que celebró el vicario capitular. Durante el desarrollo de la ceremonia, tomó también la palabra el padre Camilo Henríquez, quien leyó un sermón patriótico donde analizaba la crítica situación política que enfrentaba España y la posición que debía asumir el pueblo chileno ante tal escenario.

Posteriormente, se puso de pie el secretario de la Junta don José Gregorio Argomedo. Colocado en medio del templo, se dirigió a los diputados pidiéndoles en voz alta el juramento respectivo:

"¿Juráis la santa relijión católica, apostólica, romana, sin admitir otra en este reino?

¿Juráis ser fieles a Fernando VII de Borbon libre de toda dependencia extranjera? '¿Juráis defender el reino de Chile i sus derechos contra sus enemigos interiores y esteriores, i, para esto, conservar la mayor unión? ¿Juráis desempeñar fiel i legalmente la importante comisión que el reino ha puesto a vuestro cuidado? I habiendo respondido todos: - Si, juramos, "dijo el señor presidente: - "si así lo hiciereis, Dios os lo premie, si no, os lo demande". A lo que respondieron: - "Amen"[2].

Luego, puestos de pie los diputados, se acercaron de dos en dos al altar, en donde se arrodillaron frente a un crucifijo iluminado con cuatro velas. Tocaron sucesivamente el libro de los evangelios, y se retiraron con igual orden a sus asientos. Terminada la misa, salieron formados a la plaza, donde la tropa, los saludó presentándoles las armas y haciendo una nueva salva de artillería

El nuevo destino emprendido por los diputados, era la sala que antes había servido al tribunal de la Real Audiencia. Ubicados en sus asientos, escucharon los discursos de apertura del Congreso Nacional, realizados por Juan Martínez de Rozas, quien lo presidió, durante su ceremonia de instalación, y Juan Antonio Ovalle, diputado por Santiago, quien fue electo presidente del primer Congreso Nacional. Esa misma tarde se procedió a la elección de vice-presidente cargo que recayó en el diputado por Curicó, Martín Calvo Encalada. El diputado Francisco Ruiz Tagle se desempeñó como secretario provisorio, cargo que asumieron finalmente José Francisco de Echaurren y Diego Antonio de Elizondo y Prado.

Tras las ceremonias oficiales y como forma de celebrar junto al pueblo de Santiago, las autoridades ordenaron mantener el centro de la ciudad iluminado durante tres noches. La noche del 4 de julio se detonaron fuegos artificiales cuyas luces formaban imágenes que hacían referencia al momento histórico. La fachada del edificio que albergó la instalación del Congreso Nacional, estuvo engalanada con figuras y pendones alusivos a la ocasión.

"Este edificio tiene en medio una torre y en el segundo cuerpo dos ventanas contiguas. En medio de éstas estaba colocado un lienzo que sería de tres varas de alto, y 2 de ancho. En la parte superior tenia pintada la Fama con una trompeta en la mano derecha, y un ramo de oliva en la izquierda; en la parte inferior dentro de un magnifico óvalo igualmente pintado con letras de molde grandes e inteligibles a cualquier distancia de la circunferencia de la plaza, esta inscripción: Viva el Supremo Congreso Nacional"[3] .

El viernes 5 de julio, el Congreso celebró su primera sesión ordinaria en el ex Palacio de la Real Audiencia. Concurrieron los prelados de las religiones, los comandantes militares y demás jefes de oficinas, para prestar juramento de obediencia correspondiente.


Notas

  1. Barros Arana, Diego, Historia General De Chile, Tomo octavo, II edición, Editorial Nacimiento, Santiago, 1934, pp. 380-381.
  2. Congreso Nacional, Sesiones de los cuerpos legislativos de la república de Chile, 1811 - 1845, tomo primero, Congreso Nacional de 1811 - Senado 1812 y 1814, Imprenta Cervantes, Santiago, 1887, p. 33.
  3. Talayera, Manuel Antonio, Revoluciones de Chile, en Colección de historiadores y de documentos relativos a la independencia de Chile, tomo XXIX, talleres gráficos "Cóndor", Santiago, 1937, pp. 337 - 338.

Referencias bibliográficas

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